LOS CELULARES
Y LOS VIDEOJUEGOS EN LA EDUCACIÓN DE LOS JÓVENES
“No todo son peligros y amenazas en el caso de los videojuegos:
existen trabajos que justifican que los videojuegos son buenos para el cerebro,
y conllevan un riguroso entrenamiento cognitivo y mejora de
las habilidades mentales del niño o adolescente.
Una creciente cantidad de estudios universitarios sugiere que los videojuegos mejoran la creatividad, la toma de decisiones y la percepción”. (Tomás Ortiz Alonso. Catedrático del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid).
Algunos videojuegos estimulan las habilidades psicomotrices,
facilitan el sentido de la competencia amistosa entre los chicos.
“Cuando los padres noten una excesiva dedicación del hijo al
videojuego, una excesiva respuesta emocional al mismo, unas reacciones
agresivas ante las respuestas erróneas y una actitud general sospechosa,
diferente a las reacciones habituales a los diferentes estímulos de la vida
familiar, escolar o social, o cuando detecten que el video juego está cambiando
las rutinas sociales, personales, familiares y escolares de su hijo, deben tener la capacidad de eliminar el
videojuego de la vida de su hijo de forma radical” (Tomás
Ortiz Alonso. Catedrático del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid).
“El Papa Francisco ha presentado Follow JC Go, un juego para
smartphones desarrollado para la Jornada Mundial de la Juventud Panamá
2019 que toma mucha influencia, hasta en su nombre, del popular Pokèmon
Go. Follow Jesus Christ Go es una mezcla de tecnología de
realidad aumentada y geoposicionamiento en tiempo real, cuyo objetivo consiste
en “caminar y buscar por las calles de las ciudades donde se encuentren distintos
personajes de la Biblia, advocaciones Marianas, Santos, Beatos, y otras
personas para formar un Equipo de Evangelización”. (Fayer Wayer).
“El Papa Francisco lamentó que haya fieles, sacerdotes
y hasta obispos que usen celulares durante la Eucaristía, mientras hubo
cristianos que en dos mil años han perdido hasta la vida por celebrar la Misa” (Audiencia Nov, 2017)
“El
uso inadecuado de los videojuegos pueden producir síntomas y reacciones
similares a las que se derivan del uso y adicción a las drogas, como una irrefrenable
tendencia para continuar el juego. Según estadísticas recientes del 100% de
las personas que participan en videojuegos, un 10% están en el riesgo de la
adicción. La ludopatía o juego patológico se
ha definido como un impulso irreprimible de jugar y/o apostar. La palabra se
origina del latín: ludus, que significa “yo juego” y la palabra griega pathos,
que significa afección, enfermedad o pasión por el juego. El juego patológico
también se ha definido como una enfermedad crónica y progresiva consistente en
la falta de control en los impulsos y un deseo irreprimible de participar en
juegos de apuesta. Los datos existentes señalan que existe
aproximadamente un 2% de la población adulta y adolescente directamente
afectada por la ludopatía. Además el
uso excesivo del celular puede alejar a las personas de la realidad y hacer
perder momentos de calidad en las relaciones humanas, en el hogar, en el
trabajo o en la vida cotidiana” (El crecimiento de la ludopatía).
COMENTARIO
Los teléfonos celulares y los videos juegos han invadido los
mercados de todo el mundo y tienen ahora un influjo grande especialmente en la
gente joven. Esta realidad ha variado la vida de muchas familias y se puede
decir que la sociedad de hoy es distinta a la de hace 10 años.
La tecnología moderna ha generado grandes cambios en los hábitos
y las conductas de las personas. Lamentablemente la educación suele ir detrás
de los acontecimientos para corregir lo que se ha desviado. Urge una educación
de prevención que ayude a orientar el buen uso de los medios electrónicos, que
son muy buenos cuando se usan bien.
No se puede negar que con el influjo de las nuevas tecnologías
de comunicación nuestra sociedad dedica mucho más tiempo a las actividades
lúdicas de recreo y de diversión. La necesidad de jugar ha crecido
considerablemente en los más jóvenes y también en los mayores. Las casas de
juego han aumentado y el afán de jugar y de divertirse aparece hoy como parte
importante en la vida de las personas.
Es de sentido común afirmar que no todas las actividades
deportivas y recreativas son iguales. Con alguna se fomenta la virtud, el
desarrollo físico y la mejora de las relaciones humanas. En cambio con otras se
pueden coger vicios, adquirir hábitos compulsivos y perder la buena conducta en
las relaciones humanas.
La orientación y el orden en el
empleo del tiempo
La Pedagogía nos enseña que las actividades lúdicas y
recreativas no deben ocupar tanto tiempo en los horarios de las personas. Las
clases de educación física y el deporte son buenísimos para la formación de los
jóvenes, ayudan a crecer en virtudes y a ser solidarios. Los padres de familia
y los profesores deben estar atentos para que, de acuerdo a las capacidades de los chicos, se regule el tiempo que
deben emplear para esas actividades de recreación.
Todo educador debe saber, y
creo que está demás decirlo, que antes que el juego está el amor al prójimo
con distintas manifestaciones de generosidad y servicio (que empiezan siempre por la casa) y después el trabajo que
responsabiliza al ser humano para hacerlo útil y solidario en la construcción
de la sociedad. Las actividades para la formación ética y moral de las personas
deben tener prioridad y ocupar las horas estelares en los horarios de los
chicos.
El mismo chico debe aprender a dedicar más tiempo a lo que es
más importante para él, para su familia y para su entorno social. Un niño,
desde pequeño debe tener una correcta jerarquía de valores que la aprenderá de
sus padres y de los buenos maestros.
La dedicación del tiempo no debe depender de los impulsos o
pasiones sino de lo que se entiende como deber. Cada persona debe saber lo que
debe hacer y este conocimiento no es un sometimiento, es acertar en la correcta
jerarquía de valores; son metas que se alcanzan con esfuerzo y sacrificio para
ser mejor persona.
El juego tiene su lugar
El juego no debe ocupar nunca un lugar preferencial, el juego en
sí no aporta lo que es más importante para la vida. No es que haya que
satanizar la actividad lúdica, solo hay que colocarla en su sitio. Cuando se ve que el juego está ocupando muchas
horas y empieza a invadir la vida de familia en los hogares, cuando vemos que
invade también en la sociedad, cambiando las costumbres de las personas, es de
sentido común poner la voz de alarma para corregir eso.
Hoy, tenemos que admitirlo, porque
es evidente, hay un desorden brutal que está causando mucho daño. No es por
el Ajedrez, ni por el ping pong,
tampoco por leer novelas o por ir al cine a ver una película. El desorden se
está dando por el tiempo que los jóvenes
dedican a los videojuegos y al chateo
en los celulares. Sería irresponsable o ingenuo cerrar los ojos a esta realidad,
que está dando dolores de cabeza a muchas familias.
El crecimiento de la ludopatía
Los casos de ludopatía han aumentado considerablemente, pero
además, en los que no llegan al vicio podría haber una distorsión en la
jerarquía de valores. Los chicos que dedican demasiado tiempo al celular y a
los juegos pueden perderse las grandes oportunidades para ser mejores
profesionales y personas de un mejor nivel cultural. Muchos no lo logran
porque, al estar demasiado tiempo en los juegos, no acuden, y están muy poco motivados, para asistir
a charlas académicas o culturales.
En estos tiempos de relativismo los valores están trastocados,
ya no se sabe que es más importante, y se puede llegar a pensar que da lo mismo
todo. Este es el error más significativo de la mentalidad relativista que
quiere poner a la actividad lúdica en el mismo nivel de las otras actividades
profesionales, como si diera lo mismo jugar que estudiar, o trabajar para
servir a los demás.
El voluntarismo no es amor
Voluntarista es el fanático que quiere autoconvencerse que lo que afirma es lo correcto y que nadie le
podrá cambiar sus idea. Santo Tomás de Aquino decía que “la soberbia es la pasión más mala que consiste en creer que uno tiene
la verdad y los demás se equivocan”
La verdad no viene de la pasión. Las pasiones se desvían y hay
que controlarlas. La verdad viene de la objetividad del ser para reconocer el valor
que tienen las personas y las cosas en sí mismas.
Desde el punto de vista afectivo un deseo compulsivo de jugar
puede aislar a una persona y alejarla del entorno familiar y del trato con
personas valiosas que podrían influir positivamente en su vida.
Es penoso ver a un chico lejano a su padre, a su familia y a sus
maestros porque está metido en un mundo de diversiones que le ocupa demasiado
tiempo. Además con la terquedad de querer
seguir en su pasión sin escuchar los argumentos razonables de las personas que
lo quieren.
Hoy, ha crecido la brecha generacional, muchos jóvenes no
conversan con sus padres, tampoco con los buenos maestros. Esta buena y noble
relación entre padres e hijos hay que recomponerla por el bien de las personas
y de la sociedad.
Está claro que el “mundillo”
de los juegos les distrae de metas más elevadas en los aspectos humanos para
estar mejor situados en las relaciones con las personas mayores.
Es triste y desalentador ver a los chicos, y a veces también a
los padres, estar sentados en la mesa mirando continuamente el celular. Tampoco
saben, porque tal vez nadie les ha
enseñado, que mirar el celular en presencia de otras personas es una
considerable falta de respeto que además origina un deterioro en las relaciones
humanas cuando se da una compulsividad
incontrolable.
Un llamado urgente a los educadores
La educación tiene que ir avanzando para “coger el toro por las astas” y lograr que estos desórdenes que se
ha generalizado, se corrijan cuanto antes. Un buen educador debe saber cómo
enseñar a los jóvenes a usar con virtud los medios electrónicos.
Las dificultades para enfrentar este problema son muchas. No hay
criterios claros que ayuden a tomar el camino correcto. Como en todo lo demás,
los padres y los maestros son los que tienen “la sartén por el mango”, aunque hoy cualquier persona piensa que
tiene derecho a tener teorías sobre cómo se debe educar.
Hoy todo el mundo quiere opinar sobre educación, en las otras
disciplinas no ocurre lo mismo, en medicina o ingeniería cualquiera no lanza
una opinión, se acude a los especialistas, en cambio en educación muchos creen
tener ciencia infusa.
Abundan los dilettanti
(aficionados) en educación, que creen que por inspiración, o por su propia
experiencia, ya cuentan con un criterio acertado para dar consejos. “Zapatero a tus Zapatos” dice con
acierto el refrán que habría que habría que repetirlo mucho en estos tiempos,
al que opina en materias educativa sin tener una preparación adecuada.
La educación es una ciencia que la adquieren, por vocación, los papás para educar a
sus propios hijos, y los maestros que tienen vocación de educadores, y cuando estudian bien su carrera
pedagógica, para ejercerla, con dignidad
y acierto, en la educación de sus alumnos.
Los buenos educadores tendrán que trabajar mucho para conseguir
enseñar a sus alumnos las virtudes necesarias para el uso correcto los aparatos
electrónicos de comunicación, que incluyen los videojuegos. Es necesario reconocer que todavía falta mucho camino
por recorrer para llegar a las metas ideales en este campo, (P.
Manuel Tamayo).
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