UNA CASA RODEADA DE CIPRESES
1966 - 1967: más Centros
del Opus Dei en Lima
En Octubre de 1966 hubo un terremoto en Lima que dejó más de 200 muertos. Tradiciones quedó muy averiada, una de las ventanas que daba para la av. Del Bosque se convirtió en puerta y la casa quedó bastante afectada. Fue a media tarde. Una hora después pasó sobre Lima una nube negra formada por el polvo que había levantado el movimiento sísmico.
Solo tuvimos un buen susto, el movimiento fue vertical y casi no podíamos mantenernos en pie. Para muchos de nosotros había sido el primer terremoto de nuestra vida.
Un nuevo Centro
El
año 66 había sido también bastante movido porque se había conseguido una nueva
casa para la residencia Los Andes, que se trasladaría de la Av. Pardo a la
calle El Rosario de Miraflores, a una cuadra del colegio San Silvestre. Era una
casa grande con tres frentes uno a la calle Piura, otro a General Varela y la
entrada principal que estaba en la calle El Rosario. Todo el contorno estaba
rodeado de cipreses. La casa había sido de la familia Heredia que eran
accionistas de la Pepsi Cola.
Hicimos muchos viajes de Pardo al Rosario en una camioneta pick up llevando muebles y camas para que pudieran ir a vivir Federico Prieto y Víctor Morales que serían los directores de la residencia. La mudanza nos duró unos meses.
La Navidades del 66
Pasamos
las fiestas de Navidad y Año Nuevo en Tradiciones. Mis padres fueron al Triduo
que predicaba el P. Antonio Ducay, y se quedaron al resopón después de la Misa de Gallo con otras familias amigas. En
el jardín, que estaba decorado con luces
navideñas, cantamos villancicos y reventamos toda clase de cohetes como era
costumbre.
En enero del año 67 nos informó el P. Vicente Pazos, consiliario del Opus Dei en el Perú, que la casa de la calle El Rosario ya no sería una residencia para estudiantes, porque empezaría el primer centro de estudios para las personas del Opus Dei.
Al poco tiempo nos fuimos a vivir allí Ignacio Benavente, que era el director, Juan Luis Cipriani, el P. Antonio Ducay y yo, que me había ido a vivir a Tradiciones saliendo de casa de mis padres en julio del año anterior.
También fueron a la nueva casa Manolo Quimper, Jaime Sarmiento, José Antonio Vallarino, Jorge Gandolfo, Marcos D´Ángelo, Tony Gruther, Arnaldo Chávez, Armando Martens, Alberto Sialer y otros, que fueron apareciendo a lo largo del año 67.
Una nueva sede para el club Saeta
Jaime
Sarmiento y Jorge Gandolfo eran encargados del Club Saeta que había dejado su
sede de la calle Diez Canseco y estaban buscando un nuevo local.
En Lima un supernumerario español, Isidoro Reverte, había montado una fosforera y una tabacalera que poco a poco se hizo famosa con los cigarrillos Criollos, Fortuna, Premier y Ducal, que le hacían competencia a los cigarrillos “Inca” y “Nacional”.
En esos años no estaba prohibido fumar. Conocíamos perfectamente las marcas de cigarrillos y cuando podíamos comprábamos cigarrillos americanos que eran más caros pero de mejor calidad: Kent, Marlboro, Chesterfield, Lucky Strike, Wiston, Salem, LM.
Jorge Gandolfo, que era arquitecto, consiguió que Isidoro le regalara las cajas vacías donde venían embalado el tabaco y que eran de una madera muy buena. Enseguida hizo los planos y construyó una cabaña con dos ambientes para el club Saeta.
La cabaña se colocó en el jardín de Los Andes y allí venían los niños para sus actividades. Entre ellos estaban. Joseíto Florez Estrada, Rafael Rey, los Franco, los Sánchez, los hermanos Wiesse y muchos otros. Ellos participaban del interbarrios de fútbol que organizaba, con bastante éxito, el diario La Prensa.
Poner bien la casa
Nosotros,
que todavía éramos menores de edad,
teníamos el encargo de habilitar la casa que era bastante más grande que
Tradiciones. Trabajábamos a diario haciendo arreglos, poniendo lámparas,
moviendo muebles, arreglando cortinas. Jorge Gandolfo se especializó en los
jardines y en los cuadros, instaló rápidamente su mesa de dibujo. El cuarto de
herramientas era el que más visitábamos. Los trabajos parecían interminables.
Así pasamos los tres meses de verano del año 1967.
Diversas actividades
En el
otoño recién iniciado, Juan Luis Cipriani viajó a un Panamericano de Basket con
la selección peruana. El campeonato era en Winnipeg, Canadá. Yo tenía una
filmadora pequeña de 8 milímetros y se la presté. Al regreso vimos algunas
tomas de lo que pudo grabar.
En
abril, cuando empezó el año académico, hicimos un programa de actividades para
conocer gente nueva. Se organizó un curso de técnicas de estudio y vinieron
bastantes chicos.
La buena fama del
Presidente Belaunde
Desde
los últimos años del colegio, mis amigos y yo seguíamos las noticias de la
política peruana. En mi casa leía “La Prensa” y “El Comercio”; al mediodía,
cuando llegábamos todos para almorzar, veíamos “El Panamericano” que duraba media hora y empalmábamos con “El hit de la 1.” que era una revista
musical, y por la noche, después de ver algunas series en la televisión,
escuchábamos el noticiero “Conchán”.
Estábamos
bastante al día en las noticias y comentábamos entre nosotros sobre los
programas que tenían los políticos en sus respectivos partidos. Todo Lima vio y
disfrutó el año 66 el famoso debate televisado de los postulantes para la
alcaldía de Lima, Luis Bedoya Reyes y Jorge Grieve Madge.
Cuando
ya habíamos empezado las clases, del 12 al 14 de abril de 1967, Fernando
Belaunde participó en la segunda reunión de la Cumbre de Jefes de Estado y de
Gobierno de la OEA, en Punta del Este, Uruguay. Allí se suscribió la
Declaración de los Presidentes de América.
El
15 de abril de 1967, a su retorno a Lima, se dirige a la multitud, que fue a recibirlo a la plaza de armas,
con un memorable discurso en el que agradeció haber sido enviado por el pueblo
a dicha cita para exponer la situación peruana frente a los acuerdos que allí
se suscribieron: «Qué me aplaudes, pueblo peruano, si
tú mismo has hablado por mis labios. Qué me aplaudes, si estoy aquí porque tú
lo quisiste. Qué me aplaudes, si fui a Punta del Este porque tú me mandaste. Y
qué laureles me alcanzas, si tú te los ganaste». Con
estas palabras emotivas arrancó un largo aplauso de todas las personas que se
encontraba allí. Su discurso fue hartamente comentado.
La prehistoria de la UDEP
En el año 1967 se hicieron todas las gestiones previas para crear en Piura una universidad que sea obra corporativa del Opus Dei.
Para los pocos que estábamos, y sin ninguna experiencia en universidades, nos parecía una locura, que Mons. Josemaría Escrivá aceptara la propuesta de Mons. Erasmo Hinostroza, a la sazón, obispo de Piura, para que el Opus Dei ponga una universidad en su diócesis.
La Universidad particular de Piura fue presentada al Congreso de la República por el senador Luis Alberto Sánchez y fue la última ley aprobada antes del golpe de estado del General Velasco Alvarado.
¿Qué hacíamos los chicos el año 67, en
la casa rodeada de cipreses?
Los domingos por la tarde no podía faltar el deporte.
En el jardín de la casa, que era grande,
se armaban partidos de fulbito y de vóley que duraban toda la tarde hasta que
se iba la luz solar. Después: rezar, tomar lonche y proyectar una película
comercial.
Yo era encargado de cine y tenía que preocuparme de tenerlo todo listo. El día anterior me dedicaba a buscar el proyector y la película. No era un encargo fácil, primero redactaba a máquina una solicitud a la embajada americana solicitando un proyector de 16 mm y una película documental hecha por los gringos sobre geografía o ciencia para verla con estudiantes universitarios.
Al día siguiente iba a recoger el proyector y la película que venía en unas cajas de cuero cuadradas y con asa, de tal modo que los rollos de 16 mm pudieran entrar casi a presión, se cerraba la caja con una correa y quedaba todo listo para el transporte.
Ese mismo día tenía que alquilar la película comercial. Llevaba una lista con unas dos o tres películas posibles. Las oficinas de las grandes compañías de cine (Metro, Paramount, Warner Brothers, Universal, Columbia), estaban en el centro de Lima.
En esos años era más fácil acertar con la película porque había censura. Pedíamos películas para menores, que eran de absoluta garantía. Las películas siempre eran bien recibidas, nadie protestaba. Solo había que decir que se proyectaría un peliculón y todos estaban allí dispuestos a mirar lo que se les ponía.
El lunes tenía que conseguir una movilidad para
devolver el proyector a la embajada y las películas alquiladas a sus
respectivas oficinas en el centro de Lima.
Hoy ¡qué distinto es todo! la gente puede ver películas en sus computadoras y también en sus teléfonos; ya no hay que trabajar tanto, todo está a mano y se consigue enseguida.
Seguimos creciendo sin parar
Con el paso de los años la casa fue creciendo con nuevas instalaciones. El mismo año 67 la comisión regional del Perú se mudó a la casa de la calle El Rosario y el centro de estudios pasó a unos edificios contiguos en la calle General Varela.
En 1974 San Josemaría se alojó en la casa de la comisión. Su visita al Perú marcó una etapa nueva en la historia del Opus Dei, que permitió luego una expansión importante y el recuerdo inolvidable de haber tenido un santo entre nosotros.
La casa ya no está rodeada de cipreses, ahora está rodeada de edificios. Viven en ella algunos pocos de la primera época y muchos otros que llegaron después. Hay una variedad muy divertida de edades y todos continúan trabajando para sacar adelante las labores del Opus Dei que, gracias a Dios, dan mucho fruto para la Iglesia y para la mejora de la sociedad. (P. Manuel Tamayo).