ALPAKANA, INOLVIDABLE
1968 -1969: Centro juvenil del Opus Dei en Lima
Cuando
llevábamos un año en “la casa rodeada de Cipreses” llegó la noticia de un nuevo
Centro Juvenil que se abriría en Lima.
Antes,
en 1967 tuvimos varios cursos de Doctrina y Filosofía cristiana. Habían llegado
al Perú dos insignes profesores con una trayectoria profesional muy
interesante: el P. Juan Roselló, que era experto en matemáticas puras y en
filosofía y el P. Javier Cheesman, gran literato, discípulo del historiador Luis Alberto Sánchez, que llegaba para
darnos clases de ética e historia. También teníamos clases con el ing. Eugenio
Jiménez y Martínez de Carbajal, y con el Dr. José Navarro Pascual (ambos numerarios, se ordenaron sacerdotes
ya mayores). Todos han fallecido.
El 67
fue un año de mucho estudio. Yo tenía clases por las mañanas en la Facultad de
Letras de la Universidad de San Marcos, por las tardes trabajaba en la Corte
Suprema de la República y por las noches y los fines de semana, me daban clases
en el Centro de la Obra. No tenía tiempo para nada, aunque los domingos por la
tarde no faltaba el partido de fulbito y luego de vez en cuando una película.
Nos mudamos al nuevo centro: abril de
1968
El
año 68 fue para mi totalmente diferente. Seguía mis estudios en la Universidad
y mi trabajo en la Corte, pero el resto del tiempo era para Alpakana, el nuevo
Centro que quedaba en la Av. Arequipa 4055. Como ya era experto en montajes de
Centros y me encantaba ese trabajo, ayudar en Alpakana no me costó nada.
Alpakana
es un nombre quechua, significa:“tierra
de luz”, se lo puso el P. Javier Cheesman.
Empezamos
la labor en la nueva casa José Navarro Pascual, que era el director (después fue rector de la Universidad de Piura y luego se
ordenó sacerdote), Jaime Chauca, que estudiaba filosofía en la Universidad
Católica, el P. Alberto Clavell, que tendría 25 años y yo, que ya era
universitario.
El 66
ingresé para estudiar Letras a la flamante universidad pedagógica Inca
Garcilaso de la Vega que ese año empezaba su andadura, pero el 67 me trasladé a
la Facultad de Letras de San Marcos y allí estuve hasta mediados del 69. Ese
año, en Octubre, me fui a Roma y allí continué con mis estudios de Ciencias de
la educación y Sagrada Teología.
Alpakana
tuvo una corta existencia: el 68 y el 69, solo dos años. Era una casa muy
simpática y acogedora. De estilo inglés con techos de tejas a dos aguas, tenía
un piano de cola en el hall de entrada, todas las habitaciones estaban
conectadas con teléfonos internos. En el tercer piso había una buhardilla o
ático, con espacios generosos; allí teníamos los círculos y clases con los
chicos.
Las
tertulias de la casa las teníamos en la salita de una torre que estaba rodeada
de ventanas. Estaba adosada a un costado de la casa, era de tipo inglés y
nosotros le pusimos: la “torre Antonia”
Para
mi fue un año excelente, porque pudimos hacer muchas actividades
superdivertidas para gente joven. Los chicos que frecuentaban eran escolares
del colegio Pestalozzi, Recoleta, Carmelitas y Santa María.
Estuvieron
con nosotros ese año: José Carlos Klauer,
Pablo Delgado, Javier Cabrera, Elías Cabrera, Javier González, Enrique
Schandarelli, Rubén Delgado, Pepe Campos, Oscar Arrisueño, Pepe Lucho Gandolfo,
Domingo Fatacciolli, Erasmo Rodriguez, Lucho Alcázar y muchos otros que ahora
no recuerdo.
Salidas y paseos en Alpakana
Iniciamos
la labor de Alpakana combinando las charlas y círculos de formación con salidas
constantes y varios paseos programados, unos más largos en las vacaciones, y
otros más cortos algún fin de semana largo.
En
muchas ocasiones, después de estudiar,
salíamos en carros a tomar un helado hasta “La Herradura” en esos años
continuaba siendo la playa preferida para los limeños. Ir de noche era toda una
aventura. La pasábamos genial.
Filmación de “El Reto”
Un
fin de semana hicimos un campamento en Santa Clara, camino a Chaclacayo. Como
yo tenía una filmadora de 8 mm, se nos ocurrió hacer una película de vaqueros
que duraba 5 mts. Conseguimos nuestros atuendos: pistolas, cartucheras, sombreros, y con los caballos que allí
había, armamos la película. Era un duelo de pistoleros, uno bueno y el otro malo,
al estilo de las películas de la época; ganó el bueno y el malo fue eliminado.
El rollo no daba para más y terminó la película. Luego organizamos la sesión
para verla y fue todo muy divertido, la proyectábamos muchas veces para ver
bien todos los detalles. Así nos divertíamos, nos parecía todo grandioso. Hasta
ahora tenemos ganas de volver a ver esa película que tantos recuerdos nos trae.
Paseo a Río Blanco
Otro
paseo corto lo hicimos a la altura de San Mateo, en Río Blanco, donde hay un
túnel por donde pasa el tren. También nos conseguimos caballos y fuimos hasta Chogna, que estaba un poco más arriba.
Con la filmadora grabamos unos recuerdos que seguimos disfrutando al verlos
nuevamente, a través del YouTube ó del Zoom, cuando nos reunimos para
conversar.
En
los períodos de vacaciones de Fiestas Patrias y de verano hicimos dos
excursiones largas, una al Cuzco y otra a Piura. Fueron inolvidables.
Paseo a Cuzco
Tomamos
en Lima un viejo Ford F6 del año 52, de la empresa
“Morales Moralitos” que después de un largo viaje nos dejó en Arequipa. Ese
mismo día por la noche, después de un
paseo por la Blanca Ciudad, cogimos un ómnibus pequeño, Dodge 800, bastante destartalado, que
nos llevó hasta Juliaca. Allí, muertos de frío tomamos un suculento desayuno:
sopa caliente, papas y yucas.
Como
andábamos escasos de dinero decidimos continuar el viaje “tirando dedo”; por esas carreteras solo pasaban buses y camiones,
como paraban en el grifo para echar gasolina, allí palabreábamos al chofer para
que nos dejara ir en la tolva. Un camión nos llevó hasta las Chulpas de Sillustani de la Cultura
Tiahuanaco; después de unas cuantas fotos cogimos otro camión que nos llevó
hasta Pucará que estaba a unos 50 Km.
En
Pucará entramos a una tienda para ver y comprar los famosos Toritos de Pucará, símbolo de felicidad.
Nos quedamos demasiado tiempo y cuando salimos, el camión, que nos iba a llevar hasta el Cuzco, se había ido. Era las 6.30 pm
y empezaba el frío. Cuzco estaba a 280 Km de allí. Estuvimos andando por el
pueblo con la intención de buscar un alojamiento. Nadie quería alojarnos,
éramos unos 15 chicos, todos de Lima.
La
Iglesia estaba cerrada y nos agarró la noche y el frío. Nos pusimos toda la
ropa que teníamos y acurrucados junto al portón de la Iglesia pasamos la noche.
Fue terrible porque hubo una pequeña granizada. Al día siguiente tomamos el
ómnibus pagando nuestros pasajes y nos fuimos al Cuzco. En el Cuzco todo fue de
maravilla, allí el P. Clavell empalmó con nosotros.
La
tragedia la tuvimos nuevamente en el viaje de regreso, el “Morales Moralitos”
estaba lleno, nos tocaron los asientos del fondo y a mi me tocó viajar en un
banquito de madera, sin respaldo, que se ponía en una zona intermedia en el
pasillo central, entre los dos asientos. Cuando llegué a Lima dormí más de 24
horas seguidas. A esas edades ¡no pasa nada!
Paseo a Piura
En el
verano fuimos a Piura en un paseo más formal con todas las de la ley. Nos
alojamos en el último piso del edificio Atlas y desde allí organizamos todos
los paseos, varios de ellos a las playas. El Centro del Opus Dei estaba en la
calle Loreto. Allí me encontré nuevamente con José Ramón de Dolarea, que era el
director y el P. Javier Cheesman. La universidad iba a empezar en abril con
unos pocos alumnos.
El día que llegó el primer hombre a la
Luna.
A
mediados de Julio del 69 tuvimos en Alpakana una gran tertulia de medianoche
porque íbamos a ver por la televisión en directo a los primeros hombres que
llegaron a la Luna.
La tripulación del
Apolo 11 estaba constituida por el comandante de la misión Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin
E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto del LEM, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando. Para nosotros fue impresionante ver en
blanco y negro y medio borroso unos astronautas que daban unos pasos, en cámara
lenta, por la superficie de la Luna. ¡Nos alegramos y lo celebramos!
Paseo al Callejón de Huaylas
En
Julio del 69 hicimos un paseo al Callejón de Huaylas con los chicos del
Pestalozzi. Nos alojamos en la casa de una familia en Yungay, donde está el
Huascarán. Un año después, cuando estaba en Roma, fue el terremoto que sepultó
a Yungay, todos los que estaban en el pueblo fallecieron. El paseo para
nosotros fue inolvidable y la tragedia del año siguiente nos dejó bastante
conmovidos. San Josemaría cuando estuvo en el Perú, el año 1974, rezó por todos
ellos.
Clasificación al mundial: México 70
En
Agosto del 69 hubo una gran noticia para chicos y grandes. La selección peruana
había empatado en la bombonera de Buenos Aires 2-2 con la selección Argentina y
clasificó para el mundial México 70. Los chicos de Alpakana fuimos al
aeropuerto, como correspondía, para recibir a la selección.
Le
pedía el carro a mi papá y fuimos varios, apretados como sardinas. Lo malo fue
que con la emoción, nos subimos al techo del carro, para ver a los jugadores y
lo hundimos. Luego tuve que darle explicaciones a mi papá. Así éramos los
chicos de Alpakana.
El
Centro se cerró el año 69 cuando empieza la Universidad de Piura y se tuvieron
que abrir otros centros en esa ciudad. Tradiciones pasó a ser residencia
universitaria. Así se fue expandiendo la labor del Opus Dei por el Perú. (P. Manuel Tamayo).
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