jueves, 22 de diciembre de 2016

IMPREVISTOS Y LOCURAS DIVINAS

¿Hay locura más grande que echar a voleo el trigo dorado en la tierra para que se pudra? –Sin esa generosa locura no habría cosecha (Camino, 834).

¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ;locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón... y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor? (Camino, 790).

«Quiero decir que demos una importancia primaria y fundamental a la "espontaneidad apostólica de la persona", a su libre y responsable iniciativa, guiada por la acción del Espíritu; y no a las estructuras organizativas, mandatos, tácticas y planes impuestos desde el vértice, en sede de gobierno” (San Josemaría Escrivá).


COMENTARIO

Los planes de Dios son distintos a lo de los hombres. El hombre, en su lógica racional, cree que las cosas saldrán bien con una buena planificación y se esmera en buscar los mejores sistemas tratando de que nada falle y que todo esté previsto. Dedica tiempo en organizar reuniones, establecer parámetros, poner controles, fabricar teorías procurando ser lo más objetivo posible en atención a la realidad y a las circunstancias.

En cambio Dios, que es más inteligente y lo sabe todo, en su relación con los hombres es imprevisible y misterioso. Envía a su Hijo a la tierra sin resolver ni prever absolutamente nada, en Belén nadie se enteraba y por lo tanto nadie lo recibió, tuvo que nacer en un establo junto a los animales. A José no le dijo antes que la Virgen estaba en cinta por obra del Espíritu Santo, el Niño Jesús se “escapa” de su casa, sin pedir permiso a sus padres, para enseñar a los doctores, a Juan Bautista no le da nada para que prepare su vida pública. Las preparaciones más importantes de la historia suelen ser en el desierto donde no hay nada (de Juan Bautista y de Jesús).

Los hombres en cambio lo preparan todo con lógica humana, como sucede con todos los acontecimientos importantes de la tierra.

Dios actúa de otro modo: valora más la monedita de la viuda que los grandes dineros de los fariseos, acepta al leproso y a los grandes pecadores arrepentidos y no escucha a los que se jactan de su buena conducta, entrega a través de su madre la Virgen María los grandes mensajes para el mundo a tres niños en Fátima, escoge las piedras desechadas por los hombres como piedras principales para construir.

A pesar de ver la lógica divina el hombre sigue empecinado y terco en su sistema de organizarse y entonces a lo largo de su vida irá viendo que las cosas salen de otra manera. Recuerdo cuando San Josemaría decía que las vocaciones salen debajo de las piedras. Cuando los seres humanos, muy orondos, se esfuerzan en planificar las vocaciones que vendrían al servicio de Dios,  se llevan un “chasco” porque aparecen de los lugares más imprevistos y de los modos que nunca jamás pensamos.

El hombre quiere resolverlo todo con las matemáticas mientras Dios escribe con reglones torcidos. Además, como decía San Juan Pablo II, “el hombre que habla del hombre sin Dios se va contra el hombre” Sin Dios no quiere decir sin fe, sino el hecho de no conocer los planes de Dios, que son distintos a los planes de los hombres.

Si consideramos las cosas a la luz de la fe, teniendo en cuenta estas realidades, entenderemos mejor la vida de los santos. Cada uno de ellos tiene su personalidad, no se parecen nada y tienen sus “chifladuras”, suelen romper esquemas, hacen locuras y por eso son incomprendidos, con abundantes críticas de los demás, incluso de los que están más cerca.  (P. Manuel Tamayo)



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