EL FUERO INTERNO EN LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA
“La distinción
entre el fuero interno y externo es habitual y tradicional en la vida de la
Iglesia y constituye una expresión de la protección de la conciencia y de la
intimidad de los fieles en relación a la función de gobierno de los Pastores y
superiores de la Iglesia”. (Código de Derecho canónico).
“Me he dado cuenta de que en algunos
grupos de la Iglesia, los superiores mezclan las dos cosas y sacan del fuero
interno cosas para las decisiones externas y viceversa. (…) ¡Esto es un pecado!
Es un pecado contra la dignidad de la persona que se fía del sacerdote”. Esta
persona pone de manifiesto su realidad para pedir perdón y ve finalmente cómo
su confesión es utilizada”, (Papa Francisco).
“El fuero interno designa, de una
manera general, lo que pertenece a la conciencia de una persona. En el marco de
la confesión, una persona confía al sacerdote lo que pertenece a su fuero
interno, que está protegido por el sello sacramental…El fuero interno es fuero
interno. Es una cosa sagrada. Quería decir esto porque me preocupa”, (Papa Francisco).
“La objeción de
conciencia es un derecho que tiene que ver con las convicciones íntimas de una
persona, ya sean morales o religiosas, que lo habilita a abstenerse de realizar
determinados actos que tiene profunda justificación en los tratados
internacionales de derechos humanos. Generalmente se alude a este derecho
relacionándolo con la libertad de conciencia y de religión (Convención
Americana de Derechos Humanos, art. 12; Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, art. 18) y también está reconocida como parte de la libertad de
pensamiento”, (Comisión
de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Resolución 46 de 1987).
COMENTARIO
Los padres son los primeros
educadores de sus hijos. Ellos tienen la responsabilidad en la formación de la
conciencia de sus propios hijos. El colegio, con el consentimiento de los padres, puede ayudar al niño con la
dedicación y el ejemplo de los educadores, en la formación de su conciencia.
En los temas íntimos de los menores, relacionados con la formación de su
conciencia, solo pueden entrar los papás, y si ellos desean, pueden contar
con la ayuda de un sacerdote o un orientador para que, autorizándolos ellos, ayuden en la formación de la conciencia de
sus hijos.
En un colegio sería muy bueno que los
educadores y el capellán cuenten con la autorización expresa de los papás para
tratar asuntos de conciencia con los alumnos. Hoy no se debe entender que esta autorización
se da de un modo automático por parte de los padres.
Al educador y al sacerdote les debería
constar que los padres les están dando el consentimiento para que traten a sus
hijos. Además ellos procurarán ser amigos de los chicos y de sus padres. Es
indispensable el clima de amistad, mucho más en estos tiempos de confusión.
Sin libertad todo se pierde
Para la formación de una conciencia
verdadera es necesaria la libertad y ésta la debe tener el niño, desde muy pequeño, para que aprenda a
querer y le dé sentido a lo que está haciendo. Los padres y educadores deben
conocer muy bien a los niños para saber si han adquirido las virtudes
necesarias para que, desde pequeñitos,
hagan las cosas a conciencia.
En el proceso de formación de la
conciencia de un niño se debe evitar, en
la medida de lo posible, que hagan las cosas solo por obligación o porque
así está establecido. La conciencia se forma no para que aprendan de un modo
maquinal los procedimientos y la formas, sino para que entiendan el sentido de
las cosas.
Aprender a sacrificarse por amor
Es importante explicarles que las
cosas buenas exigen sacrificio y esfuerzo y que muchas veces no son apetecibles. Ser libres no es hacer solo lo
que nos gusta. Ser libre es hacer las cosas con amor, aunque no nos apetezca o
nos resulte complicado o difícil.
Los consejos que se dan al niño o al
adolescente para formar su conciencia deben ser entusiasmantes y positivos, nunca impositivos y drásticos. No es
bueno regañarles o asustarles para que hagan lo que se les pide. Los consejos
no deben ser amenazantes, ni mucho menos humillantes. No es eficaz dar
“sermones” o decirles de modo imperativo “¡tienes
que hacer esto!”
Modos de corregir que no son eficaces
En un colegio los educadores deben
evitar ser reiterativos en las indicaciones, como por ejemplo decirles siempre
a los alumnos que pasan por el Santísimo: “¡Saluda!”
o “¡ponte de rodillas!”
Al alumno se le debe educar para que
tenga él el hábito y que salude realmente al Señor porque él lo quiere. Si no
lo hace no hay que ponerse nerviosos, no pasa nada. Por otro lado siempre se
debe procurar dar ejemplo de amor a Dios en esas manifestaciones concretas de
trato.
La costumbres, de los colegios religiosos, de llevar al salón de niños a la
capilla, para que todos, cuando escuchan
la palmada del catequista, se arrodillen en grupo frente al Sagrario, es
mucho menos eficaz que la enseñanza que el niño pueda recibir de sus padres
cuando ve cómo rezan el día que salen a visitar al Santísimo. En un colegio
también se puede ayudar a que la piedad de cada niño crezca.
Lo importante no son las formalidades
sino su auténtica correspondencia al amor de Dios en cada uno. También es bueno
tener en cuenta que no con todos se consigue lo mismo, tampoco la finalidad
consiste en que todos hagan lo mismo. Siempre existirán las diferencias.
Para educar correctamente la
conciencia es más importante la piedad auténtica de los padres, del capellán y
de los educadores.
Respetar la libertad de cada uno
El respeto por el fuero interno es
fundamental, y para que se dé, tiene que haber libertad. La libertad no
consiste en decir: “¡Que vaya el que
quiera!” sino saber que las personas se sientan libres de verdad y con ese
contento escojan lo mejor, porque además se les ha enseñado. Es así es como va
creciendo poco a poco la virtud en el alumno. Hay que ir siempre primero a las
personas y después a las organizaciones, actividades o procedimientos.
En el campo espiritual todo lo que se
organice es para la persona. Se debe tener en cuenta las características de las
personas antes de organizar algo. Hacerlo al revés es ir al fracaso.
Libertad de conciencia
En un clima de libertad se respeta la
objeción de conciencia sin que pase absolutamente nada. Se crea un ambiente
sano de respeto y apoyos mutuos, aunque existan diferencias en los enfoques de
los temas y las opiniones.
En los ambientes juveniles pueden
haber ateos, agnósticos, creyentes, personas con distintos gustos y aficiones.
Los padres y educadores no deben perder los papeles.
Los papás, el capellán y los
educadores no deben cerrar puertas, tachar a las personas, o guardar silencios despectivos. Deben mostrar
una gran apertura y ser muy amables, para atender a todos con los brazos
abiertos. No deben sesgarse a determinados criterios, aunque sean verdaderos, y tener la suficiente “correa” para saber
llevar bien las cosas.
Cuando al Señor le preguntan si era
conveniente quitar la cizaña que se había mezclado con el trigo bueno, el Señor
les dice que no: "No, no sea que, al recoger
la cizaña, arranquen a la vez el trigo. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la
siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: recojan primero la cizaña
y átenla en gavillas para quemarla, y el trigo recójanlo en mi granero."».
(Mateo 13, 24-30)
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