miércoles, 22 de julio de 2020


EL ACIERTO DE RECONOCER LAS LIMITACIONES HUMANAS

“Es de sabios rectificar”

“Uno de los problemas principales que encontramos en la actualidad es la desconfianza en el valor del conocimiento humano. Sin duda, nuestro conocimiento es muy limitado” (Razón y fe).

“No nos gustan los errores porque nos recuerdan que no somos tan perfectos como quisiéramos. Esto está bien porque nos pone en contacto con nuestra parte más humana. Ya sabes, esa que se equivoca y teme por los resultados. Claro que no todos los errores tienen la misma importancia. Como seres humanos, siempre estamos tentados a cambiar el destino a nuestro favor. Es parte de nuestra naturaleza y los errores nos demuestran que no siempre es posible”, (Okairy Zuñiga)

“No es raro que las personas más exitosas también se equivocan. Siempre intentan algo nuevo y esto conlleva equivocarse” (Okairy Zuñiga).


COMENTARIO

Una de las mejores lecciones aprendidas después de 4 meses de pandemia es el haber constatado que el ser humano es muy frágil en su salud y en sus conocimientos.

Muchos de los que alardeaban de ser fuertes, que nunca se iban a contagiar, y los que anunciaban que tenían la “pomada mágica” para curar, han caído estrepitosamente derrotados por el virus que sigue en un crecimiento exponencial, aumentando el número de contagiados y de muertos.

Recordamos la presunción del que dio el discurso de inauguración del Titanic antes de su viaje fatídico; muy orondo se atrevió a decir: “a esta barco no lo puede hundir ni Dios”  a las pocas horas solo le quedaba decir, muy avergonzado: “¡trágame tierra!”

La realidad de la vida le enseña al hombre sus debilidades. Los mismos médicos se encontraban metidos en un laberinto sin salida. La principal experiencia es reconocer que se sabe poco y que cualquier cosa puede pasar.

En este recorrido angustioso que empezó hace 4 meses no dejaron de oírse consejos que luego eran rectificados por otras experiencias que tampoco eran tan seguras, ni definitivas.

Han aparecido teorías distintas sobre lo que habría que hacer para evitar el contagio, unas oficiales, otras “piratas” que entraban en conflicto, mientras tanto el número de los fallecidos aumentaba en todos los lugares. Algunos, que se jactaban de tener menos muertos, tuvieron que callarse porque a ellos también les llegó con furia el ataque letal.

Se siguen oyendo voces que anuncian medicamentos milagrosos, y sin embargo, los números de los contagiados y los muertos no paran.  Las únicas armas que quedan para no contagiarse son: no salir de casa, lavarse las manos y usar mascarilla.

Todos hemos visto que los distanciamientos en las calles son imposibles en los lugares donde se producen aglomeraciones, y no son pocos. Mientras, la gente sigue contagiándose y en algunos lugares hay rebrotes o ha empezado una nueva ola.


Tiempos de incertidumbre
La incertidumbre es la nota dominante de estos tiempos. Aún no sabemos si estamos terminando o empezando,  ignoramos lo que pueda venir; lo único cierto es constatar la debilidad humana en todos los campos del quehacer cotidiano.

La economía es otro capítulo aparte donde se puede también constatar las limitaciones humanas, aunque unos tengan más culpa que otros.


Las grandes crisis económicas que azotan el mundo
En este mismo siglo se dieron tremendas crisis económicas; la primera en el país más potente del mundo, Estados Unidos y la segunda en los países europeos del primer mundo.

Ahora la crisis llega a todos los continentes y afecta a millones de personas que han perdido sus trabajos y no saben cómo recuperar todo lo que han perdido. Las debilidades humanas se ven por todas partes, solo quedaría decir: “¡sálvese quien pueda!” y da mucha pena ver que muchos no pueden: unos fracasan y se desesperan y otros mueren porque no pueden ser atendidos.


Llamar a Dios para que venga
En los evangelios dice el Señor: “Sin mí nada pueden hacer”  Quizá el pecado mayor de la humanidad es no haber contado con Dios. El quitarlo de la vida y de la sociedad desencadena una cantidad de males que afectan a todos los hombres. Lo estamos constatando.

Lo que habría que hacer en primer lugar es reconocer ese error y volver a Dios arrepentidos, para que Él, en su infinita misericordia, nos perdone y nos devuelva todo lo que necesitamos para vivir en armonía y con paz, cumpliendo con nuestro papel, que es nuestra misión mientras estamos en la tierra. (P. Manuel Tamayo)


martes, 14 de julio de 2020

LAS MENTIRAS DISFRAZADAS

“Cada ciudadano debería estar alerta para no replicar información falsa. La mentira y la falsedad suelen ser especialmente atractivas y volverlas virales implica un daño creciente. Por una razón relacionada con nuestra naturaleza humana las noticias falsas tienen alta probabilidad de ser compartidas” (El Mundo Com).

“La verdad siempre ha tenido menos defensores y es más sencilla y menos seductora, por eso decimos también que la verdad duele y en cambio la mentira alivia el dolor y recubre los hechos con una capa frívola que permite evitar los sobresaltos” (El Mundo com).

“La principal fuente de mentiras es el sesgo político o ideológico. La pregunta inicial debe ser siempre: ¿a quién favorece una noticia o un enunciado? Quienes nos mienten permanentemente se disfrazan de bienestar supremo y opción única” (El Mundo Com).

 

COMENTARIO

Mentir siempre es deplorable venga de donde venga. Hay mentiras chiquitas y mentiras grandotas. Se puede mentir a una sola persona y también a miles o millones de personas. Algunos mienten por temor, muchos por oficio y otros con intenciones maléficas y perniciosas.

Existen también las mentiras “piadosas”, que no tienen categoría de mentira porque lo que se pretende con ellas es hacer un bien al que la recibe (por ejemplo no informarle a una persona enferma de la muerte de un ser querido porque, por la impresión, podría poner en peligro su salud). Una mentira piadosa es la afirmación falsa proferida con intención benevolente. Suele tener como objetivo el tratar de hacer más digerible una verdad tratando de causar el menor daño posible.

 

Es culpable el que calumnia

El octavo mandamiento nos enseña a no levantar falso testimonio ni mentir. La persona que calumnia está levantando un falso testimonio. Está mintiendo para acusar a una persona. Quien usa sus artes, cambiando las cosas o exagerando la falta, para culpar a alguien y agrandar su condena, comete un pecado grave y debe en justicia reparar el daño causado.

 

Transparencia y sinceridad

Quien busca la manera de enseñar algo presentable elaborándolo con medias verdades está mintiendo. La virtud de la veracidad llama a la sinceridad. Las cosas son como son. Puede ser prudente retrasar una información para evitar una estampida, pero en algún momento habrá que decir la verdad, aunque sea dura. Ocultar algo que se debe informar puede traer muy malas consecuencias. De un mal no se puede sacar algo bueno. Muchas cosas se han complicado por no haber dicho la verdad a tiempo.

 

Decir la verdad a los hijos a tiempo

A la hora de educar a los niños hay que tener en cuenta lo que ellos pueden entender y recibir. No se pueden soltar las cosas de cualquier manera. Qué útiles y buenas son las conversaciones entre padres e hijos, a su debido tiempo y momento, para decirles todo lo que deben saber. Ocultar verdades a los hijos puede traer daños considerables y la pérdida de la autoridad para los padres. La verdad siempre se agradece, aunque no se entienda en primera instancia.

Para que los hijos sean sinceros y transparentes es necesario que los padres lo sean primero. La honestidad y sinceridad de los papás es la mejor escuela para formar la conciencia de los hijos.

 

La veracidad en las autoridades y maestros

La honestidad, la trasparencia y amor a la verdad son exigencias incondicionales para las autoridades, los abogados, los maestros y todos los que tengan que ver con la educación y la administración de justicia.

El prestigio de una autoridad es precisamente su honestidad y amor a la verdad. Las mentiras habituales de una autoridad son el espejo de su propia corrupción, si se jala el hilo de la madeja empezarían a salir al aire, para conocimiento de todos, muchas acciones deshonestas cometidas a lo largo de su vida.

Conocemos historias de mandatarios y otras autoridades que vivieron disfrazados de honestidad apoyando campañas de lucha contra la corrupción. Estaban viendo “la paja en el ojo ajeno” y no repararon en la gran “viga” que tenían en el propio ojo.

Hoy, como nunca, la mentira sabe disfrazarse bien y lo peor es la credulidad de un pueblo engañado y convencido de la honestidad de sus líderes. Hay un engaño brutal a nivel mundial apoyado por grandes capitales y una propaganda subliminal motivada por sustanciosos negociados y planes maléficos.

Es triste la indulgencia de personas buenas, que tal vez por ser tan buenas, no perciben la malicia de los “sembradores impuros del odio” que cada día tienen más cabida por los buenos disfraces que utilizan para parecer leales y honestos. Como se dice constantemente en las Sagradas Escrituras: “el que pueda entender que entienda” (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 8 de julio de 2020


SIN CONCIENCIA NO HAY COHERENCIA

*Salir a la calle infectado o no usar mascarilla podría ser pecado mortal (depende de la actitud de la persona y de las circunstancias).

“Conciencia verdadera es aquella que juzga los actos humanos en conformidad con la Ley natural, grabada por Dios en nuestros corazones. Conciencia errónea es la que juzga los actos humanos en desacuerdo con la Ley natural” (compendio de moralidad).

“Nunca puedes justificar el mal para obtener un bien. En otras palabras: el fin no justifica los medios. No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti, o visto en forma positiva: trata a los demás como te gustaría que te trataran” (compendio de moralidad).

Ayudar a formar hábitos de buen comportamiento: programar el tiempo, saber qué queremos y qué vamos a hacer en cada momento, exigirse el fiel cumplimiento del deber, no permitirse ningún fallo conscientemente aceptado, etc” (compendio de moralidad).

“Formar personas capaces de pensar por si mismas, que sepan actuar por convicción personal, que tengan un correcto sentido critico; que tengan capacidad para asumir valores y sean responsables”(compendio de moralidad).


COMENTARIO

Es imposible esperar una conducta sensata y coherente en personas que no han recibido una formación de la conciencia.

Los objetivos cívicos no se logran solo con campañas de información. Por mucho que se diga y se repitan los criterios y protocolos, no se conseguirá nada, si las personas que escuchan no tienen una conciencia formada.

El deber de formar la conciencia corresponde fundamentalmente a los padres de familia. Los papás tienen la función de educar a los hijos de acuerdo a la ley moral, “hacer el bien y evitar el mal”, que son los primeros principios. Durante el proceso educativo los niños deben ir creciendo en las virtudes morales propias de esa formación y en otras virtudes humanas coadyuvantes.

El conocimiento de la moral esencial y el desarrollo de las virtudes, le dan a la persona un criterio para actuar con sensatez y sentido común. Estos serían los pilares para que una persona pueda iniciar un proceso de formación cultural, para que su conducta, en una sociedad, sea coherente y acertada.

En un mundo relativista, donde se esconde la verdad y se ataca la estructura familiar, es muy fácil que la formación de la conciencia pierda calidad y en algunos lugares podría hasta desaparecer. Esta situación daría lugar a sociedades donde abunda la ignorancia y por lo tanto la ausencia de criterios para darse cuenta de la realidad y actuar en consecuencia.


Formación y conocimiento de la realidad
Al margen de las necesidades que una persona pueda tener, la formación de la conciencia la llevará a organizarse bien para poder superar los obstáculos o dificultades que encuentre en su camino. Una persona responsable sabe lo que tiene que hacer y cuando debe hacerlo.

Si no hubo una formación adecuada aparecen fácilmente las complicaciones, los desentendimientos, y eventualmente los riesgos. Esa persona vivirá insegura, no se dará cuenta de los peligros, y tampoco acertará en el camino correcto;  además,  su conducta iría al ritmo del consenso del sentir común que suele ser manipulado por las  ideologías de poder.

Algunos gobernantes inescrupulosos utilizan la ignorancia de sus súbditos para sus planes maléficos, haciéndoles creer en la “veracidad” de sus propuestas y planes. Pueden haber miles o millones de seguidores ilusos que son arrastrados, como ganado, a un futuro de caos y de miseria.

Los lamentables riesgos de un gran sector
Las personas que no han recibido una buena formación suelen estar en un peligro constante de desubicación que podría tener consecuencias nefastas para ellas mismas y para las personas de su contorno.

Cualquier cosa puede pasar cuando persiste la ignorancia y aumenta el fanatismo con  razonadas sin fundamento de personas engañadas. Caen la defensa terca de argumentos voluntaristas cargados de resentimientos que generan odios.

En estos tiempos de pandemia vemos las consecuencias: no hay disciplina, ni demasiada conciencia para poner los medios que pueden evitar un contagio; puede haber también un exceso de dejadez, o de indiferencia, por pereza o por rebeldía. Han “tirado la toalla” y ya no les importa nada. Estas situaciones las encontramos por todas partes y da mucha pena cuando vemos las consecuencias trágicas de los que no supieron vivir con orden y disciplina.

Siempre se ha dicho que la ignorancia es el peor de los males y ahora la estamos viendo  en todos los niveles de nuestra sociedad.

Como lo hemos dicho reiteradas veces, la solución solo está en la educación, aunque sea a largo plazo.

La modernización y el desarrollo solo se logra con personas idóneas que tengan una buena formación y no tengan dañada la sindéresis, que es el hábito de los primeros principios, para poder hacer el bien y evitar el mal; vale decir: ser buenas personas, con virtudes humanas, sentido común, afectividad ordenada y con los conocimientos necesarios para no dejarse engañar y poder tomar decisiones correctas. (P. Manuel Tamayo)


miércoles, 1 de julio de 2020


UN ENCIERRO A LA CRIOLLA

“Una de las actividades más famosas de los sanfermines es el encierro que consiste en una carrera de hombres y mujeres a lo largo de un recorrido de 849 metros delante de los 6 toros que serán lidiados por la tarde en la corrida de toros y 6 cabestros o mansos que culmina en la plaza de toros. Los encierros tienen lugar todos los días, entre el 7 y el 14 de julio, y comienzan a las ocho de la mañana, con una duración de entre dos y cuatro minutos, si bien en los últimos años debido a las medidas de seguridad introducidas es muy raro que sobrepasen los tres minutos” (Wikipedia).

“El chupinazo es el cohete que se lanza el día 6 de julio de cada año a las doce del mediodía desde el balcón de la casa consistorial de Pamplona para señalar el inicio de las fiestas de san Fermín o sanfermines” (Wikipedia).
“Desde la existencia de registros oficiales, en 1924, se ha contabilizado la muerte de 15 personas en los encierros. En 1995, Matthew Peter Tassio, un estadounidense de 22 años, fue la antepenúltima víctima mortal por una cornada. En 2003, el pamplonés Fermín Echeverría Irañeta, de 62 años, fue la penúltima víctima mortal del encierro. El 10 de julio de 2009 se produjo el último accidente mortal, Daniel Jimeno Romero, un joven español de 27 años, natural de Alcalá de Henares, que falleció tras una cogida en el cuarto encierro. Entre 1997 y 2009 seis personas fallecieron por caídas desde las murallas de la ciudad durante los Sanfermines, (Wikipedia).


COMENTARIO
Para el Perú Julio es un mes emblemático por las fiestas patrias y las vacaciones de medio año. La gente espera el mensaje presidencial y la tradicional parada militar con el desfile de las fuerzas armadas de nuestro país.

Este año empezó Julio con el “Chupinazo” presidencial que daba rienda suelta a la población joven para salir a las calles. Los niños y los adultos mayores deben quedarse confinados en sus casas obligatoriamente.

Como en los San Fermines de Pamplona (España), que también son en julio, esta decisión gubernamental, cargada de protocolos, permite las correrías de la gente por las calles cuidándose cada uno de no ser cogidos por el covid. La diferencia con la ciudad española es que nuestros “toros” son invisibles.

Los corredores de Pamplona que corren en el callejón entablado, deben observar una serie de reglas para no ser cogidos y corneados: llevar un periódico enrollado y correr al lado del toro, nunca delante, y cuando no pueden más, deben tirarse al suelo al lado de los tablones. No todos cumplen los protocolos y es entonces cuando vienen los accidentes que pueden ser mortales.

Las correrías en nuestros encierros criollos
Estando en cuarentena se veían correrías a las horas punta en los mercados y en los transportes. A partir del 1ero de julio, con el “chupinazo”, éstas se han multiplicado y no hay manera de controlarlas.

En estas “corridas” que parecen “estampidas”, las mayorías compiten por subir a los buses o por agarrar antes las ofertas de los mercados, olvidando los protocolos establecidos.

No todos consiguen salvarse de estas aglomeraciones que duran horas y se repiten todos los días. El número de los caídos va en aumento y lógicamente, a más gente más lamento.

La temeridad en tiempos de pandemia puede terminar en tragedia.
Corren justos y pecadores, culpables e inocentes. Unos en busca de pan y otros porque les da la gana. Cualquiera puede ser cogido aunque tome ivermectina, exhale con hojas de eucalipto, o haga gárgaras con sal, es igual; el enemigo no respeta y mata al que quiere.

En el encierro español los que se encuentran dentro del callejón deben ser suficientemente prudentes para que no les ocurra nada.

Lamentablemente, a pesar de las advertencias, que son constantes, nunca faltan los temerarios desafiantes, que piensan que a ellos no los cogerá el toro y que todo es una exageración. Luego vienen los lamentos y algunos dirán, para tratar de justificar lo injustificable: “murió en su ley” 

Si a uno le llega la hora de la muerte por Covid o por cualquier otra causa tendría que aceptarla con resignación cristiana y pedir oraciones para que le ayuden a dar el salto definitivo a la Patria Celestial.

Muchos han muerto con dignidad y merecen el respeto y el aprecio. No podemos olvidar a los que dieron su vida por salvar a los demás. Hemos visto historias maravillosas de seres ejemplares que nos han conmovido tremendamente. Dios los tendrá en su gloria.

Pero, como se suele decir, “no todo lo que brilla es oro”. Se hace necesario advertir que  ponerse en peligro por una temeridad y no poner los medios urgentes para cuidarse  y para cuidar a los demás, puede poner en peligro la salvación de la propia alma.

De un temerario que arriesga sin motivo, y por no cuidarse, muere, la gente tendría que decir: “murió por idiota”. No compensa, ni es ejemplar, morir de esa manera tan absurda y peor cuando a esa persona no le importó el prójimo y contagió a otros.

La heroicidad y santidad de la obediencia
Las advertencias y las medidas de prudencia no están demás. Están reguladas por las autoridades que deberían manejar con acierto y esmero estas situaciones de gravedad, alcanzando los medios que sean necesarios para disminuir las consecuencias fatales de una pandemia.

La población debe ser instruida convenientemente con una información veraz y con la ayuda de todos los estamentos sociales en coordinación: autoridades, empresarios, científicos, economistas, fuerzas armadas, la Iglesia, maestros, etc. Todos unidos poniendo lo mejor de cada uno.

El amor a la Patria, en este mes de julio, podría ser el aporte personal de cada uno, para ayudar a defendernos de este enemigo invisible que nos está destruyendo.

En primer lugar cuidar los protocolos establecidos y luego tener iniciativas para apoyar a los que se ven más necesitados.

Antes que nada: pedirle a Dios y a la Virgen María que nos ayuden a ganar esta guerra y que no se extienda más. (P. Manuel Tamayo)