sábado, 27 de enero de 2024

 LOS QUE FUÍMOS A ROMA

En los últimos años de San Josemaría

 

Se dice que “todos los caminos llegan a Roma”; yo llegué en plena adolescencia el 24 de Octubre de 1969, para estudiar Ciencias de la Educación y Sagrada Teología. 

El P. Pazos, consiliario del Opus Dei en el Perú, me había preguntado unos meses antes si yo deseaba ir el Colegio Romano. 

Ya sabía bien de lo que se trataba porque había visto a otros mayores, que fueron antes para estar dos años en Roma, junto a San Josemaría; iban a formarse en el espíritu del Opus Dei en la casa central, y con la posibilidad de poder ordenarse sacerdote, si era voluntad de Dios, y si querían corresponder, líbremente, a ese nuevo llamado.

 

Los que se fueron antes

Los que habían estado antes volvieron, como Mons. Juan Antonio Ugarte, que regresó ordenado sacerdote en 1968, o Federico Prieto, que también estuvo en Roma y regresó para ejercer su profesión de periodista. 

El año 67 viajó a Roma Jesús Alfaro para estar en el colegio Romano y el 68 fue Guillermo Oviedo.  

El año 69 yo iba a coincidir con Marcos D´Ángelo, pero él tuvo que retrasar su viaje y llegó en enero del 70.

En Roma estuve desde Octubre del 69 hasta Julio de 1972. Este año viajé a Pamplona y estuve hasta 1974 continuando con mis estudios de doctorado en la Universidad de Navarra. 

Las ordenaciones de los inicios de la década de los 70

Los primeros años de la década de los 70 fueron los últimos de San Josemaría. En esa etapa las ordenaciones fueron numerosas y el crecimiento del Opus Dei en el mundo fue notable.

En 1973 el P. D´Ángelo se ordena en Madrid, con él se ordenan 50 profesionales de todo el mundo. Fue la primera vez que asistí a una ordenación sacerdotal. 

Como me iba a ordenar al año siguiente me dijeron que vaya a Madrid y que vea cómo es una ordenación. Nos fuimos en  un auto de Pamplona a Madrid, yo manejaba y me acompañaban otros 3. 

Fue realmente algo apoteósico. Gran ambiente entre los ordenandos y sus familiares, en una época en la que el concilio Vaticano II se estaba aplicando de diversas formas, y algunas no tan acertadas; se podría decir que eran más bien desviadas y hacían sufrir mucho a San Josemaría. 

En esa etapa hubieron serias deserciones en el clero y en los conventos de religiosos y religiosas. Al Papa Paulo VI se le veía bastante preocupado.

Ese mismo año me preguntaron, de parte de San Josemaría, si estaba dispuesto a ordenarme sacerdote. Mi disposición la tenía de años atrás cuando conversé personalmente con San Josemaría. Era algo que guardaba en mi corazón y que iba creciendo de día en día. Lógicamente dije que sí, sin mayores consideraciones.

 

Los meses antes de mi ordenación

La preparación de mi ordenación sacerdotal fue impresionante. Estuve dos meses de convivencia. El primer mes en el Colegio Mayor Aralar (Pamplona), y el segundo mes en Castelldaura (casa de retiro de Barcelona en Premia del Mar). Era el año de la catequesis en América de San Josemaría.

La convivencia de Castelldaura fue en Julio de 1964, coincidía con la visita de San Josemaría al Perú. De Lima se sumó al grupo de ordenandos Jesús Alfaro, éramos 44 numerarios de todo el mundo. 

Todos los días llegaban cartas del Perú, bastante extensas que contaban con detalle la visita que estaba haciendo San Josemaría en nuestro país. Las leían en las tertulias. En esos tiempos no existían las computadoras portátiles, ni los videos. El sistema de comunicación eran las cartas, el telégrafo y el teléfono, que era muy caro, se llamaba solo cuando se trataba de algo muy urgente.

Las cartas eran super emocionantes. Yo estaba muy tocado porque el año 72 estuve en varias tertulias con San Josemaría en Pamplona. Ese año además llegaba de Roma para continuar mis estudios en la Universidad de Navarra, empezaba el Doctorado en Sagrada Teología. 

Todo el ambiente de esos años de Roma y Pamplona estaba impregnado por la vida y santidad del Fundador del Opus Dei, que vivía prácticamente a nuestro lado, nos conocía por nuestro nombre y hasta por el apelativo familiar, y estaba pendiente de nosotros y nosotros de él.

 

Las investiduras en la universidad de Navarra

El año 74 la Universidad de Navarra entregó el Doctorado Honoris causa a Jérome Lejeune y Franz Hengsbach. 

Los que nos íbamos a ordenar estábamos de convivencia en el Colegio Mayor Aralar y nos dieron el encargo de escoltar al Padre (San Josemaría) durante el desfile académico de la Universidad, cuando salen todos los catedráticos con sus vestes académicas junto al Gran Canciller para ir al aula magna donde era la ceremonia de investidura.

Cada uno teníamos que estar ubicados en sitios estrategicos durante todo el recorrido dentro del edificio Central de la Universidad. A mi me tocó estar al pie de una escalera por donde iba a descender el cortejo. Me asusté mucho cuando San Josemaría se salió del desfile y se acercó a mi para preguntarme como estaba. Pensé que se sentiría mal y venía para pedir ayuda, pero no fue así. Me dijo: “¿cómo estás?, ¡que bien se te ve! En cambio yo con todos estos arreos!” se refería a las vestes y a las insignias que llevaba. 

San Josemaría no era muy ceremonioso, mientras desfilaba, con el cortejo académico, iba saludando a la gente que se encontraba y todos estaban pendientes de él, se oía ¡Viva el Padre! y la gente emocionada lo aplaudía cuando pasaba.

 

El influjo de la santidad de San Josemaría en Pamplona

El tiempo que el Padre estuvo en Pamplona con nosotros, fue maravilloso desde todo punto de vista. Se alojó en el Colegio Mayor Aralar, donde yo estaba, y sucedieron muchas anécdotas inolvidables en un ambiente entrañable de familia unida por el cariño de todos.

San Josemaría después de las grandes tertulias que había tenido con miles de personas en ambientes grandes regresaba a la casa, donde estábamos nosotros, para descansar. 

Todos procurábamos que descansara bien, pero San Josaemaría aprovechaba un descuido para escaparse (dentro de la casa) y nos buscaba para tener un rato de tertulia. Él disfrutaba con nosotros y en cierto modo descansaba.

Nosotros nos esforzábamos contandole cosas para que él no se agitara hablando. Procurábamos no tocar temas que le preocupaban y que eran los que se referían fundamentalmente a la Iglesia. A veces era imposible porque el Padre sacaba el tema para abrirnos los ojos y para que rezaramos mucho por la Iglesia y el Papa.

San Josemaría nos enseñó a querer mucho al Papa “sea quien sea” nos decía, porque el Papa es como decía Santa Catalina “Il dolce Cristo in terra”, es el Vicecristo.

 

Nuestros esfuerzos para que San Josemaría pudiera descansar

Nos esforzábamos para que el Padre pudiera pasar un buen rato con nosotros y le contábamos anécdotas edificantes y positivas, o le cantábamos alguna canción. También disfrutaba mucho con los chistes. Yo soy muy malo contando chistes, nunca lo hago, pero esa vez me lancé a contarle un chiste. El chiste era malísimo pero el Padre lo escuchó como si fuera el mejor chiste que le hubieran contado en su vida, sie río mucho, lo celebró y no dejó de aplaudir. Yo estaría ruborizado.

El día que lo despedimos de Aralar nos pusimos de acuerdo para cantarle una canción que le iba a emocionar bastante como “Chapala” que la había oído en México cuando fue a ver a la Virgen de Guadalupe el año 1970. Hay que decir que a San Josemaría no le gustaban las despedidas, para no emocionarse. Muchas veces se iba sin decir nada. 

Ese día en Aralar nos pusimos en la puerta de salida y empezamos a cantar Chapala, cuando vimos a San Josemaría los que estábamos cantando nos quebramos por la emoción y no pudimos continuar con la canción. Lo que aprovechó San Josemaría para salir corriendo y con una gran sonrisa nos hizo adiós. De allí a Madrid y en poco tiempo estaba iniciando su catequesis en América por Brasil. (P. Manuel Tamayo)

sábado, 20 de enero de 2024

 LOS PRIMEROS RETIROS

En las décadas de los años 60 y 70

El primer retiro de mi vida lo hice cuando tenía 15 años en una casa de Chaclacayo que prestaba la familia Montes de Peralta. Yo ya había pedido la admisión como numerario del Opus Dei.

No conocía lo que era un retiro, algo había oído hablar en el colegio, pero lo relacionaba con los seminarios, para los chicos que querían ser sacerdotes. Pensaba que era como un ensayo para retirarse del mundo.

En el Opus Dei me explicaron que existían retiros para todas las personas, chicos y grandes, hombres y mujeres y que existían unas casas con las instalaciones adecuadas para hacer cursos de retiro, que también se llamaban ejercicios espirituales.

Me explicaron también que los retiros se hacen en silencio. Se escucha la prédica del sacerdote y luego cada uno individualmente medita y saca propósitos. Me pareció novedoso e interesante y tenía curiosidad de saber cómo saldría después de haber hecho un curso de retiro.

Empecé a prestar atención y fijarme bien cómo lo hacían los demás. Veía a las personas en silencio leyendo un libro o paseando por el jardín, otros en el oratorio de rodillas frente al Sagrario.

El timbre sonaba para llamarnos a una meditación más, a rezar el Vía Crucis, o para la Santa Misa. En las comidas se leía un libro. Recuerdo perfectamente que en mi primer retiro se leyó “La Virgen de Fátima” de Chanoine Barthas.

 

Observación e imaginación

Yo miraba las caras de los demás chicos como queriendo encontrar propósitos de santidad y me imaginaba como sería si todos los que estábamos haciendo ese curso de retiro lográbamos ser santos canonizados.

A los más avezados los veía formalitos, claro que con la ayuda de los mayores que estaban pendientes para que guardáramos silencio. A esas edades se nos podía escapar alguna travesura y causar la risa y una “bulla” que quitaba algo de seriedad al rigor del retiro;  era como un momento de distención, que nos venía muy bien.

Recuerdo que Marcos D´Ángelo (ahora Padre D´Ángelo) tenía la costumbre de cantar en la ducha y en el primer día del retiro se oían sus canciones. Los demás comentábamos haciendo bromas de ese despiste, hasta que él se dio cuenta y se mostró sorprendido, cosa que nos hizo reír más todavía.

Jesús Alfaro, (Ahora Padre Alfaro), que tenía pelo bastante largo, (ahora ya no le queda), estaba con nosotros rezando el vía crucis en el oratorio. El que leía las estaciones en voz alta anunció la siguiente: “Jesús cae por segunda vez” y justo Jesús se resbala y golpea fuerte el reclinatorio. Todos nos miramos y estallamos a reír. Tuvimos que salir del oratorio para calmar nuestras risas, cosa que fue bastante difícil para nosotros.

 

Todo era divertido

La verdad es que la pasamos en grande, no se si por nuestras curiosidades y ocurrencias, o por alguna reflexión que pudimos hacer al escuchar las meditaciones y charlas que nos daban.

Lo cierto es que de ese retiro los tres somos sacerdotes, sin que nos hubiéramos planteado esa posibilidad en esos años juveniles. La verdad es que no teníamos ni idea. Solo podemos recordar que la pasábamos muy bien, ¡Cuántos habrán rezado por nosotros! Así fue mi primer curso de retiro.

 

Otros retiros habituales

También hacíamos retiros mensuales que duraban una mañana y las primeras horas de la tarde. En el verano íbamos a una casa que nos prestaban en Villa, frente al mar. Combinábamos la playa y el deporte con el retiro. En el invierno lo hacíamos en la Residencia Los Andes un domingo del mes por las mañanas. En las tardes no dejábamos de jugar fútbol y de tomar un buen lonche.

 

Las primeras casas de retiro

En 1964, cuando estaba en 4to de media nos hablaron de la primera casa de retiros que el Opus Dei tendría en el Perú y que se llamaría Larboleda.

Estaba situada en la zona del Pedregal de Chosica. En ese tiempo solo estaba la carretera y el campo deportivo de los Agustinos, que estaba al lado; todo lo demás era cerro, piedras y río. A pocas cuadras estaba Chosica con sus casas elegantes y señoriales. No había más.

La oficina de Arquitectos de Jorge Velaochaga, José Miguel Flores Estrada y Roberto Haaker, construyeron Larboleda.

El P. Pazos decía que era muy pequeña, que parecía una casita de muñecas y que luego habría un proyecto para una casa más grande. Larboleda empezó su andadura en 1965 y continúa hasta ahora.

 

Radio ERPA, el IRFA y Valle Grande

En la década de los años 70, en Cañete experimentaban distintas labores para atender a los pobladores de esas tierras, primero fueron las Escuelas Radiofónicas con Radio Erpa, que funcionó varios años con una cobertura que alcanzaba a los pueblos de la Sierra y de la Costa del valle de Cañete; se pasabas programas con una honda cautiva para un receptor con un único dial.  Los programas eran transmitidos desde Cañete, se daban clases de Agricultura, cocina, manualidades, salud y educación en distintos niveles. Funcionó durante unos años paralelamente a una emisora de FM que transmitía música como cualquier radio local.

Más tarde fue el Instituto Rural de Formación Acelerada, IRFA, en el mismo Cañete, luego una Normal de educación, de muy corta existencia; y después el Instituto Agropecuario Vallegrande que duró varios años.

En los terrenos de Valle Grande, que dejó Pedro Beltrán, se construyó una casa de retiro que también se llamaba Valle Grande. (hoy es Ungará). Allí teníamos nuestros cursos de retiro con gente joven; pasaron muchos universitarios y chicos de colegio de Lima. ¡grandes recuerdos! también de las convivencias que se organizaban con partidos de fulbito y paseos a la playa.

En 1974 San Josemaría visitó Cañete y estuvo en Valle Grande. La grabación de tertulia que se organizó en el auditorio con campesinos de la costa y de la sierra ha dado la vuelta por todo el mundo. San Josemaría llamó a Cañete el Valle Bendito. Luego empezó una nueva etapa en Lima y también en Piura, Chiclayo y Cañete. Todo esto sucedió en la década de los años 60 y en los primeros 4 años del 70. (P. Manuel Tamayo)

domingo, 7 de enero de 2024

 LOS GRANDES ACONTECIMIENTOS DEL 68

Alpakana, los inicios de la UDEP, las revueltas del mundo y nuestras ilusiones juveniles.

Cuando disfrutaba de las actividades de Alpakana el año 1968 estaba en el segundo año de Letras en la Universidad Mayor de San Marcos, tenía 19 años. Las clases eran en la mañana y por las tardes de 2.00 a 6.00 pm trabajaba en la mesa de partes en lo administrativo de la Corte Suprema.

Al terminar las clases en San Marcos regresaba en el ómnibus celeste de la Universidad y me bajaba en la Av. Bolivia para almorzar un menú de un restaurante en la esquina de la Av Uruguay con Washington, tenía que hacerlo con mucha prisa para llegar con puntualidad al trabajo. Al llegar había que firmar una lista. Los primeros meses fui meritorio hasta que me nombraron, por fin recibí mi primer sueldo, que para mi fue sensacional y grandioso.

Ilusiones juveniles y realismo

Tenía la ilusión grande de ser un profesional honesto y honrado, como lo fue mi padre, que fue Vocal de la Corte Suprema, cuando yo estaba estudiando en Roma.

El año 1968, cuando estaba trabajando en el Palacio de Justicia de Lima, el presidente de la Corte Suprema era Domingo García Rada y luego el año 69 le sucedió Alberto Eguren Bresani. Para mi ambos tenían mucho prestigio como excelentes magistrados.

Si embargo en la misma corte me di cuenta de las manipulaciones que había entre jueces y abogados y eso me dio pie para escribir, años después, un folleto que tenía como título: “El arte de hablar” donde hice referencia a los que no podían defenderse de las injusticias, porque no había nadie que hablara por ellos.

El año 2010, el Presidente de la Corte Suprema Javier Villa Stein, que había sido compañero mío en el colegio, me pidió que formara parte de la comisión de ética del poder judicial.

Ese año, al ver todo lo que había y lo que se veía venir, con respecto a la justicia, escribí un pequeño libro que se llamaba “La presencia de Dios en la lucha contra la corrupción” y lo presenté en el Palacio de Justicia de Lima, delante de varios magistrados. Fue como un canto de sirena, porque sabía perfectamente que, aunque me expresara con mucha claridad y precisión, las mismas autoridades me decían con sus ojos: “padre no se oye”; cuando terminé mi intervención me felicitaron y me daban la razón de todo lo que había argumentado, pero estaba claro que nadie iba a mover un solo dedo, para curar el cáncer de la corrupción, que amenazaba con extenderse más.

Éxitos y retrocesos del año 68

Volviendo al año 68, debo reconocer que fue fue emblemático, ese año el hombre llegó por primera vez a la luna; y para nosotros, en los temas que nos tocaban más de cerca, ese año fue muy significativo, porque el congreso de la república aprobó la ley de la Universidad de Piura, que presentó el Senador Luis Alberto Sánchez y al año siguiente la Universidad iniciaba su andadura.

 

El golpe de Velasco Alvarado

El año 68 fue el golpe militar de Juan Velasco Alvarado, con una serie de reformas que cambiaron la vida del país, y lo llevaron al borde de la quiebra. En el segundo semestre del 68 el Presidente Belaunde nombró un nuevo gabinete, mi tío y padrino Augusto Tamayo Vargas fue nombrado ministro de educación. Juraron el 2 de octubre de 1968 y el 3 de Octubre fue la revolución. Fue el gabinete más corto de la historia, solo unas horas.

El pretexto de la revolución fue que la International Petroleum Company (IPC), durante décadas se había negado a pagar los tributos de La Brea y Pariñas. El gobierno firmó con ellos el Acta de Talara (agosto de 1968), para que los yacimientos pasaran al Estado: la IPC conservaba la refinería de Talara, la exclusividad en la compra del petróleo crudo y el monopolio de la distribución de combustible. Estalló el escándalo de la "página Once", se dijo que había sido desaparecida, para ocultar el precio del mercado con que el Estado supuestamente los beneficiaba. Entonces Velasco dio el golpe acusando al gobierno de “entreguismo”.

El mismo 2 de Octubre mis padres estaban navegando en un buque italiano y cuando se encontraban anclados en Paita se enteraron de la revolución, dejaron el barco y retornaron a Lima por tierra. En todo el país hubo un rechazo al golpe. Los dos primeros años de la revolución no se notaba todavía la debacle que se notó después, en los años sucesivos.

Nuestras alegrías juveniles

Nosotros, que éramos jóvenes imberbes y sin experiencia, no advertíamos las consecuencias catastróficas que vendrían después con un gobierno de tinte marxista.  

Metidos en Alpakana disfrutábamos de los paseos y de las actividades deportivas con todos los chicos que aparecían por la casa. Nos centrábamos en grandes conversaciones para cambiar el mundo siguiendo los pasos de quienes, con mucha fe, nos hablaban de la santidad del Fundador del Opus Dei. Era todo un ambiente de acogida que nos cautivaba y nos hacía muy felices. Hasta el día de hoy recordamos con agradecimiento y alegría el haber participado de esos ambientes de gente valiosa que nos hacía soñar con planteamientos sanos y nobles que harían felices a todos.

 

Las protestas y revoluciones del 68

En esas épocas, a pesar de haberse iniciado en el mundo protestas juveniles y revoluciones, nosotros estábamos felices en nuestros ámbitos juveniles, metidos, tal vez, en una burbuja dorada.

En 1968, los Estados Unidos acumuló fracasos en Vietnam, la juventud se echó a la calle en Berlín, París y México, y Checoslovaquia desafió a Moscú. Fue un año de revueltas y esperanzas. Ese mismo año aparecían las críticas al capitalismo (a menudo acompañadas por una fascinación por la China comunista) se añadieron nuevas reivindicaciones: libertad sexual, feminismo y ecología.

Fue el año de la “primavera de Praga” En Checoslovaquia, Alexander Dubcek, nombrado a la cabeza del partido comunista en enero, probó un "socialismo de rostro humano" y liberalizó el régimen. Pero Moscú no aceptó y el 21 de agosto envió los tanques del Pacto de Varsovia para invadir el país. Hubo que esperar 20 años para ver resurgir la esperanza.

El trajín diario de nuestros años juveniles

Nosotros, impertérritos, conversando, cantando y jugando, vivíamos protegidos por el amor y el cariño de nuestros seres queridos que procuraban formarnos bien y no preocuparnos por esos desarreglos que ocurrían con otros jóvenes.

Sabíamos bien del movimiento Hippie que había capturado varios jóvenes en USA en la década de los 60 y de la comercialización de las drogas que empezaba a extenderse por todos los continentes. Pero todo eso estaba muy lejos de nosotros. Me refiero a los que estábamos en esos años formándonos al calor del Opus Dei. Gracias a Dios que fue así.

En mi diario trajinar de aquellas épocas, algunos días, para ir a la universidad y al trabajo, mi papá me prestaba un Taunus 17 m que tenía un radio “Punto Azul” ese año estaba de moda Radio Atalaya, que lo escuchaba siempre en los viajes a la universidad o al trabajo.

En Alpakana cada vez que había una reunión tocábamos guitarra con las canciones de moda. En noviembre del 68 apareció el álbum blanco de los Beatles, también la Fórmula V con “La playa, el sol, el mar, el Cielo y tú”, que la oíamos una y otra vez.

Todo era así y los partidos de fútbol de nuestra selección nacional, tal vez la mejor de todos los tiempos, con jugadores emblemáticos como Chumpitaz, Chale, Cubillas, Perico León, Baylón y Gallardo… Veíamos los partidos por la Tele escuchando las narraciones de Humberto Martínez Morosini y los comentarios de Pocho Rospigliosi.  

 

Los años tristes de la revolución

Poco tiempo después el gobierno de Velasco inicia la expropiación de los diarios y de los canales de televisión. Fueron años muy duros para todos los peruanos, quizá los peores, los vividos en el septenato del General Juan Velasco Alvarado.

Existía la posibilidad de que el gobierno comunista de Velasco expulsara al Opus Dei del Perú. El Consiliario del Opus Dei en el Perú, el P. Vicente Pazos, visitó a San Josemaría y le manifestó esta preocupación. El fundador del Opus Dei le regaló la imagen de un burrito que tiene el pie trasero levantado para darle una patada a quien se le acerque y le dijo que no pasará nada porque si alguien se acerca, con esas intenciones, el burrito se encargaría de darle una buena coz.

Solo nos queda agradecer a Dios y a la Virgen María, porque estuvieron muy cerca de nosotros en nuestros años juveniles y en esas épocas también recordamos cuánto le queríamos a ellos. ¡Cuánto bien nos hizo esforzarnos por querer cada día más a Dios y a la Virgen María! (P. Manuel Tamayo).

lunes, 1 de enero de 2024

 ALPAKANA, INOLVIDABLE

1968 -1969: Centro juvenil del Opus Dei en Lima

 

Cuando llevábamos un año en “la casa rodeada de Cipreses” llegó la noticia de un nuevo Centro Juvenil que se abriría en Lima.

 

Antes, en 1967 tuvimos varios cursos de Doctrina y Filosofía cristiana. Habían llegado al Perú dos insignes profesores con una trayectoria profesional muy interesante: el P. Juan Roselló, que era experto en matemáticas puras y en filosofía y el P. Javier Cheesman, gran literato, discípulo del historiador Luis Alberto Sánchez, que llegaba para darnos clases de ética e historia. También teníamos clases con el ing. Eugenio Jiménez y Martínez de Carbajal, y con el Dr. José Navarro Pascual (ambos numerarios, se ordenaron sacerdotes ya mayores). Todos han fallecido.

 

El 67 fue un año de mucho estudio. Yo tenía clases por las mañanas en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, por las tardes trabajaba en la Corte Suprema de la República y por las noches y los fines de semana, me daban clases en el Centro de la Obra. No tenía tiempo para nada, aunque los domingos por la tarde no faltaba el partido de fulbito y luego de vez en cuando una película.

 

Nos mudamos al nuevo centro: abril de 1968

El año 68 fue para mi totalmente diferente. Seguía mis estudios en la Universidad y mi trabajo en la Corte, pero el resto del tiempo era para Alpakana, el nuevo Centro que quedaba en la Av. Arequipa 4055. Como ya era experto en montajes de Centros y me encantaba ese trabajo, ayudar en Alpakana no me costó nada.

 

Alpakana es un nombre quechua, significa:“tierra de luz”, se lo puso el P. Javier Cheesman.

Empezamos la labor en la nueva casa José Navarro Pascual, que era el director (después fue rector de la Universidad de Piura y luego se ordenó sacerdote), Jaime Chauca, que estudiaba filosofía en la Universidad Católica, el P. Alberto Clavell, que tendría 25 años y yo, que ya era universitario.

 

El 66 ingresé para estudiar Letras a la flamante universidad pedagógica Inca Garcilaso de la Vega que ese año empezaba su andadura, pero el 67 me trasladé a la Facultad de Letras de San Marcos y allí estuve hasta mediados del 69. Ese año, en Octubre, me fui a Roma y allí continué con mis estudios de Ciencias de la educación y Sagrada Teología.

 

Alpakana tuvo una corta existencia: el 68 y el 69, solo dos años. Era una casa muy simpática y acogedora. De estilo inglés con techos de tejas a dos aguas, tenía un piano de cola en el hall de entrada, todas las habitaciones estaban conectadas con teléfonos internos. En el tercer piso había una buhardilla o ático, con espacios generosos; allí teníamos los círculos y clases con los chicos.

 

Las tertulias de la casa las teníamos en la salita de una torre que estaba rodeada de ventanas. Estaba adosada a un costado de la casa, era de tipo inglés y nosotros le pusimos: la “torre Antonia”

Para mi fue un año excelente, porque pudimos hacer muchas actividades superdivertidas para gente joven. Los chicos que frecuentaban eran escolares del colegio Pestalozzi, Recoleta, Carmelitas y Santa María.

 

Estuvieron con nosotros ese año: José Carlos Klauer, Pablo Delgado, Javier Cabrera, Elías Cabrera, Javier González, Enrique Schandarelli, Rubén Delgado, Pepe Campos, Oscar Arrisueño, Pepe Lucho Gandolfo, Domingo Fatacciolli, Erasmo Rodriguez, Lucho Alcázar y muchos otros que ahora no recuerdo.

 

Salidas y paseos en Alpakana

Iniciamos la labor de Alpakana combinando las charlas y círculos de formación con salidas constantes y varios paseos programados, unos más largos en las vacaciones, y otros más cortos algún fin de semana largo.

 

En muchas ocasiones, después de estudiar, salíamos en carros a tomar un helado hasta “La Herradura” en esos años continuaba siendo la playa preferida para los limeños. Ir de noche era toda una aventura. La pasábamos genial.

 

Filmación de “El Reto”

Un fin de semana hicimos un campamento en Santa Clara, camino a Chaclacayo. Como yo tenía una filmadora de 8 mm, se nos ocurrió hacer una película de vaqueros que duraba 5 mts. Conseguimos nuestros atuendos: pistolas, cartucheras, sombreros, y con los caballos que allí había, armamos la película. Era un duelo de pistoleros, uno bueno y el otro malo, al estilo de las películas de la época; ganó el bueno y el malo fue eliminado. El rollo no daba para más y terminó la película. Luego organizamos la sesión para verla y fue todo muy divertido, la proyectábamos muchas veces para ver bien todos los detalles. Así nos divertíamos, nos parecía todo grandioso. Hasta ahora tenemos ganas de volver a ver esa película que tantos recuerdos nos trae.

 

Paseo a Río Blanco

Otro paseo corto lo hicimos a la altura de San Mateo, en Río Blanco, donde hay un túnel por donde pasa el tren. También nos conseguimos caballos y fuimos hasta Chogna, que estaba un poco más arriba. Con la filmadora grabamos unos recuerdos que seguimos disfrutando al verlos nuevamente, a través del YouTube ó del Zoom, cuando nos reunimos para conversar.

 

En los períodos de vacaciones de Fiestas Patrias y de verano hicimos dos excursiones largas, una al Cuzco y otra a Piura. Fueron inolvidables.

 

Paseo a Cuzco

Tomamos en Lima un viejo Ford F6 del año 52, de la empresa “Morales Moralitos” que después de un largo viaje nos dejó en Arequipa. Ese mismo día por la noche, después de un paseo por la Blanca Ciudad, cogimos un ómnibus pequeño, Dodge 800, bastante destartalado, que nos llevó hasta Juliaca. Allí, muertos de frío tomamos un suculento desayuno: sopa caliente, papas y yucas.

 

Como andábamos escasos de dinero decidimos continuar el viaje “tirando dedo”; por esas carreteras solo pasaban buses y camiones, como paraban en el grifo para echar gasolina, allí palabreábamos al chofer para que nos dejara ir en la tolva. Un camión nos llevó hasta las Chulpas de Sillustani de la Cultura Tiahuanaco; después de unas cuantas fotos cogimos otro camión que nos llevó hasta Pucará que estaba a unos 50 Km.

 

En Pucará entramos a una tienda para ver y comprar los famosos Toritos de Pucará, símbolo de felicidad. Nos quedamos demasiado tiempo y cuando salimos, el camión, que nos iba a llevar hasta el Cuzco, se había ido. Era las 6.30 pm y empezaba el frío. Cuzco estaba a 280 Km de allí. Estuvimos andando por el pueblo con la intención de buscar un alojamiento. Nadie quería alojarnos, éramos unos 15 chicos, todos de Lima.

 

La Iglesia estaba cerrada y nos agarró la noche y el frío. Nos pusimos toda la ropa que teníamos y acurrucados junto al portón de la Iglesia pasamos la noche. Fue terrible porque hubo una pequeña granizada. Al día siguiente tomamos el ómnibus pagando nuestros pasajes y nos fuimos al Cuzco. En el Cuzco todo fue de maravilla, allí el P. Clavell empalmó con nosotros.

 

La tragedia la tuvimos nuevamente en el viaje de regreso, el “Morales Moralitos” estaba lleno, nos tocaron los asientos del fondo y a mi me tocó viajar en un banquito de madera, sin respaldo, que se ponía en una zona intermedia en el pasillo central, entre los dos asientos. Cuando llegué a Lima dormí más de 24 horas seguidas. A esas edades ¡no pasa nada!

 

Paseo a Piura

En el verano fuimos a Piura en un paseo más formal con todas las de la ley. Nos alojamos en el último piso del edificio Atlas y desde allí organizamos todos los paseos, varios de ellos a las playas. El Centro del Opus Dei estaba en la calle Loreto. Allí me encontré nuevamente con José Ramón de Dolarea, que era el director y el P. Javier Cheesman. La universidad iba a empezar en abril con unos pocos alumnos.

 

El día que llegó el primer hombre a la Luna.

A mediados de Julio del 69 tuvimos en Alpakana una gran tertulia de medianoche porque íbamos a ver por la televisión en directo a los primeros hombres que llegaron a la Luna.

La tripulación del Apolo 11 estaba constituida por el comandante de la misión Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto del LEM, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando. Para nosotros fue impresionante ver en blanco y negro y medio borroso unos astronautas que daban unos pasos, en cámara lenta, por la superficie de la Luna. ¡Nos alegramos y lo celebramos!

 

Paseo al Callejón de Huaylas

En Julio del 69 hicimos un paseo al Callejón de Huaylas con los chicos del Pestalozzi. Nos alojamos en la casa de una familia en Yungay, donde está el Huascarán. Un año después, cuando estaba en Roma, fue el terremoto que sepultó a Yungay, todos los que estaban en el pueblo fallecieron. El paseo para nosotros fue inolvidable y la tragedia del año siguiente nos dejó bastante conmovidos. San Josemaría cuando estuvo en el Perú, el año 1974, rezó por todos ellos.

 

Clasificación al mundial: México 70

 

En Agosto del 69 hubo una gran noticia para chicos y grandes. La selección peruana había empatado en la bombonera de Buenos Aires 2-2 con la selección Argentina y clasificó para el mundial México 70. Los chicos de Alpakana fuimos al aeropuerto, como correspondía, para recibir a la selección.

 

Le pedía el carro a mi papá y fuimos varios, apretados como sardinas. Lo malo fue que con la emoción, nos subimos al techo del carro, para ver a los jugadores y lo hundimos. Luego tuve que darle explicaciones a mi papá. Así éramos los chicos de Alpakana.

 

El Centro se cerró el año 69 cuando empieza la Universidad de Piura y se tuvieron que abrir otros centros en esa ciudad. Tradiciones pasó a ser residencia universitaria. Así se fue expandiendo la labor del Opus Dei por el Perú. (P. Manuel Tamayo).