jueves, 29 de diciembre de 2016

MUCHO MÁS QUE DECIR: “GRACIAS”

“Si alguna vez te has preguntado como corresponder a un amor como el de Dios, la manera más clara en que podemos hacerlo es amándolo como nos pide que lo amemos; no es difícil, solo basta con tener presente todo lo que ha hecho por nosotros, como es que ha llenado esos vacíos que nadie más puede llenar, porque no hubo, no hay y no habrá nunca nadie que nos ame más de lo que Él nos ama”. (Maite Leija)

"No hay deber más necesario que el de dar las gracias.  Al expresar nuestro agradecimiento por lo recibido estamos  reconociendo -y sobre todo sintiendo- lo dichosos y bendecidos que somos, de manera tal, que los mayores beneficiados con nuestro agradecimiento sincero somos nosotros mismos, al llenarnos de buenos sentimientos”. (Marco Tulio Cicerón).

“¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y… no me he vuelto loco?” (San Josemaría Escrivá, Camino n. 425).

COMENTARIO

La valoración del agradecimiento está en la correspondencia que tiene dos aspectos muy claros y definidos: la cercanía al que nos amó y la correspondencia a lo que nos enseñó. Cuando alguien ha sido querido y valorado se debe aplicar la famosa frase: “amor con amor se paga”, decir “gracias” no basta.

Para que una relación humana de gratuidad sea correcta,  es necesario que el donante ame al que lo está beneficiando, que no solamente le entregue algo sino que se interese por su vida y que la donación concreta sea un acto de amor.

De la misma manera el que es beneficiado no debe mirar solo el beneficio recibido, debe abrir su corazón al donante que lo está queriendo, para recibir no solo un regalo, sino el afecto de un corazón amigo. Esto último es más importante que lo recibido.

Los regalos y los afectos humanos no deben quedarse en la benevolencia. Eso es muy poco y de escasa categoría humana. En las relaciones humanas las virtudes son las que dan el nivel de calidad y hacen a las personas felices y libres de verdad.

Lamentablemente en estos tiempos los beneficiados cogen el beneficio, dicen gracias y se retiran, no les interesa para nada la cercanía del donante. Lo mismo ocurre con la gran mayoría de donantes: entregan una mercancía y se llenan de alegría cuando alguien se beneficia con ella, sin que nazca ningún interés por la vida y felicidad de esas personas que recibieron el beneficio.

Lo que está faltando es el amor al prójimo en el donante y en el beneficiado. El amor hace que la relación sea distinta y perdurable. Cuando hay amor se produce una empatía que no es apego, es más bien una sintonía, un entendimiento, un afán de ayudarse a ser mejores que nunca termina. Surge así una amistad incondicional donde hay siempre reciprocidad y correspondencia. El cariño persiste y todos ganan. (P. Manuel Tamayo).


jueves, 22 de diciembre de 2016

IMPREVISTOS Y LOCURAS DIVINAS

¿Hay locura más grande que echar a voleo el trigo dorado en la tierra para que se pudra? –Sin esa generosa locura no habría cosecha (Camino, 834).

¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ;locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón... y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor? (Camino, 790).

«Quiero decir que demos una importancia primaria y fundamental a la "espontaneidad apostólica de la persona", a su libre y responsable iniciativa, guiada por la acción del Espíritu; y no a las estructuras organizativas, mandatos, tácticas y planes impuestos desde el vértice, en sede de gobierno” (San Josemaría Escrivá).


COMENTARIO

Los planes de Dios son distintos a lo de los hombres. El hombre, en su lógica racional, cree que las cosas saldrán bien con una buena planificación y se esmera en buscar los mejores sistemas tratando de que nada falle y que todo esté previsto. Dedica tiempo en organizar reuniones, establecer parámetros, poner controles, fabricar teorías procurando ser lo más objetivo posible en atención a la realidad y a las circunstancias.

En cambio Dios, que es más inteligente y lo sabe todo, en su relación con los hombres es imprevisible y misterioso. Envía a su Hijo a la tierra sin resolver ni prever absolutamente nada, en Belén nadie se enteraba y por lo tanto nadie lo recibió, tuvo que nacer en un establo junto a los animales. A José no le dijo antes que la Virgen estaba en cinta por obra del Espíritu Santo, el Niño Jesús se “escapa” de su casa, sin pedir permiso a sus padres, para enseñar a los doctores, a Juan Bautista no le da nada para que prepare su vida pública. Las preparaciones más importantes de la historia suelen ser en el desierto donde no hay nada (de Juan Bautista y de Jesús).

Los hombres en cambio lo preparan todo con lógica humana, como sucede con todos los acontecimientos importantes de la tierra.

Dios actúa de otro modo: valora más la monedita de la viuda que los grandes dineros de los fariseos, acepta al leproso y a los grandes pecadores arrepentidos y no escucha a los que se jactan de su buena conducta, entrega a través de su madre la Virgen María los grandes mensajes para el mundo a tres niños en Fátima, escoge las piedras desechadas por los hombres como piedras principales para construir.

A pesar de ver la lógica divina el hombre sigue empecinado y terco en su sistema de organizarse y entonces a lo largo de su vida irá viendo que las cosas salen de otra manera. Recuerdo cuando San Josemaría decía que las vocaciones salen debajo de las piedras. Cuando los seres humanos, muy orondos, se esfuerzan en planificar las vocaciones que vendrían al servicio de Dios,  se llevan un “chasco” porque aparecen de los lugares más imprevistos y de los modos que nunca jamás pensamos.

El hombre quiere resolverlo todo con las matemáticas mientras Dios escribe con reglones torcidos. Además, como decía San Juan Pablo II, “el hombre que habla del hombre sin Dios se va contra el hombre” Sin Dios no quiere decir sin fe, sino el hecho de no conocer los planes de Dios, que son distintos a los planes de los hombres.

Si consideramos las cosas a la luz de la fe, teniendo en cuenta estas realidades, entenderemos mejor la vida de los santos. Cada uno de ellos tiene su personalidad, no se parecen nada y tienen sus “chifladuras”, suelen romper esquemas, hacen locuras y por eso son incomprendidos, con abundantes críticas de los demás, incluso de los que están más cerca.  (P. Manuel Tamayo)



jueves, 15 de diciembre de 2016

LA POBRE IMPOSICIÓN DEL AMARRÓN

El amarrón  es inseguro y por eso quiere imponer; lo más probable es que exista en él un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia los otros, de tal forma que las intenciones de los demás las interpreta como maliciosas. Son personalidades un poco trastornadas que apenas se dan cuenta de lo que padecen.  Suelen ser anomalías que  se arrastran desde la juventud pero que crecen y se notan más en la edad adulta.
Los que sufren este trastorno tienden a imaginarse que los demás quieren aprovecharse de él, que le quieren hacer daño o engañarlo, aunque no tengan ninguna prueba que apoye esos argumentos que esgrimen; los crean con la imaginación y los sueltan como si fueran reales. Dudan, con relativa frecuencia, acerca de la lealtad o la fidelidad de las personas, y se esmeran en controlarlo todo para encontrar pruebas que justifiquen sus posturas.  
Cuando alguien se muestra cordial o amable, se sorprenden,  pero no confían, porque temen que pueda aprovecharse de ellos, o que difunda informaciones en contra.  
Creen “descubrir” intenciones o significados ocultos que son amenazantes. Sospechan y no se fían,  quieren  amarrarlo  todo siendo reiterativos en las advertencias para que se les haga caso.
Estos sujetos, normalmente,  guardan  rencores y son incapaces de olvidar los “maltratos” que creen sufrir, por la mala conducta de los demás. Hacen propósitos radicales y están dispuestos al contrataque cuando piensan que alguien los ofendió.
Estas limitaciones entran dentro de los trastornos paranoides de la personalidad. Quien los padece no confía en los demás y termina siendo autosuficiente y autónomo en sus decisiones y con un alto grado de control sobre los que lo rodean. (Dr. Gómez Jarabo, Director de biopsicología)

COMENTARIO
Hay gente que pone el reflector en lo que las personas deben hacer para que todo salga bien y no se fijan ni atienden a las mismas personas.

Esta conducta que a primera vista parece correcta y acertada, podría generar limitaciones en las relaciones personales y entorpecer el acierto para una correcta jerarquía de valores en los asuntos humanos, que debe tener siempre como prioridad la consideración de cada persona con sus circunstancias particulares.

El ir de frente al reglamento o a lo establecido no da garantía de acierto. Existen matices que solo se contemplan si la cabeza está más dirigida a las personas que a las actividades que tendrían que hacer las personas. La intervención severa resulta peor si las personas están “fallando” en los deberes que tendrían que cumplir.

La solución no se consigue con una conducta rígida y dura, tampoco con la permisividad de dejar pasar. Algunas veces puede parecer que se trata de una cuestión de disciplina, que se arregla con una fuerte voz de mando o con la aplicación de un castigo, pero si nos fijamos bien, nos daremos cuenta que ese no es el camino correcto.

Lo primero que se requiere para arreglar los problemas humanos son las virtudes fundamentales, que son las que  ayudan a comprender y a querer bien a las personas. Comprender es un arte que procede de un amor intenso y ordenado que se manifiesta en una conducta serena, donde abunda la paz, la confianza y la alegría.

El que comprende sabe  situarse en los distintos puntos de vista de las personas para descubrir lo que cada una lleva su interioridad:  lo qué está buscando, cuáles son sus sentimientos, qué es lo que más quiere. Este conocimiento lo consigue amando. Si no hay amor no hay nada. Ni la experiencia, ni la ciencia, ni un lógico razonamiento sirven si faltara el amor al prójimo.

Cuando una persona es querida crecen sus condiciones para darse cuenta del aprecio que se le tiene, entonces su disposición a favor aumenta considerablemente. La experiencia de una persona que sabe querer con los adolescentes es elocuente.  Fijarse en una persona y valorarla realmente, sin hacer alardes de obsequiosidad, es la mejor llave para entrar en su interioridad. El que es querido agradece que se meta su vida el que realmente lo quiere, no cualquiera. El éxito del que sabe amar en la apertura de las personas se logra en el 99% de los casos.

En cambio el rígido y severo tendrá siempre una venda y estará impedido para tener una apreciación correcta de las personas, no encontrará la manera de acercarse y de ser correspondido.  Es que está sesgado poniendo el reflector en lo que hay que hacer y en lo que deberían hacer los demás.

Además, su certera mentalidad de desconfianza lo empuja a imponer, como sistema lógico para que las cosas caminen,  y apenas se da cuenta de la tiranía  que están ejerciendo con su drástica conducta. Le parece que está actuando correctamente y entonces para tener seguridad amarra todo lo que puede. Piensa que si las cosas no están amarradas todo se convierte en desorden y caos.

Vive la angustia de querer  asegurarlo todo para que las cosas no fallen, sin darse cuenta que ese modo de ser y de proceder lo aleja de las personas.


Las cosas salen adelante con el ejemplo y las virtudes de las personas en un clima amable de libertad. (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 7 de diciembre de 2016

LA CORTEDAD DE LOS DESCONFIADOS

La confianza es la seguridad que alguien tiene en otra persona o en algo. Es una cualidad propia de los seres vivos, especialmente los seres humanos. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo”. (Laurence Cornu).
“La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas” (Wallace Stevens).
“La confianza transforma a las personas y gracias a esta transformación crecemos y evolucionamos, por tanto, abrámonos a la confianza y así, confiaremos más en nosotros mismos y en los demás” (Ana Molina).
 “Se es realmente feliz cuando se tiene  mucha confianza en Dios, confianza en los demás y desconfianza en nosotros mismos” (San Josemaría Escrivá de Balaguer).

COMENTARIO

Es mejor confiar que desconfiar. El ímpetu de la desconfianza conduce a la terquedad y hace crecer el voluntarismo con una suerte de pasión que le quita a la inteligencia su amplitud. El hombre ha recibido una inteligencia para amar y el más inteligente es el que se sitúa bien para tener con las personas la máxima delicadeza y comprensión que pueda.

La apertura del inteligente está libre de miedos y temores. “El que tiene miedo no sabe querer” y lo que se opone al miedo no es una actitud dura y severa, sino más bien una conducta fina y delicada, llena de serenidad y de mucha confianza.

La confianza da paz porque es consecuencia del amor a los demás. Al que confía le gusta que el otro gane, que sea libre, que disfrute, que tenga oportunidades y que sea feliz de verdad. El desconfiado piensa mal, no da oportunidades, quiere controlarlo todo, amarra y crea a su alrededor una extensa maraña burocrática de procedimientos y esquemas teóricos.

El desconfiado suele hablar de lo que se debe hacer y se queja de lo que no se hace. Su vida gira en ese círculo que termina siendo vicioso,  y con esa cerrazón se le hace difícil solucionar los problemas que critica. Además con mucha frecuencia adopta el papel del perro del hortelano, ni come ni deja comer.

Parece increíble cuando comprobamos que las autopistas de nuestro país están llenas de rompemuelles y con letreros que indican que se debe ir a 30 Km/h, (los que colocan esos letreros parece que saben muy poco de autopistas y velocidades).  

La razón de esas limitaciones es la desconfianza en los conductores. Los que piensan que todo debe estar sujeto a controles y prohibiciones evidentemente no confían en las personas.

Lo más grave es que este tipo de mentalidad los anula para adquirir las mejores virtudes de los seres humanos, que son las que tienen relación con la confianza en los demás.

El desconfiado suele ser partidario de una educación represiva donde la obligación sería la respuesta ideal para que todo salga bien.

Esta cortedad de visión quita condiciones para para la enseñanza, ya que la transformaría en un conjunto de reglas severas para tener amarradas a las personas, y confundiría la autoridad con el autoritarismo o la tiranía.

Un líder o maestro desconfiado habla constantemente de las sanciones, prohibiciones, expulsiones, como si el éxito de la educación dependiera de acertados castigos y de una estricta severidad. 


La confianza no es una dejadez, ni el permisivismo, ni la manga ancha, es más bien un aprecio al valor de cada persona, que podría estar todavía en potencia. El que confía es un descubridor de talentos, que no hace aspavientos con los errores que se cometen y sabe persuadir, recurriendo a la misma persona para que se esfuerce, luche y consiga ella misma salir adelante. Tendrá paciencia para esperar, el tiempo que haga falta, para que el equivocado cambie. Al final tendrá la alegría de haber confiado y el premio será la conquista de la amistad de muchas personas. (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 30 de noviembre de 2016

LA LÍNEA NEGRA DE UN PODER MANIPULADOR

“Los propietarios de los grandes medios representan a la clase social, política, económica e ideológica dominante y utilizan dichos medios para sus intereses políticos y económicos, dejando a los receptores como meros consumidores sin capacidad de expresarse”.  (Luis Nieto, la marea.com).

“Uno de los elementos de mayor notoriedad es que a día de hoy los medios de comunicación determinan la agenda del día. Lo que no es actualidad en los medios no existe. Determinan lo que es noticia y lo que no. Imponen un determinado tipo de lenguaje, usan medias verdades, se hacen acompañar de “expertos” que ellos mismos crean o se hacen eco de “Observatorios de conflictos” que sólo ellos conocen por no hablar de la grosería de situar imágenes en lugares y períodos diferentes a donde sucedieron”. (Luis Nieto, la marea.com).

“El objetivo para muchos medios no es informar, sino manipular, tal como ocurre con otros objetos que se mueven en el mercado.” (Luis Nieto, la marea.com).

COMENTARIO

No todo lo que está escrito es verdad, no todo lo que se transmite es cierto. En el mundo unos mienten y otros siguen las mentiras pensando que están en la verdad. Los propagadores de la mentira suelen encender la ira mientras que los difusores de la verdad difunden la paz. Antes de seguir hay que cerciorarse de quién está en la mentira y quién en la verdad. No es cuestión de sentimientos, posturas políticas o apariencias.

La gran tragedia de la mentira en el mundo fue el juicio y la sentencia que le dieron a Jesucristo, unas autoridades mentirosas y manipuladoras y un pueblo engañado. El sentir popular de los que gritaban ¡Crucifícale! fue manipulado por el poder mediático de la época, por la calle se extendió la opinión contra Jesús que ni Barrabás, el peor criminal que había, pudo cambiarla.

Al referirnos a la mentira, en este artículo, no vamos a poner el acento en  los errores o equivocaciones normales de los seres humanos, sino en la manipulación y malicia de los que, siguiendo una línea, acomodan los hechos a intenciones partidarias para que las grandes mayorías (hacia ellos apuntan) crean que las cosas fueron como ellos las describen.

Para lograr estos objetivos “políticos” extraen verdades de un contexto original, para darles otra interpretación distinta y favorable a lo que persiguen. Los más listos fabrican una “verdad”,  y a muchos, que no conocen los temas de fondo, ni los tejes y manejes de los manipuladores,  les puede parecer viable y aceptable el criterio y la dirección de lo que se dice y se propone.

El consenso de los que están en la línea negra utiliza unos paradigmas convencionales como si fueran dogmas. Es la actitud habitual del liberalismo democrático que se convierte en la dictadura del criterio personal.  Son artífices de un menjunje, intelectual, donde ni ellos mismos se aclaran,  porque antes de dogmatizar sus propias opiniones, (algo propio de la soberbia) tuvieron que relativizar los dogmas de la revelación cristiana.

Así pudieron motivar y fabricar una indignación malévola contra las conductas de quienes defienden los valores tradicionales de la ética cristiana, como si éstos fueran los causantes de los males de la época.
Hoy es importante descubrir y desacreditar a quienes se encuentran escondidos en la línea negra del poder manipulador lanzando tierra y piedra contra todo lo que es bueno, limpio y noble. Menos mal que un gran sector de la sociedad ya se está dado cuenta de esta “enfermedad” mediática que contagia fácilmente a los que tienen menos formación cristiana.


Solo queda decir que para vivir y ser libres,  la verdad debe ir por delante en los criterios y en las vidas de las personas. (P. Manuel Tamayo)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA IDOLATRÍA DEL DINERO

“No se puede servir a Dios y al Dinero".(Mt, 6, 34).

“Un hombre no se debe considerar más digno que otro. Nadie nació con mayores derechos” (Laudato si, n. 90).

“Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad” (Laudato si, n. 128).

«La actividad empresarial tiene que incluir siempre el elemento de gratuidad y las relaciones entre los que forman parte de la empresa, tanto dirigentes como trabajadores, deben caracterizarse por la justicia, el respeto mutuo y el aprecio fraternal. Características todas que deben extenderse a las relaciones con la comunidad local y traducirse en solidaridad con los más necesitados. Esto debería ser un modo habitual de actuar, fruto de profundas convicciones por parte de todos, evitando que se convierta en una actividad ocasional para calmar la conciencia o, peor aún, en un medio para obtener un rédito publicitario». (Papa Francisco a los empresarios, noviembre, 2016).
«La corrupción es la peor plaga social. Es la mentira de buscar el provecho personal o del propio grupo bajo las apariencias de un servicio a la sociedad. Es el engaño y la explotación de los más débiles o menos informados. (Papa Francisco a los empresarios, noviembre, 2016).


COMENTARIO

Es muy fácil que el dinero corrompa el corazón del hombre. Lo peor es cuando la persona no se da cuenta de su estado de corrupción y permite el acostumbramiento a un estilo de vida o a unas costumbres que lo encierran en una burbuja.

Es grave esa situación porque mantiene al hombre insensible, como anestesiado, con un cúmulo de cosas que lo distraen, y con el afecto a ellas, establece las relaciones humanas de su contorno y no sale de allí.

Muchos de los que se sitúan en un nivel de vida materialista y de cierto status social, no dejan que cualquiera cruce el umbral de sus dominios, se sienten dueños, con derecho a decidir las normas y pautas de lo que se debe hacer.

Les parece inoportuno compartir con los que no alcanzan ese “nivel”, y así suelen organizar sistemas de vida y mundos aislados protegidos por muros que impiden el ingreso de los extraños, para poder vivir inmersos en sus comodidades.

La mentalidad de estos personajes es bastante pobre y limitada. Muchos de ellos se creen amos y señores de los demás, solo porque pueden comprar voluntades con el dinero que poseen. Sus proyectos suelen ser negocios donde quieren llevar la “sartén por el mango” para no perder lo que han conseguido y seguir ganando más, sin que les importe mucho la suerte de las personas.

Cuando el amor al prójimo esta engarzado en un fuerte materialismo las relaciones humanas están contaminadas por ese sesgo. Se nota en la acepción de personas y en un espíritu crítico ácido. Ellos piensan que pueden manejar la vida de muchas personas fabricando sistemas y estructuras de estrategia para ser exitosos con el dinero que ganan. Esos andamiajes artificiales terminan luego derrumbándose y dejando muchos heridos en el camino.

Cuando vemos que cada día se hacen más simulacros y se aumentan las medidas de seguridad para evitar pérdidas por las catástrofes naturales o por los accidentes humanos, hoy es urgente tomar precauciones para soportar la ruptura de la burbuja de los que siguen sumergidos en la idolatría del dinero.

El mundo ya ha tenido potentes crisis económicas que son como alarmas para cuidarse de la codicia egoísta y abrazar cuanto antes el espíritu de desprendimiento cristiano que impulsa a crecer en la virtud de la generosidad. “Se es más feliz cuando se da que cuando se recibe” (Hecho de los apóstoles).

Las próximas Navidades podrían ser una buena motivación para dejar de pensar en nosotros mismos y en nuestras cosas. Dios espera que nuestras obras de misericordia sean reales, constantes y de una abundante generosidad, para hacer felices a muchas más personas. (P. Manuel Tamayo).



miércoles, 16 de noviembre de 2016

LA DICTADURA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO 

El concepto de "políticamente correcto" es confuso para muchos. Ser políticamente correcto significa evitar las expresiones y acciones que puedan excluir, marginar u ofender a un grupo particular de gente. Este término se hizo popular en la década de 1980. (Wiki How)

"Es un fantasma recorre nuestro diario convivir, el fantasma del lenguaje políticamente correcto",  (Edilberto Aldán).

Aunque no esté claro en qué consiste esta "corrección", hay consenso generalizado en que debemos practicarla, en que debemos ser "políticamente correctos".  (Marcelo Colussi).


COMENTARIO

Cuando las cosas se quieren decir de una manera delicada y fina, para no ofender, ni chocar con nadie podría decirse que es políticamente correcto. Lo malo, y es lo que está ocurriendo, es cuando se establece un sistema de consenso para mentir de una manera hipócrita y cínica con tal de obtener beneficios personales o partidarios.

En los términos empleados para el lenguaje se está dando una paradoja que invita a la reflexión: el lenguaje vulgar y agresivo (las lisuras con mentada de madre) se ha extendido por todas partes,  sin embargo a una persona de color no se le puede decir “negro” (suena a discriminación), tampoco a un anciano “viejo”, a uno de la sierra “serrano”, a una mujer subida de peso “gorda”, a un homosexual: “marica”, a una empleada del hogar: “sirvienta”.

Todos estos cambios de términos y la sensibilidad de hoy no han mejorado en nada el trato fino y delicado entre los seres humanos, al contrario lo han empeorado.

Solo falta que a un ladrón se le diga: “amigo de lo ajeno” , a una prostituta: “servidora sexual”, a un terrorista: “combatiente alzado en armas”. Lo “políticamente correcto” está llevando a graves desviaciones en las expresiones y apreciaciones que se hacen en los distintos ámbitos de la vida de las personas y en el terreno de la política en general.
Parece que la verdad ya no importa, todo se maquilla para que se vea bien y suene bonito. La carcoma está por dentro pero por la presión del relativismo ya no se advierte. Se cree que tratar bien a una persona es tener manifestaciones obsequiosas con ella, dorándole la píldora dentro de una escenografía de bambalinas con globos, cohetes y serpentinas.

Las grandes mayorías caen en ese circo y se someten a los reglamentos de la dictadura de lo políticamente correcto. Por eso la corrupción persiste: la del dinero y la de la carne, generando conflictos que destruyen la familia. Los jerarcas del dinero y del placer terminan rompiendo sus propios hogares y luego continúan destruyendo los hogares de los demás.

Una actitud políticamente correcta puede llevar al maniqueísmo del siglo XXI, todo es bueno, aunque sea malo. Todo está bien aunque el hogar esté roto, el hombre tenga varias mujeres, nazcan hijos fuera del matrimonio, se permita la borrachera como algo normal, o las drogas, o la prostitución… Malo es el que ataca lo que realmente es malo y bueno es el que ataca al que realmente es bueno, primero con el desprecio y luego con un odio anticristiano.

Lo políticamente correcto está permitiendo la invasión del mal, una pandemia generalizada de inmoralidad que va creciendo vertiginosamente de día en día y va metiéndose en la cabeza y en los corazones de las personas.

Lo políticamente correcto son gestos huecos, engaños consentidos, posturas artificiales, teorías falsas y sin ningún fundamento, como la ideología de género, que están formando parte del sentir común de una sociedad banalizada.  Hoy se quiere cambiar de sexo como se cambia de lenguaje sin querer reconocer la imposibilidad de ese antojo advenedizo y guarroso. (P.Manuel Tamayo).




sábado, 12 de noviembre de 2016

LA BURBUJA MEDIÁTICA

“Una poderosa fuerza económica, técnica y mediática de un occidente sin Dios puede ser un desastre para el mundo…” (Cardenal Robert Sarah, “Dios o nada” pp.305)

“La economía vigente justifica el sistema actual. Se ha divinizado el mercado como si fuera la regla absoluta”. (Papa Francisco, Laudato si n.56) 

“El eclipse de Dios en los países ricos y poderosos de hoy en día conduce al hombre a un materialismo práctico, a un consumo desordenado o abusivo y a la creación de falsas normas morales” (Cardenal Robert Sarah, “Dios o nada” pp. 362) 

COMENTARIO
Los acontecimientos nos ayudan a ver cómo camina el mundo. Es evidente que existen muchas burbujas: de los pokemones, de los ignorantes, de los codiciosos y la gran burbuja mediática de los que mueven los medios y la de los que lo siguen. Los que mueven la mayor parte de los medios que se extienden por el mundo, tienen indudablemente una línea de acción y unos propósitos que obedecen a una intención de poder. Desde hace muchos años el sentir común sabe que habitualmente los medios mienten, lo que es increíble es que el mismo sentir común de las mayorías, se deje engañar y atrapar por el consenso de las redes mediáticas.

Algunos representantes del cuarto poder han creado una “moral” que es como una patente de corso para poder atacar lo que es bueno como si fuera malo y hacer creer a la gente que sus argumentos son los correctos. Ese consenso mediático sabe satanizar y persuadir a las masas con los criterios que manejan ellos. Cuando el tiro les sale por la culata se callan en 7 idiomas y al poco tiempo vuelven para tratar de demostrar que ellos tenían la razón y que los que decían lo contrario estaban totalmente equivocados. La arrogancia y la soberbia es su estilo y lo vemos en los artículos periodísticos de los diarios y en programas de radio y televisión, salvo honrosas excepciones.  


La línea oculta de este poder está respaldada por una potente economía que enfila los billetes contra los valores más altos del ser humano fomentando campañas y lobbys para que se extienda por todas partes un liberalismo absoluto que destruya las normas y principios morales como si fueran obsoletos y retrógrados. La foto de la degradación moral a nivel mundial es bastante elocuente. Menos mal que están apareciendo reacciones acertadas de mucha gente sensata que no está bajo la bota de este poder nefasto que tiene cara de ángel y es un demonio, salvo honrosas excepciones. (P. Manuel Tamayo).

domingo, 30 de octubre de 2016

LAS DISCULPAS Y EL PERDÓN

La disculpa es la razón que se da, o causa que se alega, para explicar o justificar un comportamiento, fallo o error.  (Diccionario)

Pedir perdón es reconocer la culpa y el daño cometido. (Diccionario)

Arrepentirse es el pesar que siente una persona por algo que ha hecho o ha dejado de hacer. (Diccionario).

La Contrición es el arrepentimiento por haber obrado en desacuerdo con la voluntad de Dios y propósito de no volver a actuar mal en adelante. (Diccionario)

Perdonar es olvidar [una persona] la falta que ha cometido otra persona contra ella o contra otros y no guardarle rencor ni castigarla por ella, o no tener en cuenta una deuda o una obligación que otra tiene con ella(Diccionario)

COMENTARIO
La disculpa es distinta del perdón. La primera es una excusa o explicación para justificar un comportamiento. La disculpa a secas es para quedar bien frente al otro, o buscar que el otro no se moleste. Puede ser parte del amor propio. Muchas personas son “artistas” para disculparse, lo hacen con una diplomacia admirable. Las personas que se disculpan no necesariamente están arrepentidas de sus errores. Lo que les importa fundamentalmente es quedar bien, llevar la fiesta en paz.

En cambio el término perdón, para que sea auténtico, debe llevar implícito el arrepentimiento. Si alguien se acercara a pedir perdón sin arrepentimiento se trataría de una disculpa. El perdón exige de la humildad y sinceridad del que lo pide, que tenga dolor y esté realmente arrepentido. Si el dolor es de amor, por la persona que ofendió es un acto de gran categoría humana. Cuando la ofensa es a Dios y se le pide perdón, el arrepentimiento sincero, unido al dolor de amor se llama contrición. La persona que habitualmente, siendo consciente de sus faltas, hace actos de contrición, tiene una riqueza interior de mucha valía y sabrá tratar con delicadeza y finura a los demás.

El perdonar es propio de personas valiosas que saben querer a las personas, aunque estas hayan cometido errores muy graves. No perdonar podría ser comprensible en una primera instancia por la indignación que pudo haber ocasionado una falta, pero al pasar el tiempo, y hay que procurar que sea cuanto antes, se debe perdonar al que ofendió. Todo se puede perdonar. Las personas más valiosas han perdonado los crímenes más abominables. El modelo es Nuestro Señor Jesucristo, que a pesar de haber sufrido la pasión y muerte en la cruz por nuestros pecados, está dispuesto a perdonarnos siempre.

No es bueno quedarse en la disculpa, es necesario llegar al perdón con verdadero arrepentimiento y propósito de enmienda. No hay que demorarse en este acto grandioso de amor. La demora lleva a la mediocridad, por permitir distancias y alejamientos que deterioran las relaciones humanas, y peor cuando se trata de la relación con Dios.

Si uno se cae debe levantarse de inmediato. No es bueno quedarse aplastado por el peso de la culpa o enfriado porque no se reconoce la falta que se cometió. La prontitud en pedir perdón es un acto inteligente que hace feliz a la persona y a todos los demás.

Tampoco hay que demorarse en perdonar. Las personas que perdonan antes son las mejores y son las que contribuyen a que se viva en un ambiente de libertad y alegría. (P. Manuel Tamayo)


miércoles, 26 de octubre de 2016

ALGUNOS MALOS EJEMPLOS DE LOS PAPÁS

A veces, las malas influencias para los chicos las tenemos en la propia familia y puede ser que los padres no sean conscientes.

1.- Las mentiras blancas: cuando se les dice a los hijos: “Diles que no estoy”, porque no queremos atender a una persona que nos molesta. O mentir para pagar menos y que los chicos vean que se pueden hacer trampas sin que pase nada.

2.- No ir a Misa el domingo: cuando los papás por razones insignificantes no van a Misa y ponen cualquier pretexto por encima de Dios. Con esa actitud los hijos pueden pensar que la Misa no es tan importante y cualquier excusa justificaría su inasistencia.

3.- Lenguaje vulgar: cuando los padres (sobretodo el papá) se expresan de un modo chabacano y sucio delante de los hijos. O cuando los hijos están presentes en una pelea de los padres y oyen todo tipo de adjetivos.

4.- El televisor en los dormitorios: cuando los papás dejan que el televisor esté en el cuarto de los chicos y les permiten ver cualquier programa. Este permisivismo dentro de la propia casa es un error grave. Lo mismo se podría decir de la computadora con internet en el dormitorio o en lugares donde un hijo pueda estar solo.

5.- Tomar la iniciativa para sobornar o pagar coimas: a un policía para no pagar una papeleta, para obtener los resultados de un examen, o para sacar un producto de la aduana.

6.- Vestir indecentemente: con la ropa bien ceñida, de una manera provocativa, con ropa demasiado ligera o de un modo bastante frívolo. No vivir el pudor delante de los hijos y no enseñarles a ellos a vivirlo (a la hora del baño o del cambio de ropa).

7.-  No ser moderados en la comida: ser demasiado comelones o muy golosos, no cuidar la templanza al ingerir los alimentos.

8.-  No ser sobrios en la bebida: es degradante un papá que llegue borracho a su casa y maltrate a su esposa y a sus hijos. Estas situaciones pueden ser sumamente graves y bajan totalmente el nivel de delicadeza y finura que debe haber en un hogar.

9.-  Ser demasiado liberales y permisivos con los hijos: los papás, que por llevarse bien con el hijo, le permiten todo y no lo corrigen a su debido tiempo y el chico se acostumbra a salir cuando quiere y a llegar a cualquier hora.

10.- Darles plata y hacerles regalos a los hijos: se equivocan los padres que le dan todo a sus hijos. A los hijos hay que tenerlos siempre ajustados de dinero y formarlos para que ellos hagan méritos y se ganen las cosas. El engreimiento es siempre contraproducente y nada formativo.

11.- Ser demasiado rígidos y severos con los hijos: los padres deben ser amigos de los hijos y ganarse la confianza de ellos. La responsabilidad se forma con la confianza no con los controles y prohibiciones.

13.-  Criticar y hablar mal de la gente de un modo habitual: los padres deben ser muy cuidadosos a la hora de hablar de los demás para no sembrar en los hijos sospechas, resentimientos, o un afán de venganza. Al contrario los hijos deben ver que los padres se esfuerzan en hablar bien de todos y que tienen mucha comprensión con todas las personas.

14. Hablar mal de las autoridades civiles o religiosas: los chicos aprenden del buen concepto que tienen los padres de las distintas autoridades: del gobierno, de la Iglesia, del colegio, etc. Los niños en el hogar deben aprender a querer a sus autoridades.

15.- Tener en casa libros o revistas de un contenido moral dudoso: sin que los padres se den cuenta los chicos pueden estar leyendo algo que les hace mucho daño. La casa debe tener una buena biblioteca con libros sanos y de alto contenido moral.

16.- Permitir que sus hijos menores vayan de viaje o de campamento solos con sus enamorados: los padres deben ser muy cuidadosos para darse cuenta de cómo es la conducta de sus hijos cuando están con sus amistades, qué amigos tienen y qué ambientes frecuentan. Por ningún motivo deben dejar que chicos y chicas menores duerman solos en una casa.

17.-  Ser demasiado altaneros y dictatoriales en casa: Un papá severo que impone una disciplina militar en casa, creando ambientes de tensión y generando miedo en los hijos.

18.- No respetar la libre decisión que los hijos toman con respecto a su camino: los hijos tienen libertad para seguir la carrera que quieran, para casarse con la chica o chico que ellos escojan o para entregar su vida a Dios sirviendo a la Iglesia. Los padres deben respetar y apoyar las decisiones libres de los hijos, sin poner obstáculos para que se realicen. Todo se puede aconsejar de acuerdo a los criterios de bien o de mal pero con mucho respeto y finura, sin poner malas caras o tomar actitudes de disgusto que alejarían a los hijos de sus propios padres.

*Se agregaron algunos puntos a los expuestos en la web FatherBroom.com, del sacerdote oblato Ed Broom.