domingo, 24 de diciembre de 2017

DIOS ES EL QUE MEJOR DECIDE
“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Luc. 1,26)

“Y se volvieron os pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho” (Luc.2,20).

“¿Por qué me buscaban,? ¿no sabían que yo debía estar en las cosas de mi padre? (Luc. 2,49)

“Rema mar adentro y echa las redes para la pesca” (Luc, 5, 4).

“Ven y sígueme” (Luc 5,27)


COMENTARIO

Las mejores decisiones del mundo son las de Dios. Él elige por su cuenta sobre nuestra vida sin preguntarnos y según su beneplácito. Al hombre le toca obedecer al querer de Dios para poder corresponder con lo que se debe ser. Allí encuentra su libertad. Toda su naturaleza está diseñada para la obediencia y es por eso que el pecado, que es desobediencia, daña directamente la naturaleza humana.

El pecador puede creerse libre al apartarse de Dios, pero luego se demuestra que cae en la peor esclavitud que se tiene cuando el hombre se aleja de Dios. Para estar cerca y bien, el hombre debe obedecer y hacer lo que Dios le pida. La obediencia es un a Dios y también una disposición para querer y amar lo que Dios pide.

La obediencia puede costar pero hay que saber que Dios, que es inteligencia pura y es el que más nos quiere, nunca nos pide algo que no nos venga bien. Nosotros con nuestras limitaciones podemos no alcanzar a ver las maravillas que se encuentran tras el querer de Dios. Es toda una multiplicación de bienes para nosotros y para los demás. Así le ocurrió al muchacho que tenía unos pocos peces y panes cuando se los entregó al Señor. Vio con asombro que el Señor los multiplicó, él y muchísima gente se beneficiaron de ese milagro, algo que a los ojos humanos parecía imposible.

La Virgen María y los apóstoles son criaturas humanas creadas por Dios. Ellos nos enseñan a obedecer sin demorar. Como podemos apreciar en los evangelios el Señor no les pregunta antes ni les da demasiadas explicaciones. Dios decide, lo comunica y espera una respuesta rápida. Así es Dios y nunca se equivoca. No nos equivocamos nunca cuando le decimos que sí.


También Dios decidió que su Hijo nazca en un establo de animales y en un ambiente de mucha pobreza.  ¡Cuánta sabiduría hay allí! También podríamos decir con palabras del Señor: “el que pueda entender que entienda” ( P. Manuel Tamayo)

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