LA EDUCACIÓN RELIGIOSA EN LA CASA
“Los casados están llamados a santificar su
matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si
edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar” (San Josemaría Escrivá, Conversaciones, n. 91).
“Los esposos cristianos han de ser conscientes de
que están llamados a santificarse santificando, de que están llamados a ser
apóstoles, y de que su primer apostolado está en el hogar. Deben comprender la
obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los
hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia
misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad” (San Josemaría Escrivá,
Conversaciones).
“La misión de la educación exige que los padres
cristianos propongan a los hijos todos los contenidos que son necesarios para
la maduración gradual de su personalidad desde un punto de vista cristiano y
eclesial. La misión educativa comporta que la familia transmita e irradie el
Evangelio, hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de
fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de
Cristo. En la familia todos los miembros evangelizan y son evangelizados” (Pontificio
Consejo para la familia).
“Son
los padres quienes llevan al niño a bautizar y se comprometen a darle una
educación en la fe. Son ellos los responsables primarios de la catequesis de
sus hijos, los que enseñan a rezar e introducen a sus hijos en las verdades de
la fe. No lo hacen por delegación de la parroquia o el colegio; es al revés:
pueden –y con frecuencia conviene hacerlo- hacerse ayudar en esa tarea, cuya
responsabilidad es suya en primer lugar. La tarea de los padres es una
verdadera misión eclesial: una labor que les encomienda la Iglesia” (Julio de la
Vega Hazas, Aleteia).
COMENTARIO
Los
padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. Cuando se trata
de la religión los padres deben saber que no es una disciplina más, ni tampoco
una costumbre o tradición que les toca seguir dentro de la familia o del lugar
donde nacieron. La fe es una virtud y cuando se tiene informa toda la vida.
Cuando
los papás tienen la virtud de la fe se darán cuenta de la importancia de los
sacramentos para poder luchar contra el mal que está presente con el pecado. Es
entonces cuando organizan todo para bautizar, lo más pronto posible, a los
hijos.
El
bautismo es tan importante, o más importante, que las vacunas que les ponen a
los niños para que no cojan una enfermedad que podría traerles serias
complicaciones.
El
niño bautizado crecerá protegido por la gracia sacramental ese sacramento, luego,
cuando alcanza los 7 años los papás lo prepararán para su primera confesión.
Los
niños se llenan de alegría cuando sus padres le ayudan a prepararse para su
primera confesión, que es realmente formar su conciencia para aprender a querer
el bien y rechazar el mal. Luego los padres coordinan con el sacerdote para
llevar al niño a su primera confesión. El colegio donde estudia el niño puede
facilitar esta coordinación.
La
primera confesión está muy cerca de la primera comunión. Los padres con fe
desean que su hijo reciba bien a Jesús. El niño ha visto comulgar a sus padres
con fe y devoción. Ha visto también cómo viven sus padres la Santa Misa y cómo
la valoran. Esa es la mejor preparación para el niño.
Cuando
se acerca la primera comunión, que podría
organizarla también el colegio, los papás vivirán con el niño ese gran
momento importantísimo para su vida y luego lo acompañarán a vivir bien su vida
cristiana con la ayuda de los sacramentos.
El
niño y su familia irán con cierta periodicidad a confesarse, puede ser en la
parroquia o también en el colegio, además todos los domingos y fiestas de
guardar asistirán a la Santa Misa.
La
educación religiosa debe darse fundamentalmente en el hogar, el colegio es un
complemento. La capellanía de un colegio debe conocer bien cómo se está
llevando en la casa la educación religiosa de los niños.
Si
en la casa no existe una educación religiosa por parte de los padres o algún
otro familiar, el niño tendrá muchas dificultades para vivir bien la práctica
de la religión que pueda aprender en un colegio.
El hogar es la Iglesia doméstica
La
motivación principal para la educación religiosa del niño la recibe de sus
padres y del ambiente cristiano que hay en la casa. Son los padres quienes
deben ver si sus hijos aman realmente a Dios. Ellos son los que consiguen poner
a Dios en el corazón de sus hijos. Si el buen ejemplo de los padres es
constante el niño hará suya la devoción que ve en sus papás o en algún otro
miembro cercano de la familia, como pueden ser los abuelos.
Si
los padres son piadosos sabrán educar con libertad y para la libertad a sus
hijos. Esos padres verán con el tiempo que
sus hijos irán a confesarse y a Misa porque ellos quieren y no porque los
manden. Los papás no tendrán que estar detrás y mucho menos los profesores.
Esta realidad, que puede parecer
increíble, funciona muy bien en muchos hogares. Los papás, piadosos y
listos, ven con mucha alegría que sus hijos caminan solos para las actividades
de su vida espiritual, sin que ellos tengan que decirles nada.
En
cambio es penoso ver a papás o profesores inquietos que están detrás de sus
hijos obligándoles a que cumplan con sus deberes espirituales y los chicos con
mala cara se sienten presionados y no quieren ir, o se acostumbran a cumplir solo cuando se les
recuerda, como algo que hacen para contentar y no hacer problema. Es como la
mamá que le tiene que decir a su hijo constantemente “¡saluda!” para que lo haga y cuando lo hace la mamá piensa que el
chico se portó bien y eso basta. ¡Craso error!
Conseguir que las personas quieran
Es
muy importante, y corresponde
fundamentalmente a la familia, formar a los chicos para que ellos quieran.
Todas las actividades espirituales deben ser libres.
La
asistencia a Misa está motivada principalmente por el amor a Dios. Se le quiere
tanto al Señor que se acude a la Misa para escucharlo y recibirlo. Es la fe en
la cercanía de Dios que es el mejor tesoro que se puede recibir para vivir una
auténtica vida cristiana. Lógicamente la Santa Misa fortalece y motiva a las
personas para querer más al prójimo, empezando por la familia y desde allí a
las demás personas, dando prioridad a los más necesitados.
Es
penoso cuando alguien asiste a una actividad religiosa presionado y no es
totalmente libre. En esto hay que tener mucho cuidado porque en vez de ayudar
se puede perjudicar y alejar a la gente de Dios.
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