martes, 26 de junio de 2018


LECCIONES DE ESPERANZA, CARIÑO Y UNIDAD

“Tengo grabada en el corazón la imagen de kilómetros y kilómetros de personas esperando para saludar al Papa, contagiando la alegría del Evangelio con sus entusiasmo desbordante. Gracias por sus testimonios”… “Rezo para que el Señor le conserve al Perú tanta fe y piedad, y para que se mantengan siempre unidos en la esperanza, (Carta del Papa Francisco agradeciendo al Perú por la gran acogida que tuvo su visita).
"Si miramos este Mundialno siempre el mejor equipo es el que gana el partido, los peruanos juegan todos juntos, como una familia y eso me gustó mucho". (Paul Pogba, el centrocampista francés que es figura en el Manchester United, tuvo estas elogiosas palabras cuando se refirió a la selección nacional y a la hinchada de la blanquirroja en Rusia luego de que el combinado francés derrotara a los dirigidos por Ricardo Gareca por 1 a 0).
"Nunca había visto nada igual en un Mundial. Mientras Paolo Guerrero y los suyos intentaban infructuosamente anotar el gol, que los habría mantenido con vida en el Mundial, el estruendo que bajaba de las tribunas era impresionante. Por favor, Perú, ¡apúrate en volver a la Copa del Mundo! Combo increíble de fanáticos maravillosos y fútbol decente", (Dan Walker, BBC de Londres).
"Perú es eliminado tempranamente a pesar de jugar algunos de los mejores partidos del torneo. Entre eso y la increíble exhibición de sus aficionados en Rusia, Perú ha ganado mucho respeto en este Mundial", (Ives Galarcep, revista Goal).


COMENTARIO

Dos acontecimientos cambiaron las pantallas de televisión y los titulares de los periódicos en el Perú: la visita del Papa Francisco en enero y la participación de la selección peruana en el mundial de fútbol después de 36 años en el mes de junio. La aceptación de las multitudes fue apoteósica y los comentarios, incluso en el extranjero, no pudieron ser mejores.

Todos, menos los aguafiestas y pesimistas que nunca faltan, hemos vibrado al unísono en esos días que fueron de esperanza, cariño y unidad. Nos hemos enternecido con tantas escenas emotivas, llenas de sentimientos y pasiones que apuntaban a un mismo querer con una finura, delicadeza y respeto que conmovía.

Los peruanos hemos sido campeones en esa sinergia de amor a la patria y unidad inquebrantable, con comentarios positivos, llenos de entusiasmo y de esperanza. El apoyo de todos, a pesar de los contratiempos, es un poder que tiene un valor inconmensurable y ejemplar.
Durante la visita del Papa en enero, los reporteros y periodistas de los canales de televisión, parecían del Vaticano, todos a favor y con un entusiasmo desbordante, que dejó al Santo Padre admirado y conmovido.

Durante el mundial en junio, los hinchas peruanos que llenaron los estadios en Rusia se portaron de una manera ejemplar apoyando a la selección con el cariño de una familia unida, donde todos se quieren y se ayudan. Así lo hemos sentido todos.

Contrastan estos cuadros con otros que vemos habitualmente de políticos en conflicto que se acusan entre ellos y los odios que se desprenden entre los que se pelean y que desembocan en feminicidios y otros tipos de delincuencias en las calles, o en las injusticias provocadas por los sembradores impuros del odio, con ideologías que se quieren tumbar lo que más vale por oscuros intereses de placer y de bolsillo. Hemos vivido hasta el hartazgo muchas situaciones de corrupción que claman al cielo, más si proceden de las altas autoridades del país.

Qué bien le vino al Perú, la visita del Papa y la clasificación de la selección para ir al mundial. Hemos recibido las lecciones de cariño, unidad y esperanza que el país necesitaba y han sido los mismos peruanos, miles, o millones tal vez, que han demostrado amor su amor al Papa, a la patria y a tantos que se esfuerzan para dar lo mejor de si. (P. Manuel Tamayo)



miércoles, 20 de junio de 2018


PECADO Y CORRUPCIÓN

El Pontífice explicó que una cosa es el pecado y otra la corrupción a la que lleva el pecado, porque la actitud del pecador puede ser la de decir: “Yo he pecado, he sido infiel a Dios, pero luego trato de no hacerlo más, o busco reconciliarme con el Señor, o al menos sé que no está bien lo que hago”. Pero la corrupción se produce “cuando el pecado entra en tu conciencia y no deja espacio ni para el aire”. (Papa Francisco, homilía en Santa Martha).


COMENTARIO

Todos somos pecadores. Del pecado se puede salir cuando hay humildad. La persona humilde reconoce sus faltas y sus pecados, le duele ser así y se arrepiente. Luego se acerca humildemente a la confesión para que Dios le perdone. Después de confesar sus pecados y salir con un propósito de no volver a pecar, tiene una gran alegría al comprobar que Dios es bueno porque, a pesar de todo, lo ha perdonado.

El pecador va mejorando, al pedir perdón por sus faltas, con la gracia que Dios le acerca a través del sacramento de la confesión. Cualquier persona puede ser perdonada por Dios por muy grandes que sean sus miserias, si está realmente arrepentida y quiere cambiar.

En cambio es corrupto el que se quiere quedar en el mal, el que no reconoce sus errores, el que no quiere cambiar y en efecto no cambia nunca. Existen muchos tipos de corrupción. Si queremos hacer una clasificación general podemos reducirlos a dos campos: seducciones del placer y seducciones del poder.

Tanto el afán desordenado de placer como el de poder pueden corromper a la persona. Lo podemos observar en la situación de muchas personas que llevan en sus mismas vidas un estado de corrupción, por ejemplo: un terrorista que siempre sigue siendo terrorista y no cambia aunque pasen los años o un delincuente que no ha querido salir de esa situación y se convierte en una persona peligrosa.

Existe también la corrupción de los que se han acostumbrado a conseguirlo todo con medios ilícitos a base de mentiras y triquiñuelas. Gente que paga sobornos, policías o periodistas que piden cóimas, terroristas que exigen cupos, “negociados” ilícitos que perjudican a terceros, personas que evaden el pago de los impuestos con negocios informales.

Cuando miramos nuestra sociedad encontramos que la corrupción está bastante metida en la vida de las personas. Es necesario batallar en la educación para formar personas honradas que sean sinceras y trasparentes. Personas que, desde muy jóvenes, rechazan el mundo informal que está cargado de mentiras y de trampas y apuestan por una sociedad de personas honradas y generosas. Es una tarea difícil pero vale la pena el esfuerzo porque se puede lograr. (P. Manuel Tamayo)


lunes, 18 de junio de 2018


EL MEJOR ESTILO DE UN BUEN GOBERNANTE (III)

“Jorge Bergoglio tenía una figura paterna exigente pero afectuosa, un profesor brillante, un maestro espiritual y un líder cautivador…Impartía clases, dirigía retiros, organizaba conferencias…los estudiantes recuerdan que siempre estaba por ellos, se implicaba con todos en cada detalle….El estilo de su implicación personal se extendía a la cocina, de la cual se hacía cargo los domingos, era un buen cocinero… Bergoglio esperaba mucho y daba mucho. Siempre estaba ahí, por delante, “<primereando>”… Era sensible a las necesidades de los distintos alumnos,,,tenía atenciones personales, “te trataba como un padre, y como a un padre podías ir a descargarte”…”era muy vivo, muy hábil, con mucha calle…su autoridad era innata,,, poseía una vena irreverente traviesa, limitada siempre por los límites de la tradición eclesiástica, que no traspasaba nunca” (Austen Ivereigh, “El gran reformador” pp 579- 584)

“Nuestra caridad ha de ser también cariño, calor humano. Así nos lo enseña Jesucristo. Si el cristiano no ama con obras, ha fracasado como cristiano, que es fracasar también como persona. No puedes pensar en los demás como si fuesen números o escalones, para que tú puedas subir; o masa, para ser exaltada o humillada, adulada o despreciada, según los casos. Piensa en los demás —antes que nada, en los que están a tu lado— como en lo que son: hijos de Dios, con toda la dignidad de ese título maravilloso. Hemos de portarnos como hijos de Dios con los hijos de Dios: el nuestro ha de ser un amor sacrificado, diario, hecho de mil detalles de comprensión, de sacrificio silencioso, de entrega que no se nota. Este es el bonus odor Christi, -el buen olor de Cristo- el que hacía decir a los que vivían entre nuestros primeros hermanos en la fe: ¡Mirad cómo se aman! (San Josemaría Escrivá, “Es Cristo que pasa n. 36)
“Vivir la caridad” es mucho más que observar ciertas formas externas de educación o guardar un respeto frío, que en realidad mantiene al otro a distancia: es abrir el corazón, quitar las barreras con las que a veces nos blindamos ante lo que nos resulta menos amable en el modo de ser de los demás”. (Josemaría Escrivá, “Amigos de Dios” n. 225.


COMENTARIO

Independientemente de los roles o papeles que tenga, el mejor gobernante, en líneas generales, es el que sabe servir respetando los modos de ser de cada persona. Las capacidades para las distintas funciones se enriquecen y son realmente cualidades, cuando el que hace cabeza sabe querer a las personas.

Los malos gobernantes se quedan en los proyectos y en las funciones. Buscan que todos pasen por el “aro” de unos procedimientos y no salen de las estructuras. El buen gobernante da prioridad a las personas y encuentra en ellas las diferencias para tratarlas de distinta manera y de acuerdo a las circunstancias.

El que sabe gobernar no entra en rutinas, en iras represivas, tampoco en controles excesivos. Sabe colocarse en el llano con los demás para acompañarlos inyectando en los ambientes el sentido común y una paz que sale del fondo de su propia alma. Todos se sienten bien con él, protegidos y estimulados. (P. Manuel Tamayo)

miércoles, 13 de junio de 2018


DECENTRALIZACIÓN Y COLEGIALIDAD  (II)  

“En general, el término colegialidad se refiere a un principio de gobierno por el que se establecen los procesos de decisión mediante la intervención de órganos colegiales, o de una diversidad de personas, de manera que la decisión se atribuye al colegio y no a las personas individuales que lo componen” (diccionario).
“En referencia al episcopado, se habla de colegialidad para referirse a la responsabilidad compartida y la autoridad que el colegio de los obispos, guiado por el Papa, tiene en la enseñanza, la santificación y el gobierno de la Iglesia. El Papa no es un mero presidente de un colegio (primus inter pares), sino que tiene una función y una potestad superior a los obispos, razón por la cual el Colegio Episcopal no es un colegio en sentido jurídico. La colegialidad episcopal se manifiesta también en el afecto colegial entre los obispos, que lleva a sentir la responsabilidad episcopal más allá de la propia Iglesia particular”, (Lexicum canonicum).
“Según la síntesis eclesiológica del Vaticano II, debemos excluir una interpretación antagónica o dialéctica de la relación entre la Iglesia Universal y las Iglesias locales. 
Los extremos históricos del Papismo/Curialismo por una parte, y por otra del Episcopalismo/(Conciliarismo/Galicanismo/Febronianismo/Veterocatolicismo) sólo nos demuestran de qué formas no funciona la Iglesia, y que la absolutización de un elemento constitutivo a expensas de otro contradice la confesión de Ecclesia una, sancta, catholica et apostolica. La unidad fraternal de los Obispos de la Iglesia Universal cum et sub Petro se fundamenta en la sacramentalidad de la Iglesia, y con ello, en el derecho divino”. (Gerhard Ludwig Müllera, “ Colegialidad y potestad suprema de la Iglesia” pp. 376).


COMENTARIO

La colegialidad no es el resultado de un sistema sino de personas realmente unidas en el ejercicio libre de la misión que han recibido, lleva implícita la coherencia de vida y el reconocimiento de la gracia de estado con una direccionalidad hacia donde se debe apuntar de acuerdo a la verdad.

El buen gobernante de un gobierno colegial lleva en sí mismo una disposición para la obediencia a una misión superior que le da libertad y le facilita la apertura y las conexiones necesarias para transmitir lo que carga en su propia vida para servicio de los demás. Lo que más desea es la libertad, autenticidad y coherencia de vida de las personas que gobierna.

Sabe que nada puede imponer y reacciona contra cualquier actitud que no respete la libertad de las personas. Goza con la creatividad e iniciativa de las personas libres que desarrollan sus talentos y se coloca rápidamente al lado de ellos manifestando su aprobación y su alegría.

Manifiesta de modo habitual una reverencial veneración a los que aman la libertad para la conquista de lo que realmente es más valioso y duradero para el bien de todos. Sintoniza con las personas honradas que son sencillas y sin ambiciones egoístas. Admira al que es generoso con su tiempo y su talento y al que tiene manifestaciones de servicio que no están programadas. Valora mucho a las personas que son puente para que las relaciones humanas se den en niveles de apertura y comprensión, de buen trato y de sincera amistad.

El buen gobernante es también amigo en sentido estricto, y enemigo de posturas o gestos artificiales o desforzados, del cascabeleo o la carcajada destemplada del arrogante.

Para que haya colegialidad y una buena descentralización los gobernantes deben tener las condiciones mencionadas en los párrafos anteriores. Si no es así todo queda en pura artificialidad y esa falsedad puede hacer mucho daño.

Además, la primera manifestación de idoneidad del buen gobernante es el total desprendimiento de su cargo, esa condición evita el autoritarismo, el sentido de propiedad y la tiranía.  Es bueno tener en cuenta lo que dice la Sagrada Escritura: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra principal del ángulo” (Salmo 118,22) (P. Manuel Tamayo). Continuará en el siguiente artículo.

lunes, 4 de junio de 2018


LA DECENTRALIZACIÓN DE LOS GOBIERNOS  (I)

"Una gran cantidad de países en desarrollo y en transición se han embarcado en algún tipo de programas de descentralización. Esta tendencia se combina con un creciente interés en el papel de la sociedad civil y el sector privado como socios de los gobiernos en la búsqueda de nuevas formas de prestación de servicios ... La descentralización de la gobernanza y el fortalecimiento de la capacidad de gobierno local son, en parte, también una función de tendencias sociales más amplias, como por ejemplo la creciente desconfianza hacia el gobierno en general, la espectacular desaparición de algunos de los regímenes más centralizados del mundo (especialmente la Unión Soviética) y las emergentes demandas separatistas que parecen surgir rutinariamente en una u otra parte del mundo. Sin embargo, el movimiento hacia la rendición de cuentas local y un mayor control sobre el destino no es únicamente el resultado de la actitud negativa hacia el gobierno central. Estos desarrollos, como ya hemos señalado, están impulsados principalmente por un fuerte deseo de una mayor participación de ciudadanos y organizaciones del sector privado en el gobierno ".  (“Decentralization: A Sampling of Definitions”, 1999, p. 11–12).

“El Papa Francisco pidió una “sana descentralización” del poder en la Iglesia Católica, incluyendo cambios en el papado y en el procedimiento para la toma de decisiones de los obispos locales. Francisco hizo estas declaraciones en una ceremonia para conmemorar el 50 aniversario de la fundación del Sínodo de Obispos, un encuentro mundial que ocasionalmente asesora al Papa en una serie de aspectos. A través de los años, muchos obispos han criticado que el Sínodo, que se reúne en el Vaticano cada cierto tiempo, se ha convertido en un organismo débil e ineficaz. El pontífice argentino dijo que el tipo de episcopalidad -la gobernación papal de la iglesia en colaboración con los obispos- concebido por la reforma del Concilio Vaticano Segundo 1962-1965, todavía no había sido alcanzado. Las conferencias nacionales y regionales de los obispos deberían tener mayor autoridad para tomar decisiones que afecten a los fieles en lugar de siempre mirar hacia Roma para tomar una decisión centralizada que tenga que ajustarse a todos, dijo. “En ese sentido, siento la necesidad de avanzar con una sana descentralización”, dijo. Francisco dijo además que es “necesario y urgente pensar en una conversión del papado”, una posibilidad que fue planteada por primera vez por el Papa Juan Pablo II en 1995. (Vaticano, el 17 de octubre de 2015. REUTERS/Tony Gentile).
“La Lumen Gentium en su capítulo III, dedicado a la constitución jerárquica de la Iglesia y particularmente al episcopado, ha sintetizado las relaciones entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares, afirmando que la Iglesia católica, una y única, se constituye en ellas y desde ellas: «in quibus et ex quibus» (Lumen Gentium, 23/a). Ya en los años 1969 y 1970 algunos canonistas habían llamado la atención acerca de la importancia eclesiológica de esta fórmula y señalado el peligro de romper el admirable equilibrio que encierra, acentuando unilateralmente cualquiera de los dos aspectos: el in quibus o el ex quibus (15). La necesidad de una comprensión unitaria de ambos aspectos fue subrayada también por Pablo VI en un importante documento magisterial en el cual afirmó que «sólo una permanente atención a los dos polos de la Iglesia (es decir: particular y universal) nos permitirá percibir la riqueza de esta relación entre Iglesia universal e Iglesia particular». Se trata de una relación de inclusión recíproca, originada por la simultánea presencia de la Iglesia universal en la Iglesia particular (totum in parte: aspecto in quibus) y de la presencia de las Iglesias particulares en la Iglesia universal (pars in toto: aspecto ex quibus). Se ilumina así el misterio de la Iglesia particular que consiste, como se ha observado, en «la presencia del todo en la parte, permaneciendo ésta como parte del todo». Sólo una eclesiología que sepa conjugar correctamente ambos aspectos podrá evitar que la necesaria corrección de determinados excesos de centralismo y universalismo –que implicaban una minusvaloración de la Iglesia particular–, desemboque en la exageración opuesta: en el ya mencionado particularismo. El camino está claramente trazado por el Concilio, ya que la fórmula in quibus et ex quibus «se opone al principio de la autocefalia, así como a la imagen monística de la Iglesia como única diócesis mundial». Una exacta comprensión de esta doble modalidad de la Iglesia lleva también a aceptar sólo con las debidas reservas y matizaciones la aplicación, en el ámbito eclesial, de principios como los de autonomía y subsidiariedad. Su aceptación indiscriminada supone y promueve, en efecto, una falsa concepción de dicha bipolaridad, por entender la Iglesia universal y la particular como dos entidades materialmente diversas y en tendencial concurrencia recíproca. Para el tema que ahora nos ocupa, la correcta apreciación de la doble modalidad de la Iglesia es fundamental en cuanto que nos descubre la específica e insustituible función del munus petrinum en el corpus Ecclesiarum. De este modo la Curia Romana, como instrumento al servicio del ministerio petrino, encuentra fundamentada su existencia y caracterizada su misión en el interior de la communio Ecclesiarum; y al mismo tiempo se pone de manifiesto la improcedencia elesiológica de algunas superficiales denuncias de «centralismo romano», (P. RODRIGUEZ, Iglesias particulares y Prelaturas personales, Pamplona 1986, p. 158. W. AYMANS, Die Communio Ecclesiarum als Gestaltgesetz der einen Kirche, en «Archiv für katholisches Kirchenrecht», 139 (1970) p. 84 (la traducción es nuestra).
Bergoglio no era la clase de obispo a la que estaba acostumbrado el clero. Era poco burocrático, directo, humilde, austero y eficaz. Siempre estaba disponible. No tenía secretario y era fácil contactar con él por teléfono…si no podía contestar, devolvía él mismo la llamada en menos de dos horas. Los problemas se resolvían con rapidez, y a menudo los resolvía él directamente…Iba de parroquia en parroquia, pasaba tiempo con los sacerdotes, tomaba mate con ellos…averiguaba qué necesitaban…en ocasiones les cocinaba y les limpiaba la casa…cuando un sacerdote no encontraba reemplazo Bergoglio ocupaba su puesto, a veces semanas enteras…no tenía chofer ni asistente, llevaba él mismo su agenda, telefoneando él mismo, moviéndose por la ciudad en autobús y metro, o a pie. Los sacerdotes notaban que él los conocía…” (Austen Ivereigh, “El Gran Reformador” pp. 688 -689).


COMENTARIO

Trataremos de poner el acento en los aspectos antropológicos para poder comentar, sin matices políticos, el sentido esencial de la gobernabilidad. Es imposible explicar en qué consiste la gobernabilidad si no se conoce bien lo que es la libertad. Podremos decir, sin temor a equivocarnos, que cualquier sistema de gobierno que no respete y ame la libertad, equivoca sus planteamientos y puede caer fácilmente en la corrupción.

La historia recoge experiencias de los aciertos y desaciertos en temas de gobierno. Vivimos ahora sumergidos en una gran crisis de autoridad, tanto en los ambientes familiares como en los laborales y mucho más en los ámbitos políticos. La educación ha tenido sus “pecados” cuando ha querido imponer las cosas a la fuerza sin respetar la libertad y autonomía de las personas.


Cambios de tiempo y circunstancias distintas
Una de las grandes dificultades de los tiempos actuales es cuando no se reconoce las falencias y limitaciones de sistemas y costumbres que han perdido su sentido porque las cosas han cambiado y se necesitan procedimientos totalmente distintos a los habituales. En muchos casos la terquedad en mantenerse en lo mismo se ha convertido en un obstáculo serio para que las cosas caminen a buen ritmo y salgan adelante con éxito.

La historia nos ha demostrado que los gobiernos con un exceso de centralismo pueden llevar a un “nacionalismo” (gobernar con personas que tengan un mismo perfil o unas mismas ideas). Esto puede dar lugar a formar cúpulas cerradas con sistemas herméticos, proclives al secreto y con faltas de transparencia.

Es cierto que las mismas situaciones duras de la vida (guerras, delincuencia, faltas de seguridad, terrorismo, persecuciones) fomentan unas medidas de prudencia para los procedimientos y la confianza en determinadas personas. Es comprensible que frente a esas vicisitudes se cierren filas y se apliquen medidas severas de seguridad y prohibiciones; sin embargo el progreso de la humanidad no puede continuar por esos derroteros.

Se forma a las personas para creer y confiar en ellas, si no fuera así la educación no tendría mucho sentido. En su sano juicio nadie piensa que las cosas solo funcionarán con la represión y la mano dura de unos pocos. Todo tipo de gobierno debería darse siempre con la libertad, la trasparencia y la confianza entre las personas, alejando de las relaciones humanas todo lo que suene a “secreteos” o controles excesivos, que ponen en duda la honorabilidad y franqueza de las personas y no permiten una convivencia armoniosa. El gobernante debe ser una persona que ame de verdad a quienes gobierna.


El perfil del buen gobernante
Son grandes los gobernantes que dirigen personas libres y no se inmiscuyen en las vidas de los que gobiernan tratando de controlarlo todo, sin fiarse de los trabajo y de las gestiones que puedan realizar libremente. Son grandes los gobernantes que se preocupan de la salud, de la familia y de los asuntos personales de los subalternos y se acercan amigablemente a ellos con mil manifestaciones de servicio.

Son malos los gobernantes que someten a las personas a sus propios criterios y las controlan siempre sin fiarse de ellos. Es malo el gobernante que solo le interesa que el súbdito cumpla con su trabajo y que rinda todo lo que pueda. El que solo le habla de lo que tiene que hacer y le reclama lo que no ha hecho. El que no se interesa para nada de los asuntos personales del subordinado, ni le pregunta por su familia, por su salud, por su descanso y tampoco le contesta el correo, ni la llamada telefónica porque piensa que no tiene por qué contestarle.

Es malo el gobernante que no sabe tener cercanía y se encierra en su cúpula pensando que hace bien poniendo distancia, o cierta barrera con el subordinado.

Cuando el que es gobernado se siente aislado, olvidado o minusvalorado y vive atemorizado por el silencio administrativo, es un síntoma claro de la ineptitud de los gobernantes.

No es bueno el gobernante que se disfraza de “bueno” y tiene estrategias para quedar bien “dorandole la píldora” a sus subalternos con entusiasmos infantiles que no corresponden a la realidad. Son conductas de una solapada hipocresía que utiliza escenografías fabricadas por el voluntarismo para contentar engañando. Cualquier estrategia sin caridad y sin verdad es ofensiva y denigrante para las personas.

Es grande el gobernante que consigue hacer gobernar a todos con su talente y prestigio. El que quiere y respeta la libertad de cada persona y sabe contar con todos en las empresas donde trabaja.  Es grande el gobernante trasparente y sencillo que a la vez es un buen amigo.
La decentralización de los gobiernos se inicia con la apertura y confianza del gobernante que consigue, con su amor auténtico la libertad, la eficacia y el éxito que el controlista y desconfiado no consiguen nunca.

Hoy más que nunca se requiere el amor auténtico, la apertura y la cercanía del que tiene la voz de mando en la casa, en el colegio, en las instituciones y en cualquier estamento de la sociedad. 

Cuando se trata de la Iglesia valen las ideas expuestas en los párrafos precedentes sobre la conducta de los gobernantes pero además hay que tener en cuenta el sentido de la universalidad que surge de la Revelación y la Tradición, que son las fuentes de la fe.

La Iglesia tiene la misión de custodiar y transmitir el depósito de la fe por mandato divino. El Papa y quienes gobiernan la Iglesia, en comunión con él, constituyen la Jerarquía para toda la Iglesia universal.

Dentro de la Iglesia no deberían haber posturas sino comunión. Cabe perfectamente una armonía entre la Iglesia Universal y las Iglesias particulares. Para que todo funcione bien son importantes las personas. Que cada miembro de la Iglesia viva una auténtica unidad con el Papa y los obispos en comunión con Él. Es por eso muy importante, como decía San Josemaría, “rezar por la Iglesia, por el Papa y por los asesores del Papa”

San Juan Pablo II pedía a todos cristianos al inicio del siglo XXI: “hagamos de la Iglesia la casa de la comunión” (P. Manuel Tamayo).   (continuará en el próximo artículo).