miércoles, 29 de mayo de 2019


ESPERANDO QUE LLEGUE LA HORA

La puntualidad es la cualidad de una persona de tener cuidado y diligencia en realizar las cosas a su debido tiempo” (Diccionario).

“La espera angustiosa es un padecimiento que se describe bastante bien, y que mucha gente considera un rasgo de carácter, o de personalidad. Es la gente “que se preocupa mucho”. Una señora que oye toser a su hijo e inmediatamente sospecha una grave enfermedad, la persona que cuando espera a alguien que se demora lo atribuye siempre a un grave accidente… Como rasgo de carácter, son las personas que llamamos ansiosas, que suelen tener una visión pesimista de la vida…” (Mónica Gorenberg ).

“No podemos levantarnos por la mañana si no tenemos una ilusión por la que enfrentar el día…Sin ilusión el futuro es un presente indefinido y un camino cansado, una órbita de adversidades que no querríamos enfrentar” (Cristina Medina Gómez).

“La esperanza es un estado de ánimo optimista en el cual aquello que deseamos o aspiramos nos parece posible. En este sentido, la esperanza supone tener expectativas positivas relacionadas con aquello que es favorable y que se corresponde con nuestros deseos” (Diccionario).

“La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. “Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (Hb10,23), (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1817).


COMENTARIO

En la vida nos encontramos situaciones en las que se requiere esperar prudentemente un tiempo para que nuestra intervención sea acertada, en otras circunstancias no se puede esperar más porque la prudencia exige intervenir. No está mal en refrán que nos aconseja ser “prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas”. Está claro que la prudencia es intervenir en el momento preciso, no antes ni después.

Por otro lado es oportuno tener en cuenta que para las grandes metas y para los grandes ideales siempre hay un compás de espera. El ser humano espera algo mejor todos los días. Muchas veces lo expresa con ansias: “¿cuándo llegará el día?, ¿Cuándo volverá la persona que tanto amo? ¿cuándo me pagarán lo que me deben?


La meta más alta
El deseo más grande del ser humano debe ser alcanzar el fin para el que fue creado, es decir: conseguir los medios para llegar al Cielo y gozar en la vida eterna de la mayor felicidad que es ver a Dios cara a cara. Mientras en la tierra recorre el camino que lo lleva a esa gran meta su deseo aumenta de día en día  y terminará cantando y rezando con el salmo: “¿Cuándo iré y veré el rostro de Dios?”.  

Para lograr su fin el hombre necesita de la virtud infusa de la Esperanza que Dios otorga al que se la pida con humildad.


La lucha y el esfuerzo de cada persona
Las horas van pasando. El tiempo por sí solo no mejora ni a las personas ni a las cosas, para poder cosechar hay que sembrar. Se siembra en el tiempo y con el tiempo se cuida a la semilla para que dé el fruto adecuado, que hay que seguir cuidando toda la vida.

A todas las personas nos llega la hora de ser buenos cuidadores de los demás. Al cuidar con cariño a las personas los anhelos y las esperanzas crecen.

Esa bendita responsabilidad es una gran motivación para conocer bien a las personas y poder amarlas más. Surge así un círculo virtuoso: a más conocimiento más amor y a más amor más conocimiento. Allí encontramos la auténtica libertad. Dios nos da los medios para conocer y querer estando presente Él en nuestra interioridad y nos hace libres con el ejercicio de nuestras relaciones con los demás. Solo así conseguimos ser libres y que los demás, los que tenemos que cuidar, que son las personas que estamos tratando, sean también libres. Gozamos con la libertad de las personas al verlos crecer con la gracia de Dios y sin que dependan de nosotros.

También existe la esperanza de la independencia, el día en que podemos valernos por nosotros mismos. Algunas veces se espera con ansias la hora de la realización personal para poder “volar”  rompiendo el “cordón umbilical” que nos tenía atados bajo la patria potestad.

Esa “independencia” no es una ruptura, tampoco una autonomía a secas, los lazos continúan, incluso son más fuertes, porque el amor aumenta.

Lo que ocurre es que a todos les llega el momento de celebrar con mucha alegría una etapa nueva de la vida que pone muy en alto la confianza y la libertad. Se debe apreciar la mejoría de las personas en el desarrollo de sus capacidades para que den el salto a seguir mejorando con sus propias decisiones gracias al amor que han conquistado.

Todos debemos esperar que llegue la hora de la auténtica libertad para nosotros y para todas las personas que queremos. Y, por supuesto, el deseo grande de que todos sean libres con la verdad, (P. Manuel Tamayo).

domingo, 19 de mayo de 2019


LA IRONÍA DE UNA CRUELDAD DISFRAZADA DE ORTODOXIA QUE DESCALIFICA

Se descalifica porque existe un fondo de envidia

“El sobrado es la persona poco humilde que se cree superior a los demás” (Diccionario).

“Hay personas crueles disfrazadas de bondad. Son seres que dañan, que agreden mediante un maquiavélico chantaje emocional.  En su aparente amabilidad se esconden personales intereses”(Valeria Sabater).

“Todos podemos ser víctimas de las personas crueles. No importa la edad, el estatus o nuestras experiencias previas. Estos perfiles habitan a nivel familiar, en entornos laborales y en cualquier escenario” (Valeria Sabater).

“El que tiene un falso orgullo cohabita con personas buenas, mostrando una aparente bondad con la que manipula y humilla: Se cuida del que le puede hacer sombra y procura hacerle daño rechazando sus ideas, opiniones o comentarios…Como no está ni preparado para superarse a sí mismo, procura debilitar o destruir a otro para quedarse vencedor. Lo machaca porque a tu lado se siente débil. Oculta sus planes y no suelta fácilmente la información que maneja creyendo que su discreción es estrategia. Se hace el despistado para que no averigüen sus intenciones. Suelen ser personas peligrosas que juegan con información delicada, personal y profesional” (Patricia Ramírez).

“El apodo es una forma aparentemente cariñosa de agredir y discriminar; significa el intento de rebajar al otro a la altura del que se atreve a etiquetarlo, subrayando usualmente una falla, un defecto o una característica física anormal, expresando la disposición de no considerarlo digno de ser llamado por su propio nombre” (Euric Santi).

“Antes de poner un sobrenombre a alguien hay que pensarlo muy bien, principalmente si es de la familia; intentar primero ponerse en su lugar y tomar conciencia que a esa persona seguramente le será difícil erradicar ese apodo mientras viva; que se convertirá en una carga más de las muchas que deberá llevar en su vida” (Euric Santi).


COMENTARIO

Me decía un amigo que prefería recibir las inquinas de un enemigo que el comportamiento guasón de un pariente o de otra amistad. Es frecuente observar, en los ambientes familiares y laborales, el típico gracioso que trata con sorna las actitudes o los trabajos de alguno, para quedar bien frente a los demás. Es una suerte de “sacada de pecho” del que, con aires de frescura, califica a otro, llevando al ridículo su trabajo o la actividad a la que se dedica.

El que se quiere jactar de sí mismo se hace el “gracioso” para no tocar de un modo serio y respetuoso el tema o la actividad que le incomoda. Los motivos pueden ser diversos y depende del ambiente donde se encuentre. Hay un refrán que dice “en casa del herrero cuchara de palo” y otro, con un significado muy parecido: “nadie es profeta en su tierra”. Ambos indican que hay algo negativo en los demás que no deja destacar ni al herrero ni al profeta en sus ámbitos más íntimos.

La ironía del falso orgullo se expresa generalmente como un mecanismo de defensa. Que el otro no triunfe porque, al parecer del irónico, su trabajo no es tan bueno.  Teme y le molestaría mucho que ese trabajo, que en su cabeza lo ha minimizado con una terca sinrazón, sea aceptado si se extienda. Incluso llega a pensar que esa persona está engañando a los demás con una autovaloración que no le va. Es entonces cuando la ironía sale a relucir para llevar el tema por el lado de la burla y así pasar la página con la complicidad de las carcajadas de los que, junto a él, se suman a la descalificación, o prefieren no intervenir quitándose de en medio.

Suelen ser manifestación de un falso orgullo que tiene un fondo de envidia. Algunos pueden ser poco conscientes de la ausencia de caridad y hasta de justicia que puede ocurrir delante de sus propias narices. El callarse y no intervenir, para defender lo noble, puede ser una grave falta contra la justicia y denota, en la mayoría de los casos, una ausencia de categoría humana.

Se hace urgente, hoy más que nunca, cuando los ambientes son agresivos y de maltrato continuo, abrir los ojos de quieres creen que esas conductas son normales y han existido en todos los tiempos, y que ahora se conocen más por la difusión de los medios electrónicos de comunicación.

Si el sentido común nos hace ver la existencia de este “cáncer moral”, el deber de erradicarlo es más apremiante y urgente.

Quienes son capaces de recibir la virtud infusa de la Caridad (lamentablemente muy pocos) tienen la fortaleza suficiente para comprender y perdonar a las personas. La comprensión es una apertura. La persona abierta no descalifica, acepta los múltiples enfoques que pueden tener las personas, así como los diversos modos de trabajar y de presentar las cosas. El que ama de verdad no da cabida a la envidia, ni establece parámetros para que todos pasen por el aro de sus puntos de vista. El que ama es libre y sabe lo que es la libertad para todas las personas. (P. Manuel Tamayo)


miércoles, 8 de mayo de 2019


LA TORPEZA DEL CHICO DESOBEDIENTE

“Obediencia es el libre sometimiento a la verdad” (Catecismo).

“Obediencia viene del latín ob audire, “saber escuchar“, obediencia refiere al proceso que se inicia en escuchar y termina en la acción de obedecer. Obedecer implica subordinarse a la voluntad de la autoridad, cumplir una demanda, abstenerse de alguna prohibición o acatar una instrucción” (Diccionario).

La obediencia infantil forma parte del aprendizaje y del desarrollo. Es un valor que se debe inculcar a los niños como actitud responsable y de buena convivencia. El niño obedece primero para agradar al adulto, y si es estimulado aprende a controlar su conducta y cumplir las reglas en forma consciente, ya no por la aprobación del adulto sino por su propia satisfacción. Para que el niño aprenda a ser obediente debe haber reglas claras en su casa y en la escuela, y debe conocer el por qué, la utilidad y valor de cada orden. El niño aprenderá cuando sienta la aprobación de los padres y que con la desobediencia no consigue lo que desea” (Mónica Porporatto).

La obediencia a Dios, como lo indica el origen latino del vocablo (ob audire) implica una actitud interna profunda de subordinación de la propia voluntad a la autoridad divina. La obediencia es una prueba de nuestro amor por Cristo, entendiendo que los planes de Dios son superiores a los mejores planes que podamos tener en la tierra” (Mónica Porporatto).

“Obediencia ciega es aquella que lleva al individuo a aceptar lo que otro le imponga sin discutirlo ni cuestionarlo” (Diccionario).


COMENTARIO

En la naturaleza del animal están inscritas les leyes físicas y en la del ser humano las físicas y las morales. Alterar las leyes afecta a la naturaleza que tiene una direccionalidad y por consiguiente una finalidad.

El ser humano que actúa contra natura impide el desarrollo armonioso de la naturaleza. Es por eso que se dan otras leyes para proteger el ambiente de las contaminaciones, que incluyen lógicamente al ser humano.

En los aspectos morales, que son propios de la naturaleza humana, se dan leyes para preservarla de lo que la desvía o la contamina.

Por otro lado se debe tener en cuenta que la obediencia es una virtud propia personas inteligentes sometidas a leyes naturales que desarrollan y orientan su ser; es útil y necesaria para que el ser humano pueda conseguir su libertad y su felicidad.

La libertad, que hace feliz a la persona, se consigue  cuando se puede amar de acuerdo a las leyes naturales con la ayuda necesaria que se requiere, para alcanzar la meta o la finalidad de la existencia.


La herida del pecado en la naturaleza humana
Como en naturaleza humana existe un principio de oposición, que es el pecado, se hace necesaria una educación que advierta de ese mal y señale los medios apropiados para poder curar esas heridas.
La Iglesia nos enseña que Jesucristo fue enviado por Dios Padre para redimirnos, es el único que puede quitarnos el pecado que llevamos dentro. Es por eso que instituye los sacramentos que nos curan y nos elevan a un nuevo orden de vida.

La urgencia de la obediencia
Los párrafos anteriores han sido necesarios para entender la virtud de la obediencia.
Sin la obediencia el ser humano está perdido, se mete con mucha facilidad en un laberinto, se confunde y pierde el tiempo, no termina de saber lo que debe recibir y qué debe hacer para ser feliz y libre.

La desobediencia conduce al desorden, al caos, a la destrucción y a la perdición.  Eso fue lo que ocurrió con Adán y Eva al desobedecer el mandato divino.


La crisis de la obediencia en los hogares
Si las personas no aprenden a obedecer en su propia casa, es muy probable que vivan esclavizadas de sus propias pasiones y se irían contra los demás. Es lo que está ocurriendo hoy, cuando se motiva la autonomía personal con un afán equivocado de independencia. Muchos piensan que ser libres es ser independientes y dejan la verdad de lado como si no tuviera nada que ver.

Hoy se tiene muy en cuenta: lo que se siente, lo que se elige, lo que apetece o gusta,  lo que es divertido y no aburrido. Estas son las “máximas” que ahogan la obediencia, pensando que obedecer es someterse a algo impuesto por otro, sin más.

En muchas casas encontramos hoy al adolescente desobediente y a unos padres rendidos que ya no saben qué hacer con el hijo y terminan permitiéndole todo. Prefieren tenerlo contento con sus caprichos que romper con él.

Y si además los ambientes del mundo “moderno”  facilitan esa “libertad” sin fundamento (que es libertinaje), el resultado es deprimente: todos estamos viendo a una legión de jóvenes yendo a la deriva, enlodados en un caos de rebeldes fracasados o con éxitos efímeros de “logros” que no tienen valor ni sustento, por ausencia de una carga moral adecuada, o porque son situaciones forzadas por un vanidoso voluntarismo sin ninguna trascendencia que valga la pena. Son clavos pintados en la pared que no pueden sujetar absolutamente nada.


La angustia de la incomunicación
Los padres protestan y buscan ayuda para rescatar a sus hijos de esas situaciones distantes donde la comunicación es muy escasa, o ya se cerró totalmente. Quizá no supieron ser ejemplo de lo que predicaban y buenos amigos de sus hijos, o no fueron buenos transmisores de los valores y terminaron imponiéndolos con obligaciones y reglas.

Casi todos los problemas son consecuencia de una mala relación  con los hijos por descuidos, exceso de trabajos o por no conocer bien la naturaleza del ser humano y las particularidades de cada persona. Cada persona es como es y no como queremos que sea.

La educación es para que desarrolle sus talentos con lo que debe aprender y conocer (la verdad), para ser una buena persona. Los padres y maestros deben transmitir con el ejemplo de sus propias vidas las nociones elementales que el ser humano debe conocer para ser auténticos y coherentes en sus vidas y planteamientos.

La desobediencia, muchas veces vociferada como una rebeldía necesaria, es un desquiciamiento de la virtud que además es pecado. Solo se puede obedecer cuando se trata de lo bueno. Los padres buenos que quieren de verdad a sus hijos nunca van a desear algo malo para ellos, pueden cometer errores, que nunca serán las malas intenciones que pueda tener un desquiciado. Lo mismo podemos decir de los maestros y de tantas personas buenas que saben querer y procuran lo mejor para los demás. (P. Manuel Tamayo).

jueves, 2 de mayo de 2019


PERJUICIOS Y DESEQUILIBRIOS POR EL BULLYING ENTRE ADOLESCENTES

“El que trata mal a una persona para sentirse después mejor, tratará especialmente bien a la siguiente que encuentra” (Wenceslao Vial, “Madurez psicológica y espiritual” p. 84).

“La ira provocada por una persona, que no se puede dirigir hacia ella por miedo u otros motivos, se dirige hacia otra” (op. cit, p. 85).

“Se busca suprimir con escusas los sentimientos negativos ante cualquier acción o pensamiento contrario a las propias convicciones por miedo al sentimiento de culpa o al castigo” (op cit p. 87).

“Hay personas que vuelven con la imaginación o la memoria a situaciones pasadas en las que se sentía feliz…un adulto puede querer volver a la infancia” (ob cit. p. 88).

“Las emociones reprimidas continúan en el inconsciente, como si estuvieran sepultadas vivas, y por eso siguen influyendo y se manifiestan en síntomas patológicos” (ob cit. p.88).

“La estupidez es un estado mental de las personas torpes, sin lógica ni delicadeza en su decir y en su accionar. Estúpido es alguien que se porta vulgarmente con torpeza” (Diccionario).

“Desde el punto de vista humano la autoestima se apoya en una sana relación con los demás…” (ob cit p. 89).



COMENTARIO

Todas las personas han nacido para amar, no para odiar y maltratar. La educación es la que debe darle cauce al amor, consiguiendo que la persona sea libre. La libertad consiste en amar correctamente.

El “Cochineo” o Bullying es un error que debe corregirse de inmediato. El modo de tratar vulgar y grosero no es propio de una persona sana y normal. Se podría justificar de momento en los ambientes informales donde son escasas las virtudes, por ausencia de educación o por atraso, pero se deberían poner los medios para erradicarlo totalmente.

El relativismo reinante le hace “pensar” a muchos que la eliminación del Bullying es imposible porque ya forma parte de la indosincracia del género humano. Afirmar eso sería como decir que no hay que combatir el pecado porque siempre va a estar presente. El Bullying es un pecado contra la virtud de la caridad.

Jugar a ser vulgar es una insensatez que termina complicándolo todo o impidiendo que la persona crezca de una manera armoniosa para que sea libre y se sienta feliz en sus relaciones humanas y logros.


Rebeldías absurdas
Quien se muestra rebelde al decoro, orden y buen trato entre las personas, caería en lo que comúnmente calificamos como estupidez humana. No hay un calificativo más acertado que ese y hoy lamentablemente estamos en una sociedad donde la estupidez se ha generalizado.

El hombre burlón y cochinero puede ser en primera instancia un travieso divertido, pero necesita ser corregido y orientado para que no caiga en las vulgaridades y groserías de la estupidez humana que malogra todo lo que es noble y sano.

Cuando se junta la vulgaridad con la informalidad surgen los contubernios de los pendejos que buscan a toda costa aprovecharse de personas y situaciones a como dé lugar, siempre de una manera astuta y vulgar de proceder.


En vez de progreso hay retroceso
A la larga los informales y vulgares se oponen al progreso y a la modernidad porque piensan que el esfuerzo que tienen que poner es demasiado “elevado” para lo que ellos pueden hacer; es que están arraigados y enquistados en estructuras que han generado, con enormes deficiencias de ilegalidad, y que constituyen un gran peligro para ellos mismos y para todos.

Los dineros conseguidos en los ambientes de informalidad pueden fácilmente proceder de negociados donde también está presente el robo, la delincuencia, o al menos la trafa. Muchos, y quizá todos, los que están implicados, tienen “rabo de paja”, y harían lo imposible para tapar sus triquiñuelas y que sus “negocios” continúen sin que nadie los moleste.


El mal ejemplo para los jóvenes
Los chicos que se pasean por las calles y observan el mundo informal se acostumbran a funcionar dentro de esos esquemas donde las virtudes humanas están ausentes.

Ellos también en sus colegios fomentarán la informalidad como si la disciplina o las normas de corrección no fuesen suyas. Las pueden “aceptar” como una imposición del sistema y al mismo tiempo irán buscando la manera de ser graciosos con la burla o con una presencia “diplomática” que es solo para el instante de la “foto”.

Es así como las actividades, serias, de muchos colegios se convierten en “un saludo a la bandera”, que contenta a los profesores incautos o indulgentes y los padres de familia ni se enteran.

Saquemos de la “luna” a una legión de “educadores” que todavía viven armando castillos de “fuegos artificiales” en muchos colegios. (P. Manuel Tamayo). *Continuaremos en el siguiente artículo.