miércoles, 30 de enero de 2019


¡VIENE DE DIOS!

“Les abrió el entendimiento para que entendieran las Escrituras” (Luc 24,45).

“Tomad todas las cosas como venidas de Dios, Nuestro Señor” (San Josemaría Escrivá).

“Para los que aman a Dios todas las cosas son para bien” (Rom. 28-30).

“Dios nos concede los medios para realizar aquello que nos manda y que parece humanamente imposible… nos ayuda interiormente… nos prepara para entrar en ese nuevo proyecto y hacerlo nuestro… (San Juan Pablo II).


COMENTARIO

Es muy difícil que el entendimiento humano pueda comprender los acontecimientos y las decisiones que tienen una dimensión sobrenatural. Lo que es propiamente de Dios se acepta y se quiere solo desde la fe.

El hombre que hace análisis humanos de lo que es propiamente divino no llega a comprender el porqué de muchas cosas que ocurren en el mundo, y que tienen relación con la Iglesia, y corre el peligro de contagiarse de las sandeces que propalan los enemigos de la Iglesia.

Si vamos a la Biblia (que hay que leerla siempre con fe) nos encontramos con el pasaje de José que se entera que la Virgen está en cinta y él no sabía nada ni entendía qué podría haber pasado. Si esto ocurriera hoy, muchísimos dirían que la Virgen se portó mal y le harían ver a José que había sido engañado.

Más adelante cuando el Niño Jesús, de doce años de edad, se escapa de su casa y está perdido 3 días, sus padres y mucha gente estaban muy preocupados. Cuando la Virgen lo encuentra le dice: ¿Por qué nos has hecho esto? Y Jesús le responde: “no sabes que debo ocuparme antes en las cosas que son del servicio de mi Padre” La Virgen seguía sin entender pero “ponderaba las cosas en su corazón” que era como decir: acepto, hay algo bueno y muy bueno que yo todavía no puedo entender.


La lógica de Dios no es la humana
Hay muchas cosas muy buenas, que tienen una dimensión sobrenatural y no se pueden entender de inmediato con la sola razón, sin embargo el ser humano insiste en buscar explicaciones y muchas veces tiende a juzgar de un modo negativo lo que no comprende, sembrando dudas a los que le escuchan.

Cuando fallece un Papa se empiezan a escuchar las conjeturas de los analistas humanos que miran las cosas con una “lógica política” calificando a los posibles candidatos de acuerdo a sus trayectorias, (es de la derecha, es de izquierda, es amigo de un régimen de gobierno, es cercano a la gente, etc). Van armando la figura ideal de acuerdo a los datos que ellos han recogido. Pero luego viene la sorpresa y la realidad es distinta.

Sucede lo mismo con el nombramiento de los obispos, sobre todo de las sedes que se consideran más importantes. Se multiplican las teorías calificando y comparando a las personas y no captan, para nada, la gran dimensión sobrenatural de esos nombramientos o de esos acontecimientos.
Si miramos un poco para atrás, nos daremos cuenta que Jesucristo es el Señor de la historia y además es el fundador de la Iglesia. Jesucristo ha escogido a personas para que le ayuden en la gran tarea de la Redención: salvar a las almas de la esclavitud del pecado y conseguir que alcancen la vida eterna de felicidad.

Escoge a seres humanos con defectos y miserias. Escoge a un Pedro que lo negó a un Tomás que dudó de Él, a un Judas que lo traicionó, llama a Pablo de Tarso que era un asesino y perseguidor de cristianos y más adelante llama a Agustín que vivía sumergido en los vicios.

Hoy muchos analistas habrían puesto el grito en el Cielo, ¡cómo se le ocurre llamar a esas personas! habrían dicho escandalizados y “rasgándose las vestiduras”.

En la historia del cristianismo a lo largo de los siglos vemos que Dios escoge de una manera distinta a su gente. Los hombres exigimos un curriculum vitae y una trayectoria honesta de vida. Las hojas de vida son todas “inmaculadas”, pero luego vemos los fallos y los errores que se cometen. El hombre pide condena para el que falla. Dios pide fe y humildad, sabe perdonar y acoge con misericordia a la persona arrepentida para darle otra oportunidad. 


¿A quiénes escoge María?
En todas la apariciones de la Virgen encontramos videntes que no son unas lumbreras desde el punto de vista humano y a ellos se les confía lo que se debería hacer para cambiar el mundo. Juan Diego era un campesino inculto y gracias a él conocemos el mensaje de la Virgen de Guadalupe que ha tenido una enorme repercusión en el mundo. Bernardette de Lourdes era una niña enferma y de una familia muy pobre. Hoy el Santuario de Lourdes está repleto de peregrinos que buscan la salud y el consuelo de la Madre de Dios. Lucía, Jacinto y Francisco, eran los tres pastorcitos del gran mensaje de Fátima sobre los destinos del mundo.

Decía San Josemaría: “Dios escribe con reglones torcidos”. No debemos poner lo divino en las teorías de la lógica humana. Dios sabe mucho más que nosotros.

En Prelado del Opus Dei les decía a los jóvenes con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, que confíen en Dios porque “él nos lleva a un buen final, también a través de las circunstancias y vicisitudes que a menudo son misteriosas para nosotros. Detrás de los grandes interrogantes, Dios quiere abrirnos un panorama de grandeza y de belleza, que se oculta quizá a nuestros ojos”

Que estas consideraciones nos ayuden a querer cada día más a la Iglesia y al Papa con el propósito de ser muy buenos hijos de Santa María (P. Manuel Tamayo)


miércoles, 23 de enero de 2019


EDUCACIÓN RELIGIOSA EN LOS COLEGIOS
*En los colegios donde se enseña religión

“Cuando se trata de padres ateos o agnósticos, preocupados más bien de la formación integral de sus hijos, piden que las clases de religión sean reemplazadas por introducciones a la ciudadanía o por la historia de las religiones” (Wikipedia).

“En un colegio primero son los padres, luego los profesores y después los alumnos” (San Josemaría Escrivá).

“El 28 de octubre de 1965 el Concilio Vaticano II aprobó la declaración Gravissimum educationis sobre la educación cristiana. Ella establece el elemento característico de la escuela católica: «Esta persigue, en no menor grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la juventud. Su nota distintiva es crear un ambiente en la comunidad escolar animado por el espíritu evangélico de libertad y caridad, ayudar a los adolescentes para que en el desarrollo de la propia personalidad crezcan a un tiempo según la nueva criatura que han sido hechos por el bautismo, y ordenar, finalmente, toda la cultura humana según el mensaje de salvación, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre»(Congregación para la educación católica).

“La escuela católica no puede renunciar a la libertad de proclamar el mensaje evangélico y exponer los valores de la educación cristiana. Es su derecho y su deber. Debería quedar claro a todos que exponer o proponer no equivale a imponer. El imponer, en efecto, supone violencia moral, que el mismo mensaje evangélico y la disciplina de la Iglesia rechazan resueltamente…Hay también, jóvenes para los que su permanencia en la escuela católica influye poco en su vida religiosa; adoptan actitudes no positivas frente a las principales experiencias de las prácticas cristianas —oración, participación en la Santa Misa, frecuencia de sacramentos— o adoptan alguna forma de rechazo, sobre todo, respecto a la religión de la Iglesia” (Congregación para la educación católica).

“Las formas y el avance gradual en el desarrollo del proyecto educativo están, pues, condicionados y guiados por el nivel de conocimiento de las situaciones personales de los alumnos…En la escuela, pues, se trabaja en la formación completa del alumno. La enseñanza de la religión debe, por lo tanto, distinguirse en relación a los objetivos y criterios propios de una estructura escolar moderna…Muchos jóvenes, conforme van creciendo, se alejan de los sacramentos. Señal de que no los han comprendido. Quizá los juzgan prácticas infantiles de devoción, costumbres populares acompañadas de fiestas profanas. El profesor, que conoce la peligrosidad del fenómeno, guía a los alumnos a descubrir el valor del itinerario sacramental que el creyente recorre desde el principio hasta el final de su vida. Itinerario que se realiza en la Iglesia, y por tanto cada vez más comprensible para el alumno a medida que toma conciencia de su pertenencia a la Iglesia” (Congregación para la educación católica).


COMENTARIO

La educación de los hijos corresponde fundamentalmente a los padres que son los primeros y principales educadores, ellos tienen gracia de estado para educar a sus propios hijos.

Para la educación religiosa de los niños en un colegio lo primero son los padres.

El colegio y la capellanía deben estar cercanos a los padres y a las familias de los alumnos para poder acertar con el complemento de formación religiosa que le corresponde al colegio.
Si la familia no existe, desaparece un medio fundamental y esencial para la formación cristiana del alumno. Es muy difícil que el colegio pueda suplir esta deficiencia, aunque podrían haber excepciones.


No existen familias homogéneas
Las familias de un colegio son muy distintas por el origen, las costumbres y el nivel de vida cristiana.

Se debe tener en cuenta la enorme variedad de situaciones que se pueden encontrar en los hogares de los alumnos.

Aunque el colegio exija ciertas condiciones de idoneidad para la práctica de la religión, es muy difícil encontrar una homogeneidad de vidas y de criterios cristianos en las casas de los chicos y mucho menos en la formación cristiana de los chicos.

La buena asimilación de la formación religiosa y la vida cristiana de los chicos (los resultados que se ven) depende fundamentalmente de la familia. El influjo del colegio estará muy limitado si la familia no funciona.
La mayor parte de familias que llegan al colegio, en la época actual, tienen serias deficiencias y no pocas limitaciones en todo lo que se refiere a la religión y especialmente a la vida cristiana.

El colegio debe tener en cuenta estas carencias para estructurar un programa que ayude a los padres a intentar poner los medios para que pueda darse un mejor ambiente en la casa y así conseguir que los niños den los primeros pasos en su formación cristiana. Se supone que antes de la matrícula del alumno hay un acuerdo del colegio con los padres de familia para la educación cristiana de sus hijos.

En un colegio la enseñanza de la religión no debe quedarse en una teoría de un conjunto de conocimientos que los alumnos deben deben aprender, de acuerdo a un programa o a un libro de religión, con el fin de aprobar el curso. Es necesaria una auténtica pedagogía de la fe.


¿En qué consiste la pedagogía de la fe?
La pedagogía de la fe tiene su base en la fe y en la vida cristiana de los papás y de los profesores. La transmisión de la vida cristiana a los hijos y a los alumnos se da con la propia vida de fe, de los papás y maestros. Este es el punto de partida para la educación religiosa del colegio. La escuela y la capellanía deben apuntar en primer lugar a este punto. Esas son las bases para garantizar la formación cristiana de los niños.

De acuerdo a esta realidad, la vida cristiana de los padres y profesores debe tener prioridad para todo lo que se trabaje en el colegio.

No basta que en ideario del colegio exista un programa de lo que se debe enseñar y de las actividades que habría que organizar para que los alumnos reciban esa formación.

El esfuerzo personal de los padres y profesores para ser ellos mejores cristianos es fundamental. Cuando mejora la calidad de vida espiritual de los formadores y lo demuestran con el esfuerzo que hacen para ir ganando en virtudes, es cuando ellos consiguen, al mismo tiempo, la idoneidad y la fortaleza para educar a los niños en la fe.


La situación espiritual de las familias en los tiempos actuales
Con una buena sinergia de padres y educadores se consigue ver en primer lugar que los alumnos de un colegio son reflejo de los tiempos actuales, de cómo se encuentra la sociedad. Esa es la primera foto que debe salir nítida.

Después de ese primer paso se saca, en la segunda foto, a las familias del colegio y aparecerá el siguiente panorama: Junto a familias bien constituidas y piadosas, que suelen ser muy pocas, estarán otras que son disfuncionales y con muchas complicaciones distintas (madres solteras, padres con doble compromiso, hijos naturales, separaciones, agresividad familiar, ateísmo, agnosticismo, etc).  No hay que ir muy lejos, hoy por hoy estas situaciones se encuentran en todos los colegios. A los que no quieran verlo les tendríamos que decir que “no se puede tapar el sol con un dedo”.

Ante esta realidad el colegio debe evitar “formar” para la hipocresía (sin darse cuenta), como si esa realidad no existiera en el propio colegio.

Otro paso importante para lograr la ansiada pedagogía de la fe es ver los resultados de la formación en la vida cristiana de los alumnos y exalumnos. Los logros que se han tenido hasta la fecha. Habrá mucha variedad. Lógicamente aparecerán en esos estudios los buenos resultados en algunos casos, pero un buen educador se pregunta siempre, ¿eso basta?, ¿basta con que les quede algo?, ¿no se podrían hacer las cosas de otro modo para que los chicos adquieran de verdad las virtudes cristianas? (P. Manuel Tamayo).

*continuará en el siguiente artículo.

lunes, 14 de enero de 2019

LA EDUCACIÓN RELIGIOSA EN LA CASA

“Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar” (San Josemaría Escrivá, Conversaciones, n. 91). 

“Los esposos cristianos han de ser conscientes de que están llamados a santificarse santificando, de que están llamados a ser apóstoles, y de que su primer apostolado está en el hogar. Deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad” (San Josemaría Escrivá, Conversaciones).

La misión de la educación exige que los padres cristianos propongan a los hijos todos los contenidos que son necesarios para la maduración gradual de su personalidad desde un punto de vista cristiano y eclesial. La misión educativa comporta que la familia transmita e irradie el Evangelio, hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. En la familia todos los miembros evangelizan y son evangelizados” (Pontificio Consejo para la familia).

“Son los padres quienes llevan al niño a bautizar y se comprometen a darle una educación en la fe. Son ellos los responsables primarios de la catequesis de sus hijos, los que enseñan a rezar e introducen a sus hijos en las verdades de la fe. No lo hacen por delegación de la parroquia o el colegio; es al revés: pueden –y con frecuencia conviene hacerlo- hacerse ayudar en esa tarea, cuya responsabilidad es suya en primer lugar. La tarea de los padres es una verdadera misión eclesial: una labor que les encomienda la Iglesia” (Julio de la Vega Hazas, Aleteia).



COMENTARIO

Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. Cuando se trata de la religión los padres deben saber que no es una disciplina más, ni tampoco una costumbre o tradición que les toca seguir dentro de la familia o del lugar donde nacieron. La fe es una virtud y cuando se tiene informa toda la vida.

Cuando los papás tienen la virtud de la fe se darán cuenta de la importancia de los sacramentos para poder luchar contra el mal que está presente con el pecado. Es entonces cuando organizan todo para bautizar, lo más pronto posible, a los hijos.

El bautismo es tan importante, o más importante, que las vacunas que les ponen a los niños para que no cojan una enfermedad que podría traerles serias complicaciones.

El niño bautizado crecerá protegido por la gracia sacramental ese sacramento, luego, cuando alcanza los 7 años los papás lo prepararán para su primera confesión.

Los niños se llenan de alegría cuando sus padres le ayudan a prepararse para su primera confesión, que es realmente formar su conciencia para aprender a querer el bien y rechazar el mal. Luego los padres coordinan con el sacerdote para llevar al niño a su primera confesión. El colegio donde estudia el niño puede facilitar esta coordinación.

La primera confesión está muy cerca de la primera comunión. Los padres con fe desean que su hijo reciba bien a Jesús. El niño ha visto comulgar a sus padres con fe y devoción. Ha visto también cómo viven sus padres la Santa Misa y cómo la valoran. Esa es la mejor preparación para el niño.

Cuando se acerca la primera comunión, que podría organizarla también el colegio, los papás vivirán con el niño ese gran momento importantísimo para su vida y luego lo acompañarán a vivir bien su vida cristiana con la ayuda de los sacramentos.

El niño y su familia irán con cierta periodicidad a confesarse, puede ser en la parroquia o también en el colegio, además todos los domingos y fiestas de guardar asistirán a la Santa Misa.

La educación religiosa debe darse fundamentalmente en el hogar, el colegio es un complemento. La capellanía de un colegio debe conocer bien cómo se está llevando en la casa la educación religiosa de los niños.

Si en la casa no existe una educación religiosa por parte de los padres o algún otro familiar, el niño tendrá muchas dificultades para vivir bien la práctica de la religión que pueda aprender en un colegio. 


El hogar es la Iglesia doméstica
La motivación principal para la educación religiosa del niño la recibe de sus padres y del ambiente cristiano que hay en la casa. Son los padres quienes deben ver si sus hijos aman realmente a Dios. Ellos son los que consiguen poner a Dios en el corazón de sus hijos. Si el buen ejemplo de los padres es constante el niño hará suya la devoción que ve en sus papás o en algún otro miembro cercano de la familia, como pueden ser los abuelos.

Si los padres son piadosos sabrán educar con libertad y para la libertad a sus hijos.  Esos padres verán con el tiempo que sus hijos irán a confesarse y a Misa porque ellos quieren y no porque los manden. Los papás no tendrán que estar detrás y mucho menos los profesores. Esta realidad, que puede parecer increíble, funciona muy bien en muchos hogares. Los papás, piadosos y listos, ven con mucha alegría que sus hijos caminan solos para las actividades de su vida espiritual, sin que ellos tengan que decirles nada.

En cambio es penoso ver a papás o profesores inquietos que están detrás de sus hijos obligándoles a que cumplan con sus deberes espirituales y los chicos con mala cara se sienten presionados y no quieren ir,  o se acostumbran a cumplir solo cuando se les recuerda, como algo que hacen para contentar y no hacer problema. Es como la mamá que le tiene que decir a su hijo constantemente “¡saluda!” para que lo haga y cuando lo hace la mamá piensa que el chico se portó bien y eso basta.  ¡Craso error!


Conseguir que las personas quieran
Es muy importante, y corresponde fundamentalmente a la familia, formar a los chicos para que ellos quieran. Todas las actividades espirituales deben ser libres.

La asistencia a Misa está motivada principalmente por el amor a Dios. Se le quiere tanto al Señor que se acude a la Misa para escucharlo y recibirlo. Es la fe en la cercanía de Dios que es el mejor tesoro que se puede recibir para vivir una auténtica vida cristiana. Lógicamente la Santa Misa fortalece y motiva a las personas para querer más al prójimo, empezando por la familia y desde allí a las demás personas, dando prioridad a los más necesitados.

Es penoso cuando alguien asiste a una actividad religiosa presionado y no es totalmente libre. En esto hay que tener mucho cuidado porque en vez de ayudar se puede perjudicar y alejar a la gente de Dios.

De la casa todos los miembros de la familia deben sacar el afán de ir a Misa y de querer rezar. El ambiente de la casa debe ser natural, el de una familia que se quiere y que está unida. La casa no es un convento donde se reza todo el día, es un lugar de paz y de alegría donde todos se apoyan para salir adelante, de allí, con la ciencia del Amor, saldrán personas libres que saben querer de verdad a Dios y a los demás.  (P. Manuel Tamayo)

martes, 8 de enero de 2019


LOS CELULARES Y LOS VIDEOJUEGOS EN LA EDUCACIÓN DE LOS JÓVENES

“No todo son peligros y amenazas en el caso de los videojuegos: existen trabajos que justifican que los videojuegos son buenos para el cerebro, y conllevan un riguroso entrenamiento cognitivo y mejora de las habilidades mentales del niño o adolescente.

Una creciente cantidad de estudios universitarios sugiere que los videojuegos mejoran la creatividad, la toma de decisiones y la percepción
”. (Tomás Ortiz Alonso. Catedrático del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid).
   
Algunos videojuegos estimulan las habilidades psicomotrices, facilitan el sentido de la competencia amistosa entre los chicos.

“Cuando los padres noten una excesiva dedicación del hijo al videojuego, una excesiva respuesta emocional al mismo, unas reacciones agresivas ante las respuestas erróneas y una actitud general sospechosa, diferente a las reacciones habituales a los diferentes estímulos de la vida familiar, escolar o social, o cuando detecten que el video juego está cambiando las rutinas sociales, personales, familiares y escolares de su hijo, deben tener la capacidad de eliminar el videojuego de la vida de su hijo de forma radical” (Tomás Ortiz Alonso. Catedrático del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid).

“El Papa Francisco ha presentado Follow JC Go, un juego para smartphones desarrollado para la Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019 que toma mucha influencia, hasta en su nombre, del popular Pokèmon Go. Follow Jesus Christ Go es una mezcla de tecnología de realidad aumentada y geoposicionamiento en tiempo real, cuyo objetivo consiste en “caminar y buscar por las calles de las ciudades donde se encuentren distintos personajes de la Biblia, advocaciones Marianas, Santos, Beatos, y otras personas para formar un Equipo de Evangelización”. (Fayer Wayer).
  
“El Papa Francisco lamentó que haya fieles, sacerdotes y hasta obispos que usen celulares durante la Eucaristía, mientras hubo cristianos que en dos mil años han perdido hasta la vida por celebrar la Misa” (Audiencia Nov, 2017)
“El uso inadecuado de los videojuegos pueden producir síntomas y reacciones similares a las que se derivan del uso y adicción a las drogas, como una irrefrenable tendencia para continuar el juego. Según estadísticas recientes del 100% de las personas que participan en videojuegos, un 10% están en el riesgo de la adicción.  La ludopatía o juego patológico se ha definido como un impulso irreprimible de jugar y/o apostar. La palabra se origina del latín: ludus, que significa “yo juego” y la palabra griega pathos, que significa afección, enfermedad o pasión por el juego. El juego patológico también se ha definido como una enfermedad crónica y progresiva consistente en la falta de control en los impulsos y un deseo irreprimible de participar en juegos de apuesta. Los datos existentes señalan que existe aproximadamente un 2% de la población adulta y adolescente directamente afectada por la ludopatía. Además el uso excesivo del celular puede alejar a las personas de la realidad y hacer perder momentos de calidad en las relaciones humanas, en el hogar, en el trabajo o en la vida cotidiana”  (El crecimiento de la ludopatía).


COMENTARIO

Los teléfonos celulares y los videos juegos han invadido los mercados de todo el mundo y tienen ahora un influjo grande especialmente en la gente joven. Esta realidad ha variado la vida de muchas familias y se puede decir que la sociedad de hoy es distinta a la de hace 10 años.

La tecnología moderna ha generado grandes cambios en los hábitos y las conductas de las personas. Lamentablemente la educación suele ir detrás de los acontecimientos para corregir lo que se ha desviado. Urge una educación de prevención que ayude a orientar el buen uso de los medios electrónicos, que son muy buenos cuando se usan bien.

No se puede negar que con el influjo de las nuevas tecnologías de comunicación nuestra sociedad dedica mucho más tiempo a las actividades lúdicas de recreo y de diversión. La necesidad de jugar ha crecido considerablemente en los más jóvenes y también en los mayores. Las casas de juego han aumentado y el afán de jugar y de divertirse aparece hoy como parte importante en la vida de las personas.

Es de sentido común afirmar que no todas las actividades deportivas y recreativas son iguales. Con alguna se fomenta la virtud, el desarrollo físico y la mejora de las relaciones humanas. En cambio con otras se pueden coger vicios, adquirir hábitos compulsivos y perder la buena conducta en las relaciones humanas.


La orientación y el orden en el empleo del tiempo

La Pedagogía nos enseña que las actividades lúdicas y recreativas no deben ocupar tanto tiempo en los horarios de las personas. Las clases de educación física y el deporte son buenísimos para la formación de los jóvenes, ayudan a crecer en virtudes y a ser solidarios. Los padres de familia y los profesores deben estar atentos para que, de acuerdo a las capacidades de los chicos, se regule el tiempo que deben emplear para esas actividades de recreación.

Todo educador debe saber, y creo que está demás decirlo, que antes que el juego está el amor al prójimo con distintas manifestaciones de generosidad y servicio (que empiezan siempre por la casa) y después el trabajo que responsabiliza al ser humano para hacerlo útil y solidario en la construcción de la sociedad. Las actividades para la formación ética y moral de las personas deben tener prioridad y ocupar las horas estelares en los horarios de los chicos.

El mismo chico debe aprender a dedicar más tiempo a lo que es más importante para él, para su familia y para su entorno social. Un niño, desde pequeño debe tener una correcta jerarquía de valores que la aprenderá de sus padres y de los buenos maestros.

La dedicación del tiempo no debe depender de los impulsos o pasiones sino de lo que se entiende como deber. Cada persona debe saber lo que debe hacer y este conocimiento no es un sometimiento, es acertar en la correcta jerarquía de valores; son metas que se alcanzan con esfuerzo y sacrificio para ser mejor persona.


El juego tiene su lugar

El juego no debe ocupar nunca un lugar preferencial, el juego en sí no aporta lo que es más importante para la vida. No es que haya que satanizar la actividad lúdica, solo hay que colocarla en su sitio.  Cuando se ve que el juego está ocupando muchas horas y empieza a invadir la vida de familia en los hogares, cuando vemos que invade también en la sociedad, cambiando las costumbres de las personas, es de sentido común poner la voz de alarma para corregir eso.

Hoy, tenemos que admitirlo, porque es evidente, hay un desorden brutal que está causando mucho daño. No es por el Ajedrez, ni por el ping pong, tampoco por leer novelas o por ir al cine a ver una película. El desorden se está dando por el tiempo que los jóvenes  dedican a los videojuegos y al chateo en los celulares. Sería irresponsable o ingenuo cerrar los ojos a esta realidad, que está dando dolores de cabeza a muchas familias.


El crecimiento de la ludopatía

Los casos de ludopatía han aumentado considerablemente, pero además, en los que no llegan al vicio podría haber una distorsión en la jerarquía de valores. Los chicos que dedican demasiado tiempo al celular y a los juegos pueden perderse las grandes oportunidades para ser mejores profesionales y personas de un mejor nivel cultural. Muchos no lo logran porque, al estar demasiado tiempo en los juegos, no acuden, y están muy poco motivados, para asistir a charlas académicas o culturales.

En estos tiempos de relativismo los valores están trastocados, ya no se sabe que es más importante, y se puede llegar a pensar que da lo mismo todo. Este es el error más significativo de la mentalidad relativista que quiere poner a la actividad lúdica en el mismo nivel de las otras actividades profesionales, como si diera lo mismo jugar que estudiar, o trabajar para servir a los demás.

El voluntarismo no es amor

Voluntarista es el fanático que quiere autoconvencerse que lo que afirma es lo correcto y que nadie le podrá cambiar sus idea. Santo Tomás de Aquino decía que “la soberbia es la pasión más mala que consiste en creer que uno tiene la verdad y los demás se equivocan”

La verdad no viene de la pasión. Las pasiones se desvían y hay que controlarlas. La verdad viene de la objetividad del ser para reconocer el valor que tienen las personas y las cosas en sí mismas.

Desde el punto de vista afectivo un deseo compulsivo de jugar puede aislar a una persona y alejarla del entorno familiar y del trato con personas valiosas que podrían influir positivamente en su vida.

Es penoso ver a un chico lejano a su padre, a su familia y a sus maestros porque está metido en un mundo de diversiones que le ocupa demasiado tiempo.  Además con la terquedad de querer seguir en su pasión sin escuchar los argumentos razonables de las personas que lo quieren.

Hoy, ha crecido la brecha generacional, muchos jóvenes no conversan con sus padres, tampoco con los buenos maestros. Esta buena y noble relación entre padres e hijos hay que recomponerla por el bien de las personas y de la sociedad.

Está claro que el “mundillo” de los juegos les distrae de metas más elevadas en los aspectos humanos para estar mejor situados en las relaciones con las personas mayores.

Es triste y desalentador ver a los chicos, y a veces también a los padres, estar sentados en la mesa mirando continuamente el celular. Tampoco saben, porque tal vez nadie les ha enseñado, que mirar el celular en presencia de otras personas es una considerable falta de respeto que además origina un deterioro en las relaciones humanas cuando se da una compulsividad incontrolable.



Un llamado urgente a los educadores

La educación tiene que ir avanzando para “coger el toro por las astas” y lograr que estos desórdenes que se ha generalizado, se corrijan cuanto antes. Un buen educador debe saber cómo enseñar a los jóvenes a usar con virtud los medios electrónicos.

Las dificultades para enfrentar este problema son muchas. No hay criterios claros que ayuden a tomar el camino correcto. Como en todo lo demás, los padres y los maestros son los que tienen “la sartén por el mango”, aunque hoy cualquier persona piensa que tiene derecho a tener teorías sobre cómo se debe educar.

Hoy todo el mundo quiere opinar sobre educación, en las otras disciplinas no ocurre lo mismo, en medicina o ingeniería cualquiera no lanza una opinión, se acude a los especialistas, en cambio en educación muchos creen tener ciencia infusa.

Abundan los dilettanti (aficionados) en educación, que creen que por inspiración, o por su propia experiencia, ya cuentan con un criterio acertado para dar consejos. “Zapatero a tus Zapatos” dice con acierto el refrán que habría que habría que repetirlo mucho en estos tiempos, al que opina en materias educativa sin tener una preparación adecuada.

La educación es una ciencia que la adquieren, por vocación, los papás para educar a sus propios hijos, y los maestros que tienen vocación de educadores, y cuando estudian bien su carrera pedagógica, para ejercerla, con dignidad y acierto, en la educación de sus alumnos.

Los buenos educadores tendrán que trabajar mucho para conseguir enseñar a sus alumnos las virtudes necesarias para el uso correcto los aparatos electrónicos de comunicación, que incluyen los videojuegos. Es necesario reconocer que todavía falta mucho camino por recorrer para llegar a las metas ideales en este campo, (P. Manuel Tamayo).

jueves, 3 de enero de 2019


EDUCACIÓN ANTICUADA  (la urgencia de los nuevos enfoques)

“Sería injusto decir que nada ha cambiado durante los últimos años en cuanto a la educación; pues bien es cierto que hay muchas personas que están implementando nuevas formas de aprendizaje dentro de los colegios y universidades, pero en términos generales aún estamos muy atrasados para ir al ritmo que necesitan las nuevas generaciones”. (Erica Zárate)

“¿Ha evolucionado la Educación tal y como lo ha hecho las sociedad en estas últimas décadas? No debiéramos dar un salto atrás en el tiempo cada vez que cruzamos la puerta de la escuela, el instituto o la facultad, sino que deberíamos preparar a nuestros alumnos con las armas del presente para las batallas que habrán de librar en el futuro” (Sir Ken Robinson y Eduard Punset).

“La meta principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente de repetir lo que otras generaciones han hecho; hombres que sean creativos, inventores y descubridores. La segunda meta de la educación es la de formar mentes que sean críticas, que puedan verificar y no aceptar todo lo que se les ofrece” (Jean Piaget, 1984)



“Piaget propone que hay tres factores que influyen sobre el desarrollo moral: el desarrollo de la inteligencia, las relaciones entre iguales y la progresiva independencia de la coacción o imposición de las normas de los adultos. El primer factor, el desarrollo de la inteligencia, es el más importante, ya que es el que permite a los otros dos actuar. Piaget intenta en sus teorías explicar el funcionamiento interno de nuestras estructuras psíquicas y no se contenta con explicar el aprendizaje únicamente a partir de la influencia exterior. No existe un patrón de moral absoluto o inmodificable, sino que el individuo puede formular sus propios códigos de lo que es correcto o incorrecto; además, los juicios morales inmaduros se centran solamente en el grado de la falta, mientras los juicios más maduros consideran la intención”. (Jean Piaget. Aportes a la educación del desarrollo del juicio moral para el siglo XXI).


COMENTARIO

El término anticuado aplicado a la educación tiene distintos enfoques, puede referirse a la educación que se daba antes, a las personas que educan con métodos antiguos, a sistemas obsoletos, o al modo de pensar y educar de algunas personas que se han quedado con una mentalidad que ahora ya no se debería tener.

A mediados del siglo pasado un grupo de médicos franceses ideó la escuela de padres porque habían notado en sus consultas la falta de preparación que tenían los papás para educar a sus hijos. Se creo la famosa “Ecole des parents” que tuvo influjo en toda Europa y en bastantes países de América. Era necesario educar a los padres para que éstos eduquen mejor a sus hijos. Fue una iniciativa que le puso énfasis a la educación familiar.

En esos tiempos y durante muchos años la educación escolar fue llevada por religiosos. Muchas familias matriculaban a sus hijos en esos colegios que llegaron a tener bastante prestigio en todo el mundo. Existían también escuelas laicas con un sistema de enseñanza vertical.

Eran las épocas de una educación severa y exigente con una disciplina avalada por un reglamento que se vivía a rajatabla. La mentalidad o los modos de pensar iban acorde con los métodos educativos que se empleaban. Se solía decir que “la letra con sangre entra” para calificar los modos que se empleaban, que incluían castigos severos para los que incumplían las reglas.

Quienes pasaron por esos sistemas no se quejaron, salvo algunas excepciones, de haber sido maltratados. A la vuelta de los años se ha visto que las limitaciones de esos sistemas de educación tienen más que ver con el modo de aprender que con el trato recibido.

Esos modos, de una educación que podríamos calificar de reglamentarista, crearon en los educandos más conciencia de cumplimiento que de identificación. La mayoría cumplía lo que estaba mandado. La conducta y la disciplina deberían responder a una correcta asimilación de los criterios establecidos.

Tanto en las familias como en los colegios se funcionaba por obligación a mandatos. Mientras hubo acuerdo entre colegio y familia las cosas caminaban y todos entendían que había que estar alineado con el criterio establecido. Si alguien se salía del camino era llamado rápidamente para que rectificara. Quien aceptaba y estaba de acuerdo era libre porque vivía en la armonía de esa organización que lo rodeaba.

Como es natural con el tiempo las cosas fueron cambiando. No se puede mejorar sin cambiar. Se puede decir que los métodos educativos de esos años funcionaron bien para esas épocas. Hacer comparaciones con el presente no resulta acertado. Nos equivocamos cuando decimos que lo antiguo es malo y que lo bueno es lo moderno, tampoco es acertado afirmar que lo antiguo era mejor y que lo de ahora es malo. Cada tiempo tiene sus métodos y pueden ser totalmente diferentes.

En las sociedades siempre ha existido un síndrome de regresión, que afecta sobre todo a las personas mayores que se han acostumbrado a unas costumbres en sus modos de enseñar y no les gusta la novedad. Algunos confunden la tradición de los valores que no deben cambiar con los métodos o los enfoques que sí pueden, e incluso deben, ser distintos.

Si ahora existe el WhatApp ya no se recurre al telegrama y si existe el ordenador ya no tiene sentido la máquina de escribir. Las cosas van cambiando como la moda en el vestir, da lo mismo el pantalón bombacho de otras épocas que el Jean del siglo XX o el corto del siglo XXI.

Lamentablemente la educación siempre ha ido detrás de los cambios. Los mismos educadores se ven sorprendidos por los cambios y muchos piensan que las cosas van a volver a cómo eran antes y no están dispuestos a cambiar sus métodos. Con estas actitudes muchos educadores se quedan estancados con unos moldes antiguos que no dan el resultado que se requiere para los tiempos actuales.

En muchísimos ambiente educativos se enseñan cosas que están demás y no se apunta a lo que es elemental para que el alumno quiera de verdad lo que debe querer, porque es lo que necesita para tener una vida acertada y coherente.

Los educadores que se quedaron con los “viejos moldes” se consuelan pensando que a sus alumnos algo les quedará  de las enseñanzas que ellos dan, es posible que sí, pero no basta, hay que hacer mucho más para formar bien a las personas para los tiempos actuales. 

Los esfuerzos del educador que no se pone al día son “manotazos de ahogado” de un modo, ya obsoleto, de educar a las personas, que va a desaparecer en pocos años. (P. Manuel Tamayo).
Continuaremos en el siguiente artículo.