DIOS ES EL QUE MEJOR DECIDE
“No temas, María,
porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz
un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Luc. 1,26)
“Y se volvieron os
pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto,
conforme a lo que se les había dicho” (Luc.2,20).
“¿Por qué me
buscaban,? ¿no sabían que yo debía estar en las cosas de mi padre? (Luc. 2,49)
“Rema mar adentro y
echa las redes para la pesca” (Luc, 5, 4).
“Ven y sígueme” (Luc 5,27)
COMENTARIO
Las mejores
decisiones del mundo son las de Dios. Él elige por su cuenta sobre nuestra vida
sin preguntarnos y según su beneplácito. Al hombre le toca obedecer al querer
de Dios para poder corresponder con lo que se debe ser. Allí encuentra su
libertad. Toda su naturaleza está diseñada para la obediencia y es por eso que
el pecado, que es desobediencia, daña
directamente la naturaleza humana.
El pecador puede
creerse libre al apartarse de Dios, pero luego se demuestra que cae en la peor
esclavitud que se tiene cuando el hombre se aleja de Dios. Para estar cerca y
bien, el hombre debe obedecer y hacer lo que Dios le pida. La obediencia es un sí a Dios y también una disposición para querer y
amar lo que Dios pide.
La obediencia puede
costar pero hay que saber que Dios, que
es inteligencia pura y es el que más nos quiere, nunca nos pide algo que no
nos venga bien. Nosotros con nuestras limitaciones podemos no alcanzar a ver
las maravillas que se encuentran tras el querer de Dios. Es toda una
multiplicación de bienes para nosotros y para los demás. Así le ocurrió al
muchacho que tenía unos pocos peces y panes cuando se los entregó al Señor. Vio
con asombro que el Señor los multiplicó, él y muchísima gente se beneficiaron
de ese milagro, algo que a los ojos humanos parecía imposible.
La Virgen María y
los apóstoles son criaturas humanas creadas por Dios. Ellos nos enseñan a
obedecer sin demorar. Como podemos apreciar en los evangelios el Señor no les
pregunta antes ni les da demasiadas explicaciones. Dios decide, lo comunica y
espera una respuesta rápida. Así es Dios y nunca se equivoca. No nos
equivocamos nunca cuando le decimos que sí.
También Dios
decidió que su Hijo nazca en un establo de animales y en un ambiente de mucha
pobreza. ¡Cuánta sabiduría hay allí!
También podríamos decir con palabras del Señor: “el que pueda entender que
entienda” ( P. Manuel
Tamayo)
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