viernes, 31 de mayo de 2024

 CONVIVENCIA DE PASCUA EN ROMA                                   Incontro, ICU, 1976

Tenía pendiente regresar a Pamplona para presentar mi tesis doctoral. El P. Jesús Ferrer (mi asesor de tesis) me había dado las pautas para que pudiera defenderla ese año. En Lima, tuve que dedicar varias horas para terminarla y llevarla a una imprenta, en el jirón Moquegua, para su impresión (en Stencil) y encuadernación.

Ricardo Gonzáles Vigil, compañero de colegio, dedicado a la literatura, vio mi tesis en la imprenta y enseguida me llamó. Estaba sorprendido de que presentara en la Universidad de Navarra, Pamplona, mi tesis doctoral en teología con el título: “La relación entre el pecado y el vicio en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino” Nunca me gustaron los títulos largos, pero los de las tesis suelen ser así.

 

Viaje a la Ciudad Eterna

En semana santa del 76, antes de resolver mis asuntos académicos, tuve la oportunidad de asistir a la convivencia de Pascua en Roma, que en esos años se llamaba ICU.

Fuimos desde Lima: Jorge Gandolfo (falleció en 1999), Juan Buendía (era laico, luego se ordenó y falleció el 2023), Guillermo Campana (ahora el P. Campana), Armando Franco, Juan Manuel Rodó, Pablo Montalbeti, José De la Puente, Antonio Benavides, Abraham Zavala, Andrés Haaker, Ramiro Velaochaga, Juan Antonio Bermejo, Roberto Llave, entre otros.

Antes de llegar a Roma pasamos por Pamplona y nos alojamos en una pequeña casa de retiros llamada Obanos, a muy pocos kilómetros en la carretera de Logroño, hacía un frío descomunal.

Como en todas las convivencias, tuvimos con los chicos en Lima, una preparación previa, con varias charlas y unas clases de arte sacro que estuvieron a cargo de Jorge Gandolfo, yo les di unas pequeñas nociones de italiano, lo más elemental, para que se pudieran manejar los pocos días de estancia en Roma.

A los dos años de la visita de San Josemaría al Perú

San Josemaría había estado en el Perú en 1974, solo habían pasado dos años de su visita y estábamos con toda la viada que el Santo de lo ordinario nos inculcó, para extender la labor apostólica a mucha más gente joven. La convivencia de Pascua era una buena ocasión para llegar a esas metas más ambiciosas.

Era la primera convivencia de chicos jóvenes con Don Álvaro del Portillo, que había sido elegido el año anterior, como sucesor de San Josemaría. Estaba tan unido al Fundador del Opus Dei que, al terminar la elección, que fue por unanimidad, comentó: “¡habéis elegido al Padre” (se refería a San Josemaría).  

En esos años, después del salto al Cielo de Mons. Escrivá, Don Álvaro se encargó de llevar la Obra por el camino que el Señor le había transmitido al Fundador del Opus Dei.

Nos hablaba de santidad proselitista, que consistía en contagiar a los demás con el propio ejemplo, siguiendo las huellas que nos dejó San Josemaría, para lograr ser santos, en medio del mundo, santificando el propio trabajo profesional ordinario.

El mismo Don Álvaro nos contaba que el Papa Paulo VI le había pedido que hiciera crecer a la “bellísima familia” del Opus Dei, con la ayuda de su Fundador, que podía interceder desde el Cielo.

Con Don Álvaro, el Opus Dei se extendió a muchos más países y ciudades en todos los continentes. Fueron años de mucha oración y crecimiento.

Años juveniles inolvidables

Para nosotros esos años juveniles fueron maravillosos e inolvidables. Tuvimos que rezar mucho por la situación jurídica del Opus Dei (continúan ahora las oraciones), fuimos testigos de un crecimiento interior en muchas personas y de una expansión realmente milagrosa: conversiones, con favores que desde el Cielo conseguía San Josemaría a muchísima gente.

También estuvimos en los años del Papa Juan Pablo II cuando erigió el Opus Dei en Prelatura Personal y cuando beatífico (1992) y canonizó (2002) a San Josemaría.

¡Qué años juveniles más buenos hemos vivido! Para nosotros, quienes nos sentimos privilegiados, ha sido como una antesala del Cielo, algo así como la Transfiguración para Pedro, Santiago y Juan.

La convivencia de Pascua de 1976

Nuestro viaje por España, antes de llegar a Roma fue especialmente histórico porque eran esos primeros años de San Josemaría en el Cielo.

En el Colegio Mayor Montalbán en Madrid, estuvo con nosotros de tertulia el P. Manuel Botas, que vino muy ilusionado a ver a los peruanos y nos recordó tantas cosas de los inicios de la Obra en Lima, haciéndonos ver la responsabilidad que teníamos los que pudimos conocer a San Josemaría y que éramos cofundadores.

Desde Madrid hicimos una pequeña excursión a Toledo, en el almuerzo estuvimos con Don Fernando Bayo, que nos contó lo bien que la pasó al lado de San Josemaría, cuando estuvo en Roma.

Continuamos nuestro viaje hacia Pamplona. Al llegar hicimos un recorrido por el Campus de la Universidad de Navarra. Luego, en el Colegio Mayor Belagua, tuvimos la oportunidad de cantar varios valses peruanos, delante de los residentes y otros chicos que estaban allí de paso. ¡Fue grandioso!

Nuestro viaje se extendió a San Sebastián. Los chicos felices de los ambientes que encontraban al ver que en los Centros había mucha de gente joven, y se notaba que estaban tocados por la catequesis que hizo San Josemaría en España.

Nos contaban que en España los números habían crecido en todas las provincias. Nosotros podíamos darnos cuenta que los chicos jóvenes no tenían “pelos en la lengua” para hablar de Dios a sus amigos, con un entusiasmo arrollador, que conmovía.

Ese día, almorzamos y tuvimos una tertulia musical en el Colegio Mayor Ayete. Había mucha gente, todos jovencitos, la mayoría adolescentes; con ellos cantamos a todo pulmón, Chapala, la canción que le cantaron los mariachis en México, a San Josemaría, el año 70, en la misma laguna que lleva ese nombre.

Seguimos nuestro recorrido hasta Bilbao para conocer el colegio Gaztelueta. Quedamos impresionados al escuchar la historia de ese primer colegio,  y de la labor que se estaba haciendo allí, a través de los alumnos y padres de familia. Nos encontramos con Don Gumersindo y Don Fanfi (Francisco Oñaindía), ambos habían estado en el Perú. Recordaban con un cariño inmenso lo que vivieron en nuestro país. Se alegraron mucho al vernos con chicos peruanos, camino al Incontro romano.

El viaje a Roma lo hicimos en tren, pasando por París. Almorzamos en Boulevard Saint Germain. Tuvimos una pequeña tertulia y por la tarde salimos a pasear por la ciudad luz, sin ingresar a ningún sitio, no había tiempo, porque nuestro tren para Roma partía a las 6.00 pm.

En la ciudad eterna

Amanecimos en Stazione Termini, un pulmino nos trasladó al alojamiento. Las delegaciones de distintos países llegaban con chicos de diversos países.

En la primera tertulia que tuvimos con Don Álvaro, Jorge Gandolfo, que estaba un poco acatarrado, le dijo: “Padre, ya que no puedo darle un beso por no contagiarle, ¿me podría hacer la señal de la cruz” Don Álvaro se acercó, le dio un beso y le dijo a continuación que ese catarro lo ofreciera por el Perú.

La convivencia de Pascua de 1976 fue un acicate para impulsar, aún más, la labor de la Obra en nuestro país. Gracias a Dios, en esos años, pasaron por nuestros centros, cientos de chicos, que pudieron recibir una formación cristiana sólida, que ha trascendido, en la mayoría de ellos a través de los tiempos, para la mejora de ellos y de sus familias. San Josemaría nos había dicho que cuando se siembra amor, se cosecha amor. Eso lo venimos comprobando siempre. (P. Manuel Tamayo).

domingo, 26 de mayo de 2024

DESPERTAR EN EL OLIVAR                                                     Tradiciones y Olivares 1977- 1978

En 1977 el club Saeta pasó a una casa nueva y grande en la av El Rosario de San Isidro, frente al colegio Santa Ursula, y al lado de la academia de Natación de Walter Ledgard. Al poco tiempo se construyó en el jardín posterior una loza para jugar fulbito, que fue la atracción de chicos y grandes.

En esos tiempos juveniles, los más grandes, de Tradiciones y del Saeta, estaríamos entre los 20 y 30 años de edad.

En la Escuela Naval

El Almirante Parodi le pidió al P. Pazos para que algún sacerdote pudiera atender a los cadetes de la Escuela Naval, sin que necesariamente se asimilara a la marina.

En la Escuela Naval estaba de capellán el P. Armando Subauste, que tenía un grado militar y pertenecía a la Vicaría General Castrense. El obispo era Mons. Alcides Mendoza, que tenía grado de General.

A la escuela Naval fueron los padres Jaime Payeras y Jesús Alfaro. Yo seguía de capellán en el colegio Markham hasta que vino el cambio, el P. Alfaro pasó al colegio y yo a la marina. Hubo una pequeña ceremonia en el despacho del director de la escuela naval para oficializar el cambio.

Todos los días por las noches el P. Payeras y yo en un Volkswagen íbamos a la escuela Naval para atender a los cadetes, y los días domingos celebrábamos la Santa Misa para los que estaban de guardia. Hicimos muchos amigos; fue para nosotros una experiencia muy grata, que recordamos con mucho cariño. También teníamos un trato habitual con Mons. Alcides Mendoza, que después fue nombrado Arzobispo del Cuzco.

Visitas a casa de mis padres

En casa de mis padres había muchas expectativas. Mi papá había sido “jubilado” de la Corte Suprema por una ley que dio el General Velasco, reduciendo la edad de Jubilación, para poder colocar a personas que a él le interesaban.

El General Morales Bermudez, que estaba en la junta de gobierno había convocado elecciones para 1980 y todo apuntaba al retorno de la democracia.

A mi padre le pidieron que retornara a la corte Suprema, pero el desistió, el año 80 cumplía 70 años y volvería a tocarle la jubilación. Se dedicó en esos años a un trabajo de asesoramiento en la Beneficencia pública del Callao.

Mi hermano Augusto ya se había recibido de abogado y estaba en la carrera judicial, Guillermo como Ingeniero Civil, mi hermana Teresa tenía a sus hijos recién nacidos, Roberto, estaba terminando derecho en la San Martín y Rosita, mi hermana menor, estaba todavía en el colegio.

Procuraba visitar a mis padres una vez a la semana a la hora del almuerzo. Mi madre se esmeraba en atenderme rápido, para que pueda continuar con mi trabajo sacerdotal.

De Tradiciones a la casa de enfrente

En verano de 1977 nos pasamos a la casa de enfrente. En el Centro Cultural Tradiciones se quedaron los universitarios con Jorge Gandolfo, Jaime Cabrera, Domingo Fataccioli, José Carlos Klauer, Pablo Delgado y otros.

A la casa de enfrente, que estaba cubierta por una enredadera de hiedra, que había pertenecido a Don Jorge Velaochaga y que fue ocupada por el Club Saeta, durante unos años, nos pasamos Oscar Sebastiani, Henry Bullard y yo, para ampliar la labor con escolares.

En el jardín lucía todavía la cabaña que construyó Jorge Gandolfo para el Saeta, no pudieron llevársela a la nueva sede del club y se quedó para nosotros; nos vino muy bien porque nos sirvió para realizar nuestras actividades con niños y adolescentes de distintos colegios de Lima.

Esa casa, era una delicia para todos nosotros y para los chicos que empezaron a venir. Los chicos se sentían en su casa, llegaban y se metían por todos los rincones. Los escolares que iban por Tradiciones se pasaron con nosotros: Erick Medina, Juan Antonio Bermejo, Emilio Arizmendi, Pancho Pulgar, Miguel y Rafael Dumet, Alberto Cornejo, Sandro Macassi, Mariano Jordán, Benito Rosi, Sergio Salas, Álvaro Maurial, Bernardo Schwartzman, los hermanos Garro, entre otros.

Los fines de semana organizábamos con ellos parrilladas nocturnas con las canciones de moda de los años 60 que todavía las tocaban en Radio Miraflores y en 11.60 FM.

La casa nos parecía a todos super grata, era estilo inglés, con un living enchapado en madera y un oratorio pequeñito y muy recogido. San Josemaría estuvo allí de paso y le gustó mucho. En la cabaña, que ocupaba parte del jardín, organizamos los famosos concursos culturales inter escolares, que tuvieron un éxito increíble, porque movilizaron a cientos de chicos de distintas edades. En la misma cabaña teníamos las proyecciones de las tertulias de San Josemaría. Estábamos difundiendo mucho su vida santa cara a su beatificación.

A las actividades que organizábamos participaban chicos de diversos colegios particulares de Lima

La actividad emblemática era el Concurso Cultural inter escolar. Cada colegio participaba con un equipo que estaba formado por chicos de 3er. 4to y 5to de media, que eran escogidos según el conocimiento de los temas del concurso. Había especialistas en matemáticas, literatura, historia, biología, geografía, política y amenidades.

Las preguntas de más puntaje eran, lógicamente las más difíciles. Ellos escogían en el tablero el tema con el puntaje deseado. Si acertaban podían seguir escogiendo. Algunas veces en el sobre de la pregunta escogida había una tarea que tenían que realizar, que les subía el puntaje.

El Concurso Cultural se volvió viral en los ambientes de determinados colegios, tanto que el dueño de Radio Miraflores, que estaba de moda en esos años, asistía a algunas sesiones y se quedaba admirado de la participación y del interés que ponían los chicos.  

Fue durante varios años la actividad más importante que teníamos con los escolares.  Los colegios ganadores eran felicitados y premiados en sus propios planteles con una ceremonia especial. Bastantes chicos que habían participado del concurso se quedaron luego a los medios de formación que el Centro les ofrecía.

Cada cierto tiempo organizábamos un paseo o campamento para los chicos y desde luego no faltaban todos los fines de semana los partidos de fulbito en la cancha que el Saeta recién había estrenado.

El nacimiento de “Olivares”

Ese mismo año, en fiestas patrias, la casa cubierta por una enredadera, de la Av. del Bosque 386, empezó a llamarse “Olivares”, se convirtió en un Centro más del Opus Dei en Lima para gente joven. El primer director fue Guillermo Campana (hoy Padre Campana), el su director era Oscar Sebastiani Vargas, el Secretario, Juan Antonio Bermejo y el sacerdote, un servidor.

El Club Saeta seguía teniendo sus actividades con niños y adolescentes. Organizaban continuamente campamentos y viajes por todo el Perú. De acuerdo a la edad estaban divididos en Marinos, que eran los mayores, luego los grumetes y los polizones, que eran los más pequeños. En el Club estaban Antonio Abruña,  (actúan Rector de UDEP), Carlos Santa María, Manuel Tudela, Ramiro Velaochaga, Andrés Haaker, Ricardo Hage (el Padre Hage), Miguel Ferraro, Abraham Zavala, entre otros. 

Tradiciones, Saeta y Olivares eran centros para gente joven y estaban relativamente cerca, en la zona del Olivar de San Isidro. Pasarón por allí cientos de chicos de colegio y universidad.

Esos años fueron como un despertar en el Olivar, desde donde se inicia una suerte de diáspora, de los que se llevaron consigo una formación centrada en Dios, para ser luego testimonios de vida cristiana en muchos hogares y trabajos.

Hoy, la mayoría de esos chicos, recuerdan con mucho cariño, esos años juveniles que pasaron en los Centros del Opus Dei, aprendiendo a ser buenos cristianos. (P. Manuel Tamayo)

 

viernes, 17 de mayo de 2024

EN EL PERÚ Y DESDE EL PERÚ

Años 1976 -1978 en Lima

El 29 de agosto de 1975, el General de División EP Francisco Morales Bermúdez Cerruti, lideró un golpe de estado y derrocó al Presidente Velasco (siendo su Presidente del Consejo de Ministros) en la ciudad de Tacna, hecho que se denominó el "Tacnazo".

Morales Bermúdez Gobernó 5 años con el Almirante de la Marina de Guerra Jorge Parodi Galiani, y el Teniente General de la FAP, Jorge Tamayo de la Flor. En ese período de Gobierno viajaron los tres a Roma y visitaron la tumba de San Josemaría Escrivá, en la Iglesia Prelaticia, para pedirle por el Perú.

 

El encargo de San Josemaría

“En el Perú y desde el Perú” era un encargo que nos dejó san Josemaría a los peruanos haciéndonos ver que ahora nos tocaba realizar una nueva evangelización, llevando la Palabra de Dios y el testimonio de una vida cristiana de santidad, por todos los rincones del Perú y luego poder salir a otros países, llevando a Dios con nuestras propias vidas.

Después del salto al Cielo de San Josemaría el año 1975 Don Álvaro del Portillo nos motivaba a crecer en el amor a Dios, dando un salto en la calidad de nuestra vida interior, para poder conocer y difundir la vida santa de San Josemaría Escrivá por todas partes, porque sería un bien grande para toda la Iglesia y por lo tanto para muchísimas almas.

 

Las Hojas informativas de San Josemaría

A mi me encargaron sacar adelante la oficina de vicepostulación del Opus Dei en Lima que funcionaba en Tradiciones para ir poniendo las bases y luego poder iniciar el proceso de canonización de San Josemaría, que tendría que pasar por diversas etapas.

En la oficina nos encargábamos de imprimir las hojas informativas y las estampas con la oración votiva. Hicimos un enorme fichero de suscriptores y enviábamos la Hoja por correo. En poco tiempo teníamos suscriptores en todo el territorio nacional.

 

Las películas de las tertulias de San Josemaría

Empezaron a llegar a Lima los rollos de 16 mm de las tertulias filmadas de San Josemaría en las catequesis de España y América.

Me encargaron del cuidado de los rollos y de hacer un guion de cada tertulia filmada para que pudieran solicitarlas conociendo el contenido de lo que se iba a ver.

Con el tiempo, se empezaron a organizar proyecciones mensuales de esas tertulias para todo tipo de personas. Esta experiencia fue maravillosa. La devoción de San Josemaría se extendió a lo largo y ancho de todo el país.

A la oficina llegaban cartas pidiendo Hojas informativas y estampas, también escritos contando algún favor o milagro que San Josemaría les había conseguido.

 

Capellán del Colegio Markham

En abril de 1976, me encargan enseñar religión en el Colegio Markham de Lima. El director peruano era Amadeo Gadea, con quien traté bastante y con algunos profesores, como José Vega, Hugo Berninson, entre otros.

Hice una excelente amistad con Julio César Espinoza que perdura hasta la fecha. Nos vemos con relativa frecuencia en reuniones familiares y en algunos eventos educativos tanto en Lima como en Chiclayo.

En el Markhan, tuve como alumnos a Jaime Bayly, Diego Bertie, Alfredo Tomassini Aita, que murió en el accidente aéreo de Ventanilla, cuando era jugador del Alianza Lima. Hice amistad con Carlos Espá, que también perdura hasta la fecha.

 

Un paseo al Callejón de Huaylas

Yo vivía en el Centro Cultural Tradiciones donde se desarrollaban actividades para chicos de colegio y de universidad.

En 1976 hicimos, con los chicos de Tradiciones, un paseo al Callejón de Huaylas en el departamento de Ancash. Salimos en una camioneta Volkswagen, que llamábamos “pan de molde” porque ese modelo se parecía a un pan alargado que se vendía en todas las panaderías con ese nombre.

Llegamos a Huaraz al atardecer, pero teníamos que seguir hasta Yungay donde el P. Elmer Norabuena, un amigo nuestro, nos había conseguido un alojamiento. Pero en Huaraz nos informaron que unos subversivos habían cortado la carretera que llegaba hasta Yungay.

Me preocupé mucho porque ya estaba entrando la noche, hacía mucho frío, la camioneta estaba llena de chicos, y no tendríamos dónde dormir. Me fui al Obispado para tratar de conectarme con el P. Elmer a través de la radio, pero fue inútil.

Le rezábamos a San Josemaría con la estampa de la devoción privada para que venga una solución. Al rato llega un sacerdote italiano y nos pregunta quiénes éramos. Enseguida le contamos nuestro percance. Él nos contó que tenía un alojamiento en un pueblo que se llama Jangas. Nos dio la dirección y el nombre de la persona que nos iba a recibir de su parte, que nos entregaría las llaves. Le agradecimos mucho. Estábamos muy contentos porque San Josemaría había solucionado nuestro problema.

Lo grandioso fue cuando llegamos al pueblo, ya de noche, al recibir las llaves del alojamiento, en el llavero estaba la fotografía de San Josemaría. Nos pareció increíble que, en ese pueblito de la sierra, metido entre los cerros y sin comunicación, estuviera la foto del Santo de lo Ordinario, y que nosotros, que le habíamos rezado buscando una solución, recibiéramos ese llavero con su foto.

 

Las bases para una posible expansión

En Tradiciones con Jorge Gandolfo, Oscar Sebastiani, Henrry Bullard y otros más, organizamos varios mini clubs en los distintos distritos de Lima para conocer chicos y conectarlos con Tradiciones. Le llamamos: Las bases.

Le pedíamos a una familia amiga que nos prestara su casa un par de horas por la tarde para tener alguna charla o meditación con los chicos de esos lugares, tomar un lonche y acabar. Estuvimos en Barranco, en Jesús María, el Pueblo libre y en Chama. Como éramos muy pocos y no teníamos tiempo esta iniciativa no prospero. Algunos chicos de las bases pasaron a Tradiciones.

 

El gran concurso cultural

En esos años, como yo era exalumno del colegio SSCC Recoleta, los padres del colegio me facilitaron unas listas con las direcciones de los chicos de los últimos años de media. Así pudimos conectar a Luis Felipe Arizmendi, a su hermano Emilio y a Pancho Pulgar Vidal. Ellos a su vez llevaron a otros chicos del colegio por Tradiciones.

Con Henry Bullard organizamos el Primer Concurso Cultural inter escolar. Imprimimos un folleto y nos paseamos por los colegios buscando que participaran del concurso. Este concurso que empezó el año 76, se tuvo todos los años sucesivos y era una de las principales actividades que teníamos en la labor con chicos. Se conectó mucha gente de diversos colegios.

Si bien recuerdo participaron los siguientes colegios de Lima: Recoleta, Santa María, Maristas San Isidro, Santa Margarita, La Salle, Humboldt, María Reina, Pestalozzi, Markham, Champagnat, entre otros.

A inicios de 1977, el club Saeta que estaba frente a Tradiciones en la misma Av. del Bosque de San Isidro, se traslada a la calle El Rosario, en el mismo distrito, a una casa bastante grande, frente al colegio Santa Úrsula.

El local de la Av. del Bosque 386, donde estaba la casa cubierta por una enredadera, quedó para la labor de escolares del Centro Cultural Tradiciones y a los pocos meses se convirtió en un nuevo Centro que se llamó “Olivares” por su proximidad al bosque de los olivos de San Isidro. Allí empezó una interesante e inolvidable labor con chicos de colegio de todo Lima. (P. Manuel Tamayo).

viernes, 10 de mayo de 2024

PRIMERA MISA EN LIMA Y TRÁNSITO AL CIELO                           DE SAN JOSEMARÍA

Primer semestre, 1975

Todavía estaba Velazco Alvarado de presidente de la República. El clima político bastante alterado, especialmente en Lima. Los semanarios de Alfonso Baella Tuesta (El Tiempo) y de Francisco Chirinos Lizarez (Opinión Libre), nos ponían al día de los últimos acontecimientos.

San Josemaría, que había estado el año anterior en Lima, rezó mucho por nuestro país. Nos llenó de esperanza, incluso nos dijo: “en el Perú y desde el Perú” recordándonos la misión que teníamos, como cristianos, de acercar mucha gente a Dios, incluidas las autoridades. Siempre que terminaba una tertulia nos hacía rezar por las autoridades civiles y eclesiásticas.

Yo, recién ordenado, veía a mi país quebrado y a mucha gente dolida por la situación en que se encontraban. Varios perdieron sus tierras y sus propiedades y otros tuvieron que emigrar al extranjero para buscar mejores oportunidades para vivir.

Nuestras primeras Misas solemnes en Lima podrían ser una buena ocasión para levantar los ánimos de nuestros familiares y amigos, haciéndoles ver que con Dios nada se pierde, y que más bien había que tener esperanza en la construcción de una sociedad más humana y más cristiana.

Jesús Alfaro, que se había ordenado conmigo en Barcelona, celebró su primera Misa solemne en Lima en la Iglesia de Jesús, María y José, detrás del hotel Bolívar, en el Centro de Lima, el 31 de marzo de 1975. Ambos las celebramos en latín y fueron cantadas. Antes le preguntaban al que se acababa de ordenar: “¿Cuándo vas a cantar Misa?”

 

En la Iglesia del Colegio SSCC Belén

Mi primera Misa solemne fue en la iglesia del colegio SSCC Belén en San Isidro. Los familiares y amigos que asistieron eran, en su mayoría, de la generación de mis papás, a la fecha deben haber fallecido todos. Llenaron la Iglesia, que es bastante grande.

El retablo de la Iglesia me trae gratos recuerdos de la infancia, cuando ayudaba en los oficios de semana santa, que eran presididos por el Cardenal Landazuri, junto a otros acólitos. El P. Armel, nos convocaba entre los años 58 y 63, para ayudar en el colegio de Belén. 

Cuando demolieron la Iglesia de Lima, el retablo fue trasladado a la actual Iglesia que tiene el colegio en San Isidro, y que fue construída por el Arquitecto Fernando Belaunde Terry. Y allí es donde celebré mi primera Misa solemne en Lima.

A esa Misa asistieron también dos sacerdotes de mi colegio, SSCC Recoleta, muy elegantes con sus hábitos blancos. Ambos se mantuvieron en la línea ortodoxa de la doctrina cristiana.  

El P. Armel Becket, fue quien me preparó para la primera comunión, me instruyó para ser acólito y Lobato en la tropa Scout Lima 1, fue también el primero que me habló personalmente sobre el sacerdocio diciéndome que iba a rezar por mi.  Esa conversación la tuve en un pasillo del segundo piso de mi colegio, cuando tenía 9 años de edad, la recuerdo como si fuera hoy. Al P. Armel le alegró mucho mi ordenación sacerdotal.

El otro sacerdote fue el P. Andrés Aldasoro, nuestro jefe de división, (encargado de nosotros), cuando cursaba 5to de media. Con él tuve, ya siendo sacerdote, muchas conversaciones. Me decía que nosotros éramos “el resto de Israel” porque conservábamos la doctrina que Jesucristo nos enseñó, sin cambiarla.

Predicó la homilía el P. Antonio Ducay, que ahora tiene 95 años. Con su estilo didáctico y directo empezó su homilía, mirándome a mi, que estaba sentado en la sede, y con una pregunta me interrogó: “Manuel, ¿porqué te has ordenado sacerdote?”.  Como todavía no tenía experiencia en los protocolos litúrgicos, me pareció que en ese momento tenía que responder esa pregunta y cuando estuve a punto de pararme para contestarle, continuó con la homilía. Pude respirar tranquilo.

Sentado en la sede, mientras el P. Ducay predicaba la homilía, observaba a mis padres y los veía un podo inquietos o tal vez preocupados porque de vez en cuando hablaban entre ellos. Al final de la Misa me enteré que mi hermano Guillermo había ingresado al hospital por un tema de neumotórax espontáneo. Menos mal que no fue grave y al día siguiente ya se le había expandido el pulmón y le dieron de alta. Este problema alteró la recepción de mi primera Misa porque aún no sabíamos lo que pasaba.

 

Sacerdote de Tradiciones

El director de Tradiciones era Jorge Gandolfo, unos días después de mi primera Misa llegó al Perú el P. Jaime Payeras y fue a vivir a mi casa. En el Centro recordábamos constantemente la visita que nos hizo San Josemaría el año anterior. Los recuerdos eran recientes con miles de anécdotas, todas edificantes, y una proyección de la labor apostólica que no tenía límites.  

En mayo hicimos romerías a los santuarios de la Virgen, José Ramón había preparado unos poemas y con la guitarra de fondo le acompañábamos, además, añadíamos las canciones que San Josemaría le cantaba a la Virgen de Guadalupe en 1970.

La última semana de junio estuve atendiendo una convivencia de las mujeres del Opus Dei en Sierralta, Chaclacayo. El día 26, cuando regresé a Tradiciones, Paul Cabrera me advierte, nervioso y balbuceando, que Jorge Gandolfo me quería decir algo. Pensé de inmediato que algo podría haberle ocurrido a algún familiar mío. Cuando entré a la salita, Jorge se echó a llorar, en ese momento pensé que algún familiar de Jorge se habría puesto mal o habría muerto, hasta que me dijo, entre sollozos, que San Josemaría había fallecido.

El tránsito al Cielo de San Josemaría

Me quedé petrificado con la noticia inesperada. Son esas ocasiones en que no reaccionas y pasan por tu cabeza mil cosas a unas velocidades astronómicas que no te permiten razonar. No sabía que decir. Me quedé un buen rato sentado sin atinar a nada.

Cuando se calmó Jorge, conversamos de lo que había que hacer de inmediato, yo era el sacerdote del Centro, primero tendríamos que organizar una Misa para que asistan todos los de la casa y algunas personas amigas; pero antes, había que dar la noticia a los que todavía no se habían enterado.

A la 1.30 pm entramos al almuerzo, silenciosos todos, parecía que estábamos en un curso de retiro, nadie decía ni comentaba nada. El P. Payeras consolaba a quienes continuaban compungidos. Fue un momento difícil de incertidumbre y desasosiego. Tuvimos la Misa por la tarde.

Nos informaron de la casa de la comisión regional, que el P. Vicente Pazos, que era el consiliario, había salido para Roma con el ing. Eugenio Jiménez.

En Lima se organizó una Misa de difuntos en la parroquia de la Virgen del Pilar concelebrada por los tres obispos: Mons. Ignacio Orbegoso, obispo de Chiclayo, Mons. Luis Sánchez Moreno, Obispo Prelado de Yauyos y Mons. Enrique Pélach, obispo de Abancay. (P. Manuel Tamayo). 

viernes, 3 de mayo de 2024

 DE PAMPLONA A LIMA

Un retorno temporal en 1975

La programación de las actividades sacerdotales estaba hecha para todo el año 1975. Antes del año nuevo recibí mis encargos. Igual que los demás sacerdotes tenía varias labores que atender: meditaciones, clases, retiros, confesiones, etc.

El P. Honorio que era el director espiritual no sabía qué hacer cuando todos los que no éramos españoles tuvimos que volvernos a nuestros países de inmediato.

En la Torre I, donde yo vivía, le tenía que dejar todo el trabajo de atender a los sacerdotes a Antonio Ariza, que también se había ordenado conmigo. Después de esas gestiones de último momento rápidamente hice las maletas y me fui a la estación del tren para viajar a Madrid donde tenía que tomar el avión. Me acompañó Pepe Tejada, que retornaba a México.

 

“¡Señor, que vea!”

En diciembre de ese año San Josemaría nos había pedido que repitiéramos la jaculatoria del ciego del evangelio, “¡Señor que vea!” y que añadiéramos: “¡que veamos todos y que vean muchos!”

Días antes de partir me había comunicado con Lima para anunciar mi retorno. Fue también una sorpresa para ellos, yo estaba haciendo el doctorado en Pamplona e iba cursando recién el primer año, no tenía mucho sentido que regresara a Lima si no había terminado.

En esos escasos días, bastante apretados, pude tener conversaciones con el director de mi tesis, el P. Jesús Ferrer, para empezar a elaborarla y poder terminarla a tiempo. Me dijo, con mucho aplomo y seguridad, que en Lima podía avanzarla y tenerla casi lista para cuando volviera. La verdad es que me animó mucho y me propuse trabajarla muy bien. La tesis se tituló: “La relación entre el pecado y el vicio en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino”

Yo tenía una sensación ambigua, por un lado veía que era importante continuar con los estudios para acabar bien el doctorado que había empezado y por otro lado el volver a Lima, era alegría de volver a mi país después de 6 años de ausencia, y poder nuevamente ver a ver a mi familia y a mis amigos.

Estaba convencido que pronto podría volver nuevamente a Pamplona para terminar lo que había dejado estancado.

En Lima, las cosas no iban tan bien. Todavía gobernaba Juan Velasco Alvarado. Ese año confiscaron los diarios y los canales de televisión. A unos cuantos periodistas, entre los que se encontraba Federico Prieto, los deportaron a Buenos Aires. Se habían nacionalizado varias empresas y muchas tierras pasaron a ser administradas por campesinos que se reunían en cooperativas para sacar adelante sus proyectos; todo fue un fracaso y había un descontento general.

 

Llegando a Lima

Llegué al aeropuerto Jorge Chávez y estaban allí mis padres para recogerme. Los había visto hacía unos meses cuando fueron a mi ordenación en Barcelona. Mis hermanos estaban gigantes, Augusto y Guillermo, terminando sus estudios universitarios, mi hermana Teresa se había casado hace dos años con Gerardo Figuerola, los casó el P. Alberto Clavell, mi hermano Roberto había terminado el colegio y Rosita, mi hermana menor, era escolar todavía.

Encontré al país bastante venido a menos. Me impresionó ver las calles descuidadas, sucias y llenas de combis. Lima había perdido su encanto, ya no era la ciudad de las flores. Eran las consecuencias de los último 7 años del gobierno militar de corte socialista. En  los ambientes políticos se “rumoreaba” la inminente caída del Velasco.

 

Trámites para la primera Misa solemne en Lima

Se apuraron los trámites para que celebrara una Misa Solemne en Lima. Sería en la Iglesia del Colegio de Belén, don de estudiaron mi madre y mis hermanas, que estaba ahora a unas pocas cuadras de la casa de mis papás. Mandamos hacer las estampas y las invitaciones. Sería para el 4 de abril.

El país empezó a entrar en conflicto. En febrero hubo una huelga de policías y las turbas salieron para robar en las tiendas. Tuvo que intervenir el ejercito y hubieron heridos y muertos.

El 28 de marzo de 1975 San Josemaría cumplía sus bodas de oro sacerdotales, era viernes santo y pasó el día rezando y agradeciéndole al Señor su fidelidad:

 

“una mirada atrás… un panorama inmenso…tantos dolores y tantas alegrías; y ahora, ¡todo alegrías!, porque el dolor es como el martilleo del artista que quiere hacer de nosotros un crucifijo, el Cristo que hemos de ser”

 

Última visita de San Josemaría a Torreciudad

En mayo de 1975 San Josemaría recibió de su tierra natal Barbastro, la medalla de oro de la ciudad. En esas circunstancias se encontraba dolido porque le dieron la noticia de la muerte del P. Salvador Canals, a quien quería mucho.

Visitó también Torreciudad por última vez, allí fue cuando pidió, que en la capilla de los confesionarios se pusiera un mosaico de la Virgen de Guadalupe. Le acompañaban D. Álvaro del Portillo, D. Javier Echevarría y un mexicano, Alberto Pacheco.

San Josemaría dijo: “cuando esté listo el mosaico de la Virgen vendremos los tres para bendecirla” Alberto Pacheco pensó en ese momento que los tres serían: San Josemaría, D. Álvaro y D. Javier, como era lo lógico.

Pero, el mes siguiente San Josemaría se fue al Cielo, y cuando estuvo el mosaico listo, fueron a Torreciudad, para cumplir con el encargo, los tres: D. Álvaro, D. Javier y Alberto Pacheco. (P. Manuel Tamayo)