EL ACIERTO DE RECONOCER LAS LIMITACIONES HUMANAS
“Es de sabios
rectificar”
“Uno
de los problemas principales que encontramos en la actualidad es la
desconfianza en el valor del conocimiento humano. Sin duda, nuestro
conocimiento es muy limitado” (Razón y fe).
“No nos
gustan los errores porque nos recuerdan que no somos tan perfectos como
quisiéramos. Esto está bien porque nos pone en
contacto con nuestra parte más humana. Ya sabes, esa que se equivoca y
teme por los resultados. Claro que no
todos los errores tienen la misma importancia. Como seres humanos, siempre estamos
tentados a cambiar el destino a nuestro
favor. Es parte de nuestra naturaleza y los errores nos demuestran que no
siempre es posible”, (Okairy Zuñiga)
“No es raro
que las personas más exitosas
también se equivocan. Siempre intentan algo nuevo y esto conlleva
equivocarse” (Okairy Zuñiga).
COMENTARIO
Una de las mejores
lecciones aprendidas después de 4 meses de pandemia es el haber constatado que
el ser humano es muy frágil en su salud y en sus conocimientos.
Muchos de los que
alardeaban de ser fuertes, que nunca se iban
a contagiar, y los que anunciaban que tenían la “pomada mágica” para curar, han caído estrepitosamente derrotados
por el virus que sigue en un crecimiento exponencial, aumentando el número de
contagiados y de muertos.
Recordamos la
presunción del que dio el discurso de inauguración del Titanic antes de su
viaje fatídico; muy orondo se atrevió a decir: “a esta barco no lo puede hundir ni Dios” a las pocas horas solo le quedaba decir,
muy avergonzado: “¡trágame tierra!”
La realidad de la
vida le enseña al hombre sus debilidades. Los mismos médicos se encontraban
metidos en un laberinto sin salida. La principal experiencia es reconocer que
se sabe poco y que cualquier cosa puede pasar.
En este recorrido
angustioso que empezó hace 4 meses no dejaron de oírse consejos que luego eran
rectificados por otras experiencias que tampoco eran tan seguras, ni
definitivas.
Han aparecido
teorías distintas sobre lo que habría que hacer para evitar el contagio, unas
oficiales, otras “piratas” que entraban en conflicto, mientras tanto el número
de los fallecidos aumentaba en todos los lugares. Algunos, que se jactaban de
tener menos muertos, tuvieron que callarse porque a ellos también les llegó con
furia el ataque letal.
Se siguen oyendo
voces que anuncian medicamentos milagrosos, y sin embargo, los números de los
contagiados y los muertos no paran. Las
únicas armas que quedan para no contagiarse son: no salir de casa, lavarse las manos y usar mascarilla.
Todos hemos visto
que los distanciamientos en las calles son imposibles en los lugares donde se
producen aglomeraciones, y no son pocos. Mientras, la gente sigue contagiándose
y en algunos lugares hay rebrotes o ha empezado una nueva ola.
Tiempos de incertidumbre
La incertidumbre es
la nota dominante de estos tiempos. Aún no sabemos si estamos terminando o
empezando, ignoramos lo que pueda venir;
lo único cierto es constatar la debilidad humana en todos los campos del
quehacer cotidiano.
La economía es otro
capítulo aparte donde se puede también constatar las limitaciones humanas,
aunque unos tengan más culpa que otros.
Las grandes crisis económicas que azotan el mundo
En este mismo siglo
se dieron tremendas crisis económicas; la primera en el país más potente del
mundo, Estados Unidos y la segunda en los países europeos del primer mundo.
Ahora la crisis
llega a todos los continentes y afecta a millones de personas que han perdido
sus trabajos y no saben cómo recuperar todo lo que han perdido. Las debilidades
humanas se ven por todas partes, solo quedaría decir: “¡sálvese quien pueda!” y da mucha pena ver que muchos no pueden:
unos fracasan y se desesperan y otros mueren porque no pueden ser atendidos.
Llamar a Dios para que venga
En los evangelios
dice el Señor: “Sin mí nada pueden hacer” Quizá el pecado mayor de la humanidad es no
haber contado con Dios. El quitarlo de la vida y de la sociedad desencadena una
cantidad de males que afectan a todos los hombres. Lo estamos constatando.
Lo que habría que
hacer en primer lugar es reconocer ese error y volver a Dios arrepentidos, para
que Él, en su infinita misericordia, nos perdone y nos devuelva todo lo que
necesitamos para vivir en armonía y con paz, cumpliendo con nuestro papel, que
es nuestra misión mientras estamos en la tierra. (P. Manuel Tamayo)
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