jueves, 28 de julio de 2016


LA ARROGANCIA SAFIA DEL MACHISMO 
“Las imágenes que los medios de comunicación occidentales ofrecen de la mujer son, con demasiada frecuencia, degradantes y humillantes. El cuerpo de la mujer se trata como una mercancía que satisface el placer depravado de algunos hombres. La prostitución organizada hace de la mujer un objeto comercial”…. Hay placeres que desunen, dividen, separan y dispersan el centro de nuestro ser”  (Cardenal Robert Sarah, “Dios o nada” pp. 241 -256).
COMENTARIO
Aunque la prostitución y el abuso contra las mujeres aparece en todas las épocas de la historia, nada puede justificar que se siga haciendo o que se considere como una actividad normal de la vida humana. Hay males que hay que erradicarlos por completo porque degradan al hombre corrompiéndolo totalmente y solo producen tristeza y situaciones terribles de violencia entre unos y otros.
A los padres de familia les corresponde luchar para que la pandemia machista no corrompa la pureza y decencia de sus hijos jóvenes. Sería un penoso y grave error que un padre “empujara” a sus hijos adolescentes a tener salidas impropias pensando que así serán más hombres. El fomento del “machismo” ha traído como consecuencia la degradación de la sociedad en lugares donde se ejerce la prostitución como si fuera una actividad normal por la que todos deberían pasar para desfogar sus pasiones. Permitir que los jóvenes abusen de las mujeres para un placer corporal sería como tolerar la delincuencia.
Las relaciones sexuales impropias entre chicos y chicas los denigra como personas y los llena de motivaciones egoístas. Hoy es muy penoso ver una mujer tentadora y quiere hacer caer al hombre para tenerlo dominado por el sexo. Estas situaciones de bajeza humana que ocurren en todos los sectores de la sociedad hay que erradicarlas de un modo definitivo. Mienten quienes dicen que es imposible lograr una sociedad de personas que vivan la castidad y que se cuiden de no tener relaciones sexuales hasta el matrimonio.
Cuando machismo imperante trastoca las conciencias contribuye también al aumento de la violencia doméstica, (el hombre que le pega a su mujer),  y está llegando extremos nunca vistos, con el aumento del feminicidio en todo el mundo.  
Las autoridades deberían ser más drásticos para dar medidas contra la prostitución, con el fin de evitar la corrupción de los menores,  paralelamente los padres de familia con la ayuda de los colegios tendrían que ponerse de acuerdo para orientar y formar bien a los chicos y conseguir que no caigan en ambientes permisivos de inmoralidad, que son abundantes en la sociedad contemporánea.
No se debe olvidar que el modelo perfecto de mujer es la Virgen María. Ella tiene la pureza del amor limpio de una madre que merece respeto y admiración. Al hombre le corresponde cuidar a la mujer con verdadera delicadeza para que su amor no se manche y sea siempre limpio como el del la Virgen y el de las santas mujeres.

jueves, 21 de julio de 2016


EL PELIGRO DEL LOBO SOLITARIO

Comentando a Aristóteles Santo Tomás señala tres causas de la bestialidad humana: la primera es ocasionada por las malas costumbres de la convivencia social (carencia de buenas leyes que favorecen costumbres perversas), la segunda la demencia por enfermedad o privaciones (grandes traumas afectivos) y la tercera es por el gran aumento de la malicia (tomar como natural lo que es antinatural, solo por el hecho de sentir placer). Dice que el nombre de brutalidad proviene de una semejanza con las fieras. Tiene fiereza el que goza con el sufrimiento de los hombres. Ese placer no es humano sino bestial y proviene de una mala costumbre o de la corrupción de la naturaleza, como también de otras afecciones bestiales. (Aristóteles y Santo Tomás de Aquino).

Un asesino en masa es un individuo que comete múltiples asesinatos en una ocasión aislada y en un solo lugar. Puede ser también un suicida. Son generalmente varones, (las mujeres son minoría en las estadísticas de asesinos en serie), y suelen estar motivados por traumas psicológicos con sentimientos de inadaptabilidad e inutilidad, algunas veces debido humillaciones y abusos en la infancia.  Cuando se deciden a cometer esos actos brutales se esfuerzan para poseer una sensación de potencia y de venganza, causando pánico entre la población. Algunos poseen impulsos extremadamente sádicos: gozan matando y haciendo sufrir a quién sea. Son unos verdaderos psicópatas.  (comentarios en  Internet)


COMENTARIO
El lobo solitario es un fanático, con trastornos mentales, que por su cuenta va elaborando, con el paso de los años, la posibilidad de una intervención violenta suya, contra un sistema que considera injusto y abusivo. Después de ir echando leña a su resentimiento se sentirá motivado e impulsado a realizar, de un modo brutal y desproporcionado, una acción violenta que tenga repercusión mediática, pera quedar como un héroe o mártir de una causa justa.
El lobo solitario en su andadura va coleccionando todo un almacén de instrumentos que le ayuden a elaborar su intervención “heroica”. En su mente perturbada buscará justificaciones que respalden su  brutal acción, en la que puede perder incluso la vida. Algunos, que son fanáticos religiosos, creen que lo hacen en nombre de Dios y otros para ir en contra de algo que les indigna. Muchas veces es la respuesta a la falta de cariño de su familia o a los abusos que cometieron con ellos. Suelen ser resentidos sociales.
Lamentablemente han aumentado considerablemente estos lobos solitarios en los distintos países del mundo. En su mente alterada se sienten partidarios de algún grupo de terror o de violencia sin estar inscritos necesariamente, en sus filas. Algunas veces los grupos de terror los utilizan, sin tener contacto con ellos, como si fueran los mártires de las causas que persiguen.  Para estos objetivos perversos todo vale con tal de causar escándalo y desconcierto en el mundo.
El alejamiento de Dios en muchos lugares del mundo trae serios conflictos y deterioros en los seres humanos que originan estas situaciones de locura enfermiza  con personalidades alteradas que cometen, con un frío sadismo, las brutalidades más espantosas que se puedan imaginar.
Se hace cada día más urgente hablar de Dios para que las personas se den cuenta que no pueden ni deben prescindir de Él.


martes, 12 de julio de 2016

NO HUYAS DE LOS QUE MÁS TE QUIEREN

“Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste…” (Mt, 16)

“El adolescente puede rechazar de los adultos hasta las más mínimas observaciones, con­sejos, peticiones de información sobre sus actividades, juicios sobre su comportamien­to: en todo siente la amenaza de ser definido y él querría ser indefinible…  Las manifestaciones externas de cariño por parte de los mayores parecen molestar al adolescente, que se siente tratado como un niño, pero al mismo tiempo es muy susceptible respecto a cualquier falta de atención o muestra de indiferencia: casi sin advertirlo, proyecta sobre la actitud de los adultos el concepto empobrecido y ambiguo que tiene de sí mismo”. (Tomás Melendo, “Educar al niño y al adolescente, Arvo Net)

COMENTARIO
Huye el que no tiene amor y está metido en sus cosas y en sí mismo, huye también el que tiene miedo y se escapa, por timidez o por no querer comprometerse en una tarea ardua. El que se aleja de lo bueno podría pensar erróneamente que esa elección le da libertad y autonomía. Podría pensar que al huir estaría defendiendo sus espacios propios sin dejar que nadie se meta en sus decisiones. Esto les puede pasar, en mayor o menor grado, a los adolescentes.

Toda persona necesita ser educada desde la infancia con una atención esmerada y cercana de sus padres y maestros. Si falta o es escasa esta dedicación, la persona joven huirá de lo bueno (porque su naturaleza está dañada por el pecado) y, con mucha facilidad, se acercará a lo que es malo, con el peligro de “malograr” su vida para siempre. Es lo que lamentablemente vemos en muchos casos.

No es poco corriente oír las quejas de los padres por sus hijos adolescentes, que de niños eran maravillosos, pero al cumplir los 14 o 15 años se volvieron rebeldes e irreverentes, con críticas amargas a lo que se les enseñó con tanto cariño, y con una actitud contestataria, agresiva y algunas veces hasta insolente.

Es necesario advertir que la sociedad, tal como está, no ayuda en nada para la educación de los hijos adolescentes. Los jóvenes, que no hay vivido más que los escasos años que tienen, no se dan cuenta de la gran crisis moral que padece el mundo en estos tiempos,  y que la situación de inseguridad en las calles y en muchas personas con escasa formación cristiana, está afectando a muchos jóvenes, que fácilmente hacen desarreglos de conducta poniendo en peligro su futuro. A la crisis normal de la adolescencia se está uniendo la crisis brutal de valores que existe en la sociedad.

Juntando las dos crisis  encontramos:  casas vacías donde todo el mundo sale porque   piensan que la libertad y la felicidad está en salir a la calle. Salidas nocturnas a lugares de diversión donde se generan vicios (alcohol, drogas, ludopatía). Visitas excesivas a los centros comerciales motivadas por una propaganda abundante que aparece en la televisión y en las redes, buscando un público cautivo que los apoye para fomentar el consumismo. Rezagos de un “machismo” que es más fuerte en el mundo oriental, pero también en los países occidentales se están multiplicando los delitos conyugales convirtiendo los hogares “infiernos”  de violencia, donde todos quieren salir corriendo.

Y con este cuadro social alterado encontramos problemas serios dentro de los hogares, incluso  en las casas donde los padres intentan poner todo su amor para educar bien a sus hijos y evitar que se pierdan. Algunos, con muy poco tino, los engríen demasiado dándoles todo tipo de facilidades, y los vuelven sumamente egoístas y protestones. Solo piensan en sí mismos reclamando sus “derechos”
Quienes nos dedicamos a la educación observamos que en estos tiempos algunos adolescentes tratan mal a sus papás exigiéndoles recursos y atenciones inmediatas. Quieren tenerlos a su servicio y al mismo tiempo desean ser independiente, que sus padres no le pregunten a dónde va, ni con quién está, que no se metan en su vida.

En muchos hogares los hijos ya no quieren colaborar con los trabajos de la casa, o lo que es peor: se retiran a sus “mundos” juveniles sin valorar y agradecer todo lo que reciben de sus seres queridos. Prefieren escuchar a sus “amigos” que a sus propios padres.

Todos tenemos que reconocer las faltas, muchas veces graves, que hemos cometido haciendo sufrir a nuestros padres y a las personas que nos han querido mucho. Sin embargo esta realidad no debe servir de consuelo a los jóvenes. Si tienen la dicha de mejorar y portarse bien, van a ser mucho más felices ahora y también después. No vale decir: “todos tenemos que pasar por lo mismo” No tiene por qué ser así. Se trata de que las generaciones nuevas sean mucho mejores que las anteriores.

El consejo que podríamos dejar de nuestra experiencia personal es: ¡No huyas nunca de los que más te quieren! ¡no los pierdas!

La Iglesia predica la parábola del hijo pródigo de los Evangelios que ejemplifica el retorno del hijo arrepentido y la alegría del padre que le hace una fiesta porque ha vuelto el hijo trasformado y convertido.

La Iglesia entera reza para que los hombres vuelvan a Dios. El Señor espera a todos con los brazos abiertos. Nadie nos quiere más que Dios.

Todos,  y especialmente los jóvenes, deberían hacer el propósito firme de no huir nunca de Dios y de las personas que saben querer con un corazón limpio y ordenado por el amor de Dios.  (Manuel Tamayo)

  

jueves, 7 de julio de 2016


LAS DISTANCIAS DEL ADOLESCENTE

 “Los hijos necesitan valorar y querer a su padre, y que él los valore y los quiera; y cuando esto no se produce, surgen problemas afectivos. También el padre necesita comprenderse y mostrarse a sí mismo como padre” (Ramiro Pellitero Iglesias, “El desafío de la familia cristiana” CDSCO, pp. 35)

“Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.…”  (San Juan, 13, 14)


COMENTARIO

La paternidad humana es una participación de la paternidad divina. Dios padre, con su providencia amorosa, quiere y cuida a sus hijos. Los papás  y los sacerdotes somos instrumentos de Dios cuando ejercemos la paternidad. Ambos somos también maestros porque tenemos el deber de aconsejar y enseñar, aunque esa tarea puede ser difícil y muy costosa.

Los jóvenes, especialmente cuando pasan por la adolescencia, viven metidos en sus mundos juveniles y dando lugar a ciertas distancias, que ellos mismos ponen, con los mayores. Unos se alejan mucho, otros no tanto, pero siempre hay algunas distancias provocadas por ellos.

Es por eso que muchos padres encuentran dificultad para tratar a sus hijos. Dicen que están rebeldes, que no les obedecen, que son unos ingratos. A otros les parece que los chicos son así,que siempre ha sido así, y consideran la adolescencia como una etapa de “tormenta e impulso”, otros dicen que la adolescencia es una “enfermedad” por la que todos debemos pasar.

Yo pienso que la adolescencia es una etapa maravillosa de la vida donde se forjan los grandes ideales y puede crecer en generosidad para hacer muchas obras buenas. Si se forma bien a los hijos, exigiéndoles con mucho cariño, aunque se quejen un poco, ellos terminarán respondiendo muy bien y agradecerán a quienes cuidaron de ellos y estuvieron a su lado con un amor incondicional.  Es propio de la paternidad el saber valorar constantemente a los hijos. Qué el hijo sienta que su padre lo tiene muy alto.

Los padres deben tener mucha paciencia con los hijos, comprender sus rebeldías o irreverencias, sus faltas de tino, la terquedad de planteamientos absurdos, donde suele faltar la coherencia y el sentido común.  Por otro lado la escasa de experiencia de la vida de un chico lo suele tener temeroso y lleno de dudas, con una  ansiedad de querer hacer cosas por  cuenta propia y sin pedir consejo; se pone difícil para comunicarse y no es consciente del dolor que provoca a sus seres queridos cuando se ponen distantes.

Jesucristo nos enseña a todos a ser maestros lavándoles los pies a los discípulos. Es un gesto de humildad y de servicio. Los padres, igual que los sacerdotes, tenemos que poner el corazón en el suelo para que los jóvenes pisen. No importa que duela. Ellos se darán cuenta después y también les dolerá por haberse portado de esa manera. Vuelven como el hijo pródigo pidiendo perdón y tendremos que recibirlos con mucho afecto y hacer la fiesta. (P. Manuel Tamayo).