martes, 25 de agosto de 2020

 

PRESENCIAS DESATINADAS

“Los nuevos focos de contagio se están produciendo en las visitas a familiares o amigos en los domicilios. Lo que ocurre es que la gente se confía porque son personas conocidas. No guardan la distancia y no usan mascarilla, pero la realidad es que no se puede bajar la guardia”, (Dr. César Munayco)

“Hay que recordar que los asintomáticos también pueden contagiar. Nosotros no sabemos de dónde viene la otra persona o qué cuidados haya tenido” (Dr. César Munayco).

“Últimamente en España el 26% de los casos positivos surge en el ámbito familiar (frente al 17% que se contagió en entornos como lugares de ocio y el 15% que lo hizo en sus lugares de trabajo). Aún se desconoce el origen de múltiples contagiados por lo que este porcentaje podría ser mucho mayor. De hecho, en España el 45% de los 123 brotes de coronavirus activos a mediados de julio tenía su origen en el ámbito familiar, según informó el ministro de Sanidad, Salvador Illa” (El Mundo, España).

“En el Perú, desde que se quitó la cuarentena se han infectado alrededor de 24,000.00 niños y han fallecido más de un centenar” (MINSA)

“La sensatez es la cualidad que tienen las personas que muestran buen juicio, prudencia y madurez en sus actos y decisiones” (Diccionario).

 

COMENTARIO

Cuando a diario vemos aglomeraciones en los paraderos de ómnibus, en las calles llenas de ambulantes y en los mercados, nos da mucha pena porque el sentido común nos dice que se van a multiplicar los contagiados y los muertos, y eso es lo que está sucediendo.

Cuando al final de la cuarentena se dejó en libertad a la gente apareció un nuevo foco de infección en las visitas familiares y a los amigos. Solo se puede pensar que mucha gente no tenía el criterio suficiente para darse cuenta de la agresividad del virus y por lo tanto, con un exagerado voluntarismo, quisieron dar aires de normalidad antes de tiempo.

Cuando se puso nuevamente confinamiento para el domingo y la policía tuvo que dedicarse a intervenir en más de 300 fiestas con distintas modalidades, donde también había abundante licor y droga, solo queda ponerse muy tristes al ver la falta de responsabilidad y madurez de un buen sector de la población.

Peor cuando nos enteramos que entre los jóvenes se puso de moda las “fiestas Covid” donde se apostaba a ver quién se contagiaba primero; una especie de “ruleta rusa” de gente que muy probablemente tendrá serios problemas psicológicos y ausencia de ayuda familiar.

La sensatez y prudencia de los buenos (que son la mayoría)

No todos son así indudablemente. Hay mucha gente sensata que se porta muy bien y que podrían realizar sus actividades con prudencia y sin peligros. Estas personas se pueden mover perfectamente y no es necesario que se las someta a confinamientos estrictos. Ellos son responsables de sus propias acciones y los demás podemos confiar. Son los pasos que se deben dar en una sociedad con los que se pueden organizar bien sin ocasionar ningún problema.

 

Enfermarse o perder la vida por imprudencia

Es lamentable que la temeridad de algunos haya costado vidas y tragedias familiares por la pérdida de algún ser querido.

Para evitar problemas las empresas hacen firmar a sus trabajadores unos documentos donde ellos admiten su responsabilidad si les ocurriera algo.  Los que no quieren perder su trabajo se ven obligados a firmar y viven angustiados con el temor de contagiarse. Los problemas se han multiplicado cuando, a pesar de todos los cuidados, han habido contagios.

En esta pandemia, cuando la incertidumbre crece, muchas familias viven asustadas. En algunos hogares los contagios fueron masivos y con pérdidas irreparables.  Es muy triste ver, que por un descuido tonto, se pierde la vida de un ser querido, o de varios miembros de la familia.

 

Los estragos de un voluntarismo extendido

El voluntarismo del relativismo es una inquietud que deja de lado a la inteligencia para tomar decisiones que son como caballazos inoportunos en aras de la “libertad” y “sintiendo”  equivocadamente que “no va a pasar nada”  que son exageraciones y que ya se puede hacer todo presencial.

Es lógico pensar que lo presencial es mucho mejor que lo virtual, sin embargo es desatinado no asumir los protocolos de una pandemia, mientras esta persista, que podrían incluso permanecer durante meses o años, como en las guerras mundiales.

La actitud sensata debe responder a la realidad del día a día, y no a las costumbres de la vida normal, que tendrían que esperar a que las situaciones mejoren. No es cierto que las personas van a empeorar cuando están restringidas a unos protocolos de confinamiento para evitar situaciones graves que ponen en peligro su vida.

 

Las personas mejoran o empeoran dentro de las circunstancias que les toca vivir.

Para las distintas circunstancias hay procedimientos adecuados, para que las personas vivan en armonía en medio de esas limitaciones, que en muchos casos, por no decir en la mayoría, son una bendición porque arreglan muchos aspectos de la vida personal.

En situaciones graves se puede crecer en determinadas virtudes y sobre todo en las que se refieren a la vida de piedad y a las relaciones humanas.

Los nerviosismos de querer “modificar” la realidad con una conducta rebelde frente a una situación grave, son actitudes voluntaristas que pueden empeorar las cosas desatando problemas irreparables.

También es admirable comprobar, y hay que destacar, la magnífica conducta de personas que libremente se desplazan para atender obligaciones familiares o profesionales cuidando bien los protocolos establecidos para no contagiarse ni contagiar.

 

Las gracias extraordinarias de la Providencia

Frente a esta realidad está la intervención continua de la Providencia, sobre todo en las situaciones donde hay más gravedad y urgencia.

La oración de unas religiosas contemplativas frente al Sagrario de su convento tiene una fuerza increíble, igual la Santa Misa que celebra un sacerdote solo (que puede ser oída por los medios virtuales. Ojo que el valor de la Misa está en la celebración y no en el número de la gente que la escuche).

En la Santa Misa, que el sacerdote celebra solo, está toda la Iglesia Universal y si el sacerdote pide por los enfermos de la Pandemia, unido a la oración de mucha gente,  allí está Dios escuchando esas peticiones; muy atento a la oración de sus hijos que piden con urgencia. Tal vez está faltando más conciencia en esta realidad ¡tan importante! Para que todo mejore.  

Hoy, mucha gente, incluso católicos de Misa y comunión, que se olvidan o saben poco del valor y de la eficacia de los medios sobrenaturales.

Es bueno recordar que los enfermos que están en UCI, aunque no tengan nadie al lado, están acompañados de Dios y de la Virgen María,  y cuando los familiares rezan por él, le están dando la mejor ayuda que puedan recibir para esos momentos.

Si cualquiera de nosotros se enferma de COVID, le diríamos a nuestros seres queridos: “no se me acerquen”, “no vengan a verme” “pero…¡no dejen de rezar! ¡la mejor compañía son tus oraciones!”

Es muy comprensible, y a la vez penoso, cuando vemos que predomina el sentimiento del voluntarismo con las consecuencias que eso trae.

Este panorama de inquietudes y desasosiegos nos da también  una luz para saber ¡Cuánto tiene que hacer la educación! para formar la conciencia de las personas de acuerdo a la realidad que se está viviendo. (P. Manuel Tamayo)

 

 

lunes, 17 de agosto de 2020

 

CLONACIÓN ESPIRITUAL (corresponder a las personas que nos han querido) Redescubrir los tesoros recibidos recordando el pasado

“La clonación es  la acción y efecto de clonar. La palabra proviene del griego klon, que quiere 'brote' o 'renuevo'. Como puede verse, este término se refería antiguamente a la técnica de reproducción de una planta mediante gajos, bulbos o brotes” (Wikipedia).

“Si amaneciésemos aislados en una sala blanca, sin nada, solo nuestros recuerdos nos dirían quienes somos, si perdiésemos la memoria eso que llamamos yo se desvanecería completamente”. (César Tomé López).

“En lo más profundo de nuestro ser reside nuestra esencia, una fuerza innata que trasciende los límites de lo físico. Se trata de una inteligencia más profunda y antigua que aquella que rige nuestro desarrollo morfológico, nuestros gustos, nuestro carácter o nuestras aptitudes (Urbay Serra Sánchez).

“Esencia es también aquello que nos hace diferentes, únicos e irrepetibles, pues es allí donde yace la misión que cada uno de nosotros viene a cumplir en este mundo. Una misión propia que cada cual debe encontrar y experimentar en el juego de la vida a través de sus propias circunstancias, entorno y posibilidades físicas” (Urbay Serra Sánchez).

“El pasado es algo que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. El lugar del que venimos actúa como una base para conformar quiénes somos, cómo actuamos y cómo pensamos acerca del mundo que nos rodea. Influye no sólo en nuestra perspectiva de vida, sino en muchas más cosas que ahora mismo ni siquiera imaginamos, como las sensaciones y emociones que tenemos ante algo o alguien que no conocemos y del que no tenemos información” (Sandra Bernal).

 

COMENTARIO

Para la mayoría de las personas es tonificante y bello viajar al pasado con la memoria y recordar muchas vivencias y momentos de la infancia. La vida es como un torbellino  que nos hace girar poniéndonos capas, como la cebolla, y muchas cosas del pasado quedan en el olvido total.

El objetivo para volver al pasado no está motivado por una huida del presente, ni tampoco por un afán de regresión (querer ser más joven o querer ser niño). No es una motivación psicológica en busca de un equilibrio de la personalidad.

El objetivo principal es reencontrase con los valores que se recibieron para traerlos al presente y agradecer a las personas ejemplares de nuestra familia y de nuestro contorno que nos querían mucho.

Lo que se debe olvidar y lo que es bueno recordar

No todas las personas recuerdan con gratitud el pasado. Algunos no quieren volver hacia atrás porque hubo algo que los traumó o porque hubieron personas que lo maltrataron y le hicieron daño. Recordar podría ser traumático. Yo diría que incluso aquellas personas que vivieron un drama en la infancia, recordarán muchos momentos de reflexión, de deseos de bien, de anhelos de una mejor situación o de ver en otras personas la bondad y el buen trato.

En una famosa película de Jean Cavaziel, “I´m David” un niño que había nacido en el holocausto se escapa con la ayuda de su papá prisionero y al recorrer el mundo fuera del holocausto descubre que hay gente buena y eso le llama mucho la atención porque solo había visto los abusos dentro de ese campo de concentración. Era un niño bueno que salía de un lugar de odios y maltratos. Conectó rápidamente con la gente buena porque descubrió que él era así y no como los malos soldados del campo de exterminio.

 

Hay muchas personas buenas

En el mundo hay muchas personas buenas y todos podemos encontrarlas en nuestro camino, la Providencia no deja de señalarnos vidas ejemplares que nos motivan a ser mejores cada día. Algunas las tuvimos en el pasado pero las descubrimos en el presente y son un motivo de acción de gracias. Nos hubiera gustado estar más despiertos antes para agradecerles su cariño y ejemplaridad; otras son del presente y procuramos estar atentos para no perdernos la oportunidad de estar cercanos y con muchas ganas de escuchar sus consejos y orientaciones, y el ejemplo de vida que nos dan.

Dios, Nuestro Señor, nos pedirá cuenta de esas personas buenas que hemos conocido. Si hemos sabido corresponder daremos muchas alegrías a Dios y a esas personas que nunca nos han dejado de querer. No hemos venido al mundo para criticar a la gente.

Hemos venido para amar. Cuando los hombres, amparados en la ley, quería lapidar a la mujer cogida en adulterio. Cristo les dice: “el que no tenga pecado que arroje la primera piedra” y todos comenzaron a retirarse. Acto seguido el Señor perdona a la mujer pecadora. Hoy muchos usan la ley para acusar y condenar. Usemos nosotros el corazón para amar y perdonaremos a todos. Eso nos hace muy felices y libres (P. Manuel Tamayo)

 

 

jueves, 13 de agosto de 2020

 

CONOCER PARA NO TEMER

Personas asustadas o temerarias por falta de conocimiento

“La ignorancia es una fuerza poderosa para mantener la gente sumergida. Como escribió Thomas H. Jones en sus memorias de esclavitud en 1857, “toda la comunidad estaba en sociedad para mantener a los pobres esclavos en la ignorancia” (Paolo Freire).

“Ignorar es no saber, no tener idea de nada, no inquirir ni cuestionarse, no inquietarse, no registrar, no aprender, no discurrir, ni reflexionar, ni pensar, ni inferir ni conjeturar; y no se trata tanto de ciencia como de conciencia. El ignorante ignora, está ausente e inconsciente. No aprende, no incorpora, porque está lleno de banalidades. Estamos rodeados de ignorantes, de seres que pasan por la vida mirando sin ver, oyendo sin escuchar y hablando sin decir nada” (Malena).

“La ignorancia es la falta de respeto a la inteligencia, porque se ignora, no se usa, se deja de lado, prefiriendo el ignorante actuar por reflejo. El ignorante reacciona y no piensa, es puro instinto y su característica es la violencia” (Malena).

Existen miedos irracionales. Se pueden identificar porque nuestra respuesta es totalmente desproporcionada ante el peligro real que representa el estímulo. El ejemplo clásico son las fobias, en las cuales la persona reacciona de manera exagerada ante una situación que no representa un peligro real para su vida, como cuando debe hablar en público o acercarse a un animal inofensivo” (Rosario Linares).

“Las personas con un trastorno de pánico sufren crisis de angustia repetidas de forma inesperada, por lo que desarrollan un miedo exacerbado a volver a sufrir un ataque de ansiedad, (lo cual es comprensible, pues las sensación que tienen cuando sufren una crisis de angustia es de que van a morirse o volverse locos), y empiezan a poner en marcha mecanismos  de evitación, (los cuales sólo agravan el problema), como el ir siempre acompañados cuando salen de casa, o incluso en los casos más graves, evitar salir de casa. En estos casos, al trastorno de pánico se une una agorafobia limitante” (Rosario Linares).

 

COMENTARIO

Las situaciones de cuarentena y de inamovilidad de todo un país han puesto en evidencia las grandes limitaciones de la población por falta de conocimiento y un abultado número de carencias por desidia o malos manejos de los “responsables”.

La crisis es  mucho más grande de lo que imaginábamos. No es solo sanitaria, es económica y fundamentalmente cultural. Apena ver a la gente desorientada y sin capacidad para saber lo que está pasando y lo que tendrían que hacer para revertir los grandes problemas.

La falta de conocimiento trae además una suerte de incapacidad para la responsabilidad. Se actúa por reacción a estímulos que tienen distintas manifestaciones que van desde el pánico a la temeridad.

La congoja por la muerte de un familiar o amigo genera una angustia existencial cargada de indignación y pesimismo.  Cuando no se ve la luz al otro lado del túnel, se vive día a día con incertidumbre y con temor.

 

El pánico y la fatiga

Muchos ya no piensan solo reaccionan con temor de ser contagiados y sin tener la suficiente capacidad de poner los medios adecuados. Por las limitaciones de la informalidad se hace difícil la distancia social, se percibe una fatiga en el uso la mascarilla, y los escasos hábitos de higiene son una constante en los barrios populosos, en los mercados y en las combis.

Algunos, por el hambre y las incomodidades, están cansados, “tiran la toalla” y pasan a ser temerarios, como un desfogue a la presión que los hacía vivir temerosos, imaginándose así ser “libres” aunque sea por un escaso tiempo, para poder comer mejor aún a riesgo de ser contagiados y poder morir.

En estas situaciones difíciles no faltan los teóricos, que desde su trinchera segura, pontifican llamado exagerados a los que se cuidan sin tener un mínimo de comprensión con los que se encuentran en situaciones apremiantes.

 

Conocer para amar y poder unir

No solo hay que cuidar “el propio pellejo”. El que ama a Dios conoce bien la realidad y busca las mejores soluciones para el prójimo.  Conoce porque ama, no se trata de un conocimiento sociológico y teórico, es un conocimiento del querer en su doble acepción de amor y de voluntad de hacer.

El conocimiento que procede del amor es el que elimina el miedo. Así el que tiene personas a su cargo no las tiene asustadas con amenazas o reglamentos, las tiene felices porque proyecta un amor de protección como el que tenemos de nuestra Madre la Virgen que nos da tanta paz.

Las personas que aman bien crean espacios de libertad en las situaciones más difíciles de la vida cuando hay que superar obstáculos. No es un amor “romanticón” y sentimental el que expresan, sino la fortaleza de una voluntad de poder que ama de verdad y da seguridad, (P. Manuel Tamayo)

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

EL DEMONIO MUDO

Planes siniestros y ocultamiento de la verdad

 

“Al ver Jesús que aumentaba la muchedumbre, increpó al espíritu inmundo diciéndole: ¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de él y ya no vuelvas a entrar en él! Y gritando y agitándole violentamente salió; y quedó como muerto, de manera que muchos decían: Ha muerto. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie. Cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos a solas: ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? Y les respondió: Esta raza no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración” (Mc, 9, 14-29) .

“Algunas personas se han formado –deformado– de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen excusas, aunque parezcan buenas”, (San Josemaría Escrivá, “Amigos de Dios” 197).

“Las mentiras de ocultación tienen como finalidad principal retener la información intencionadamente. La omisión de elementos en la comunicación lleva a una falsa interpretación por parte del destinatario o receptor. Según la psicología de la mentira, el mentiroso engaña suprimiendo la verdad a través de silencios, descripciones vagas o muy generales, evasión de preguntas, emoción fingida, ira o indignación. También es considerada como ocultación revelar la verdad a medias sin exponer elementos clave de la información que, siendo verdadera, esquiva el asunto, desvía la atención o provoca una interpretación errónea de los hechos. Otra forma de ocultación es admitir la verdad de forma exagerada o errónea” (Ocultación, Enciclopedia de la mentira).

 

COMENTARIO

Cuando no se dice lo que se debe decir en honor a la verdad se puede cometer una grave falta con consecuencias desastrosas para uno mismo o para los demás.

La persona que miente de modo habitual y oculta la verdad de lo que es y de lo que hace, genera una doble vida: la verdadera (que suele ser la que no quiere enseñar) y la falsa o artificial (es la que muestra).

El mentiroso muestra una versión que calce bien con su receptor para que le crea y no ponga en duda la “veracidad” de lo que comunica. La sagacidad y la malicia construyen un “arte” que sea atractivo y convincente.

En una sociedad relativista entra fácil la mentira

El relativismo es ideal para que el mentiroso pueda ser creído. Solo tiene que darle a su discurso un tono de seguridad (que es lo que suele faltar en un ambiente relativista y se convierte en un anhelo de las grandes mayorías).

La mentira, se puede vestir también, (lo estamos viendo hoy), como una promesa optimista de esperanza, que prende fácil cuando el relativismo fabrica legiones de indulgentes, eclécticos y sincretistas (que son los “buena gente” y “credulones”) para apoyar las políticas y los planes que parecen sensatos y no lo son.

 

Los planes de los que mienten

No se puede negar porque es evidente, que un importante, y grande, sector del mundo, está liderado por mentirosos que tiene planes siniestros para beneficiarse ellos y unos pocos más, y tienen como seguidores a una gran mayoría engañada y convencida que los apoya.

Otro sector del mundo, ahora más pequeño, son los que han despertado y buscan poner los medios para revertir el daño que están causando los “sembradores impuros del odio”; Este sector que lucha para que se respeten los valores morales de las personas podría llamarse el resto de Israel”. Así llama la Sagrada Escritura a los que son fieles a la Palabra de Dios y la defienden hasta las últimas consecuencias.

 

Pasar la voz de alerta

Los párrafos anteriores motivan la responsabilidad de informarse bien de acuerdo a la verdad para no dejarse engañar por ideologías que dicen estar a favor de la libertad de las personas y lo que buscan es el poder, para controlarlo todo, rompiendo las leyes morales que son las que realmente dan libertad.

Es urgente insistir en las investigaciones cuando las cosas no están muy claras y se sospecha que hay “gato encerrado”; urge pasar la voz de alerta para desenmascarar los planes maléficos que quieren controlar el mundo.

 

El amor personal a la verdad

Empecemos por nosotros mismos combatiendo el mal que hay en nuestra propia naturaleza humana

Pongamos el reflector en la propia vida personal e individual para ganarle la batalla al “príncipe de la mentira”  que busca más adeptos para corromper al mundo, y crezcamos, con la ayuda de Dios, en las virtudes de sinceridad y transparencia, que tanta falta están haciendo en el mundo.

Con un examen de conciencia diario, hecho en presencia de Dios, podemos conseguir crecer en la virtud de la veracidad, rechazando todo lo que pueda ser mentira o falsedad en nuestra vida. Es una lucha contra la soberbia. El diablo tienta para que nos sintamos mejor que los demás y pensemos que estamos en lo cierto mientras los otros se equivocan.

El soberbio se presenta adornándose, oculta sus defectos y se agrega virtudes que no tiene, para parecer mejor frente a los demás. No reconoce sus faltas y esconde conductas que a los ojos de personas sensatas serían reprochables. El que no dice la verdad y la esconde se convierte en un “demonio mudo” parece que es bueno y sensato, sin embargo está más comprometido con el diablo en un camino sinuoso que luego será tenebroso.

La experiencia de lo que está pasando nos hace ver que urge formar personas sinceras y leales que amen realmente la honestidad y la transparencia en la propia vida y detesten la mentira. Empecemos por nosotros mismos y el ejemplo será como siempre “el mejor predicador” (P. Manuel Tamayo)