martes, 24 de enero de 2017

LOS “DEFECTOS” DE JESÚS

El Cardenal Van Thuan dirige una tanda de Ejercicios Espirituales de Cuaresma ante el papa  Juan Pablo II y, en la segunda meditación, asombra a toda la Curia Romana con una confesión que, en principio, hasta suena a herejía: «Lo he abandonado todo para seguir a Jesús, porque amo los defectos de Jesús».

Enseguida hará una lista maravillosa de los «defectos» de Jesús:

·        Jesús no tiene buena memoria, olvida todos los pecados de los hombres.
·        Jesús no sabe matemáticas, si hubiera hecho un examen de matemáticas, lo habrían jalado, como demuestra la parábola de la oveja perdida: para Jesús uno equivale a noventa y nueve, y quizá más…
·        Jesús no sabe de lógica, el corazón tiene razones que la razón no conoce es la extraña lógica de su corazón.
·        Jesús es un aventurero, su propaganda está destinada al fracaso…Promete a quien le sigue procesos y persecuciones: «Si a Mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes»; su verdadero «autorretrato», las Bienaventuranzas, es, de principio a fin, una pura paradoja: bienaventurados los que lloran, los perseguidos…
·        Jesús no entiende de finanzas ni de economía: paga igual a los jornaleros de primera hora que a los de última hora; ¿no habrá hecho bien las cuentas? ¿Es un despiste, o lo hace a propósito?

Concluye el Cardenal Van Thuan interpelando: «Pero preguntémonos: ¿por qué tiene Jesús estos defectos? Porque es Amor y el amor no razona, no mide, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones. Y termina la meditación con otra pregunta fabulosa e inquietante: ¿cómo es posible que esa fuente de esperanza mane eternamente, eternamente joven, fresca, viva?». (Miguel Ángel Velasco, “La luz brilla en las tinieblas”, pp 42).


COMENTARIO

Aunque el hombre sabe que la lógica divina es totalmente distinta a la humana, muchas veces insiste tercamente en ponerle condicionamientos humanos a lo que es divino y termina reduciéndolo todo y hasta anulándolo, porque no lo entiende, o porque le dan miedo los planes de Dios (no reconoce que son de Dios, no quiere aceptar).

A Pedro le dio miedo caminar sobre las aguas y se hundió. El Señor le dijo: “hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”

Es penoso cuando un miembro de la Iglesia pierde la visión sobrenatural y empieza a ponerle techo y muro a todo lo que es de Dios. Se vuelve duro, severo y exigente con reglas, controles, cálculos, razonadas….como si las cosas se arreglaran con esos procedimientos.

Es bueno tener en cuenta que Dios escribe con reglones torcidos y que las piedras desechadas por los arquitectos Dios las utiliza como cimiento seguro para sus construcciones, como usó de los pocos peces y panes que tenía un chiquillo para dar de comer a una multitud.

Pio IX no hubiera llegado a Papa, ni a Obispo y ni siquiera a sacerdote, si sus formadores tienen en cuenta la epilepsia que padecía y de la que nunca se curó. San Juan María de Vianney, el cura de Ars, no hubiera llegado al sacerdocio si sus formadores tienen en cuenta las malas notas que tenía en sus estudios.

¿Es que hay que aceptar a cualquiera? No; hay que tener vida interior para estar en sintonía con el querer de Dios y no cometer el error de enmendarle la plana al Señor con razonamientos humanos y de escasa fe.

El afán de seguridad que quiere ponerle el hombre a sus asuntos choca con la “lógica” divina que desde el punto de vista humano parecen locuras, o faltas graves de prudencia.

Cuando se trata de poner orden no hay que ir a los controles o sistemas que dejen fuera de juego a las personas. Lo que está faltando la santidad de las personas, un nivel de vida interior capaz de poner el orden, que procede del amor y que no deja heridos en el camino. Es una conducta donde el horario es el pluriempleo que no puede ponerse en los papeles y mucho menos dentro de los parámetros de unos controles. Es como decía el Beato Álvaro de Portillo, “como un río que se sale de madre” (P. Manuel Tamayo).


jueves, 19 de enero de 2017

LA CRISIS ECONÓMICA DE UNA PERSONA BUENA Y GENEROSA

 “Las cosas materiales se quedan aquí cuando muramos pero las acciones que realicemos perdurarán en los corazones de las personas que nos han conocido y a quienes hemos ayudado y entregado nuestro afecto y nuestro amor. Una persona que tiene dignidad nunca está sola le acompañan unos valores y sus obras de bien”. (Celso)

El alma generosa será prosperada, y el que riega será también regado” (Proverbios 11,25).

“La persona generosa no pretende una recompensa por su accionar, sino que hace lo que cree correcto y justo. La lógica de su pensamiento señala que, si todos los seres humanos fueran generosos y donarían parte de sus recursos materiales o abstractos, el mundo sería un lugar mejor”. (Dic. generosidad).


COMENTARIO

En este mundo tan complicado se hace muy difícil juzgar las intenciones de las personas en la adquisición de sus bienes, en los pagos o cobros que hacen de modo habitual, o en lo que donan gratuitamente.

Hay gente buenísima que vive del esfuerzo de su trabajo y saca adelante muchas cosas con un maravilloso espíritu de sacrificio y desprendimiento. No son pocas las personas generosas que están dispuestas a colaborar con obras de bien que ayudan a los demás a salir de los problemas y de las dificultades que aparecen en la vida.

En cambio, en este mundo, complicado y enredado, existen también otras personas que no se han esforzado en salir adelante y terminan viviendo del trabajo de los demás.  Son los que buscan medrar para sacar un beneficio personal, mirando a los demás solo como posibles fuentes de influencia.

Estas personas se encuentran mezcladas con las anteriores en los distintos ambientes sociales. En una primera instancia es muy difícil distinguir los “buenos” de los “malos”; pero, cuando pasa el tiempo, se va descubriendo cómo es cada persona, si se ha esforzado para conseguir sus propios recursos, o si abandonó la lucha para quedarse en una situación de mediocridad, con grandes carencias y deficiencias.

¡Qué difícil resulta juzgar!, mejor es no hacerlo. Además no se puede mirar a todos con la misma óptica.

La falta de solvencia de una persona puede deberse a distintos motivos. No toda carencia es censurable, al contrario muchas situaciones de indigencia invitan a la misericordia y a la correspondiente solidaridad, para apoyar a esa persona, buscando con ella la solución más adecuada.
Las medidas, por muy justas que sean, no se pueden tomar con los ojos cerrados.  Toda persona tiene el deber moral de estudiar bien cada caso para ver las diferencias y circunstancias que originaron esa situación de insolvencia o de crisis económica.

Está claro que la persona que no se porta bien, o no hace los méritos convenientes, tiene más culpa que el que cayó en desgracia por un accidente o porque fue víctima de una estafa o de un asalto sorpresivo.

Si hay que decidir sobre ayudar o “castigar” a una persona por su falta de solvencia económica es necesario constatar primero de quién se trata, cómo es la persona, cómo ha sido su conducta, qué es lo que ocurrió, qué es lo que ha buscado siempre y qué es lo que está buscando ahora.

Con las crisis económicas, que han azotado el mundo, muchos se han visto perjudicados y han perdido sus trabajos y sus bienes. También existen muchos justos que pagaron por pecadores.

Es penoso ver caer a personas buenas, que fueron generosas y solidarias con su dinero, que supieron ayudar poniendo el hombro para sacar adelante obras de bien para ayudar al prójimo.

Y lo más penoso es cuando estas personas, que siempre fueron buenas y generosas, no encuentran en los demás la generosidad que ellos tuvieron. Antes ayudaron con su dinero a muchas obras de bien y ahora, que han caído en desgracia, nadie se acuerda de ellos. No encuentran a ninguno que se acerque para darles la mano y ayudarlos a salir de esa situación de carestía que ahora padecen.

Casos como este se han multiplicado en todo el mundo. Los libros de ética deben añadir un capítulo para tratar este tema.

El alejamiento de Dios por parte de las personas las insensibiliza con respecto a la suerte de los demás y sin ser muy conscientes, corren el peligro de tomar medidas drásticas defendiendo leyes o procedimientos establecidos, que se aplican a todos por igual, con el convencimiento de que están actuando con justicia, o como se dice siempre: conforme a ley.

Se hace urgente, hoy más que nunca, iluminar las conciencias con la luz de la verdad y la caridad. Nadie tiene derecho a “lavarse las manos” y dejar que “cada palo aguante su vela” y mucho menos tratándose de personas cercanas.

La ética nos exige saber acompañar y no abandonar. No se puede cerrar los ojos y seguir para adelante.

Los pagos y la exigencia de los pagos y las ayudas que se den, deberían pasar siempre por el filtro de la ética para que la conciencia encuentre la medida correcta y no se cometan injusticias, que parecen medidas justas, y se apunte más a la solidaridad con las personas que pasan por esas situaciones difíciles. (P. Manuel Tamayo).


viernes, 13 de enero de 2017

CORRUPCIÓN DENTRO DEL TRÁFICO
  
“Si eres de los que se enojan conduciendo y te has visto involucrado en algún incidente indeseado, debes saber que esa furia puede afectar tu salud, mental y física y causarte graves accidentes. El enojo te puede asustar, desestabilizar y parecer inevitable pero puedes aprender a controlarlo. Descubre cómo.

La ira se define como un estado emocional que varía en intensidad y puede ir desde una leve irritación hasta llegar a la furia y la rabia intensa, y suele involucrar también cambios fisiológicos y biológicos. 
La teoría del manejo de la ira se basa en los conceptos de comportamiento cognitivo y se desarrolló a principios de los 70. Desde entonces, la técnica de control del enojo, se fue desarrollando con el tiempo. Cuando una persona se enoja, su ritmo cardíaco y la presión arterial aumentan, al igual que cambian los niveles de sus hormonas de energía, adrenalina y noradrenalina.  (Verónica Wolman)

COMENTARIO

El automovilista que conduce un carro en las calles de Lima o de Chiclayo puede convertirse en una verdadera fiera mientras está manejando y quiere no llegar tarde a su trabajo o a los compromisos que tiene.

El ambiente generado por el caos y la informalidad que produce los embotellamientos crea conductas agresivas y enfrenta habitualmente a las personas. Los choferes que trabajan en las pistas se convierten en avezados agresores con una prepotencia y falta de respeto que no tiene límites. Con esas conductas cargadas de agresividad se borraron del mapa las normas de cortesía y de buen trato con las personas que van en las otras movilidades, o con los peatones.

En las calles existe hoy la ley de la selva,  donde gana el más fuerte y atrevido, que procura entrar por donde puede y saltarse cualquier regla, siempre y cuando no lo mire el policía y en otros casos, aunque el policía esté presente, porque donde todo vale por el desorden, es inútil que haya una persona uniformada tocando pito y moviendo los brazos insistentemente. Los policías de tráfico están en una condición de “cumplo” y “miento”

Si uno sale en su carro con buen humor para iniciar bien la jornada del día, en la primera esquina puede recibir un bocinazo de un conductor agresivo que va con prisa y lo apura. Si somos lentos para cruzar una calle es muy probable que nos insulten y nos metan el carro con furia.  Un micro que quiere coger pasajeros donde sea puede cruzar por delante y detenerse sin más impidiendo la circulación, a él no le importa nada. Y después se lanza a la carrera, a toda velocidad compitiendo con otros para coger pasajeros, y nadie les dice nada, se convierten en los dueños de la pista. Un peatón puede parar un taxi en medio de una avenida con tráfico y quedarse negociando con el taxista mientras una cola de carros está esperando. Es lo que vemos todos los días y lo seguiremos viendo hasta que alguien con valentía termine con estas situaciones de tensión que rompen y tiran por los suelos las buenas costumbres que deben tener las personas.

Estas conductas motivadas por el tráfico hacen agresivas a las personas y crean hábitos negativos con un pesimismo generalizado para todos los desplazamientos que se quieran hacer. La gente se lo piensa mucho antes de salir para no verse encerrado en una “cárcel” donde el cargamontón es constante.

Estas vivencias generan en las personas buenas y bien educadas una especie de doble vida: la agresividad en las pistas, y la paz en los otros ámbitos. Sienten el desagrado de tener unas reacciones que no quisieran y que no pueden de salir de ellas.

En cambio en las grandes mayorías aumenta la chabacanería, el maltrato, la informalidad, la falta de nivel y categoría humana de las personas. Se generan conductas desagradables y antiestéticas que pintan una sociedad vulgar, sucia y atrasada en los aspectos humanos.  Y es peor cuando los que están metidos en estos mundos no se dan cuenta de las grandes limitaciones que padecen.


Es urgente el cambio de estas situaciones si queremos progresar de verdad en educación y cultura, para tener un país competitivo y seguro. (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 4 de enero de 2017

EMPEZAR Y TERMINAR

“La vida cristiana es un constante comenzar y recomenzar, un renovarse cada día”.
(San Josemaría Escrivá, “Es Cristo que pasa”, 114).

“¿Por qué esas variaciones de carácter?  ¿Cuándo fijarás tu voluntad en algo? 
Deja tu afición a las primeras piedras y pon la última en uno solo de tus proyectos”.
(San Josemaría, Camino n. 42).

“La felicidad última del hombre no se encuentra en el placer, ni en los bienes exteriores como la riqueza, el poder y los bienes de fortuna; ni en los del cuerpo como la salud, la hermosura y la fortaleza; ni en los bienes del alma. En efecto, solo resta decir que la felicidad del hombre se encuentra en la contemplación de la verdad, una cualidad propia y exclusiva del hombre a la que ningún animal es capaz de llegar” (Santo Tomás de Aquino).

COMENTARIO
Empieza bien el que sabe terminar. Cuando se empieza algo hay que mirar la meta a la que se apunta y los medios al alcance para poder llegar con éxito. No todo se puede asegurar en la vida, no sabemos qué es lo que puede pasar después, surgen imponderables y circunstancias que no podíamos imaginarnos. La vida está llena de sorpresas; sin embargo, en medio de estas incertidumbres descubrimos metas que parecen inalcanzables, pero que luego, con el esfuerzo y la ayuda de un prójimo bueno y talentoso, se consiguen.

La vida es un reto para cada ser humano. Es muy bueno soñar con altos ideales e ir ordenando esos sueños con el sentido común y sobrenatural, para que siempre estén dirigidos al fin que tiene la persona. No hemos nacido por gusto ni por casualidad, ninguna persona está a la deriva, todos tienen un papel y una misión concreta que cumplir en la vida, que no procede de la propia voluntad, sino de una voluntad y un querer ajeno.

Todos estamos de acuerdo en que la educación es lo más importante para que las personas sean felices y acierten en la vida.

La educación procede de una voluntad y de un querer ajeno a la propia voluntad y al propio querer, es más, en cada persona hay una suerte de rechazo a la educación por ser algo que viene de fuera y parece que el que la exige la quiere imponer.

Los chicos procuran escaparse de las reglas de disciplina y de los ambientes donde existe una exigencia formativa. Incluso llegan a creer que se les está obligando a querer a la fuerza.

La realidad de estos rechazos es una prueba clara y evidente de la desviación natural de la naturaleza humana, (estamos hablando de antropología y no de religión). Es por eso que a los educadores les cuesta formar, tienen que luchar contra esa tendencia desordenada de los educandos.

Cuando cada persona descubre, con la inteligencia, esa realidad, entiende que debe ordenar sus sueños y sus metas a las directrices de un querer superior que está dirigido hacia su propia libertad y felicidad.  La libertad no la tiene la persona que hace lo que le da la gana sino la persona que hace lo que debe hacer. Este deber hacer apunta a la voluntad del que lo quiere más y busca lo mejor para él.
La persona es libre cuando apunta bien a su fin último, que debe ser siempre el primero en la intención. Ese es el orden que hace feliz al hombre.

El hombre debe empezar buscando a Dios y debe terminar mirándolo, para quedarse allí, con Él, toda la eternidad, (P. Manuel Tamayo).