jueves, 2 de enero de 2020


HERENCIA DE AMOR PARA UN FUTURO LIBRE

Hoy los occidentales se creen en la obligación de adoptar una actitud de ruptura permanente para ofrecer una imagen de modernidad” (Robert Sarah, “Se hace tarde y anochece” p. 525).

“Las élites mundiales quieren crear un mundo nuevo, una cultura nueva, hombres nuevos, una ética nueva. Lo único que no pueden hacer es un sol nuevo, una luna nueva,   unas montañas nuevas, un aire nuevo, una tierra nueva…. Ya no quieren relacionarse con el pasado.” (Robert Sarah, op. cit, p. 526).

“Los hombres que continúan apelando a los valores del antiguo mundo tienen que desaparecer, quieran o no, y se les proscribe y ridiculiza. Para los defensores del nuevo mundo, son subhumanos que pertenecen a una raza inferior. Hay que descartarlos y eliminarlos. Este deseo de ruptura es tremendamente adolescente” (Robert Sarah, op. cit. p. 526).
“En gran parte, nuestros hijos son nuestro mejor legado; ellos son la siguiente generación. Y si de algo podemos estar seguros, es de que no siempre estaremos a su lado, un día faltaremos. Cuando esto ocurra, ¿Cuál será nuestro legado?¿Qué les dejaremos para la posteridad? ¿Qué les estamos dando en el día a día? Estamos hablando de una herencia que se entrega en vida” (Martha Mejía”). 


COMENTARIO

¿Qué nos gustaría dejar para después, para las generaciones siguientes? Todo dependerá del recorrido que tengamos a lo largo de la vida.

Si hemos sembrado amor sano y limpio, habrá una herencia de amor que no quedará en el aire. La siembra de amor se realiza en las personas que amamos y tiene un efecto multiplicador. Es el mejor legado que podemos dejar.

Cuando se siembra indiferencia, amargura u odio
Lamentablemente no todas las personas dejan un legado de amor. El mal ejemplo, de los errores o desviaciones humanas, que no se corrige a tiempo, influye negativamente en la vida de las personas cercanas.

Si la siembra es de indiferencia, no habrá nada. La indiferencia es desconexión, descuido, abandono, huida, soledad. Si se siembra amargura habrá pesimismo, desesperación, angustia, depresión. Si la siembra es de odio habrá miedo, furia, indignación, maltrato, revancha, venganza, tortura y muerte.
  

Los grandes tesoros de la siembra de amor
En cambio cuando se siembra amor hay llegada, aceptación, valoración, identificación, seguimiento, duración, libertad, paz y alegría. Además el amor limpio y honesto es el que permanece siempre.

Cuando se siembra amor auténtico y noble, se cosechan las amistades para toda la vida. Las amistades que duran son las honestas, limpias y generosas; las que no buscan recompensa o beneficios particulares.  Cuando se quiere amar de verdad, se encuentra pronto la ayuda de Dios para quitar de la vida y del corazón, todo lo que estorbe al amor honesto y sincero.


Los amores falsos o artificiales solo apuntan al placer
No todas las expresiones afectivas de acercamiento son amor. Existen arrumacos de puro placer egoísta y de pensamientos edulcorados que solo encuentran el punto de “unión” en la cercanía, placentera y sensual, de un momento efímero. Después suele llegar el desasosiego del vacío.

Junto a esos esos instantes fogosos de pasión, la discusión y la pelea pueden prender con facilidad, alternándose con un “esfuerzo” por mantener una “paz” que es más bien, la pseudo conquista de un espacio, más o menos prolongado, de frialdad; que suele ir acompañado de una inquietante preocupación, que va creciendo y maltratando a los que dicen que se quieren.  Cuando una situación como esta se repite, se cae fácilmente en el aburrimiento, una suerte de cansancio que termina rompiéndolo todo.


Rectitud de intención en el amor
El amor exige humildad auténtica y un deseo noble y grande de querer el bien para los demás. El futuro se va construyendo con un amor ordenado y noble que trasciende y que queda. Cuando se manifiesta el amor ordenado éste sigue creciendo y no tiene límites por arriba.  Se quiere siempre y cada vez más. Es lo que permite dejar una valiosa herencia de amor.

El tiempo transcurrido no limita ni empobrece el legado de amor. No es cuestión solo del tiempo. El amor, cuando es auténtico y sincero, puede durar toda la vida. La constancia en el amor no la determina los años pasados. Es algo semejante a los cuerpos incorruptos de algunos santos. Están lozanos y brillantes, aunque pasen los siglos. Así es el amor de amistad cuando realmente se tiene. Nunca muere, se lleva hasta el Cielo.


El tesoro del amor divino
Dios nunca nos deja de amar. Su legado es de puro amor. Es el amor de Dios el que nos mantiene en la vida y en la virtud. Cuando observamos de noche el inmenso panorama del universo y nos ponemos a pensar, ¿quién mantiene todo eso? No nos queda otra respuesta: Dios.

Él, que lo puede todo, mantiene nuestro amor cuando nosotros hacemos los méritos para recibirlo y cuidarlo.

Les deseamos para el Año que empieza el amor que Dios les pueda dar y les pedimos, como lo hacía el Papa San Juan Pablo II: “abrid las puertas de par en par para que entre Dios” (P. Manuel Tamayo)

¡Feliz Año 2020!