CONVIVENCIA DE PASCUA EN ROMA Incontro, ICU, 1976
Tenía pendiente regresar a Pamplona para
presentar mi tesis doctoral. El P. Jesús Ferrer (mi asesor de tesis) me había dado las pautas para que pudiera
defenderla ese año. En Lima, tuve que dedicar varias horas para terminarla y
llevarla a una imprenta, en el jirón Moquegua, para su impresión (en Stencil) y encuadernación.
Ricardo Gonzáles Vigil, compañero de
colegio, dedicado a la literatura, vio mi tesis en la imprenta y enseguida me
llamó. Estaba sorprendido de que presentara en la Universidad de Navarra,
Pamplona, mi tesis doctoral en teología con el título: “La relación entre el pecado y el vicio en la Suma Teológica de Santo
Tomás de Aquino” Nunca me gustaron los títulos largos, pero los de las
tesis suelen ser así.
Viaje a la Ciudad Eterna
En semana santa del 76, antes de
resolver mis asuntos académicos, tuve la oportunidad de asistir a la
convivencia de Pascua en Roma, que en esos años se llamaba ICU.
Fuimos desde Lima: Jorge Gandolfo (falleció en 1999), Juan Buendía (era laico, luego se
ordenó y falleció el 2023), Guillermo Campana (ahora el P. Campana), Armando
Franco, Juan Manuel Rodó, Pablo Montalbeti, José De la Puente, Antonio
Benavides, Abraham Zavala, Andrés Haaker, Ramiro Velaochaga, Juan Antonio Bermejo,
Roberto Llave, entre otros.
Antes de llegar a Roma pasamos por
Pamplona y nos alojamos en una pequeña casa de retiros llamada Obanos, a muy
pocos kilómetros en la carretera de Logroño, hacía un frío descomunal.
Como en todas las convivencias, tuvimos
con los chicos en Lima, una preparación previa, con varias charlas y unas
clases de arte sacro que estuvieron a cargo de Jorge Gandolfo, yo les di unas
pequeñas nociones de italiano, lo más
elemental, para que se pudieran manejar los pocos días de estancia en Roma.
A los dos años de la
visita de San Josemaría al Perú
San Josemaría había estado en el Perú en
1974, solo habían pasado dos años de su visita y estábamos con toda la viada
que el Santo de lo ordinario nos inculcó, para extender la labor apostólica a
mucha más gente joven. La convivencia de Pascua era una buena ocasión para
llegar a esas metas más ambiciosas.
Era la primera convivencia de chicos
jóvenes con Don Álvaro del Portillo, que había sido elegido el año anterior,
como sucesor de San Josemaría. Estaba tan unido al Fundador del Opus Dei que,
al terminar la elección, que fue por
unanimidad, comentó: “¡habéis elegido
al Padre” (se refería a San Josemaría).
En esos años, después del salto al Cielo de Mons. Escrivá, Don Álvaro se encargó
de llevar la Obra por el camino que el Señor le había transmitido al Fundador
del Opus Dei.
Nos hablaba de santidad proselitista,
que consistía en contagiar a los demás con el propio ejemplo, siguiendo las
huellas que nos dejó San Josemaría, para lograr ser santos, en medio del mundo,
santificando el propio trabajo profesional ordinario.
El mismo Don Álvaro nos contaba que el
Papa Paulo VI le había pedido que hiciera crecer a la “bellísima familia” del Opus Dei, con la ayuda de su Fundador, que
podía interceder desde el Cielo.
Con Don Álvaro, el Opus Dei se extendió
a muchos más países y ciudades en todos los continentes. Fueron años de mucha
oración y crecimiento.
Años juveniles
inolvidables
Para nosotros esos años juveniles fueron
maravillosos e inolvidables. Tuvimos que rezar mucho por la situación jurídica
del Opus Dei (continúan ahora las
oraciones), fuimos testigos de un crecimiento interior en muchas personas y
de una expansión realmente milagrosa: conversiones, con favores que desde el
Cielo conseguía San Josemaría a muchísima gente.
También estuvimos en los años del Papa
Juan Pablo II cuando erigió el Opus Dei en Prelatura Personal y cuando
beatífico (1992) y canonizó (2002) a San Josemaría.
¡Qué años juveniles más buenos hemos
vivido! Para nosotros, quienes nos sentimos privilegiados, ha sido como una
antesala del Cielo, algo así como la Transfiguración para Pedro, Santiago y
Juan.
La convivencia de Pascua de 1976
Nuestro viaje por España, antes de llegar
a Roma fue especialmente histórico porque eran esos primeros años de San
Josemaría en el Cielo.
En el Colegio Mayor Montalbán en Madrid,
estuvo con nosotros de tertulia el P. Manuel Botas, que vino muy ilusionado a
ver a los peruanos y nos recordó tantas cosas de los inicios de la Obra en Lima,
haciéndonos ver la responsabilidad que teníamos los que pudimos conocer a San
Josemaría y que éramos cofundadores.
Desde Madrid hicimos una pequeña
excursión a Toledo, en el almuerzo estuvimos con Don Fernando Bayo, que nos
contó lo bien que la pasó al lado de San Josemaría, cuando estuvo en Roma.
Continuamos nuestro viaje hacia
Pamplona. Al llegar hicimos un recorrido por el Campus de la Universidad de
Navarra. Luego, en el Colegio Mayor Belagua, tuvimos la oportunidad de cantar
varios valses peruanos, delante de los residentes y otros chicos que estaban
allí de paso. ¡Fue grandioso!
Nuestro viaje se extendió a San
Sebastián. Los chicos felices de los ambientes que encontraban al ver que en
los Centros había mucha de gente joven, y se notaba que estaban tocados por la
catequesis que hizo San Josemaría en España.
Nos contaban que en España los números
habían crecido en todas las provincias. Nosotros podíamos darnos cuenta que los
chicos jóvenes no tenían “pelos en la
lengua” para hablar de Dios a sus amigos, con un entusiasmo arrollador, que
conmovía.
Ese día, almorzamos y tuvimos una
tertulia musical en el Colegio Mayor Ayete. Había mucha gente, todos jovencitos,
la mayoría adolescentes; con ellos cantamos a todo pulmón, Chapala, la canción que le cantaron los mariachis en México, a San
Josemaría, el año 70, en la misma laguna que lleva ese nombre.
Seguimos nuestro recorrido hasta Bilbao para
conocer el colegio Gaztelueta. Quedamos impresionados al escuchar la historia
de ese primer colegio, y de la labor que
se estaba haciendo allí, a través de los alumnos y padres de familia. Nos
encontramos con Don Gumersindo y Don Fanfi (Francisco Oñaindía), ambos habían
estado en el Perú. Recordaban con un cariño inmenso lo que vivieron en nuestro
país. Se alegraron mucho al vernos con chicos peruanos, camino al Incontro romano.
El viaje a Roma lo hicimos en tren,
pasando por París. Almorzamos en Boulevard
Saint Germain. Tuvimos una pequeña tertulia y por la tarde salimos a pasear
por la ciudad luz, sin ingresar a ningún sitio, no había tiempo, porque nuestro
tren para Roma partía a las 6.00 pm.
En la ciudad eterna
Amanecimos en Stazione Termini, un pulmino
nos trasladó al alojamiento. Las delegaciones de distintos países llegaban con
chicos de diversos países.
En la primera tertulia que tuvimos con
Don Álvaro, Jorge Gandolfo, que estaba un poco acatarrado, le dijo: “Padre, ya que no puedo darle un beso por no
contagiarle, ¿me podría hacer la señal de la cruz” Don Álvaro se acercó, le
dio un beso y le dijo a continuación que ese catarro lo ofreciera por el Perú.
La convivencia de Pascua de 1976 fue un acicate para impulsar, aún más, la labor de la Obra en
nuestro país. Gracias a Dios, en esos años, pasaron por nuestros centros,
cientos de chicos, que pudieron recibir una formación cristiana sólida, que ha
trascendido, en la mayoría de ellos a través de los tiempos, para la mejora de
ellos y de sus familias. San Josemaría nos había dicho que cuando se siembra
amor, se cosecha amor. Eso lo venimos comprobando siempre. (P. Manuel Tamayo).