CONOCER PARA NO TEMER
Personas asustadas o
temerarias por falta de conocimiento
“La ignorancia es
una fuerza poderosa para mantener la gente sumergida. Como escribió Thomas H.
Jones en sus memorias de esclavitud en 1857, “toda la comunidad
estaba en sociedad para mantener a los pobres esclavos en la ignorancia” (Paolo Freire).
“Ignorar
es no saber, no tener idea de nada, no inquirir ni cuestionarse, no
inquietarse, no registrar, no aprender, no discurrir, ni reflexionar, ni
pensar, ni inferir ni conjeturar; y no se trata tanto de ciencia como de
conciencia. El ignorante ignora, está ausente e inconsciente. No aprende, no
incorpora, porque está lleno de banalidades. Estamos rodeados de ignorantes, de seres que pasan por la
vida mirando sin ver, oyendo sin escuchar y hablando sin decir nada” (Malena).
“La
ignorancia es la falta de respeto a la inteligencia, porque se ignora, no se
usa, se deja de lado, prefiriendo el ignorante actuar por reflejo. El ignorante
reacciona y no piensa, es puro instinto y su característica es la violencia” (Malena).
“Existen
miedos irracionales. Se pueden identificar porque nuestra
respuesta es totalmente desproporcionada ante el peligro real que representa el
estímulo. El ejemplo clásico son las fobias, en las cuales la persona reacciona
de manera exagerada ante una situación que no representa un peligro real para
su vida, como cuando debe hablar en público o acercarse a un animal inofensivo” (Rosario
Linares).
“Las personas con un trastorno de pánico sufren
crisis de
angustia repetidas de forma inesperada, por lo que desarrollan un miedo
exacerbado a volver a sufrir un ataque de ansiedad, (lo
cual es comprensible, pues las sensación que tienen cuando sufren una crisis de
angustia es de que van a morirse o volverse locos), y empiezan a poner en
marcha mecanismos de evitación, (los cuales sólo agravan el problema),
como el ir siempre acompañados cuando salen de casa, o incluso en los casos más
graves, evitar salir de casa. En estos casos, al trastorno de pánico se une una
agorafobia limitante” (Rosario Linares).
COMENTARIO
Las
situaciones de cuarentena y de inamovilidad de todo un país han puesto en
evidencia las grandes limitaciones de la población por falta de conocimiento y
un abultado número de carencias por desidia o malos manejos de los
“responsables”.
La
crisis es mucho más grande de lo que
imaginábamos. No es solo sanitaria, es económica y fundamentalmente cultural.
Apena ver a la gente desorientada y sin capacidad para saber lo que está
pasando y lo que tendrían que hacer para revertir los grandes problemas.
La
falta de conocimiento trae además una suerte de incapacidad para la
responsabilidad. Se actúa por reacción a estímulos que tienen distintas
manifestaciones que van desde el pánico a la temeridad.
La
congoja por la muerte de un familiar o amigo genera una angustia existencial cargada
de indignación y pesimismo. Cuando no se
ve la luz al otro lado del túnel, se vive día a día con incertidumbre y con
temor.
El pánico y la fatiga
Muchos
ya no piensan solo reaccionan con temor de ser contagiados y sin tener la
suficiente capacidad de poner los medios adecuados. Por las limitaciones de la
informalidad se hace difícil la distancia social, se percibe una fatiga en el
uso la mascarilla, y los escasos hábitos de higiene son una constante en los
barrios populosos, en los mercados y en las combis.
Algunos,
por el hambre y las incomodidades, están cansados, “tiran la toalla” y pasan a
ser temerarios, como un desfogue a la presión que los hacía vivir temerosos, imaginándose
así ser “libres” aunque sea por un escaso tiempo, para poder comer mejor aún a
riesgo de ser contagiados y poder morir.
En
estas situaciones difíciles no faltan los teóricos, que desde su trinchera
segura, pontifican llamado exagerados a los que se cuidan sin tener un mínimo
de comprensión con los que se encuentran en situaciones apremiantes.
Conocer para amar y poder unir
No
solo hay que cuidar “el propio pellejo”. El que ama a Dios conoce bien la
realidad y busca las mejores soluciones para el prójimo. Conoce porque ama, no se trata de un
conocimiento sociológico y teórico, es un conocimiento del querer en su doble
acepción de amor y de voluntad de hacer.
El
conocimiento que procede del amor es el que elimina el miedo. Así el que tiene
personas a su cargo no las tiene asustadas con amenazas o reglamentos, las
tiene felices porque proyecta un amor de protección como el que tenemos de
nuestra Madre la Virgen que nos da tanta paz.
Las
personas que aman bien crean espacios de libertad en las situaciones más
difíciles de la vida cuando hay que superar obstáculos. No es un amor
“romanticón” y sentimental el que expresan, sino la fortaleza de una voluntad
de poder que ama de verdad y da seguridad, (P. Manuel Tamayo)
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