UN ENCIERRO A LA CRIOLLA
“Una de las actividades más famosas de los
sanfermines es el encierro que consiste en una carrera de hombres y
mujeres a lo largo de un recorrido de 849 metros delante de los 6 toros
que serán lidiados por la tarde en la corrida de toros y 6 cabestros o mansos
que culmina en la plaza
de toros.
Los encierros tienen lugar todos los días, entre el 7 y el 14 de julio, y comienzan a las ocho de la mañana, con una
duración de entre dos y cuatro minutos, si bien en los últimos años debido a
las medidas de seguridad introducidas es muy raro que sobrepasen los tres
minutos” (Wikipedia).
“El chupinazo es el cohete que se lanza el día 6 de julio de cada año a las doce del mediodía desde
el balcón de la casa consistorial de Pamplona para señalar el inicio de las fiestas
de san Fermín o sanfermines”
(Wikipedia).
“Desde la existencia de registros
oficiales, en 1924, se ha contabilizado la muerte de 15 personas en los
encierros. En 1995, Matthew Peter Tassio, un estadounidense de 22 años, fue la
antepenúltima víctima mortal por una cornada.
En 2003, el pamplonés Fermín
Echeverría Irañeta,
de 62 años, fue la penúltima
víctima mortal del encierro. El 10 de julio de 2009 se produjo el último
accidente mortal, Daniel Jimeno Romero, un joven español
de 27 años, natural de Alcalá de Henares,
que falleció tras una cogida en el cuarto encierro. Entre 1997 y 2009 seis personas
fallecieron por caídas desde las murallas de la ciudad durante los Sanfermines,
(Wikipedia).
COMENTARIO
Para el Perú Julio es un mes
emblemático por las fiestas patrias y las vacaciones de medio año. La gente
espera el mensaje presidencial y la tradicional parada militar con el desfile
de las fuerzas armadas de nuestro país.
Este año empezó Julio con el
“Chupinazo” presidencial que daba rienda suelta a la población joven para salir
a las calles. Los niños y los adultos mayores deben quedarse confinados en sus
casas obligatoriamente.
Como en los San Fermines de Pamplona
(España), que también son en julio,
esta decisión gubernamental, cargada de
protocolos, permite las correrías de la gente por las calles cuidándose
cada uno de no ser cogidos por el covid. La diferencia con la ciudad española
es que nuestros “toros” son invisibles.
Los corredores de Pamplona que corren
en el callejón entablado, deben observar una serie de reglas para no ser
cogidos y corneados: llevar un periódico enrollado y correr al lado del toro, nunca
delante, y cuando no pueden más, deben tirarse al suelo al lado de los
tablones. No todos cumplen los protocolos y es entonces cuando
vienen los accidentes que pueden ser mortales.
Las
correrías en nuestros encierros criollos
Estando en cuarentena se veían correrías a las horas punta en los
mercados y en los transportes. A partir del 1ero de julio, con el “chupinazo”, éstas se han multiplicado y
no hay manera de controlarlas.
En estas “corridas” que parecen
“estampidas”, las mayorías compiten por subir a los buses o por agarrar antes
las ofertas de los mercados, olvidando los protocolos establecidos.
No todos consiguen salvarse de estas
aglomeraciones que duran horas y se repiten todos los días. El número de los
caídos va en aumento y lógicamente, a más gente más lamento.
La
temeridad en tiempos de pandemia puede terminar en tragedia.
Corren justos y pecadores, culpables
e inocentes. Unos en busca de pan y otros porque les da la gana. Cualquiera
puede ser cogido aunque tome ivermectina, exhale con hojas de eucalipto, o haga
gárgaras con sal, es igual; el enemigo no respeta y mata al que quiere.
En el encierro español los que se
encuentran dentro del callejón deben ser suficientemente prudentes para que no
les ocurra nada.
Lamentablemente, a pesar de las advertencias,
que son constantes, nunca faltan los
temerarios desafiantes, que piensan que a ellos no los cogerá el toro y que
todo es una exageración. Luego vienen los lamentos y algunos dirán, para tratar
de justificar lo injustificable: “murió
en su ley”
Si a uno le llega la hora de la
muerte por Covid o por cualquier otra causa tendría que aceptarla con
resignación cristiana y pedir oraciones para que le ayuden a dar el salto
definitivo a la Patria Celestial.
Muchos han muerto con dignidad y
merecen el respeto y el aprecio. No podemos olvidar a los que dieron su vida
por salvar a los demás. Hemos visto historias maravillosas de seres ejemplares
que nos han conmovido tremendamente. Dios los tendrá en su gloria.
Pero, como se suele decir, “no todo lo que brilla es oro”. Se hace
necesario advertir que ponerse en
peligro por una temeridad y no poner los medios urgentes para cuidarse y para cuidar a los demás, puede poner en
peligro la salvación de la propia alma.
De un temerario que arriesga sin
motivo, y por no cuidarse, muere, la gente tendría que decir: “murió por
idiota”. No compensa, ni es ejemplar,
morir de esa manera tan absurda y peor cuando a esa persona no le importó el
prójimo y contagió a otros.
La
heroicidad y santidad de la obediencia
Las advertencias y las medidas de
prudencia no están demás. Están reguladas por las autoridades que deberían
manejar con acierto y esmero estas situaciones de gravedad, alcanzando los
medios que sean necesarios para disminuir las consecuencias fatales de una
pandemia.
La población debe ser instruida
convenientemente con una información veraz y con la ayuda de todos los
estamentos sociales en coordinación: autoridades, empresarios, científicos, economistas, fuerzas
armadas, la Iglesia, maestros, etc. Todos unidos poniendo lo mejor de
cada uno.
El amor a la Patria, en este mes de julio, podría ser el
aporte personal de cada uno, para ayudar a defendernos de este enemigo
invisible que nos está destruyendo.
En primer lugar cuidar los protocolos
establecidos y luego tener iniciativas para apoyar a los que se ven más
necesitados.
Antes que nada: pedirle a Dios y a la
Virgen María que nos ayuden a ganar esta guerra y que no se extienda más. (P. Manuel Tamayo)
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