lunes, 30 de octubre de 2017

EL HALLOWEEN Y TODOS LOS SANTOS

La Solemnidad de todos los Santos es el 1 de noviembre y en la Iglesia se empieza a celebrar desde la noche anterior. Por ello la noche del 31 de octubre, en el inglés antiguo, era llamada “All hallow’s eve” (víspera de todos los santos). Más adelante esta palabra se abrevió a “Halloween”. A través del arribo de algunos irlandeses a Estados Unidos, se introdujo en este país el Halloween, que llegó a ser parte del folklore popular del país norteamericano. 

En los primeros siglos del cristianismo latino, la fiesta de Todos los Santos se celebraba en la luminosa primavera, en mayo, después de la Resurrección de Cristo, y buscaba conmemorar a todos los mártires sin una fecha propia. En el año 835 la Iglesia Occidental empezó a trasladar al 1 de noviembre la fiesta de Todos los Santos. La de Fieles Difuntos colocada en el 2 de noviembre fue potenciada por San Odilón, abad de Cluny, hacia el año 998. Se trataba, en cualquier caso, de cristianizar el trato de los fieles con los difuntos, recordando que sólo Cristo es Señor de vivos y muertos, vencedor de la Muerte y Camino, Verdad y Vida.
“En sí misma, la celebración del halloween tal como era hace cien años, doscientos años, no tenía nada de malo, y mucho menos en una sociedad tan cristiana como era la norteamericana; hace 50 años se reducía a disfrazarse y a visitar las casas, nada más. En esa época los disfraces eran muy inocentes y bondadosos. Uno se disfrazaba de zanahoria, otro de sheriff, otro de bombero, no había nada de malo”. (P.José Antonio Fortea)
“Hace ya unos decenios, esta fiesta empezó poco a poco a tomar unos aspectos más relativos a la brujería, a cosa de tipo escabroso, y los disfraces ya no eran disfraces inocentes –uno de piloto y otro de médico–, sino que cada vez eran disfraces más sangrientos, que tenían que ver con lo gore o con la brujería”. El gore es un género de cine que abunda en imágenes sangrientas y el sufrimiento físico extremo. Entonces sí que ha habido una evolución de esta fiesta que ha sido muy negativa” (P. José Antonio Fortea)

COMENTARIO
Está claro que los niños ponen más atención al día del Halloween que al día de todos los santos, como a nosotros en otras épocas nos llamaba más la atención las fiestas del carnaval que la semana santa. Se trata de fechas contínuas que indican cosas distintas. En las vísperas la diversión y al día siguiente la devoción. Es casi como comparar el último día de vacaciones con el primer día de clases o de trabajo: Aprovechemos bien el último día de descanso y diversión porque mañana nos tenemos que levantarnos temprano para ir a trabajar.
Esta comparación, muy humana por cierto, no constituye un problema. Al niño que se divierte jugando hay que decirle que el juego debe parar porque ha llegado la hora de estudiar, le guste o no le guste.
Con respecto al Halloween y el día de todos los santos, el que se diviertan mucho en la víspera, no tiene porqué estar reñido con el culto que le deberían dar a la fiesta de guardar al día siguiente.
Lo que preocupa del Halloween es que se aproveche ese día de diversión infantil (que ahora también es juvenil y de adultos), para dañar la formación cristiana y moral con disfraces inapropiados que se venden en la mayoría de las tiendas como las famosas "diablesa sexy", "bruja sexy", "vampiresa sexy"... o disfraces asexuados con ribetes de homosexualidad que se están poniendo de moda en todo el mundo, por campañas organizadas, aprovechando estas fiestas, por quienes quieren a toda costa acabar con la Iglesia y con la religión. 

Además el día del Halloween no es solo el de los disfraces de los niños, se organizan muchas fiestas para adultos con símbolos esotéricos donde se simula un culto al diablo. Es un día especialmente importante para los grupos satánicos y los que se dedican a la brujería, tal como aparecen en los medios y en las redes. Lógicamente en ese día se le da una motivación más al hedonismo y a la hora loca, que permite como normal, con el furor de la fiesta, cualquier desviación, que en otras circunstancias sería seriamente reprobable.
En los ambientes en torno a la Iglesia católica están surgiendo muchas iniciativas para enderezar estas desviaciones que podrían afectar seriamente especialmente a los niños y a los jóvenes que son más vulnerables.
Muchas parroquias y colegios en el mundo entero están celebrando actividades de "Holywins" ("lo santo gana", en inglés) desde hace años, y funciona muy bien. Estas celebraciones no pretenden ser un ‘contra Halloween’. Es más bien un modo para que los niños católicos y los jóvenes, puedan celebrar esta fiesta con el sentido que debe tener. Se les ofrece ideas de disfraces, cárteles para la fiesta, vídeos, catequesis preparadas y adaptadas sobre distintos santos, juegos, cantos e incluso un programa de actividades.

Hoy se hace urgente tener muchas iniciativas para ayudar a los niños y jóvenes en su formación doctrinal que tanta falta les hace para tener una vida coherente, libre y llena de alegría. (P. Manuel Tamayo)

jueves, 26 de octubre de 2017

LOS CAMBIOS Y LAS COSTUMBRES
Costumbre es un hábito o tendencia adquirida por la práctica frecuente de un acto. Las costumbres también son formas de comportamiento particular que asume toda una comunidad que se distingue de otras comunidades.
Por costumbre en el lenguaje ordinario se entiende usualmente, moda, estilo, forma de vida, posesiones físicas, disposiciones, rutinas, usos sociales, incluso manías, etc.,
Igualmente pueden estar fuertemente arraigadas las malas costumbres, que no son otra cosa que la naturaleza caída, y que se manifiesta por ejemplo, en la gran dificultad para dejar el chat o los juegos en los aparatos electrónicos, o en el vicio de beber licor o comer en exceso, ser desordenado, no estudiar, no levantarse a la hora correcta, etc. Igualmente existen las costumbres indiferentes, como tomar un cierto tipo de postre, o usar un perfume determinado, etc.

COMENTARIO
En estos tiempos se hace cada vez más urgente que las personas cambien algunos modos y estilos de vida arraigados (algunas costumbres), cuando ya han perdido su sentido inicial y su uso. No cambiarlas significaría caer en la originalidad o rareza con respecto a los demás, o estar realizando actividades de un modo automático con una “lealtad” exagerada y rígida a un pasado, que ya no volverá porque los tiempos han cambiado.

Para poder ser personas comunicativas y tener una buena relación con los demás se requiere conocer muy bien la realidad mirando sus aspectos positivos y señalando con optimismo y esperanza los caminos que se pueden seguir.

El pesimismo o desaliento, por las propuestas o modos nuevos, pueden reflejar una desazón amarga frente a las personas o a los acontecimientos y además podrían esconder una cuota, a veces grande, de amor propio y terquedad. Santo Tomás de Aquino decía que “la soberbia es la pasión más mala por la cual creemos que nosotros estamos en la verdad y los demás están equivocados”

El clásico y antiguo refrán “es de sabios rectificar” debería tener una gran vigencia en los tiempos actuales. Muchas cosas se quedan paralizadas por mentalidades ancladas en sistemas obsoletos o creencias caseras de experiencias de antaño, que no se quieren abandonar porque se consideran imprescindibles.  En algunos casos fomentan la regresión y en poblaciones de escaso nivel cultural, esa cerrazón de conservar ciertas costumbres, suele estar cargada de supersticiones.

Las personas que persiste en no cambiar y se aferran a los sistemas o costumbres que le dan un sentimiento seguridad, irán viendo con pavor que con el tiempo se van quedando sin piso y sin respaldo. Para defenderse procurarán controlar todo y centrarán su esfuerzo para que los otros o la sociedad cambien, sin darse cuenta que el cambio lo tiene que dar ellos primero. 

La decisión de cambiar surge de un amor ordenado: comprensión por las personas, valoración de las diferencias que hay entre unos y otros, y tener en cuenta las circunstancias actuales. Este conocimiento de la realidad hace que la persona sea comunicativa y abierta. Es entonces cuando inspira confianza y los demás, al sentirse comprendidos, estarán muy contentos de tener cerca y escuchar a esas personas.

Existen muchas costumbres buenas que no deberían perderse y que no dependen de los cambios de las distintas épocas: la costumbre de rezar, de ir a Misa con frecuencia, de estar a determinadas horas en casa, de estudiar, de salir a pasear, de ser amable con las personas, etc. El pasado trae costumbres que se deben continuar porque encierran valores que son para todas las personas: Acostumbrase a ceder el paso, acostarte temprano, llegar puntual,  no dejar para mañana lo que  se puede hacer hoy, a lavarse los dientes,,,,  Basta una conciencia bien formada y el sentido común para acertar en lo que debe permanecer y en lo que debe cambiar. (P. Manuel Tamayo)


jueves, 19 de octubre de 2017

EL ODIO AL ODIO, POR EL AMOR A LAS PERSONAS

“…borra con tu vida de apóstol la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio…(San Josemaría, “Camino” n. 1).

“La violencia y el odio son un fracaso” (Papa Benedicto XVI).

“La esperanza nos lleva a creer con firmeza que la muerte y el odio no tienen la última palabra sobre la vida humana.” (Papa Francisco).

“El amor sonríe, el odio gruñe; el amor atrae, el odio rechaza; el amor confía, el odio sospecha; el amor enternece, el odio enardece; el amor canta, el odio espanta; el amor tranquiliza, el odio altera; el amor guarda silencio, el odio vocifera; el amor edifica, el odio destruye; el amor siembra, el odio arranca; el amor espera, el odio desespera; el amor consuela, el odio exaspera; el amor suaviza, el odio irrita; el amor aclara, el odio confunde; el amor perdona, el odio intriga; el amor vivifica, el odio mata; el amor es dulce; el odio es amargo; el amor es pacífico; el odio es explosivo; el amor es veraz, el odio es mentiroso; el amor es luminoso, el odio es tenebroso; el amor es humilde, el odio es altanero; el amor es sumiso, el odio es jactancioso; el amor es manso, el odio es belicoso; el amor es espiritual, el odio es carnal. El amor es sublime, el odio es triste.  (Mauricio Fornos).


COMENTARIO

El odio es una desviación y la indiferencia una ausencia. Cada persona es responsable del orden que debe tener en su propio corazón. El corazón debe amar cada día más. La ausencia y la desviación del amor destruyen la felicidad de la persona y entorpece sus relaciones humanas.

El amor ordenado es una “esclavitud” que alegra la vida y da libertad. El amor desordenado, o la ausencia de amor,  es una esclavitud que entristece la vida y empobrece a la persona.

El que es odiado es maltratado por la conducta impropia del que lo odia y su reacción será de acuerdo al grado de amor que posea. Si tiene mucho amor sabrá querer al que lo odia, sin aceptar el odio que recibe, no porque lo está hiriendo, sino por la malicia del que está odiando. Le duele ver la conducta desarreglada del que ofende con el odio. Si su amor es pequeño, el odio que recibe lo puede vapulear y hacerlo trastabillar, además podría quedarle un resentimiento con algunas dosis de odio y deseos de venganza.

Odiar el odio no es propiamente odio, porque no está dirigido a la persona sino a ese sentimiento desviado que enciende el apetito irascible, para rechazar y maldecir a una persona.

El que sabe amar desea que nadie tenga ese sentimiento de indignación que condena, sin que quepa la posibilidad de perdonar. La negación del perdón es una gran esclavitud que denigra totalmente al que está indignado cuando responde con odio. El que odia y no perdona, aunque haya tenido méritos y reconocimientos por sus buenas y exitosas obras, comete un grave error que le puede impedir la felicidad. Los logros de una persona no borran sus pecados.

Pedir perdón es un acto de personas valiosas que reconocen sus errores y quieren rectificar. Perdonar es un acto de personas doblemente valiosas, que saben reconocer en los demás la capacidad para un arrepentimiento junto a la potencialidad de cambiar. El perdón es también una oportunidad para que el que cometió la falta se convierta, cambie y mejore.

La condena en cambio es una negación al perdón y a las oportunidades de rectificar que podría tener el perdonado.

Si el infractor no quiere arrepentirse, se condena solo con el peso de su culpa y las consecuencias de su terquedad al mantenerse en el error. Al que sabe amar le duele mucho la falta de arrepentimiento del que no quiere pedir perdón y cambiar; pero no por eso abandonará su disposición de perdonar. Indignarse y desear el mal para el infractor no arregla las cosas, es peor para todos.

El hombre que condena, justificando su juicio con las pruebas de la mala conducta del que ha delinquido, y no quiere salir de allí,  porque piensa que el que se equivocó no debe tener perdón, está dejando que el odio se apodere de él y terminará entorpeciendo sus relaciones humanas; es fácil que viva metido en turbulencias existenciales y no encuentre la enorme alegría que se tiene al perdonar a los demás.

Es penoso cuando alguien, por soberbia, muestra una exacerbada terquedad para no perdonar, junto a la ceguera de no reconocer su propio odio. La ceguera del amor propio es tan grande que a su juicio podría calificar de loable la voluntad de no querer perdonar, mientras todos los demás saben perfectamente que está odiando y que vive con esa indignación atravesada que lo minimiza como persona.

En un mundo de hipocresía y de intereses políticos el que odia podría encontrar complicidad y apoyo para cometer las grandes injusticias tejidas con la falta de perdón. Hoy, al perderse el sentido cristiano de la vida, se han multiplicado estos desórdenes, dejando a muchas personas y a sus familias heridas y maltratadas. Amparándose en la “ley” no les importa atropellar a los infractores con la bofetada “moral” de un castigo sin perdón. (P. Manuel Tamayo)


jueves, 12 de octubre de 2017

LAS FIERAS DE LA INTERIORIDAD

“Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre” (Mt, 15, 19-20).


COMENTARIO

Ninguna persona puede considerarse por sí sola, libre de las fieras que lleva dentro. El ser humano necesita ser educado no solo para saber sino también para “amarrar el perro”

La falta de control es una debilidad que debe ser superada con la ayuda de educación que se recibe en casa y en el colegio. Cuando no se logró superar esa debilidad porque no se educó bien o por ausencia total de una adecuada formación, este tipo de debilidad se prolonga a las otras etapas de la vida y puede llegar a ser un problema grande para las relaciones humanas.

Si en casa no se le ha exigido al niño para que sea comprensivo y generoso, éste vivirá en su mundo egoísta, buscará que todo gire a favor suyo, protestará enérgicamente cuando no se le hace caso y no parará hasta que le alcancen lo que está pidiendo.

El niño engreído y caprichoso es tremendamente débil en sus controles y un peligro en potencia para cuando sea mayor; las “fieras” de su interioridad estarán sueltas y sin control y en cualquier momento atacarán sin piedad.

Para controlar esas “fieras” los papás deben conseguir que el niño no sea egoísta y que aprenda a vivir con espíritu de sacrificio. Además, deben lograr que el niño comparta sus cosas con sus hermanos y que consiga ayudar a los demás sin exigir una recompensa o pago.

Es necesario advertir que la interioridad de la persona necesita de la gracia de Dios, que es la que lo purifica del pecado y lo eleva a un estado superior, para que pueda tratar con finura y delicadeza al mismo Dios y a los demás seres humanos.  Sin esa ayuda el hombre está “condenado” a vivir con la esclavitud de sus propias “fieras” internas. Algunos le suelen llamar: “mis demonios internos”

Jesucristo instituyó el sacramento del perdón para ayudar al hombre en la lucha contra esas “fieras” que no lo dejan en paz y que perjudican su existencia.


El mundo está como está porque se ha perdido el sentido del pecado que es perder también el sentido sobrenatural de la vida. Con el sentido sobrenatural se tiene la certeza de que solo Dios, a través de Jesucristo, es el único que puede librar al hombre de la esclavitud del pecado. Es necesaria una nueva evangelización para volver a explicar esta realidad milenaria. (P. Manuel Tamayo).

jueves, 5 de octubre de 2017

TERRENO PANTANOSO

“La inteligencia que se utilizó para un enorme desarrollo tecnológico no logra encontrar formas eficientes de gestión internacional en orden a resolver las graves dificultades ambientales y sociales….La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. La política y la economía deben estar en diálogo…La burbuja financiera es también una burbuja productiva” (Papa Francisco, “Laudato Si” n. 164,189).

“La economía ha querido ser la “prima dona” en las universidades y en las empresas…La Economía es una ciencia como cualquier otra que podría ayudar a la solución de los problemas de la humanidad. Pero ponerla en un nivel superior como si fuera la ciencia de las ciencias y creer que su estudio es esencial para resolver los problemas fundamentales del hombre, es una exageración y un error…Son las preferencias económicas las que han desviado la mente del hombre que ha sido motivado por el poder del dinero y la codicia y no por otros valores más profundos y elementales, y son las que han llevado a muchas personas y familias enteras al fracaso…La educación también enseña que la codicia o el deseo desordenado de riquezas es una de las causas principales de los desarreglos de la personalidad (angustias, depresiones, suicidios) y un modo equivocado de conducirse por la vida” (P. Manuel Tamayo “La presencia de Dios en la lucha contra la corrupción”, Infobrax, Lima 2010, pp. 91-92).


COMENTARIO

Muchas construcciones se vienen abajo porque no se pensó en los cimientos. El mundo de hoy, lleno de propaganda y de ambiciones banales, no nos deja profundizar. Con muchos sucede lo que está escrito en las Sagradas Escrituras: “empezó a edificar y no pudo terminar” El hacer las cosas del momento sin proyecciones a futuro y tomar decisiones por lo que está de moda o por lo que parece más emblemático a los ojos humanos (folletería, edificios marketing) es una falta de madurez y en muchos casos una falta de sensatez.

La codicia que generó el mundo económico que respondía a la filosofía del tener llevó a los países del primer mundo a unas graves crisis económicas que afectó la vida de los que estaban en el mundillo de las competencias económicas.

La falta de formación en valores y el exceso de pragmatismo minimizaron los contenidos doctrinales en las disciplinas económicas, ya no importaba el ser, lo importante era tener, y tener más a toda costa, como si eso fuera un fin para obtener el desarrollo y progreso de las personas.

La historia se repite. Muchos negocios continúan su andadura como de costumbre, no conocen otro modo de proceder. Quienes están metidos en ese mundo no han recibido clases de deontología profesional y no son capaces de acertar con el camino correcto.

El Papa Francisco en la “Laudato si” ha hecho las advertencias oportunas para estos tiempos de relativismo que nos han tocado vivir, y pone el dedo en la llaga de muchas situaciones irregulares que existen en el mundo laboral, cuando las personas buscan como prioridad ganancias a toda cosa,  y se ciegan para servir y atender las necesidades graves que claman al cielo y deberían tener prioridad.

Se puede afirmar perfectamente, sin temor a equivocarse, que la jerarquía de valores de las grandes mayorías, (y las excepciones son muy pocas), está totalmente trastocada. No se está apuntando bien, de allí los resultados melifluos o catastróficos en las vidas de las personas y en el progreso de las ciudades.


Urge poner la lupa y fijarse bien antes de participar en el consenso de una sociedad que va a la deriva con planteamientos ilusos poniendo antes el tener que el ser. Sobre todo urge advertir a los más jóvenes, que no tienen experiencia de la vida, y podrían ser presa fácil de ideologías y propagandas atractivas, que ofrecen el oro y el moro y luego resultan dar gato por liebre. En todos los planteamientos humanos (de estudio o de trabajo), lo que más cuenta es la calidad e idoneidad de las personas. (P. Manuel Tamayo)