miércoles, 27 de mayo de 2020


 ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!

De las aglomeraciones en mercados y transportes públicos

“El 24 de mayo de 1964 se enfrentaban Perú y Argentina en la final clasificatoria para las Olimpiadas de Tokio. Aquel día se jugó en un Estadio Nacional repleto, con una asistencia oficial de 47 197 espectadores. El seleccionado de Argentina ganaba uno a cero; cuando faltaban seis minutos para el final del partido, Perú marcó el empate a uno. Sin embargo el árbitro uruguayo, Ángel Eduardo Pazos, anuló el gol del empate. La decisión provocó un estallido de rabia, y varios aficionados saltaron al campo para agredir al árbitro. Los policías soltaron a los perros, que se abalanzaron sobre los seguidores locales. Esta imagen provocó un ataque de ira colectiva y las aficiones de ambas nacionalidades empezaron una pelea a palos y navajazos. La policía peruana, desbordada por la batalla campal que se había formado en las tribunas, intentó sin éxito detener los disturbios y empeoró la situación arrojando gases lacrimógenos, lo que provocó la estampida de cientos de aficionados tratando de huir. Las puertas de la tribuna norte del estadio estaban cerradas, imposibilitando la salida de la gente. Se supo después que las puertas habían sido cerradas por la policía, en su intento de que los espectadores se calmaran y regresaran a sus asientos. Esta tragedia se saldó oficialmente con un total de 328 muertos, entre los que se contaron muchos niños y ancianos” (Información de Wikipedia).

“El terremoto y aluvión de Áncash de 1970, conocido localmente como el terremoto del 70, fue un sismo de magnitud 7.9. Movimiento sentido en toda la costa y sierra del departamento de Áncash y del norte peruano, seguido de un aluvión que sepultó la ciudad de Yungay el domingo 31 de mayo de 1970, a las 3:23 p.m. Fue el sismo más destructivo de la historia del Perú, no solo por la magnitud sino también por la cantidad de pérdidas humanas. En total, las muertes se calcularon en 70.000 y hubo aproximadamente 20.000 desaparecidos, aunque algunas fuentes elevan las víctimas a un número mucho mayor. En Yungay sólo se salvaron aproximadamente 300 personas separadas en tres grupos, 92 personas que corrieron hacia el cementerio de la ciudad (una antigua fortaleza preinca elevada), 25 personas en un cerro contiguo a la ciudad y un numeroso grupo de niños que asistieron a un circo itinerante llamado Verolina y que estaba ubicado en el estadio a 700 metros de la plaza mayor”. (Información de Wikipedia).


COMENTARIO

En la tragedia del estadio nacional, el año 1964, la policía para poner orden disparó gases lacrimógenos y la gente que estaba alterada salió en estampida por los túneles para alcanzar la libertad en las calles, pero resulta que las puertas estaban cerradas, se apretujaron entre todos y en unos minutos hubo 328 muertos y cientos de heridos. ¿por qué ocurrió esta tragedia? Por una suma de errores humanos cometidos y por la precariedad de los medios. La gente no tuvo más remedio que salir pero se murieron varios.

En terremoto que más muertos tuvo en el siglo XX fue el de 1970 en el departamento de Ancash, 70,000 fallecidos y 20,000 desaparecidos. En la sierra muchos pueblos están todavía en los causes de los huaycos o en zonas peligrosas. Si hubiera un terremoto de elevada magnitud en estos momentos, morirían miles o tal vez millones.

Cuando uno se pasea por las zonas periféricas de Lima y por algunas ciudades de provincia, no necesita ser profeta para predecir una tremenda catástrofe, con muertes de miles o millones de peruanos, si hubiera un fuerte terremoto.

Se vive como si los peligros no existieran o con la presunción de que “a mi no me va a pasar nada” y por parte de las autoridades no hay prevenciones, se vive al día atendiendo lo urgente y olvidándose de lo importante.


Estamos acostumbrados a la dejadez y al “criollismo”
Lo terrible es lo de siempre: ¡No se hace nada para prevenir! Lo estamos viviendo ahora con esta pandemia, lo vimos antes con el fenómeno costero y el del Niño.

Con respecto al coronavirus que estamos padeciendo parece que recién “descubrimos” que nuestro sistema de salud era totalmente deficiente, y lógicamente  a esto se tiene que añadir la gran informalidad extendida por todas partes, con una permisividad de las autoridades y de las grandes mayorías. Parece que no les importa mucho que la gente conviva con la ignorancia y la corrupción. Son taras que cargamos años.

En los meses previos a la pandemia parecía que nuestro país estaba despertando para darse cuenta que la corrupción se había generalizado en muchos sectores de nuestra sociedad. Ahora suena otra vez el despertador para descubrir el daño que continua haciendo a todos los peruanos la ignorancia y la informalidad, que está bien extendida por todo el país, con las limitaciones y carencias que conducen a la corrupción. Es un círculo vicioso.

Cuando observamos las inconductas sociales no se debería culpar a la población. Hay que mirar más bien los descuidos y los abandonos de autoridades, maestros y padres de familia. Se olvidaron de educar y formar a muchísima gente, que ahora están viviendo como pueden, sin recursos y con el peso de la ignorancia y de la informalidad.

Se debe reconocer la realidad tal como es, y que ese conocimiento lleve a comprender mejor a las personas para poner los medios que eliminen ese “cáncer” social que nos está perjudicando tanto. 


Despertar para conocer mejor nuestra realidad humana
Las personas que viven de un modo formal suelen tener trabajo y recursos para salir adelante en una cuarentena; en cambio los que viven en la informalidad no saben qué hacer para sobrevivir y lógicamente se ven forzados a salir como sea, para conseguir los medios que no tienen.

Habría que reconocer la existencia de “dos países” distintos: el de los formales y el de los informales (distintos modos de vivir, distintas costumbres, distintos modos de ver las cosas, distintos lenguajes, etc).


La multiplicación de los contagios y muertes
Si desde que empezó la cuarentena hemos visto aglomeraciones en los mercados, bancos y combis, ahora, al levantarse poco a poco los confinamientos, aunque sea de un modo gradual, estamos viendo aglomeraciones descontroladas en los paraderos y en las calles, con los que salen a trabajar y con los que no tienen trabajo y salen angustiados para conseguir “cachuelearse” con algo.

Los protocolos, bien complicados para las mayorías, son como los letreros que siempre hay y que nadie los lee. Si en el Perú habitualmente no se cumplen las leyes, los protocolos caerán en saco roto.

Lamentablemente el costo lo tendremos en una multiplicación inimaginable de contagiados y muertos. Ojalá no sea así, pero es lo que se deduce al ver la realidad y en estos días estamos comprobando como los números de contagiados y fallecidos van en aumento.

No somos Europa. Los países europeos, teniendo sistemas de salud de primer orden y una conducta social de cultura y responsabilidad, se han visto desbordados por esta pandemia. Tendría que haber un milagro para que en el Perú ocurra algo mejor de lo que nos estamos imaginando.


La tragedia de una mentalidad informal
En los primeros días de marzo entregamos a este portal dos artículos: “La culpa la tiene la informalidad” (4 de marzo) y “Castigos y multas en ambientes informales” (13 de marzo), todavía no se había iniciado la cuarentena en nuestro país pero se veía venir lo que ahora estamos viendo.

No se puede salir adelante si se mantiene una mentalidad informal donde se mezcla la ignorancia con la corrupción. Lamentablemente, tenemos que reconocer que en nuestro país abundan esos dos males en todos los sectores. 

Muchas personas notables lo han repetido hasta la saciedad: la solución no llega con la fuerza, los controles, las multas, los castigos, las detenciones, tampoco con el dinero. La solución está en la educación y es a largo plazo.

La inversión en la educación conseguiría que se salga de la informalidad y de la corrupción. La educación en valores, para que las personas crezcan en virtudes humanas y usen su inteligencia para estar unidos en los proyectos de desarrollo que incluyan a todas las personas.

Nos queda confiar ahora, y tener esperanza, en la responsabilidad de cada persona.

Por mucho esfuerzo que una persona ponga en cumplir con todos los protocolos de seguridad para evitar el contagio, dependerá también de las demás personas que circulan por la calle.  Si uno se descuida o se distrae, el contagio podría llegar del modo menos pensado.

Sálvese quien pueda,  para luego salvar a otros. Ojalá que las grandes mayorías  puedan ser orientadas hacia el camino correcto y no sean conducidas, como hasta ahora, al despeñadero.

Que Dios nos proteja a todos y nos tenga cercanos a Él. (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 20 de mayo de 2020


RETIRARSE A TIEMPO
Un momento de reflexión para los adultos mayores

“Existe una "deformación" en muchos casos de dirigentes que se perpetúan en sus puestos, creyéndose insustituibles o bien con acentuado egocentrismo, que pretenden extender su control más allá de lo aconsejable y natural. Suponen que su veteranía o protagonismo fundacional, les da la suficiente autoridad para seguir rigiendo los destinos del grupo” (León Schapiro).

“Saber retirarse a tiempo, es también sabiduría” (León Schapiro).

 “Ya puedes desechar esos pensamientos de orgullo: eres lo que el pincel en manos del artista,- Y nada más.  Dime para qué sirve un pincel, si no deja hacer al pintor” (San Josemaría, Camino n. 612). 
“No vivimos para la tierra, ni para nuestra honra, sino para la honra de Dios, para la gloria de Dios, para el servicio de Dios: ¡esto es lo que nos ha de mover!” (San Josemaría, Forja n. 851).


COMENTARIO

El mundo se encuentra en un momento crucial. Se habla de cambios y de desafíos, de un nuevo orden mundial, con proyectos diferentes donde no existan grandes diferencias entre unos y otros.

La verdad es que no se sabe cómo será porque las variables son múltiples, más que adivinar o hacer cábalas nos toca rezar para situarnos bien y tener las mejores disposiciones para lo que haga falta, siempre apuntando al camino correcto para lograr el bien de todos.


Los mayores de 65 años
En los protocolos, que van saliendo, para después de la cuarentena, hay uno que sigue confinando a las personas que tienen más de 65 años que son los que tienen más riesgo de ser contagiados. Es una medida general que puede estar sujeta a variaciones puesto que hay personas mayores que están más fuertes y sanas que otras que son menores. De todos modos es bueno atender al criterio de prudencia para que este sector vaya pensando, si no lo ha hecho todavía, en la futura y tal vez próxima jubilación.

La palabra jubilación resulta todavía muy general, ambigua y para algunos es preocupante. Dejar de trabajar es algo que va a ocurrir necesariamente algún día y se requiere estar preparado y dispuesto.
Lo que importa verdaderamente es la disposición y el buen ánimo de las personas para dejar los trabajos, retirarse a tiempo y poder ocuparse de otras actividades que exigen menos esfuerzo.


La voluntad de jubilarse a gusto
La jubilación, que lleva consigue el dejar de trabajar, forma parte de la vida. No es un fracaso ni algo que hay que hay que aceptar con miedo. La buena disposición para renunciar a tiempo hace grande a la persona. Es salir, como se suele decir, por la puerta grande.

Un buen trabajador debe ir pensando, con el tiempo, en el día de su jubilación y, si está en sus manos, tener listas a las personas que lo van a remplazar. En otros casos los reemplazos los  decidirán otros; pero nunca debe faltar la hidalguía de dejar el trabajo para los que vienen después, facilitando además que los que continúan puedan tomar las decisiones para lo que crean conveniente.


Rebeldías de la tercera edad
La falta de preparación en este campo puede ocasionar varios problemas y una posible crisis o depresión con una suerte de rebeldía: la terquedad de no querer abandonar el trabajo.

En el ámbito laboral lo puede exigir un reglamento o la decisión de los Jefes, (piénsese por ejemplo en las fuerzas armadas o policiales). Además la jubilación podría venir por sorpresa o adelantada, como ha ocurrido en muchos casos;  y si no hay una adecuada preparación es fácil caer en una situación muy incómoda, que podría llevar a una triste depresión.

Los trabajadores informales corren el riesgo de volverse problemáticos cuando se empeñan en seguir en sus puestos o actividades de siempre, a costa de su propia salud por sus limitaciones físicas. Quizá no se dan cuenta  de los graves problemas que pueden generar, también para sus familias y los demás trabajadores. Es conveniente conversar con ellos, un tiempo antes, y prepararlos para cuando tengan que dejar el trabajo.


Saber apartarse a tiempo
Toda persona debe saber que tiene limitaciones y que éstas crecen conforme pasan los años. La vejez trae achaques y uno de ellos es el autoengreimiento, que no es más que la vanidad de pensar que todavía se tiene capacidad para continuar trabajando y encapricharse para quedarse más tiempo.

Es verdad que muchas personas mayores y de avanzada edad pueden tener una cabeza muy lúcida y ser capaces de seguir en sus trabajos y proyectos muchos años más. Sin embargo es más inteligente si esas personas, aunque tengan esas cualidades, saben dejar sus puestos para que los más jóvenes los sustituyan. Esta excelente disposición, que es propia de la humildad, exige de una preparación anticipada. Cada uno debe proyectarse y tener un plan B, de lo que podría hacer cuando le toque jubilarse.

Lo más recomendable es salir del trabajo donde estuvo, incluso irse a otra ciudad, si es posible, para evitar intervenciones que ya no tendría sentido hacerlas, que podrían crear un fastidio a las personas que le sustituyen. Hay excepciones desde luego, pero la experiencia de la mayoría aconseja un prudente distanciamiento y una confianza total en los que continúan.


La reflexión de los adultos mayores en estos días de cuarentena
Esta etapa de confinamiento es ideal para que los adultos mayores piensen bien y tal vez sea el momento, dada las circunstancias, para iniciar voluntariamente los primeros pasos de su renuncia y retirarse a tiempo sin causar problemas, para abrir camino a los más jóvenes, que suelen llegar con bastante ilusión para continuar o cambiar el legado que se les deja.  (P. Manuel Tamayo)

miércoles, 13 de mayo de 2020


EL OCASO DE UN MUNDO QUE SE ALEJÓ DE DIOS
¡Que nadie nos quite a Dios!


“La generación de hoy, es una generación de conocimientos, no de sabiduría. Muchos están acostumbrados al automatismo de obtener en tiempo real lo que necesitan. Este fenómeno aporta ventajas inmediatas, pero no virtudes, porque lejos de ser algo enriquecedor, es uno de los daños más profundos que socava la formación integral del individuo, es decir, su integridad en el más extenso sentido de la palabra” (Humberto Pérez Tomé).

“Un nutrido grupo se concentró en las afueras de la basílica San Francisco en rechazo a la iniciativa de los diputados radicales para sacar los símbolos cristianos y religiosos de edificios o espacios públicos. “No puede una minoría quitar lo que nos identifica como pueblo”, criticaron” (En Salta, Argentina el 2019).

“En cuanto al número de cristianos muertos anualmente por su fe, según una declaración hecha pública en junio de 2011 por Massimo Introvigne, representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, se trataría de 105 000 muertos al año. En el presente, se registran ejemplos de intolerancia o persecución hacia cristianos en: EgiptoMarruecosNigeriaKeniaRepública Centroafricana, y en Asia, en países como PakistánIndonesia, regiones de la IndiaLaos, y hasta en Arabia Saudita, donde la apertura de templos cristianos está prohibida” (Wikipedia).

“Se han quemado Iglesias en Chile y en muchos otros países del mundo”

“Se quiere poner en el mundo un nuevo orden mundial sin Dios, donde la Iglesia no tiene cabida; se pretende destruir a la familia con la imposición de los postulados de la LGTB en las escuelas, con la aprobación  de los gobiernos en los países occidentales”
“El desorden de vida, generalizado en todo el mundo, aparta a las personas de las virtudes morales y las aleja completamente de la doctrina cristiana que la Iglesia enseña, desde hace muchos siglos, por mandato de Jesucristo”
“Miles en el mundo se han alejado de los sacramentos y viven como si Dios no existiera. La ignorancia religiosa es cada día más grande y exige de una nueva evangelización”
“A los que viven y defienden los valores morales de la Iglesia los tildan de retrógrados y homofóbicos, no quieren contar con ellos y procuran apartarlos de los puestos importantes en varias empresas y en algunas instituciones sociales”
“Los males de la época, como en otros tiempos, también han contaminado a algunos sectores de la Iglesia. Algunas personas, que se dicen católicas, están siendo condescendientes y permisivas con algunas ideologías actuales que se oponen a la doctrina cristiana. Hoy existe una severa confusión entre los fieles”

COMENTARIO

¡Qué difícil se ha puesto todo! en este mundo que nos ha tocado vivir. La pandemia, extendida por todas partes continúa creciendo y no tiene fecha de culminación, esta realidad motiva una serie de cuestionamientos individuales y sociales.

Criterios y mentalidades humanas
Como en todas las épocas siempre hay un sector muy numeroso de personas que viven sin hacer mayores reflexiones y seguirán así al ritmo de lo que venga, alegrándose o sufriendo con todos dentro del consenso tácito del sentir común, influenciados lógicamente por el poder mediático o por lo que esté de moda (costumbres y conducta) en el tiempo que les ha tocado vivir, muchos de ellos angustiados y forzados a salir para poder sobrevivir.
Otro grupo lo forman los que opinan de todo y hacen afirmaciones contundentes en base a conjeturas con artículos que han encontrado en cualquier periódico o en las mismas redes sociales. De este grupo surgen críticas inquisitorias para los que no están haciendo lo que, según ellos, se debería hacer. Está claro que ellos tampoco van a resolver esos problemas. Es un bla, bla, bla, que no deja de ser molestoso. En este grupo también se encuentran los que ponen en riesgo sus vidas por no querer hacer caso a las normas establecidas.
Hay otro sector, más reducido, de pensantes que reflexionan y van sacando conclusiones, sobre todo cuando hay situaciones extraordinarias o apremiantes, como la que nos toca ahora. Son más discretos, hablan poco y son los que saben acompañar a las personas orientándolas por un camino de comprensión y de paz. La mayoría son creyentes y confían en que Dios conseguirá lo mejor para todos. Tienen esperanza. Estos podrían ser los mejores para lograr los cambios que las personas necesitan dar en estos tiempos.

Tiempos de emergencia que marcarán historia (grandes cambios)
Nunca olvidaremos estos largos meses de confinamiento y los estragos que está causando esta maléfica pandemia. Se están produciendo en muchas vidas  unas variaciones importantes. Se avecinan grandes desafíos en todo el mundo,  y hoy más que nunca, hacen falta voluntarios que lleven el peso de la situación sin ser revolucionarios o violentos. Gente buena que no insulte y que sean muy comprensivos con las personas.
En estos acontecimientos, que tienen que ver con la vida de las personas, siempre está presente Dios. Los creyentes suelen reaccionar de una manera expectante, seguros de que algo muy bueno va a venir;  los no creyentes podrían estar desconcertados y tal vez temerosos, sin poder explicar, con claridad, a qué se debe todo esto y qué es lo que se tendría que hacer. No estoy minimizando a los no creyentes sino sacando un foto de la realidad: el que cree tiene confianza en un ser superior y el que no cree, cuando el hombre falla o no sabe, se turba.
El diablo y sus secuaces piensan que están ganando la guerra al conseguir debilitar los católicos que por el confinamiento obligatorio, no están recibiendo los sacramentos. Pero como Dios no pierde batallas y nunca deja solos a sus hijos, están sucediendo cosas extraordinarias que parecen increíbles.
Puedo afirmar, y se puede constatar, que en estos tres meses que han pasado se han multiplicado las conversiones. Muchas personas, en todo el mundo, se han acercado a Dios dando un vuelco impresionante a sus vidas. Solo hay que rezar y tener esperanza. No es poco. Dios sabe escribir con reglones torcidos, sabe doblegar lo que se ha puesto rígido, enderezar lo torcido y regar lo que está árido. La cosecha vendrá floreciente, ¡tanto!, ¡tanto!, que cuando pase la cuarentena, la extrañaremos. Ya volveremos a los sacramentos y con mucha fuerza.

 Derrotar al mundo sin Dios
Urge dejar muy atrás al mundo que fue antes de la pandemia, aún está dando manotazos de ahogado.
Es hora de poner los medios para derrotar y hacer desaparecer el aborto, la eutanasia, la ideología de género, que promueve un corrupto poder mediático amparado en algunos gobernantes de  grandes potencias, con la ayuda de renombrados millonarios, al servicio de oscuros intereses de beneficios personales, que son maléficos para toda la humanidad.
Ha llegado la hora de construir un mundo que tenga como centro a Dios, aunque exista el empeño del diablo y de sus secuaces, que se mueven por todas partes, para crear un mundo sin Dios, sin la Iglesia y sin la familia. ¡Ya se le han visto los cuernos!
Dios y la Virgen protegen a la humanidad para que las personas entiendan que es urgente construir la nueva civilización del amor a la que apuntaba, con mucho entusiasmo, el Papa San Juan Pablo II.
El mundo sin Dios se está cayendo a pedazos, es el momento de renovar propósitos para cambiarlo y poder construir con la ayuda de Dios y de la Virgen, el mundo que debe ser, para el bien de toda la humanidad.
El bien es superior al mal, si contamos con Dios el triunfo estará asegurado. ¡Que María Auxiliadora nos ampare y nos proteja! (P. Manuel Tamayo).



viernes, 8 de mayo de 2020


LA MADRE DE TODAS LAS MADRES
Protección, Caridad y Serenidad en los tiempos de emergencia

“¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha” (San Josemaría, Camino n. 516).

“Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano —no hay dolor como su dolor—, llena de fortaleza. —Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz” (San Josemaría, Camino, n. 508).


COMENTARIO

En los tiempos difíciles la mejor compañía es la de la Virgen María. Ella es como la luna que refleja la luz del sol cuando nos encontramos en la oscuridad más absoluta. El sol es Dios que parece ausente pero está muy presente y cercano a todos. La Virgen nos recuerda esa realidad y nosotros, muchas veces angustiados y con miedo le decimos con fe: “muéstranos a Jesús fruto bendito de tu vientre”

Jesucristo la nombró Madre nuestra cuando estaba sufriendo lo indecible en la Cruz por nuestros pecados. En la misma Cruz, antes de morir, le dijo a San Juan, que representaba a toda la humanidad: “allí tienes a tu madre”  De ese modo, el Señor muestra su misericordia y nos premia con esa grandiosa maternidad, a pesar de nuestras iniquidades que fueron la causa de su dolor y muerte.

Cuentan que cuando San Juan Pablo II tenía 8 años de edad,  murió su mamá;  al instante su papá lo llevó a una imagen de la Virgen y le dijo: “desde hoy, Ella será tu madre” a partir de ese momento nació en el pequeño Karol un gran cariño a la Virgen, después, cuando pasaron los años fue el Papa Mariano que todos conocimos con su famoso lema: “Tutus tuus”


Nadie nos ha regalado más que la Virgen
Los mejores regalos que hemos recibido han sido de la Virgen María. No somos totalmente conscientes de esa realidad,  podríamos descubrirla si hacemos méritos y el Señor nos hace crecer en la fe.

Con una fe más grande y  con la ayuda de algún medio extraordinario, que la Virgen suele conseguir para sus hijos, podríamos entender mejor qué es lo que Dios quiere de nosotros en estos tiempos.

En estos días de confinamiento Ella nos protege y quiere hacernos ver el querer de Dios. Depende de nuestra disponibilidad y de nuestra docilidad a los consejos que nos alcanza.

Nada nos debe atormentar, si estamos a su lado el calor de su regazo nos da seguridad. El escapulario es una muestra de su admirable protección que nos hace fuertes para que podamos ayudar a los demás, con nuestra sonrisa y nuestro cariño, llenando todos los ambientes con la paz de Cristo que la Virgen pone en nuestros corazones.
Aunque estuviéramos en un calabozo encerrados, sin haber cometido ningún delito, la protección de la Madre del Cielo es tan poderosa que, que al llenarnos de paz con su infinita misericordia, inmediatamente perdonamos y queremos a todos y especialmente a quienes nos han privado de la libertad a la que teníamos derecho. Ella nos ayuda a poner la otra mejilla cuando nos han golpeado injustamente en la primera.
Hoy no es tiempo de echar leña para las confrontaciones, es el momento del acompañamiento y la serenidad, es la hora de una mayor comprensión y de una constante oración, como la Virgen nos enseña con su conducta en los momentos más difíciles. Ella no se desespera, no grita, no hace escándalo, solo reza y acompaña.

Así es la auténtica fortaleza cristiana que se nos pide ahora, en estos momentos de emergencia. El que pueda entender que entienda.

La Virgen que es madre de todos siempre está pendiente de sus hijos,  y a las mamás les podemos decir, en su día, que la Virgen María es Madre de todas las madres. (P. Manuel Tamayo).


¡Felicidades a todas las madres, en su día, las que están en la tierra y las que están en el Cielo!
Nuestras oraciones de gratitud para que el Señor tenga en cuenta sus méritos y su amor incondicional para sus hijos.

martes, 5 de mayo de 2020


CUANDO LOS SACRAMENTOS NO LLEGAN

El amor a Dios y la virtud de la Prudencia en los tiempos de emergencia.

“En consonancia con las autoridades sanitarias de distintas partes del mundo, varias conferencias episcopales han suspendido la celebración de la eucaristía con presencia de fieles como una medida preventiva para evitar aglomeraciones de personas y, por ende, focos de contagio del Coronavirus”. (Vitican Va).

“En esta situación de pandemia, en la que nos encontramos viviendo más o menos aislados, estamos invitados a redescubrir y profundizar el valor de la comunión que une a todos los miembros de la Iglesia. Unidos a Cristo nunca estamos solos, sino que formamos un solo Cuerpo, del cual Él es la Cabeza. Es una unión que se alimenta de la oración, y también de la comunión espiritual en la Eucaristía, una práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el Sacramento. Digo esto para todos, especialmente para la gente que vive sola”  (Papa Francisco, Angelus, 15-III-2020)

“Si tú no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: “Señor he hecho esto, estos y esto otro. Perdóname…  Pide perdón de todo corazón y prométele que luego te confesarás, pero habla pronto con Él y recibirás la gracia de Dios” (Papa Francisco).

“Devolvednos la Misa. La iglesia es concreta, no puede haber una iglesia virtual, No queremos poner a nadie en peligro. Respetaremos las distancias, llevaremos mascarillas y gel desinfectante para evitar el contagio. No somos locos, no somos insensatos, no somos malos ciudadanos. No pedimos ningún privilegio, solo lo que la ley permite” (grupo de católicos españoles le piden a los Obispos que se abran las Iglesias).

“Las diócesis católicas que han restringido las misas han tomado una decisión difícil, pero necesaria. La cuestión no es sólo el deseo de querer arriesgar la propia salud, porque al ser una enfermedad contagiosa, el riesgo es poner en peligro la salud de todos. Por consiguiente, creo que el amor al prójimo en estos casos implica realmente la difícil decisión de renunciar a esos encuentros. No obstante, hay cosas que se pueden hacer de manera parcial. No hay nada que pueda sustituir el encuentro como comunidad en una iglesia, pero utilizar este tiempo para aumentar la devoción y la oración personal es algo muy importante, y muchas iglesias ahora hacen transmisiones en vivo (Peter Vander Weele, epidemiólogo de Harvard).


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COMENTARIO

En un mundo alejado de Dios hay algunas personas que reclaman la apertura de las Iglesias para poder recibir los sacramentos y poder asistir físicamente a la Santa Misa. Son peticiones laudables que pueden indicar un deseo grande de tener a Dios, aunque ya saben que Dios está presente en todos los lugares y con más gracia disponible en aquellos sitios donde hay más necesidad. Dios nunca nos deja solos.

No podemos olvidar, y en estos momentos de confinamiento lo podemos repasar, que miles y tal vez millones de personas en el mundo, en situaciones normales, no tienen acceso a los sacramentos ni tampoco a la Misa dominical por vivir en lugares muy apartados. En nuestro país hay caseríos escondidos entre las cordilleras que muy de vez en cuando reciben la visita de un sacerdote. Cuando se instaló la Prelatura de Yauyos en 1957 contaban que el último sacerdote que había pasado por los pueblos de la sierra de Lima había sido Santo Toribio de Mogrovejo, sin embargo el pueblo conservaba las costumbres cristianas y no dejaban de rezar (no tenían sacerdotes ni sacramentos).


Hoy, más gente se acerca a Dios que en situaciones normales
Algunos podrían pensar que en estos días de confinamiento, al no poder recibir los sacramentos muchos se estarían alejando de Dios. Lo que se percibe es exactamente lo contrario. Es admirable y maravilloso ver lo que está consiguiendo la Providencia con muchísimas personas en todo el mundo. Hay un acercamiento a Dios increíble. Después se escribirá la historia. No queremos decir que para estar cerca de Dios no harían falta los sacramentos. Los sacramentos son indispensables para tener vida cristiana, pero en situaciones de emergencia, Dios sabe poner medios extraordinarios.


Otras circunstancias que impiden la cercanía a los sacramentos
En otros lugares del mundo, en los tiempos actuales, existen gobiernos que prohíben la religión e incluso persiguen a los católicos, y por supuesto están prohibidas las celebraciones religiosas; otros tampoco pueden recibir los sacramentos por encontrarse en guerra. Hace años, durante la guerra civil española, San Josemaría Escrivá estuvo escondido con otras personas y tuvo muchísimas dificultades para celebrar la Santa Misa, solo pudo hacerlo en contadas excepciones y clandestinamente,  los demás se quedaron mucho tiempo sin la posibilidad de tener acceso a los sacramentos (pasaron años).


El alejamiento de los sacramentos (en los últimos años)
También es bueno recordar que el promedio de asistencia a Misa dominical en el Perú no llega al 7% de los católicos bautizados. Hoy se bautiza menos gente, son pocos y cada vez menos los que se confirman, poca gente se confiesa y cada vez menos se casan por la Iglesia.

Lamentablemente muchos jóvenes que provienen de hogares católicos se casan civilmente y postergan su matrimonio católico, muchos no llegan a casarse por la Iglesia y por lo tanto no reciben el sacramento del matrimonio.

Ahora que se protesta para que los sacerdotes puedan llegar a todos con los sacramentos en estos tiempos de pandemia es bueno recordar que a no pocas familias católicas les disgusta que sus hijos entren al seminario para ser sacerdotes o se entreguen a Dios en alguna institución de la Iglesia; algunas familias, que se dicen católicas, ponen serias dificultades para sus hijos sigan un camino de entrega. También habría que reconocer la generosidad de las familias que con mucho agradecimiento a Dios ayudan a sus hijos, con la oración y de muchas otras maneras, para que sean fieles al camino que Dios les pide.



Pedir luces a Dios para tener una visión más amplia de la realidad
No todos los católicos tienen una visión amplia de la realidad. La mayoría ven las cosas desde los lugares y ambientes donde habitualmente viven y desde allí se proyectan pensando que en todos los sitios se puede proceder de la misma manera.

La amplitud de la visión que puede tener un católico depende más de su vida interior de trato íntimo con Dios, que de la información que pueda recibir. Es impresionante este conocimiento en la vida de los santos.

Tenemos que reconocer que en muchos católicos bautizados hay una suerte de mediocridad espiritual que hace daño. ¿No estará faltando en el mundo una coherencia de vida entre los cristianos y una visión más objetiva de la realidad?


Tiempo de reflexión
Además hay que tener en cuenta que la atención espiritual, en estos tiempos de pandemia, no puede ser igual a la que se pueda tener en los países del primer mundo, que tienen un sistema de salud de mucha calidad y una cultura superior.

Cuando se trata de una pandemia se deben conocer las grandes diferencias que existen entre las poblaciones. En Lima no es igual el distrito de San Isidro que el Agustino o San Juan de Lurigancho. Las seguridades y posibilidades no son las mismas. Hay lugares muy poblados que tienen un solo sacerdote, ¿Cómo podría hacerse responsable sin tener al alcance los medios más elementales y la población idónea para que no se contagien? Lógicamente pueden haber excepciones. Todo depende de cómo se organicen teniendo en cuenta las circunstancias de cada sitio.


El amor a Dios depende de la lucha y el esfuerzo de cada uno (no de las situaciones en las que se encuentra)
Los católicos, en este tiempo de pandemia, no son más católicos porque pueden asistir a los sacramentos. El que pueda asistir que de gracias a Dios y que comprenda y respete al que no pueda asistir, no lo debe ver como alguien a quien le falta amor a Dios.

Que estos días de confinamiento y pandemia ayuden a que los católicos sean más conscientes de las distintas situaciones que se viven en el mundo en los tiempos actuales. Son miles y millones de católicos que de modo habitual no tienen facilidad para acudir a los sacramentos. La Iglesia continúa, a pesar de las dificultades, en su labor apostólica y misionera, para llegar al último rincón de la tierra.

Hoy es urgente alcanzar una madurez cristiana conociendo la realidad y viviendo con coherencia para pensar más en los demás que en uno mismo.
El egoísmo, que puede entrar en todos los campos, es el que no deja ver las cosas con objetividad y motiva la protesta para reclamar derechos. Hoy, más que protestar hay que rezar. A los católicos nos toca estar, por voluntad de Dios, muy unidos al Santo Padre y a toda la Iglesia Universal. (P. Manuel Tamayo)