viernes, 29 de diciembre de 2017

ASUETO O DÍA LABORABLE

“El asueto es la suspensión temporal de las obligaciones laborales, el estudio u otras actividades cotidianas para dedicar el tiempo al descanso o el ocio” (diccionario).

El Papa Francisco aprovecha el tiempo pero no reniega del descanso, que considera tan importante como el trabajo. “No se trata de no hacer nada, sino de dar un sentido a las pausas cotidianas” (Papa Francisco).

“Descansar no es no hacer nada sino aprovechar el tiempo en cosas que causen menos esfuerzo” (San Josemaría)


COMENTARIO

Cuando estábamos en el colegio y se declaraba día de asueto el salón entero estallaba en aplausos y hurras. Nos entraba de pronto una alegría muy grande aunque no sabíamos qué íbamos a hacer en ese día de vacaciones que nos regalaban. Era indudablemente un día para jugar. Se aprovechaba bien el tiempo cuando se jugaba mucho y uno se iba a dormir cansado y con la ilusión de que el día siguiente sea igual. ¿Cómo sería si todos los días fueran vacaciones?

De mayores cuando en el trabajo se declaraba día no laborable había también una satisfacción porque era la oportunidad para salir a comprar o terminar un trabajo pendiente, o tal vez para descansar un poco más. En cambio para los papás podría resultarles molesto o problemático atender a los hijos en casa porque no están en el colegio.

Nunca faltaron las voces de los “responsables” que veían mal el asueto o el día no laborable en un país donde hacía falta trabajar más y capacitarse mejor. Todo depende de cómo se vea y de las circunstancias del momento.

Cuando hoy se habla de recuperar el tiempo perdido parece que realmente se está cumpliendo con ese objetivo, sin embargo en realidad solo se trata del cumplimiento de un horario, porque la recuperación depende del esfuerzo de cada uno y no de cumplir con unos procedimientos establecidos.

Es lamentable ver cómo se pierde el tiempo, incluso en los días laborables, y por supuesto, durante las vacaciones. Muchos que no saben trabajar tampoco saben descansar. Es fácil ver chicos que no tienen nada que hacer y se pegan unas aburridas tremendas. Nadie les enseñó a ser responsables con el aprovechamiento de su tiempo. Se acostumbraron a hacer lo que les mandaban y después se dedicaron a jugar con sus celulares y no salen de allí.

Realmente se han perdido las buenas costumbres y las mejores virtudes para rendir y hacer rendir el día. El país no necesita horarios ni sistemas, necesita formar bien la cabeza de las personas para que adquieran una buena jerarquía de valores para rendir al máximo de un modo personal.

En la casa y en el colegio se debe formar, no para que la gente haga cosas sino para que la gente quiera de verdad. Hacen falta buenos trabajadores, gente que realmente pone empeño en lo que hace, a la hora de trabajar y a la hora de descansar. El que no sabe trabajar pierde el tiempo miserablemente esté donde esté y eso es muy penoso y desagradable.  


El inicio del año es una buena oportunidad para decidirse a trabajar personalmente y no perder el tiempo en banalidades. (P. Manuel Tamayo).

domingo, 24 de diciembre de 2017

DIOS ES EL QUE MEJOR DECIDE
“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Luc. 1,26)

“Y se volvieron os pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho” (Luc.2,20).

“¿Por qué me buscaban,? ¿no sabían que yo debía estar en las cosas de mi padre? (Luc. 2,49)

“Rema mar adentro y echa las redes para la pesca” (Luc, 5, 4).

“Ven y sígueme” (Luc 5,27)


COMENTARIO

Las mejores decisiones del mundo son las de Dios. Él elige por su cuenta sobre nuestra vida sin preguntarnos y según su beneplácito. Al hombre le toca obedecer al querer de Dios para poder corresponder con lo que se debe ser. Allí encuentra su libertad. Toda su naturaleza está diseñada para la obediencia y es por eso que el pecado, que es desobediencia, daña directamente la naturaleza humana.

El pecador puede creerse libre al apartarse de Dios, pero luego se demuestra que cae en la peor esclavitud que se tiene cuando el hombre se aleja de Dios. Para estar cerca y bien, el hombre debe obedecer y hacer lo que Dios le pida. La obediencia es un a Dios y también una disposición para querer y amar lo que Dios pide.

La obediencia puede costar pero hay que saber que Dios, que es inteligencia pura y es el que más nos quiere, nunca nos pide algo que no nos venga bien. Nosotros con nuestras limitaciones podemos no alcanzar a ver las maravillas que se encuentran tras el querer de Dios. Es toda una multiplicación de bienes para nosotros y para los demás. Así le ocurrió al muchacho que tenía unos pocos peces y panes cuando se los entregó al Señor. Vio con asombro que el Señor los multiplicó, él y muchísima gente se beneficiaron de ese milagro, algo que a los ojos humanos parecía imposible.

La Virgen María y los apóstoles son criaturas humanas creadas por Dios. Ellos nos enseñan a obedecer sin demorar. Como podemos apreciar en los evangelios el Señor no les pregunta antes ni les da demasiadas explicaciones. Dios decide, lo comunica y espera una respuesta rápida. Así es Dios y nunca se equivoca. No nos equivocamos nunca cuando le decimos que sí.


También Dios decidió que su Hijo nazca en un establo de animales y en un ambiente de mucha pobreza.  ¡Cuánta sabiduría hay allí! También podríamos decir con palabras del Señor: “el que pueda entender que entienda” ( P. Manuel Tamayo)

jueves, 7 de diciembre de 2017

LIBRE DE PECADO

“La Virgen María fue creada sin pecado y permaneció siempre en estado de gracia para que Jesús que es Dios pudiera estar en ella. En el libro del Apocalipsis 21,27 se dice que nada manchado entrará en el Reino de los Cielos, porque allí habita Dios y Dios es perfectamente puro, Dios no puede habitar en el pecado, por lo tanto la Virgen María debería estar totalmente libre de pecado pues Dios habitaría en ella”. (Catholic net)

 “La Iglesia, confortada por la presencia de Cristo (cf. Mt 28, 20), camina en el tiempo hacia la consumación de los siglos y va al encuentro del Señor que llega. Pero en este camino —deseo destacarlo enseguida— procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María, que « avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz ».4Tomo estas palabras tan densas y evocadoras de la Constitución Lumen gentiumque en su parte final traza una síntesis eficaz de la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la Madre de Cristo, venerada por ella como madre suya amantísima y como su figura en la fe, en la esperanza y en la caridad. (San Juan Pablo II, “Redeptoris Mater”)

“María, Madre del Verbo encarnado, está situada en el centro mismo de aquella « enemistad », de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra y la historia misma de la salvación. En este lugar ella, que pertenece a los « humildes y pobres del Señor », lleva en sí, como ningún otro entre los seres humanos, aquella « gloria de la gracia » que el Padre « nos agració en el Amado », y esta gracia determina la extraordinaria grandeza y belleza de todo su ser. María permanece así ante Dios, y también ante la humanidad entera, como el signo inmutable e inviolable de la elección por parte de Dios, de la que habla la Carta paulina: « Nos ha elegido en él (Cristo) antes de la fundación del mundo, ... eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos » (Ef 1, 4.5). Esta elección es más fuerte que toda experiencia del mal y del pecado, de toda aquella « enemistad » con la que ha sido marcada la historia del hombre. En esta historia María sigue siendo una señal de esperanza segura”. (San Juan Pablo II, “Redeptoris Mater”)



COMENTARIO

Parece increíble que muchos se escandalicen por los pecados que habitualmente cometen los seres humanos. En todas las épocas ha estado presente el pecado de las personas. La experiencia de la historia está elaborada por los pecados de la humanidad. Todos los hombres sin excepción somos pecadores.

El pecador tiene la dicha de encontrarse con el perdón de Dios. Jesucristo nos enseña a tener esa actitud cristiana: pedir perdón por nuestros pecados, no juzgar ni calificar a las personas y perdonar al prójimo. Todo se puede perdonar. A nadie se le debe negar el perdón. El que niega el perdón se denigra como persona.

El buen cristiano es un pecador que sabe perdonar a su prójimo. Ningún cristiano es inmaculado. Es necesaria la continua purificación a través del sacramento del perdón.

La Virgen María es la única criatura humana que no pecó nunca, fue preservada del pecado original, Ella y Jesucristo son los ejemplos más claros de lo que debe ser el amor humano, al que solo podemos llegar con la gracia que Dios nos alcanza a través de los sacramentos que la Iglesia nos ofrece y que Jesucristo instituyó.

La Virgen María está en la Iglesia y ella es esperanza nuestra. Ella y la Iglesia nos salvan del pecado para poder llegar al lugar de felicidad que es el Cielo.


La pureza de María Inmaculada es una gran motivación para acertar con el camino correcto. San Josemaría Escrivá decía que nuestros afectos deben pasar por el filtro del corazón de Jesús y de la Virgen para que se purifiquen. (P. Manuel Tamayo)

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL INFLUJO DE LUTERO

El pensamiento y la conducta de Lutero influyeron en las ideologías liberales que se iniciaron el s. XVI y continúan en la actualidad. No pocos católicos, sin ser demasiado conscientes, piensan y actúan con los parámetros de una concepción antropológica del hombre cercana a ideologías que pregonan conceptos de “igualdad” con libertad absoluta y rechazo a todo lo que huela a sometimiento.

Recordamos brevemente algunos puntos que proceden del pensamiento de Lutero y que tienen un influjo en nuestros días:

1.      La justificación por la sola fe: Un a la acción salvífica de Dios y un no a toda idea de cooperación humana con la gracia de Dios. El sí a Dios es un No a las obras del hombre.

2.      La libre interpretación de la Sagrada Escritura: Cada persona puede interpretar libremente la Sagrada Escritura. No hace falta mediación de ninguna iglesia, tampoco la expresión de la fe en dogmas. Se niega la Tradición y el Magisterio de la Iglesia como fuentes para la fe.

3.      Corrupción del hombre: El pecado de origen ha producido una total corrupción de la naturaleza humana. El pecado permanece en el pecador, aún después de la intervención de Dios; pero es un pecador agraciado que puede salvarse por la intervención divina. La naturaleza humana es insanable.

4.      Cristo es el único mediador: Se excluye cualquier otra mediación aunque sea derivada o asociada. No se acepta la mediación de la Virgen y de los santos, son sólo seres ejemplares, no se les debe dar culto y menos a las imágenes, ya que sería idolatría.

5.      La Iglesia es solo una comunidad: donde se predica la palabra. Todos los miembros son iguales, poseen en igual medida el sacerdocio. Hay algunos pastores porque todos no tienen tiempo. La autoridad es la palabra misma.
6.      Sacramento: es un fenómeno que acompaña a la palabra. Solo se reconoce el Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía. Lutero negaba la doctrina de la transubstanciación y la presencia sacramental de Cristo. Decía que la presencia real solo se daba durante la celebración eucarística.

7.      Subjetivismo: Lo importante no es lo que Dios es en sí mismo, sino lo que es para mi. No importa el mundo en sí sino el mundo para mi (antropocentrismo). (Vid: Manuel Tamayo, “Influjo de la mentalidad del protestantismo en la vida y en las costumbres actuales” pp 12-15).


COMENTARIO

Del influjo del liberalismo creciente surge la actitud crítica, con algunas dosis indignación y rebeldía, que se percibe en algunas personas que habitualmente viven protestando y en desacuerdo. Los juicios subjetivos han subido de tono, en los últimos tiempos, con una inclinación peyorativa contra las personas y contra lo establecido. La vehemencia de los juicios facilita la inminente demanda contra el que se considera agresor. Las acusaciones y la falta de perdón han aumentado considerablemente.

Parece difícil la libre interpretación de la Sagrada Escritura cuando la naturaleza humana está corrompida.  En la Iglesia católica se nos habla de la gracia, que perfecciona la naturaleza, para que esta pueda elevarse al nivel que Dios le pide. De esa manera el hombre se encuentra en condiciones para amar a Dios y a su prójimo.

El hombre solo no puede nada. Jesucristo lo ha dicho: “sin mi nada pueden hacer” y Jesucristo llama a los hombres para salvar a los hombres y por eso instituye el sacramento del orden dándole poder a los apóstoles para perdonar los pecados en su nombre.

Jesucristo se convierte en modelo para todos los hombres “aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón”  y señala el camino “el que quiera venir detrás de mi niéguese a sí mismo tome su cruz y sígame”, el que sigue a Cristo procura ser como él.

Es muy importante que el hombre busque a Dios y lo conozca. Buscar solo un Dios “para mi” como una suerte de sanación, o como una terapia para curar los males es algo incompleto y se podría caer en un egoísmo con expresiones voluntaristas que suelen ser sentimentales y superficiales.

El Espíritu Santo, que es Dios, interviene en el hombre, cuando éste no pone obstáculos, para purificarlo y elevarlo. El ser humano con la ayuda de Dios percibe un progreso espiritual que lo une a la Iglesia y se convierte en vínculo de unión por donde vaya, “que todos sean uno como mi Padre y yo somos uno”. Es una unidad que se consigue con la virtud infusa de la caridad: “amaos los unos a los otros como yo os he amado” y que además es una ley divina para todos los hombres sin excepción y allí está precisamente la libertad.


El mundo necesita la unidad de la Iglesia, de la familia y de todos los seres humanos. Caminar en la unidad con la verdad que Dios nos ha alcanzado es una gran meta para ser felices y libres aquí en la tierra y luego poder alcanzar la felicidad total en la vida eterna.  (P. Manuel Tamayo).

jueves, 9 de noviembre de 2017

DIOS Y EL CINE

“La empresa Disney, en la línea del más pobre pensamiento políticamente correcto, arriesga en efectos especiales, pero nunca en la defensa de los valores naturales sobre los que vivimos inmersos… a propósito de la película Frozen, fueron claras las declaraciones de Robert López y Kristen Anderson, afirmando que la palabra Dios está prohibida en las películas Disney. Hollywood censura contenidos a conveniencia, a cambio de una presunta ideología poderosa y dominante: la feminista. Y eso que el señor Disney dejó escrita y bien clara su postura sobre la importancia de los valores religiosos en la sociedad y en su propia vida”. (José Luis Panero, Aleteia, 30-X.17).

“Desde los 50 a los 70, el cine español gozó en buena medida de personalidad y criterio al rodar películas, no digamos religioso, pero sí con un componente trascendente de fondo, al que no se le hacía mucho caso porque formaba parte del hogar y no molestaba.
Por poner algunos ejemplos, ahí tenemos a las películas de tono familiar, El pisito (Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry, 1959), Plácido (Luis García Berlanga, 1961) o La familia y uno más (Fernando Palacios, 1965). Las había de tono religioso como Sor Citröen (Pedro Lazaga, 1967) o Marcelino Pan y vino (Ladislao Vajda, 1954), respetuosas en su tratamiento sobre Dios o la religión.
Al tiempo, los desaparecidos intérpretes José Luis López Vázquez, Gracita Morales o Lina Morgan no ocultaban su fe. Hablaban de ella en público y se dejaban ver en actos religiosos. Tal vez lo más llamativo sea la mirada, que a mi juicio me parece más valiosa, de algunas otras figuras del cine contemporáneas como Miguel Hermoso (Como un relámpago, 1996), Pedro Almodóvar (Hable con ella, 2004, Volver, 2006) o Gracia Querejeta (Héctor, 2004), que siendo muy populares directores de cine y viviendo en las antípodas del cine religioso, son quienes con más interés lo han mostrado en sus películas y con más respeto, a pesar de que en público lo hayan negado”. (José Luis Panero, Aleteia, 30-X.17)


COMENTARIO

La religión y los valores trascendentes han sido durante muchos años una motivación constante para los mejores guionistas y directores cinematográficos. Como no recordar las grandes producciones que han quedado como clásicos del cine: “Los Diez Mandamientos”, “La historia más grande jamás contada”  “Quo vadis” “Marcelino pan y vino” “Las sandalias del pescador”  “El padrecito” “Becket”, “Un hombre para toda la eternidad” “La misión” entre muchas otras. Los tiempos modernos también nos traen películas como “La Cristiada” “Juan XXIII”  “Littel Boy”, “Un Dios prohibido” “La Pasión de Cristo” “Maktub” entre otras, que han sido taquilleras en muchos países del mundo.

En España, afortunadamente, existe un caudal poderoso de cine religioso, o espiritual, del que hacen gala las distribuidoras European Dreams Factory (La cabañaStuart Hazeldine, 2017), Bosco Films (Red de LibertadPablo Moreno, 2017), Contracorriente Producciones (Luz de soledadPablo Moreno, 2016) o Goya Producciones (Juan Pablo II y la revolución de la libertad) -entre otras- capaces de hablar de Dios de otro modo, con figuras de relieve internacional, conscientes de que el mensaje cristiano interesa, no sólo porque reporte beneficios económicos, pero es que si no se muestra, es como si no existiera.
Después hemos comprobado, en este sentido, que el documental de Juan Manuel CoteloLa última cima (2010) resultó ser un producto utilísimo para reavivar conciencias, tal vez el punto de partida de hablar de cine a las claras y de Dios sin tapujos. Y a partir de ahí ha sido un no parar de hacer cine con estas características, o de redescubrir películas con ese componente al fondo -trascendencia- en el que apenas se repara, o que está ahí. Es el caso de la comercial Ghost (Jerry Zucker, 1990).
La última cima (2010), Tierra de María (2013) y Footprints (2016), de la productora y distribuidora valenciana Infinito + 1, no solo fueron los documentales más taquilleros en España en sus respectivos años de estreno sino que han conquistado salas de 30 países, y Netflix ha adquirido sus derechos a nivel mundial. Una nueva producción, El mayor regalo, apunta más alto, habiendo recibido solicitudes de exhibición internacional antes de estar finalizada y habiéndose financiado a través de un crowdfunding mundial. Sin subvenciones ni el respaldo de ninguna televisión, en España.
Italia también tiene grandes producciones de cine religioso con la produtora Luce vitae. Han sacado películas como “El padre Pío”, “Juan XXIII”, “María Goretti”, “San Agustín” entre otras.
En los Estados Unidos está la productora Metanoia  que dirige el cantante y artista de cine converso Eduardo Verástegui que va creciendo de día en día pese a las grandes dificultades que se presentan por el influjo de algunas ideologías liberales que tiene gran apoyo mediático. El cine de las iglesias cristianas también va dando pasos con valores trascendentes en historias bien realizadas.  (P. Manuel Tamayo)


lunes, 30 de octubre de 2017

EL HALLOWEEN Y TODOS LOS SANTOS

La Solemnidad de todos los Santos es el 1 de noviembre y en la Iglesia se empieza a celebrar desde la noche anterior. Por ello la noche del 31 de octubre, en el inglés antiguo, era llamada “All hallow’s eve” (víspera de todos los santos). Más adelante esta palabra se abrevió a “Halloween”. A través del arribo de algunos irlandeses a Estados Unidos, se introdujo en este país el Halloween, que llegó a ser parte del folklore popular del país norteamericano. 

En los primeros siglos del cristianismo latino, la fiesta de Todos los Santos se celebraba en la luminosa primavera, en mayo, después de la Resurrección de Cristo, y buscaba conmemorar a todos los mártires sin una fecha propia. En el año 835 la Iglesia Occidental empezó a trasladar al 1 de noviembre la fiesta de Todos los Santos. La de Fieles Difuntos colocada en el 2 de noviembre fue potenciada por San Odilón, abad de Cluny, hacia el año 998. Se trataba, en cualquier caso, de cristianizar el trato de los fieles con los difuntos, recordando que sólo Cristo es Señor de vivos y muertos, vencedor de la Muerte y Camino, Verdad y Vida.
“En sí misma, la celebración del halloween tal como era hace cien años, doscientos años, no tenía nada de malo, y mucho menos en una sociedad tan cristiana como era la norteamericana; hace 50 años se reducía a disfrazarse y a visitar las casas, nada más. En esa época los disfraces eran muy inocentes y bondadosos. Uno se disfrazaba de zanahoria, otro de sheriff, otro de bombero, no había nada de malo”. (P.José Antonio Fortea)
“Hace ya unos decenios, esta fiesta empezó poco a poco a tomar unos aspectos más relativos a la brujería, a cosa de tipo escabroso, y los disfraces ya no eran disfraces inocentes –uno de piloto y otro de médico–, sino que cada vez eran disfraces más sangrientos, que tenían que ver con lo gore o con la brujería”. El gore es un género de cine que abunda en imágenes sangrientas y el sufrimiento físico extremo. Entonces sí que ha habido una evolución de esta fiesta que ha sido muy negativa” (P. José Antonio Fortea)

COMENTARIO
Está claro que los niños ponen más atención al día del Halloween que al día de todos los santos, como a nosotros en otras épocas nos llamaba más la atención las fiestas del carnaval que la semana santa. Se trata de fechas contínuas que indican cosas distintas. En las vísperas la diversión y al día siguiente la devoción. Es casi como comparar el último día de vacaciones con el primer día de clases o de trabajo: Aprovechemos bien el último día de descanso y diversión porque mañana nos tenemos que levantarnos temprano para ir a trabajar.
Esta comparación, muy humana por cierto, no constituye un problema. Al niño que se divierte jugando hay que decirle que el juego debe parar porque ha llegado la hora de estudiar, le guste o no le guste.
Con respecto al Halloween y el día de todos los santos, el que se diviertan mucho en la víspera, no tiene porqué estar reñido con el culto que le deberían dar a la fiesta de guardar al día siguiente.
Lo que preocupa del Halloween es que se aproveche ese día de diversión infantil (que ahora también es juvenil y de adultos), para dañar la formación cristiana y moral con disfraces inapropiados que se venden en la mayoría de las tiendas como las famosas "diablesa sexy", "bruja sexy", "vampiresa sexy"... o disfraces asexuados con ribetes de homosexualidad que se están poniendo de moda en todo el mundo, por campañas organizadas, aprovechando estas fiestas, por quienes quieren a toda costa acabar con la Iglesia y con la religión. 

Además el día del Halloween no es solo el de los disfraces de los niños, se organizan muchas fiestas para adultos con símbolos esotéricos donde se simula un culto al diablo. Es un día especialmente importante para los grupos satánicos y los que se dedican a la brujería, tal como aparecen en los medios y en las redes. Lógicamente en ese día se le da una motivación más al hedonismo y a la hora loca, que permite como normal, con el furor de la fiesta, cualquier desviación, que en otras circunstancias sería seriamente reprobable.
En los ambientes en torno a la Iglesia católica están surgiendo muchas iniciativas para enderezar estas desviaciones que podrían afectar seriamente especialmente a los niños y a los jóvenes que son más vulnerables.
Muchas parroquias y colegios en el mundo entero están celebrando actividades de "Holywins" ("lo santo gana", en inglés) desde hace años, y funciona muy bien. Estas celebraciones no pretenden ser un ‘contra Halloween’. Es más bien un modo para que los niños católicos y los jóvenes, puedan celebrar esta fiesta con el sentido que debe tener. Se les ofrece ideas de disfraces, cárteles para la fiesta, vídeos, catequesis preparadas y adaptadas sobre distintos santos, juegos, cantos e incluso un programa de actividades.

Hoy se hace urgente tener muchas iniciativas para ayudar a los niños y jóvenes en su formación doctrinal que tanta falta les hace para tener una vida coherente, libre y llena de alegría. (P. Manuel Tamayo)

jueves, 26 de octubre de 2017

LOS CAMBIOS Y LAS COSTUMBRES
Costumbre es un hábito o tendencia adquirida por la práctica frecuente de un acto. Las costumbres también son formas de comportamiento particular que asume toda una comunidad que se distingue de otras comunidades.
Por costumbre en el lenguaje ordinario se entiende usualmente, moda, estilo, forma de vida, posesiones físicas, disposiciones, rutinas, usos sociales, incluso manías, etc.,
Igualmente pueden estar fuertemente arraigadas las malas costumbres, que no son otra cosa que la naturaleza caída, y que se manifiesta por ejemplo, en la gran dificultad para dejar el chat o los juegos en los aparatos electrónicos, o en el vicio de beber licor o comer en exceso, ser desordenado, no estudiar, no levantarse a la hora correcta, etc. Igualmente existen las costumbres indiferentes, como tomar un cierto tipo de postre, o usar un perfume determinado, etc.

COMENTARIO
En estos tiempos se hace cada vez más urgente que las personas cambien algunos modos y estilos de vida arraigados (algunas costumbres), cuando ya han perdido su sentido inicial y su uso. No cambiarlas significaría caer en la originalidad o rareza con respecto a los demás, o estar realizando actividades de un modo automático con una “lealtad” exagerada y rígida a un pasado, que ya no volverá porque los tiempos han cambiado.

Para poder ser personas comunicativas y tener una buena relación con los demás se requiere conocer muy bien la realidad mirando sus aspectos positivos y señalando con optimismo y esperanza los caminos que se pueden seguir.

El pesimismo o desaliento, por las propuestas o modos nuevos, pueden reflejar una desazón amarga frente a las personas o a los acontecimientos y además podrían esconder una cuota, a veces grande, de amor propio y terquedad. Santo Tomás de Aquino decía que “la soberbia es la pasión más mala por la cual creemos que nosotros estamos en la verdad y los demás están equivocados”

El clásico y antiguo refrán “es de sabios rectificar” debería tener una gran vigencia en los tiempos actuales. Muchas cosas se quedan paralizadas por mentalidades ancladas en sistemas obsoletos o creencias caseras de experiencias de antaño, que no se quieren abandonar porque se consideran imprescindibles.  En algunos casos fomentan la regresión y en poblaciones de escaso nivel cultural, esa cerrazón de conservar ciertas costumbres, suele estar cargada de supersticiones.

Las personas que persiste en no cambiar y se aferran a los sistemas o costumbres que le dan un sentimiento seguridad, irán viendo con pavor que con el tiempo se van quedando sin piso y sin respaldo. Para defenderse procurarán controlar todo y centrarán su esfuerzo para que los otros o la sociedad cambien, sin darse cuenta que el cambio lo tiene que dar ellos primero. 

La decisión de cambiar surge de un amor ordenado: comprensión por las personas, valoración de las diferencias que hay entre unos y otros, y tener en cuenta las circunstancias actuales. Este conocimiento de la realidad hace que la persona sea comunicativa y abierta. Es entonces cuando inspira confianza y los demás, al sentirse comprendidos, estarán muy contentos de tener cerca y escuchar a esas personas.

Existen muchas costumbres buenas que no deberían perderse y que no dependen de los cambios de las distintas épocas: la costumbre de rezar, de ir a Misa con frecuencia, de estar a determinadas horas en casa, de estudiar, de salir a pasear, de ser amable con las personas, etc. El pasado trae costumbres que se deben continuar porque encierran valores que son para todas las personas: Acostumbrase a ceder el paso, acostarte temprano, llegar puntual,  no dejar para mañana lo que  se puede hacer hoy, a lavarse los dientes,,,,  Basta una conciencia bien formada y el sentido común para acertar en lo que debe permanecer y en lo que debe cambiar. (P. Manuel Tamayo)


jueves, 19 de octubre de 2017

EL ODIO AL ODIO, POR EL AMOR A LAS PERSONAS

“…borra con tu vida de apóstol la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio…(San Josemaría, “Camino” n. 1).

“La violencia y el odio son un fracaso” (Papa Benedicto XVI).

“La esperanza nos lleva a creer con firmeza que la muerte y el odio no tienen la última palabra sobre la vida humana.” (Papa Francisco).

“El amor sonríe, el odio gruñe; el amor atrae, el odio rechaza; el amor confía, el odio sospecha; el amor enternece, el odio enardece; el amor canta, el odio espanta; el amor tranquiliza, el odio altera; el amor guarda silencio, el odio vocifera; el amor edifica, el odio destruye; el amor siembra, el odio arranca; el amor espera, el odio desespera; el amor consuela, el odio exaspera; el amor suaviza, el odio irrita; el amor aclara, el odio confunde; el amor perdona, el odio intriga; el amor vivifica, el odio mata; el amor es dulce; el odio es amargo; el amor es pacífico; el odio es explosivo; el amor es veraz, el odio es mentiroso; el amor es luminoso, el odio es tenebroso; el amor es humilde, el odio es altanero; el amor es sumiso, el odio es jactancioso; el amor es manso, el odio es belicoso; el amor es espiritual, el odio es carnal. El amor es sublime, el odio es triste.  (Mauricio Fornos).


COMENTARIO

El odio es una desviación y la indiferencia una ausencia. Cada persona es responsable del orden que debe tener en su propio corazón. El corazón debe amar cada día más. La ausencia y la desviación del amor destruyen la felicidad de la persona y entorpece sus relaciones humanas.

El amor ordenado es una “esclavitud” que alegra la vida y da libertad. El amor desordenado, o la ausencia de amor,  es una esclavitud que entristece la vida y empobrece a la persona.

El que es odiado es maltratado por la conducta impropia del que lo odia y su reacción será de acuerdo al grado de amor que posea. Si tiene mucho amor sabrá querer al que lo odia, sin aceptar el odio que recibe, no porque lo está hiriendo, sino por la malicia del que está odiando. Le duele ver la conducta desarreglada del que ofende con el odio. Si su amor es pequeño, el odio que recibe lo puede vapulear y hacerlo trastabillar, además podría quedarle un resentimiento con algunas dosis de odio y deseos de venganza.

Odiar el odio no es propiamente odio, porque no está dirigido a la persona sino a ese sentimiento desviado que enciende el apetito irascible, para rechazar y maldecir a una persona.

El que sabe amar desea que nadie tenga ese sentimiento de indignación que condena, sin que quepa la posibilidad de perdonar. La negación del perdón es una gran esclavitud que denigra totalmente al que está indignado cuando responde con odio. El que odia y no perdona, aunque haya tenido méritos y reconocimientos por sus buenas y exitosas obras, comete un grave error que le puede impedir la felicidad. Los logros de una persona no borran sus pecados.

Pedir perdón es un acto de personas valiosas que reconocen sus errores y quieren rectificar. Perdonar es un acto de personas doblemente valiosas, que saben reconocer en los demás la capacidad para un arrepentimiento junto a la potencialidad de cambiar. El perdón es también una oportunidad para que el que cometió la falta se convierta, cambie y mejore.

La condena en cambio es una negación al perdón y a las oportunidades de rectificar que podría tener el perdonado.

Si el infractor no quiere arrepentirse, se condena solo con el peso de su culpa y las consecuencias de su terquedad al mantenerse en el error. Al que sabe amar le duele mucho la falta de arrepentimiento del que no quiere pedir perdón y cambiar; pero no por eso abandonará su disposición de perdonar. Indignarse y desear el mal para el infractor no arregla las cosas, es peor para todos.

El hombre que condena, justificando su juicio con las pruebas de la mala conducta del que ha delinquido, y no quiere salir de allí,  porque piensa que el que se equivocó no debe tener perdón, está dejando que el odio se apodere de él y terminará entorpeciendo sus relaciones humanas; es fácil que viva metido en turbulencias existenciales y no encuentre la enorme alegría que se tiene al perdonar a los demás.

Es penoso cuando alguien, por soberbia, muestra una exacerbada terquedad para no perdonar, junto a la ceguera de no reconocer su propio odio. La ceguera del amor propio es tan grande que a su juicio podría calificar de loable la voluntad de no querer perdonar, mientras todos los demás saben perfectamente que está odiando y que vive con esa indignación atravesada que lo minimiza como persona.

En un mundo de hipocresía y de intereses políticos el que odia podría encontrar complicidad y apoyo para cometer las grandes injusticias tejidas con la falta de perdón. Hoy, al perderse el sentido cristiano de la vida, se han multiplicado estos desórdenes, dejando a muchas personas y a sus familias heridas y maltratadas. Amparándose en la “ley” no les importa atropellar a los infractores con la bofetada “moral” de un castigo sin perdón. (P. Manuel Tamayo)


jueves, 12 de octubre de 2017

LAS FIERAS DE LA INTERIORIDAD

“Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre” (Mt, 15, 19-20).


COMENTARIO

Ninguna persona puede considerarse por sí sola, libre de las fieras que lleva dentro. El ser humano necesita ser educado no solo para saber sino también para “amarrar el perro”

La falta de control es una debilidad que debe ser superada con la ayuda de educación que se recibe en casa y en el colegio. Cuando no se logró superar esa debilidad porque no se educó bien o por ausencia total de una adecuada formación, este tipo de debilidad se prolonga a las otras etapas de la vida y puede llegar a ser un problema grande para las relaciones humanas.

Si en casa no se le ha exigido al niño para que sea comprensivo y generoso, éste vivirá en su mundo egoísta, buscará que todo gire a favor suyo, protestará enérgicamente cuando no se le hace caso y no parará hasta que le alcancen lo que está pidiendo.

El niño engreído y caprichoso es tremendamente débil en sus controles y un peligro en potencia para cuando sea mayor; las “fieras” de su interioridad estarán sueltas y sin control y en cualquier momento atacarán sin piedad.

Para controlar esas “fieras” los papás deben conseguir que el niño no sea egoísta y que aprenda a vivir con espíritu de sacrificio. Además, deben lograr que el niño comparta sus cosas con sus hermanos y que consiga ayudar a los demás sin exigir una recompensa o pago.

Es necesario advertir que la interioridad de la persona necesita de la gracia de Dios, que es la que lo purifica del pecado y lo eleva a un estado superior, para que pueda tratar con finura y delicadeza al mismo Dios y a los demás seres humanos.  Sin esa ayuda el hombre está “condenado” a vivir con la esclavitud de sus propias “fieras” internas. Algunos le suelen llamar: “mis demonios internos”

Jesucristo instituyó el sacramento del perdón para ayudar al hombre en la lucha contra esas “fieras” que no lo dejan en paz y que perjudican su existencia.


El mundo está como está porque se ha perdido el sentido del pecado que es perder también el sentido sobrenatural de la vida. Con el sentido sobrenatural se tiene la certeza de que solo Dios, a través de Jesucristo, es el único que puede librar al hombre de la esclavitud del pecado. Es necesaria una nueva evangelización para volver a explicar esta realidad milenaria. (P. Manuel Tamayo).