martes, 25 de junio de 2019


EL RESPETO A LOS UNIFORMES Y A LOS SÍMBOLOS

“El Uniforme es un vestido peculiar y distintivo que usan los individuos pertenecientes a un mismo cuerpo, empresa o institución. Todo uniforme tiene su razón de ser y transmite un significado. En todos los países del mundo se valoran y respetan los uniformes, algunos tienen un valor sagrado”. (Diccionario).

“La indumentaria militar es también el reflejo de una tradición y un pasado histórico que es necesario respetar y mantener y, como testimonio material del hombre, ofrece una exacta referencia de las costumbres sociales de cada período histórico, al constituir claros indicativos de los diferentes estatus sociales y de las capacidades tecnológicas de la nación” (Carlos J. Medina Ávila).

“Las divisas son las insignias que corresponden y definen a cada uno de los empleos en las Fuerzas Armadas, desde soldado o marinero hasta el Almirante o General. Los emblemas constituyen las insignias que distinguen a los distintos ejércitos –emblemas generales– y, dentro de ellos –emblemas particulares– a las Armas, Cuerpos, Servicios, especialidades fundamentales y a algunas unidades de carácter especial. Los distintivos son aquellas insignias que señalan determinadas circunstancias, vicisitudes o méritos que concurren en la persona que las ostenta”(Carlos J. Medina Ávila).

“Un Boy Scout siempre debe andar completamente limpio, la ropa ordenada, bien peinado y los zapatos lustrados. Cada Scout debe esmerarse por tener el uniforme y el equipo mejor tenido. Una persona bien presentada ya tiene recorrida la mitad del camino para ganarse la confianza de los demás”. (Robert Baden Powell).

“La camiseta de la selección peruana con franja roja se convirtió, con el paso del tiempo, en un símbolo de la patria más, tan valioso como la bandera, el escudo, el himno o la escarapela” (historia de la camiseta nacional).

“El canon 284 del Derecho Canónico católico indica que los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar. A esas vestiduras peculiares, que identifican a los sacerdotes como una especie de uniforme permanente, se denomina traje eclesiástico. Para las utilizadas en el culto se reserva el término vestiduras sagradas.



COMENTARIO

No hace falta dar mayores explicaciones para saber que el respeto por las personas, las instituciones, los uniformes y los símbolos ha caído considerablemente en los últimos años.

Los atropellos y maltratos han aumentado causando enfrentamientos y divisiones entre los seres humanos. Nos estamos acostumbrando a ver las peleas y rupturas como algo normal. Las personas respetuosas y fieles a sus compromisos parece que fueran de otro planeta.


La ignorancia es el peor de los males
A todo esto se junta la ignorancia que lamentablemente está extendida en todos los ámbitos de nuestro país. Preocupa más que el fenómeno del niño, el friaje, y las enfermedades infecciosas. Es más, los problemas climáticos (lluvias, terremotos), son mucho más graves por la ignorancia. Y es muy penoso cuando se ve que muchas autoridades son ignorantes; y es lo que lamentablemente está pasando ahora.

La falta de respeto y la apreciación de los valores se caen al suelo debido a la ignorancia. No está muy lejos el refrán que dice: “del pecado de ignorancia el demonio saca ganancia”


El engaño de la ideología de género
Sin ir muy lejos;  hay que tener un desconocimiento muy grande de la realidad para no darse cuenta que existe en el mundo una ideología de género con propósitos perniciosos para la estabilidad de la familia y la moral de las personas. Es una ideología de ruptura y de enfrentamiento con fines políticos y económicos.

Los propulsores de esta ideología mienten desconsideradamente y buscan por todos los medios contarnos el cuento de que están luchando por la igualdad entre el hombre y la mujer y contra el “machismo” que ocasiona los feminicidios. ¿quién no está a favor de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer y en contra del machismo y los feminicidios? Los defensores de la ideología del género presentan esos criterios como si fueran los únicos objetivos y no dicen nada de lo que realmente pretende esa ideología en el país.


Alergias contra la tradición, las virtudes y los valores
Existe hoy una sensibilidad enfermiza contra la tradición, las virtudes y los valores; como si hubiera que erradicarlos porque son un estorbo para el progreso de la humanidad. Lo estamos notando en los manoseos que se hace de lo que es sagrado, con una falta de respeto que causa verdadera indignación a las personas que aman sus compromisos que están tejidos con valores objetivos, que son los que deben ser perennes en el ser humano, para que no pierda su dignidad como persona.


Los compromisos sagrados
En la Iglesia un obispo o un sacerdote corresponden al compromiso que han adquirido siendo fieles y piadosos a los requerimientos de su investidura. Amarán en traje talar y los ornamentos que utilizan para la Santa Misa por lo que significan y tendrán cuidado y esmero en tenerlo todo muy limpio y bien puesto.

Si un sacerdote pierde el sentido de su sacerdocio empezará a maltratarlo todo y podría terminar rompiendo su compromiso. La casuística es elocuente.

A los fieles les encanta ver que un sacerdote sea fiel en el cumplimiento de sus compromisos y por lo tanto en el cuidado que pone al vestirse correctamente y en todo lo que se refiere a la liturgia y al cuidado de la atención a las almas.


Los compromisos juveniles
A los niños y a los adolescentes hay que enseñarles el sentido de los compromisos que deben adquirir. Que ellos se sientan libres comprometiéndose a vivir y respetar los valores que deben querer con toda el alma y que los hace libres por estar de acuerdo con la verdad.  

Los Boy Scouts se sienten “orgullosos” de llevar su uniforme impecable para estar al servicio de los demás y sus jefes se preocupan de que vayan correctamente vestidos: zapatos limpios, camisa planchada, medias altas, pañoleta bien doblada. En sus orígenes esta institución nace para que los chicos sean ordenados y serviciales. El buen Scout ama su uniforme con sus insignias y tiene un gran respeto por las personas.

Los futbolistas profesionales que pertenecen a una selección aman su camiseta, los hinchas también. Para ellos la camiseta es un símbolo sagrado que besan cuando han logrado una conquista. La camiseta de un color determinado les da un sentido. No puede ser distinta, tampoco cambiar de color, no les da lo mismo, porque la camiseta de ese color significa para ellos algo que los identifica y los une.

Quien respeta los valores respeta a las personas en su modo de vestir adecuado y coherente de acuerdo a las circunstancias y a lo que cada persona representa.
La informalidad y el desorden son irrespetuosos y crean una mentalidad caótica de enfrentamiento y ruptura que nada tiene que ver con la libertad (P. Manuel Tamayo).


miércoles, 19 de junio de 2019


EL FUERO INTERNO EN LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA

“La distinción entre el fuero interno y externo es habitual y tradicional en la vida de la Iglesia y constituye una expresión de la protección de la conciencia y de la intimidad de los fieles en relación a la función de gobierno de los Pastores y superiores de la Iglesia”. (Código de Derecho canónico).

“Me he dado cuenta de que en algunos grupos de la Iglesia, los superiores mezclan las dos cosas y sacan del fuero interno cosas para las decisiones externas y viceversa. (…) ¡Esto es un pecado! Es un pecado contra la dignidad de la persona que se fía del sacerdote”. Esta persona pone de manifiesto su realidad para pedir perdón y ve finalmente cómo su confesión es utilizada”, (Papa Francisco).

“El fuero interno designa, de una manera general, lo que pertenece a la conciencia de una persona. En el marco de la confesión, una persona confía al sacerdote lo que pertenece a su fuero interno, que está protegido por el sello sacramental…El fuero interno es fuero interno. Es una cosa sagrada. Quería decir esto porque me preocupa”, (Papa Francisco).

“La objeción de conciencia es un derecho que tiene que ver con las convicciones íntimas de una persona, ya sean morales o religiosas, que lo habilita a abstenerse de realizar determinados actos que tiene profunda justificación en los tratados internacionales de derechos humanos. Generalmente se alude a este derecho relacionándolo con la libertad de conciencia y de religión (Convención Americana de Derechos Humanos, art. 12; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 18) y también está reconocida como parte de la libertad de pensamiento”, (Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Resolución 46 de 1987). 


COMENTARIO

Los padres son los primeros educadores de sus hijos. Ellos tienen la responsabilidad en la formación de la conciencia de sus propios hijos. El colegio, con el consentimiento de los padres, puede ayudar al niño con la dedicación y el ejemplo de los educadores, en la formación de su conciencia.

En los temas íntimos de los menores, relacionados con la formación de su conciencia, solo pueden entrar los papás, y si ellos desean, pueden contar con la ayuda de un sacerdote o un orientador para que, autorizándolos ellos, ayuden en la formación de la conciencia de sus hijos.

En un colegio sería muy bueno que los educadores y el capellán cuenten con la autorización expresa de los papás para tratar asuntos de conciencia con los alumnos.  Hoy no se debe entender que esta autorización se da de un modo automático por parte de los padres.

Al educador y al sacerdote les debería constar que los padres les están dando el consentimiento para que traten a sus hijos. Además ellos procurarán ser amigos de los chicos y de sus padres. Es indispensable el clima de amistad, mucho más en estos tiempos de confusión.


Sin libertad todo se pierde
Para la formación de una conciencia verdadera es necesaria la libertad y ésta la debe tener el niño, desde muy pequeño, para que aprenda a querer y le dé sentido a lo que está haciendo. Los padres y educadores deben conocer muy bien a los niños para saber si han adquirido las virtudes necesarias para que, desde pequeñitos, hagan las cosas a conciencia.

En el proceso de formación de la conciencia de un niño se debe evitar, en la medida de lo posible, que hagan las cosas solo por obligación o porque así está establecido. La conciencia se forma no para que aprendan de un modo maquinal los procedimientos y la formas, sino para que entiendan el sentido de las cosas.


Aprender a sacrificarse por amor
Es importante explicarles que las cosas buenas exigen sacrificio y esfuerzo y que muchas veces no son  apetecibles. Ser libres no es hacer solo lo que nos gusta. Ser libre es hacer las cosas con amor, aunque no nos apetezca o nos resulte complicado o difícil.

Los consejos que se dan al niño o al adolescente para formar su conciencia deben ser entusiasmantes y positivos, nunca impositivos y drásticos. No es bueno regañarles o asustarles para que hagan lo que se les pide. Los consejos no deben ser amenazantes, ni mucho menos humillantes. No es eficaz dar “sermones” o decirles de modo imperativo “¡tienes que hacer esto!”


Modos de corregir que no son eficaces
En un colegio los educadores deben evitar ser reiterativos en las indicaciones, como por ejemplo decirles siempre a los alumnos que pasan por el Santísimo: “¡Saluda!” o “¡ponte de rodillas!” 

Al alumno se le debe educar para que tenga él el hábito y que salude realmente al Señor porque él lo quiere. Si no lo hace no hay que ponerse nerviosos, no pasa nada. Por otro lado siempre se debe procurar dar ejemplo de amor a Dios en esas manifestaciones concretas de trato.

La costumbres, de los colegios religiosos, de llevar al salón de niños a la capilla, para que todos, cuando escuchan la palmada del catequista, se arrodillen en grupo frente al Sagrario, es mucho menos eficaz que la enseñanza que el niño pueda recibir de sus padres cuando ve cómo rezan el día que salen a visitar al Santísimo. En un colegio también se puede ayudar a que la piedad de cada niño crezca.

Lo importante no son las formalidades sino su auténtica correspondencia al amor de Dios en cada uno. También es bueno tener en cuenta que no con todos se consigue lo mismo, tampoco la finalidad consiste en que todos hagan lo mismo. Siempre existirán las diferencias.
Para educar correctamente la conciencia es más importante la piedad auténtica de los padres, del capellán y de los educadores.


Respetar la libertad de cada uno
El respeto por el fuero interno es fundamental,  y para que se dé,  tiene que haber libertad. La libertad no consiste en decir: “¡Que vaya el que quiera!” sino saber que las personas se sientan libres de verdad y con ese contento escojan lo mejor, porque además se les ha enseñado. Es así es como va creciendo poco a poco la virtud en el alumno. Hay que ir siempre primero a las personas y después a las organizaciones, actividades o procedimientos.

En el campo espiritual todo lo que se organice es para la persona. Se debe tener en cuenta las características de las personas antes de organizar algo. Hacerlo al revés es ir al fracaso.


Libertad de conciencia
En un clima de libertad se respeta la objeción de conciencia sin que pase absolutamente nada. Se crea un ambiente sano de respeto y apoyos mutuos, aunque existan diferencias en los enfoques de los temas y las opiniones.

En los ambientes juveniles pueden haber ateos, agnósticos, creyentes, personas con distintos gustos y aficiones. Los padres y educadores no deben perder los papeles.

Los papás, el capellán y los educadores no deben cerrar puertas, tachar a las personas,  o guardar silencios despectivos. Deben mostrar una gran apertura y ser muy amables, para atender a todos con los brazos abiertos. No deben sesgarse a determinados criterios, aunque sean verdaderos, y tener la suficiente “correa” para saber llevar bien las cosas.

Cuando al Señor le preguntan si era conveniente quitar la cizaña que se había mezclado con el trigo bueno, el Señor les dice que no: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquen a la vez el trigo. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: recojan primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y el trigo recójanlo en mi granero."».  (Mateo 13, 24-30)



miércoles, 12 de junio de 2019


EL CÁNCER DE UN FALSO OFICIALISMO

“Quien pretenda cristianizar su ambiente sin partir de una relación personal con Cristo encontrará el fracaso más absoluto” (Mariano Fazio, Transformar el mundo desde dentro, p. 56).

“Si no aprendemos de Jesús, no amaremos nunca. Si pensásemos, como algunos, que conservar un corazón limpio, digno de Dios, significa no mezclarlo, no contaminarlo con afectos humanos, entonces el resultado lógico sería hacernos insensibles ante el dolor de los demás. Seríamos capaces sólo de una caridad oficial, seca y sin alma, no de la verdadera caridad de Jesucristo, que es cariño, calor humano” (San Josemaría Escrivá, “El corazón de Cristo, paz de los cristianos, n. 167). 

“Muchos que son fieles a las estructuras eclesiales no son fieles con Dios” (Benedicto XVI).

“¿Eres abierto? O ¿eres un cristiano funcionario? ¡cerrado! aunque siempre dices: “yo voy a Misa, comulgo, me confieso…¡yo estoy en regla!  Estos son los cristianos funcionarios, aquellos que no están abiertos a las sorpresas de Dios, aquellos que saben mucho de Dios pero no se encuentran con Dios, aquellos que nunca se asombran ante un testimonio. Al contrario son incapaces de dar testimonio” (Papa Francisco, Santa Marta 2019).

“Solo los enamorados de Jesús lo anuncian con profunda convicción” (R. Cantalamesa, Cuaresma 2019).


COMENTARIO

Muchas estructuras humanas de nuestra sociedad contemporánea tienen, desde hace tiempo, un grave cáncer con metástasis. Es muy difícil curarlas porque quienes están en ellas no están dispuestos, viven enfermos y se están destruyendo solos. Piensan que si son “fieles” a una tradición, de sistemas y procedimientos, y al estar “amparados” por la ley y el consenso de unos pocos, todo va a mejorar.

No se puede hacer nada si no se empieza por una reflexión personal y sincera, que lleve  reconocer y aceptar la realidad tal como es;  “no podemos hacer cosas malas y decir que son santas” decía San Josemaría y habría que preguntarse con bastante frecuencia: “y esas cosas que se creen santas ¿realmente lo son?”

No se trata de poner en tela de juicio la rectitud de las personas, sino la posibilidad de pudiera existir una “santidad artificial” o mentirosa, de gente que no está realmente enamorada de Dios, aunque vivan entre las cosas de Dios con un cartel de oficialidad que les da un aparente “prestigio”, o la seguridad de pertenecer a una agrupación que los proteja.


El que no tiene amor a Dios no consigue nada
Está claro que nadie da lo que no tiene. En que no está enamorado de Dios no consigue nada para Dios. “La vida espiritual, como la vocación, no es nunca individualista. El crecimiento en intimidad con Dios va paralelo al crecimiento en afán apostólico”, (Mariano Fazio, “Transformar el mundo desde dentro” p. 57).

La actividad de un “funcionario” en temas espirituales puede quedarse en el empeño “proselitista” de querer “enchanchar” a alguien a un grupo o institución, pensando en un posible provecho o beneficio,  para que el grupo o la institución sea más fuerte, o pueda alcanzar un mayor protagonismo social en los ámbitos donde se desarrolla.

En cambio el apostolado de una persona que está enamorada de Dios es un contagio de amor que remueve a la persona que está tratando y ésta se siente libre y agradecida por ese “empuje” recibido que lo hace más libre.

El que ama a Dios busca y quiere lo mejor para los demás, respetando siempre la libertad, para que las personas interesadas encuentren el camino que Dios quiere que sigan.

Hoy, en la Iglesia, personas piadosas y muy buenas, que aspiran sinceramente a la santidad, pueden encontrarse rodeadas de “funcionarios”, que han perdido el amor a Dios,  y, en no pocos casos,  “estos funcionarios” son los que algunas veces deciden,  y hasta dirigen la vida de los que están realmente enamorados de Dios.


Urge rezar más
Todos los cristianos debemos rezar más para que haya más fidelidad y autenticidad cristiana dentro de la Iglesia, y pueda curarse el “cáncer” de los que están sin amor, desvirtuándolo todo y confundiendo a los más sencillos.

Empecemos por nosotros mismos siguiendo el sabio consejo que dice: “¿queremos ser más? ¡seamos mejores!”.

Es necesario aclarar que no se debe buscar ser más para tener poder, o sentirse protagonistas de la historia; lo importante y urgente es que aumenten las personas buenas, con la conversión de los que se encuentran lejos, para que puedan volver como el hijo pródigo a la casa del Padre, que es estar libres y felices al lado de Dios.

A todos nos toca trabajar bien, como decía el recordado Papa Juan Pablo II,  para poder construir lo más rápido posible, la nueva civilización del amor.(P. Manuel Tamayo)

martes, 4 de junio de 2019


LAS DESERCIONES EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

Deserción es la acción de desertar, el abandono de una actividad o de un compromiso” (Diccionario).

“El término compromiso es de origen latín “compromissum”, este verbo se ha formado con la preposición “cum” que significa “con” y el adjetivo “promissus”. Compromiso es una obligación contraída, palabra dada”. (Diccionario).

“El individualismo puede definirse como la tendencia a pensar y actuar conforme a los propios criterios del sujeto, con total independencia de las determinaciones sociales, externas a su persona” (Diccionario).

“Se entiende por informalidad como la cualidad, característica, condición, estado y calidad de informal que no está sujeto a las normas protocolarias, solemnes o ceremoniales, en el trato con familiares o amigos. No es convencional”, (Diccionario).

“La fidelidad es la firmeza y constancia en los afectos, ideas y obligaciones, y en el cumplimiento de los compromisos establecidos” (Diccionario).


COMENTARIO

Hoy muchas personas creen que han venido al mundo para pasarla bien y trazan sus metas para conseguir esos objetivos en el día a día.

Con ese enfoque surgen teorías que nos recuerdan a Epicuro que aceptaba el hedonismo en su teoría ética como modo de vida y decía que había que gozar con los amigos.

También nos recuerdan a los sofistas, aquellos pensadores que en el siglo quinto antes de Cristo se dedicaban a enseñar principalmente retórica, o sea el arte de hablar bien y de la erística, o arte de persuadir y convencer.

En muchos ambientes de hoy se ha escondido la verdad, porque puede resultar molesta, antipática, dura, inconveniente, represiva o esclavizante y se funciona entre los parámetros del pasarla bien y la diversión.  Se descansa con lo ligero, lo frívolo, lo superficial, con lo que no aporta nada y en otros ambientes con lo chabacano, grosero, soez o huachafo.


No hay buenos cimientos
Al dejar la verdad de lado se construye sobre un pantano. Los cimientos y los fundamentos son endebles, se rompen con facilidad. Es entonces cuando hay miedo al compromiso y muchos piensan que lo mejor es no comprometerse para evitar una ruptura dolorosa. Así se multiplican las uniones a tempus amparadas en un consenso de gustos comunes o en una complicidad de egoísmos que no puede tener duración.

Hoy son más fuertes los antojos de una terquedad irracional que las razones que surjan del conocimiento de la realidad.

Lo que se teje con voluntarismos y fanatismos explota con el tiempo y las esquirlas quedan enquistadas en situaciones apremiantes, que son como deudas que hay que pagar durante toda la vida.


Recomponer lo que está roto
Recoger los restos quebrados de las malas decisiones y tratar de rehacer a la persona dañada es un trabajo costoso que exige de un alto grado de caridad donde no puede faltar la comprensión y el perdón. Es una Cruz que habría que llevar con alegría reconociendo  los graves errores que se cometieron en el pasado, propios y ajenos, para que los que vengan después no caigan en lo mismo. 

Una vida de conversión y de perdón puede ser ejemplar. Lo que no cabe, de ninguna manera, es capitular.

El mejor consejo que se le puede dar al ser humano en los tiempos actuales es que consiga, poniendo todos los medios a su alcance, ser fiel, al camino correcto y a los compromisos que tiene delante de Dios y de los demás.

Más vale fiarse del buen consejo de los que nos quieren bien y conocen el camino, que de la verborrea de los imberbes que llaman a la aventura de lo placentero, creyendo que allí está la libertad que conduce a la felicidad.


Buscar buenos cimientos
Nada se puede construir bien si un fundamento seguro. El ser humano necesita formar su conciencia para distinguir el bien del mal y actuar de acuerdo al bien en todas las etapas de su vida. 

Las deserciones de los últimos tiempos se deben a una formación que no tuvo en cuenta los verdaderos fundamentos, que se quedó en los procedimientos, en un aprendizaje formal de costumbres que había que vivir porque era lo establecido.  Hoy todavía se sigue enseñando sin que la gente conozca bien el sentido de cada cosa.

Solo cuando se sabe bien lo que es y se acepta, la persona se puede comprometer libremente. Es entonces cuando el compromiso puede ser perdurable. “¿Qué cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. –Enamórate, y no “le” dejarás” (San Josemaría, Camino, n. 999).  (P. Manuel Tamayo).