miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL INFLUJO DE LUTERO

El pensamiento y la conducta de Lutero influyeron en las ideologías liberales que se iniciaron el s. XVI y continúan en la actualidad. No pocos católicos, sin ser demasiado conscientes, piensan y actúan con los parámetros de una concepción antropológica del hombre cercana a ideologías que pregonan conceptos de “igualdad” con libertad absoluta y rechazo a todo lo que huela a sometimiento.

Recordamos brevemente algunos puntos que proceden del pensamiento de Lutero y que tienen un influjo en nuestros días:

1.      La justificación por la sola fe: Un a la acción salvífica de Dios y un no a toda idea de cooperación humana con la gracia de Dios. El sí a Dios es un No a las obras del hombre.

2.      La libre interpretación de la Sagrada Escritura: Cada persona puede interpretar libremente la Sagrada Escritura. No hace falta mediación de ninguna iglesia, tampoco la expresión de la fe en dogmas. Se niega la Tradición y el Magisterio de la Iglesia como fuentes para la fe.

3.      Corrupción del hombre: El pecado de origen ha producido una total corrupción de la naturaleza humana. El pecado permanece en el pecador, aún después de la intervención de Dios; pero es un pecador agraciado que puede salvarse por la intervención divina. La naturaleza humana es insanable.

4.      Cristo es el único mediador: Se excluye cualquier otra mediación aunque sea derivada o asociada. No se acepta la mediación de la Virgen y de los santos, son sólo seres ejemplares, no se les debe dar culto y menos a las imágenes, ya que sería idolatría.

5.      La Iglesia es solo una comunidad: donde se predica la palabra. Todos los miembros son iguales, poseen en igual medida el sacerdocio. Hay algunos pastores porque todos no tienen tiempo. La autoridad es la palabra misma.
6.      Sacramento: es un fenómeno que acompaña a la palabra. Solo se reconoce el Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía. Lutero negaba la doctrina de la transubstanciación y la presencia sacramental de Cristo. Decía que la presencia real solo se daba durante la celebración eucarística.

7.      Subjetivismo: Lo importante no es lo que Dios es en sí mismo, sino lo que es para mi. No importa el mundo en sí sino el mundo para mi (antropocentrismo). (Vid: Manuel Tamayo, “Influjo de la mentalidad del protestantismo en la vida y en las costumbres actuales” pp 12-15).


COMENTARIO

Del influjo del liberalismo creciente surge la actitud crítica, con algunas dosis indignación y rebeldía, que se percibe en algunas personas que habitualmente viven protestando y en desacuerdo. Los juicios subjetivos han subido de tono, en los últimos tiempos, con una inclinación peyorativa contra las personas y contra lo establecido. La vehemencia de los juicios facilita la inminente demanda contra el que se considera agresor. Las acusaciones y la falta de perdón han aumentado considerablemente.

Parece difícil la libre interpretación de la Sagrada Escritura cuando la naturaleza humana está corrompida.  En la Iglesia católica se nos habla de la gracia, que perfecciona la naturaleza, para que esta pueda elevarse al nivel que Dios le pide. De esa manera el hombre se encuentra en condiciones para amar a Dios y a su prójimo.

El hombre solo no puede nada. Jesucristo lo ha dicho: “sin mi nada pueden hacer” y Jesucristo llama a los hombres para salvar a los hombres y por eso instituye el sacramento del orden dándole poder a los apóstoles para perdonar los pecados en su nombre.

Jesucristo se convierte en modelo para todos los hombres “aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón”  y señala el camino “el que quiera venir detrás de mi niéguese a sí mismo tome su cruz y sígame”, el que sigue a Cristo procura ser como él.

Es muy importante que el hombre busque a Dios y lo conozca. Buscar solo un Dios “para mi” como una suerte de sanación, o como una terapia para curar los males es algo incompleto y se podría caer en un egoísmo con expresiones voluntaristas que suelen ser sentimentales y superficiales.

El Espíritu Santo, que es Dios, interviene en el hombre, cuando éste no pone obstáculos, para purificarlo y elevarlo. El ser humano con la ayuda de Dios percibe un progreso espiritual que lo une a la Iglesia y se convierte en vínculo de unión por donde vaya, “que todos sean uno como mi Padre y yo somos uno”. Es una unidad que se consigue con la virtud infusa de la caridad: “amaos los unos a los otros como yo os he amado” y que además es una ley divina para todos los hombres sin excepción y allí está precisamente la libertad.


El mundo necesita la unidad de la Iglesia, de la familia y de todos los seres humanos. Caminar en la unidad con la verdad que Dios nos ha alcanzado es una gran meta para ser felices y libres aquí en la tierra y luego poder alcanzar la felicidad total en la vida eterna.  (P. Manuel Tamayo).

jueves, 9 de noviembre de 2017

DIOS Y EL CINE

“La empresa Disney, en la línea del más pobre pensamiento políticamente correcto, arriesga en efectos especiales, pero nunca en la defensa de los valores naturales sobre los que vivimos inmersos… a propósito de la película Frozen, fueron claras las declaraciones de Robert López y Kristen Anderson, afirmando que la palabra Dios está prohibida en las películas Disney. Hollywood censura contenidos a conveniencia, a cambio de una presunta ideología poderosa y dominante: la feminista. Y eso que el señor Disney dejó escrita y bien clara su postura sobre la importancia de los valores religiosos en la sociedad y en su propia vida”. (José Luis Panero, Aleteia, 30-X.17).

“Desde los 50 a los 70, el cine español gozó en buena medida de personalidad y criterio al rodar películas, no digamos religioso, pero sí con un componente trascendente de fondo, al que no se le hacía mucho caso porque formaba parte del hogar y no molestaba.
Por poner algunos ejemplos, ahí tenemos a las películas de tono familiar, El pisito (Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry, 1959), Plácido (Luis García Berlanga, 1961) o La familia y uno más (Fernando Palacios, 1965). Las había de tono religioso como Sor Citröen (Pedro Lazaga, 1967) o Marcelino Pan y vino (Ladislao Vajda, 1954), respetuosas en su tratamiento sobre Dios o la religión.
Al tiempo, los desaparecidos intérpretes José Luis López Vázquez, Gracita Morales o Lina Morgan no ocultaban su fe. Hablaban de ella en público y se dejaban ver en actos religiosos. Tal vez lo más llamativo sea la mirada, que a mi juicio me parece más valiosa, de algunas otras figuras del cine contemporáneas como Miguel Hermoso (Como un relámpago, 1996), Pedro Almodóvar (Hable con ella, 2004, Volver, 2006) o Gracia Querejeta (Héctor, 2004), que siendo muy populares directores de cine y viviendo en las antípodas del cine religioso, son quienes con más interés lo han mostrado en sus películas y con más respeto, a pesar de que en público lo hayan negado”. (José Luis Panero, Aleteia, 30-X.17)


COMENTARIO

La religión y los valores trascendentes han sido durante muchos años una motivación constante para los mejores guionistas y directores cinematográficos. Como no recordar las grandes producciones que han quedado como clásicos del cine: “Los Diez Mandamientos”, “La historia más grande jamás contada”  “Quo vadis” “Marcelino pan y vino” “Las sandalias del pescador”  “El padrecito” “Becket”, “Un hombre para toda la eternidad” “La misión” entre muchas otras. Los tiempos modernos también nos traen películas como “La Cristiada” “Juan XXIII”  “Littel Boy”, “Un Dios prohibido” “La Pasión de Cristo” “Maktub” entre otras, que han sido taquilleras en muchos países del mundo.

En España, afortunadamente, existe un caudal poderoso de cine religioso, o espiritual, del que hacen gala las distribuidoras European Dreams Factory (La cabañaStuart Hazeldine, 2017), Bosco Films (Red de LibertadPablo Moreno, 2017), Contracorriente Producciones (Luz de soledadPablo Moreno, 2016) o Goya Producciones (Juan Pablo II y la revolución de la libertad) -entre otras- capaces de hablar de Dios de otro modo, con figuras de relieve internacional, conscientes de que el mensaje cristiano interesa, no sólo porque reporte beneficios económicos, pero es que si no se muestra, es como si no existiera.
Después hemos comprobado, en este sentido, que el documental de Juan Manuel CoteloLa última cima (2010) resultó ser un producto utilísimo para reavivar conciencias, tal vez el punto de partida de hablar de cine a las claras y de Dios sin tapujos. Y a partir de ahí ha sido un no parar de hacer cine con estas características, o de redescubrir películas con ese componente al fondo -trascendencia- en el que apenas se repara, o que está ahí. Es el caso de la comercial Ghost (Jerry Zucker, 1990).
La última cima (2010), Tierra de María (2013) y Footprints (2016), de la productora y distribuidora valenciana Infinito + 1, no solo fueron los documentales más taquilleros en España en sus respectivos años de estreno sino que han conquistado salas de 30 países, y Netflix ha adquirido sus derechos a nivel mundial. Una nueva producción, El mayor regalo, apunta más alto, habiendo recibido solicitudes de exhibición internacional antes de estar finalizada y habiéndose financiado a través de un crowdfunding mundial. Sin subvenciones ni el respaldo de ninguna televisión, en España.
Italia también tiene grandes producciones de cine religioso con la produtora Luce vitae. Han sacado películas como “El padre Pío”, “Juan XXIII”, “María Goretti”, “San Agustín” entre otras.
En los Estados Unidos está la productora Metanoia  que dirige el cantante y artista de cine converso Eduardo Verástegui que va creciendo de día en día pese a las grandes dificultades que se presentan por el influjo de algunas ideologías liberales que tiene gran apoyo mediático. El cine de las iglesias cristianas también va dando pasos con valores trascendentes en historias bien realizadas.  (P. Manuel Tamayo)