viernes, 31 de mayo de 2024

 CONVIVENCIA DE PASCUA EN ROMA                                   Incontro, ICU, 1976

Tenía pendiente regresar a Pamplona para presentar mi tesis doctoral. El P. Jesús Ferrer (mi asesor de tesis) me había dado las pautas para que pudiera defenderla ese año. En Lima, tuve que dedicar varias horas para terminarla y llevarla a una imprenta, en el jirón Moquegua, para su impresión (en Stencil) y encuadernación.

Ricardo Gonzáles Vigil, compañero de colegio, dedicado a la literatura, vio mi tesis en la imprenta y enseguida me llamó. Estaba sorprendido de que presentara en la Universidad de Navarra, Pamplona, mi tesis doctoral en teología con el título: “La relación entre el pecado y el vicio en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino” Nunca me gustaron los títulos largos, pero los de las tesis suelen ser así.

 

Viaje a la Ciudad Eterna

En semana santa del 76, antes de resolver mis asuntos académicos, tuve la oportunidad de asistir a la convivencia de Pascua en Roma, que en esos años se llamaba ICU.

Fuimos desde Lima: Jorge Gandolfo (falleció en 1999), Juan Buendía (era laico, luego se ordenó y falleció el 2023), Guillermo Campana (ahora el P. Campana), Armando Franco, Juan Manuel Rodó, Pablo Montalbeti, José De la Puente, Antonio Benavides, Abraham Zavala, Andrés Haaker, Ramiro Velaochaga, Juan Antonio Bermejo, Roberto Llave, entre otros.

Antes de llegar a Roma pasamos por Pamplona y nos alojamos en una pequeña casa de retiros llamada Obanos, a muy pocos kilómetros en la carretera de Logroño, hacía un frío descomunal.

Como en todas las convivencias, tuvimos con los chicos en Lima, una preparación previa, con varias charlas y unas clases de arte sacro que estuvieron a cargo de Jorge Gandolfo, yo les di unas pequeñas nociones de italiano, lo más elemental, para que se pudieran manejar los pocos días de estancia en Roma.

A los dos años de la visita de San Josemaría al Perú

San Josemaría había estado en el Perú en 1974, solo habían pasado dos años de su visita y estábamos con toda la viada que el Santo de lo ordinario nos inculcó, para extender la labor apostólica a mucha más gente joven. La convivencia de Pascua era una buena ocasión para llegar a esas metas más ambiciosas.

Era la primera convivencia de chicos jóvenes con Don Álvaro del Portillo, que había sido elegido el año anterior, como sucesor de San Josemaría. Estaba tan unido al Fundador del Opus Dei que, al terminar la elección, que fue por unanimidad, comentó: “¡habéis elegido al Padre” (se refería a San Josemaría).  

En esos años, después del salto al Cielo de Mons. Escrivá, Don Álvaro se encargó de llevar la Obra por el camino que el Señor le había transmitido al Fundador del Opus Dei.

Nos hablaba de santidad proselitista, que consistía en contagiar a los demás con el propio ejemplo, siguiendo las huellas que nos dejó San Josemaría, para lograr ser santos, en medio del mundo, santificando el propio trabajo profesional ordinario.

El mismo Don Álvaro nos contaba que el Papa Paulo VI le había pedido que hiciera crecer a la “bellísima familia” del Opus Dei, con la ayuda de su Fundador, que podía interceder desde el Cielo.

Con Don Álvaro, el Opus Dei se extendió a muchos más países y ciudades en todos los continentes. Fueron años de mucha oración y crecimiento.

Años juveniles inolvidables

Para nosotros esos años juveniles fueron maravillosos e inolvidables. Tuvimos que rezar mucho por la situación jurídica del Opus Dei (continúan ahora las oraciones), fuimos testigos de un crecimiento interior en muchas personas y de una expansión realmente milagrosa: conversiones, con favores que desde el Cielo conseguía San Josemaría a muchísima gente.

También estuvimos en los años del Papa Juan Pablo II cuando erigió el Opus Dei en Prelatura Personal y cuando beatífico (1992) y canonizó (2002) a San Josemaría.

¡Qué años juveniles más buenos hemos vivido! Para nosotros, quienes nos sentimos privilegiados, ha sido como una antesala del Cielo, algo así como la Transfiguración para Pedro, Santiago y Juan.

La convivencia de Pascua de 1976

Nuestro viaje por España, antes de llegar a Roma fue especialmente histórico porque eran esos primeros años de San Josemaría en el Cielo.

En el Colegio Mayor Montalbán en Madrid, estuvo con nosotros de tertulia el P. Manuel Botas, que vino muy ilusionado a ver a los peruanos y nos recordó tantas cosas de los inicios de la Obra en Lima, haciéndonos ver la responsabilidad que teníamos los que pudimos conocer a San Josemaría y que éramos cofundadores.

Desde Madrid hicimos una pequeña excursión a Toledo, en el almuerzo estuvimos con Don Fernando Bayo, que nos contó lo bien que la pasó al lado de San Josemaría, cuando estuvo en Roma.

Continuamos nuestro viaje hacia Pamplona. Al llegar hicimos un recorrido por el Campus de la Universidad de Navarra. Luego, en el Colegio Mayor Belagua, tuvimos la oportunidad de cantar varios valses peruanos, delante de los residentes y otros chicos que estaban allí de paso. ¡Fue grandioso!

Nuestro viaje se extendió a San Sebastián. Los chicos felices de los ambientes que encontraban al ver que en los Centros había mucha de gente joven, y se notaba que estaban tocados por la catequesis que hizo San Josemaría en España.

Nos contaban que en España los números habían crecido en todas las provincias. Nosotros podíamos darnos cuenta que los chicos jóvenes no tenían “pelos en la lengua” para hablar de Dios a sus amigos, con un entusiasmo arrollador, que conmovía.

Ese día, almorzamos y tuvimos una tertulia musical en el Colegio Mayor Ayete. Había mucha gente, todos jovencitos, la mayoría adolescentes; con ellos cantamos a todo pulmón, Chapala, la canción que le cantaron los mariachis en México, a San Josemaría, el año 70, en la misma laguna que lleva ese nombre.

Seguimos nuestro recorrido hasta Bilbao para conocer el colegio Gaztelueta. Quedamos impresionados al escuchar la historia de ese primer colegio,  y de la labor que se estaba haciendo allí, a través de los alumnos y padres de familia. Nos encontramos con Don Gumersindo y Don Fanfi (Francisco Oñaindía), ambos habían estado en el Perú. Recordaban con un cariño inmenso lo que vivieron en nuestro país. Se alegraron mucho al vernos con chicos peruanos, camino al Incontro romano.

El viaje a Roma lo hicimos en tren, pasando por París. Almorzamos en Boulevard Saint Germain. Tuvimos una pequeña tertulia y por la tarde salimos a pasear por la ciudad luz, sin ingresar a ningún sitio, no había tiempo, porque nuestro tren para Roma partía a las 6.00 pm.

En la ciudad eterna

Amanecimos en Stazione Termini, un pulmino nos trasladó al alojamiento. Las delegaciones de distintos países llegaban con chicos de diversos países.

En la primera tertulia que tuvimos con Don Álvaro, Jorge Gandolfo, que estaba un poco acatarrado, le dijo: “Padre, ya que no puedo darle un beso por no contagiarle, ¿me podría hacer la señal de la cruz” Don Álvaro se acercó, le dio un beso y le dijo a continuación que ese catarro lo ofreciera por el Perú.

La convivencia de Pascua de 1976 fue un acicate para impulsar, aún más, la labor de la Obra en nuestro país. Gracias a Dios, en esos años, pasaron por nuestros centros, cientos de chicos, que pudieron recibir una formación cristiana sólida, que ha trascendido, en la mayoría de ellos a través de los tiempos, para la mejora de ellos y de sus familias. San Josemaría nos había dicho que cuando se siembra amor, se cosecha amor. Eso lo venimos comprobando siempre. (P. Manuel Tamayo).

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