miércoles, 5 de agosto de 2020

EL DEMONIO MUDO

Planes siniestros y ocultamiento de la verdad

 

“Al ver Jesús que aumentaba la muchedumbre, increpó al espíritu inmundo diciéndole: ¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de él y ya no vuelvas a entrar en él! Y gritando y agitándole violentamente salió; y quedó como muerto, de manera que muchos decían: Ha muerto. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie. Cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos a solas: ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? Y les respondió: Esta raza no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración” (Mc, 9, 14-29) .

“Algunas personas se han formado –deformado– de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen excusas, aunque parezcan buenas”, (San Josemaría Escrivá, “Amigos de Dios” 197).

“Las mentiras de ocultación tienen como finalidad principal retener la información intencionadamente. La omisión de elementos en la comunicación lleva a una falsa interpretación por parte del destinatario o receptor. Según la psicología de la mentira, el mentiroso engaña suprimiendo la verdad a través de silencios, descripciones vagas o muy generales, evasión de preguntas, emoción fingida, ira o indignación. También es considerada como ocultación revelar la verdad a medias sin exponer elementos clave de la información que, siendo verdadera, esquiva el asunto, desvía la atención o provoca una interpretación errónea de los hechos. Otra forma de ocultación es admitir la verdad de forma exagerada o errónea” (Ocultación, Enciclopedia de la mentira).

 

COMENTARIO

Cuando no se dice lo que se debe decir en honor a la verdad se puede cometer una grave falta con consecuencias desastrosas para uno mismo o para los demás.

La persona que miente de modo habitual y oculta la verdad de lo que es y de lo que hace, genera una doble vida: la verdadera (que suele ser la que no quiere enseñar) y la falsa o artificial (es la que muestra).

El mentiroso muestra una versión que calce bien con su receptor para que le crea y no ponga en duda la “veracidad” de lo que comunica. La sagacidad y la malicia construyen un “arte” que sea atractivo y convincente.

En una sociedad relativista entra fácil la mentira

El relativismo es ideal para que el mentiroso pueda ser creído. Solo tiene que darle a su discurso un tono de seguridad (que es lo que suele faltar en un ambiente relativista y se convierte en un anhelo de las grandes mayorías).

La mentira, se puede vestir también, (lo estamos viendo hoy), como una promesa optimista de esperanza, que prende fácil cuando el relativismo fabrica legiones de indulgentes, eclécticos y sincretistas (que son los “buena gente” y “credulones”) para apoyar las políticas y los planes que parecen sensatos y no lo son.

 

Los planes de los que mienten

No se puede negar porque es evidente, que un importante, y grande, sector del mundo, está liderado por mentirosos que tiene planes siniestros para beneficiarse ellos y unos pocos más, y tienen como seguidores a una gran mayoría engañada y convencida que los apoya.

Otro sector del mundo, ahora más pequeño, son los que han despertado y buscan poner los medios para revertir el daño que están causando los “sembradores impuros del odio”; Este sector que lucha para que se respeten los valores morales de las personas podría llamarse el resto de Israel”. Así llama la Sagrada Escritura a los que son fieles a la Palabra de Dios y la defienden hasta las últimas consecuencias.

 

Pasar la voz de alerta

Los párrafos anteriores motivan la responsabilidad de informarse bien de acuerdo a la verdad para no dejarse engañar por ideologías que dicen estar a favor de la libertad de las personas y lo que buscan es el poder, para controlarlo todo, rompiendo las leyes morales que son las que realmente dan libertad.

Es urgente insistir en las investigaciones cuando las cosas no están muy claras y se sospecha que hay “gato encerrado”; urge pasar la voz de alerta para desenmascarar los planes maléficos que quieren controlar el mundo.

 

El amor personal a la verdad

Empecemos por nosotros mismos combatiendo el mal que hay en nuestra propia naturaleza humana

Pongamos el reflector en la propia vida personal e individual para ganarle la batalla al “príncipe de la mentira”  que busca más adeptos para corromper al mundo, y crezcamos, con la ayuda de Dios, en las virtudes de sinceridad y transparencia, que tanta falta están haciendo en el mundo.

Con un examen de conciencia diario, hecho en presencia de Dios, podemos conseguir crecer en la virtud de la veracidad, rechazando todo lo que pueda ser mentira o falsedad en nuestra vida. Es una lucha contra la soberbia. El diablo tienta para que nos sintamos mejor que los demás y pensemos que estamos en lo cierto mientras los otros se equivocan.

El soberbio se presenta adornándose, oculta sus defectos y se agrega virtudes que no tiene, para parecer mejor frente a los demás. No reconoce sus faltas y esconde conductas que a los ojos de personas sensatas serían reprochables. El que no dice la verdad y la esconde se convierte en un “demonio mudo” parece que es bueno y sensato, sin embargo está más comprometido con el diablo en un camino sinuoso que luego será tenebroso.

La experiencia de lo que está pasando nos hace ver que urge formar personas sinceras y leales que amen realmente la honestidad y la transparencia en la propia vida y detesten la mentira. Empecemos por nosotros mismos y el ejemplo será como siempre “el mejor predicador” (P. Manuel Tamayo)

 


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