jueves, 3 de enero de 2019


EDUCACIÓN ANTICUADA  (la urgencia de los nuevos enfoques)

“Sería injusto decir que nada ha cambiado durante los últimos años en cuanto a la educación; pues bien es cierto que hay muchas personas que están implementando nuevas formas de aprendizaje dentro de los colegios y universidades, pero en términos generales aún estamos muy atrasados para ir al ritmo que necesitan las nuevas generaciones”. (Erica Zárate)

“¿Ha evolucionado la Educación tal y como lo ha hecho las sociedad en estas últimas décadas? No debiéramos dar un salto atrás en el tiempo cada vez que cruzamos la puerta de la escuela, el instituto o la facultad, sino que deberíamos preparar a nuestros alumnos con las armas del presente para las batallas que habrán de librar en el futuro” (Sir Ken Robinson y Eduard Punset).

“La meta principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente de repetir lo que otras generaciones han hecho; hombres que sean creativos, inventores y descubridores. La segunda meta de la educación es la de formar mentes que sean críticas, que puedan verificar y no aceptar todo lo que se les ofrece” (Jean Piaget, 1984)



“Piaget propone que hay tres factores que influyen sobre el desarrollo moral: el desarrollo de la inteligencia, las relaciones entre iguales y la progresiva independencia de la coacción o imposición de las normas de los adultos. El primer factor, el desarrollo de la inteligencia, es el más importante, ya que es el que permite a los otros dos actuar. Piaget intenta en sus teorías explicar el funcionamiento interno de nuestras estructuras psíquicas y no se contenta con explicar el aprendizaje únicamente a partir de la influencia exterior. No existe un patrón de moral absoluto o inmodificable, sino que el individuo puede formular sus propios códigos de lo que es correcto o incorrecto; además, los juicios morales inmaduros se centran solamente en el grado de la falta, mientras los juicios más maduros consideran la intención”. (Jean Piaget. Aportes a la educación del desarrollo del juicio moral para el siglo XXI).


COMENTARIO

El término anticuado aplicado a la educación tiene distintos enfoques, puede referirse a la educación que se daba antes, a las personas que educan con métodos antiguos, a sistemas obsoletos, o al modo de pensar y educar de algunas personas que se han quedado con una mentalidad que ahora ya no se debería tener.

A mediados del siglo pasado un grupo de médicos franceses ideó la escuela de padres porque habían notado en sus consultas la falta de preparación que tenían los papás para educar a sus hijos. Se creo la famosa “Ecole des parents” que tuvo influjo en toda Europa y en bastantes países de América. Era necesario educar a los padres para que éstos eduquen mejor a sus hijos. Fue una iniciativa que le puso énfasis a la educación familiar.

En esos tiempos y durante muchos años la educación escolar fue llevada por religiosos. Muchas familias matriculaban a sus hijos en esos colegios que llegaron a tener bastante prestigio en todo el mundo. Existían también escuelas laicas con un sistema de enseñanza vertical.

Eran las épocas de una educación severa y exigente con una disciplina avalada por un reglamento que se vivía a rajatabla. La mentalidad o los modos de pensar iban acorde con los métodos educativos que se empleaban. Se solía decir que “la letra con sangre entra” para calificar los modos que se empleaban, que incluían castigos severos para los que incumplían las reglas.

Quienes pasaron por esos sistemas no se quejaron, salvo algunas excepciones, de haber sido maltratados. A la vuelta de los años se ha visto que las limitaciones de esos sistemas de educación tienen más que ver con el modo de aprender que con el trato recibido.

Esos modos, de una educación que podríamos calificar de reglamentarista, crearon en los educandos más conciencia de cumplimiento que de identificación. La mayoría cumplía lo que estaba mandado. La conducta y la disciplina deberían responder a una correcta asimilación de los criterios establecidos.

Tanto en las familias como en los colegios se funcionaba por obligación a mandatos. Mientras hubo acuerdo entre colegio y familia las cosas caminaban y todos entendían que había que estar alineado con el criterio establecido. Si alguien se salía del camino era llamado rápidamente para que rectificara. Quien aceptaba y estaba de acuerdo era libre porque vivía en la armonía de esa organización que lo rodeaba.

Como es natural con el tiempo las cosas fueron cambiando. No se puede mejorar sin cambiar. Se puede decir que los métodos educativos de esos años funcionaron bien para esas épocas. Hacer comparaciones con el presente no resulta acertado. Nos equivocamos cuando decimos que lo antiguo es malo y que lo bueno es lo moderno, tampoco es acertado afirmar que lo antiguo era mejor y que lo de ahora es malo. Cada tiempo tiene sus métodos y pueden ser totalmente diferentes.

En las sociedades siempre ha existido un síndrome de regresión, que afecta sobre todo a las personas mayores que se han acostumbrado a unas costumbres en sus modos de enseñar y no les gusta la novedad. Algunos confunden la tradición de los valores que no deben cambiar con los métodos o los enfoques que sí pueden, e incluso deben, ser distintos.

Si ahora existe el WhatApp ya no se recurre al telegrama y si existe el ordenador ya no tiene sentido la máquina de escribir. Las cosas van cambiando como la moda en el vestir, da lo mismo el pantalón bombacho de otras épocas que el Jean del siglo XX o el corto del siglo XXI.

Lamentablemente la educación siempre ha ido detrás de los cambios. Los mismos educadores se ven sorprendidos por los cambios y muchos piensan que las cosas van a volver a cómo eran antes y no están dispuestos a cambiar sus métodos. Con estas actitudes muchos educadores se quedan estancados con unos moldes antiguos que no dan el resultado que se requiere para los tiempos actuales.

En muchísimos ambiente educativos se enseñan cosas que están demás y no se apunta a lo que es elemental para que el alumno quiera de verdad lo que debe querer, porque es lo que necesita para tener una vida acertada y coherente.

Los educadores que se quedaron con los “viejos moldes” se consuelan pensando que a sus alumnos algo les quedará  de las enseñanzas que ellos dan, es posible que sí, pero no basta, hay que hacer mucho más para formar bien a las personas para los tiempos actuales. 

Los esfuerzos del educador que no se pone al día son “manotazos de ahogado” de un modo, ya obsoleto, de educar a las personas, que va a desaparecer en pocos años. (P. Manuel Tamayo).
Continuaremos en el siguiente artículo.


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