martes, 8 de enero de 2019


LOS CELULARES Y LOS VIDEOJUEGOS EN LA EDUCACIÓN DE LOS JÓVENES

“No todo son peligros y amenazas en el caso de los videojuegos: existen trabajos que justifican que los videojuegos son buenos para el cerebro, y conllevan un riguroso entrenamiento cognitivo y mejora de las habilidades mentales del niño o adolescente.

Una creciente cantidad de estudios universitarios sugiere que los videojuegos mejoran la creatividad, la toma de decisiones y la percepción
”. (Tomás Ortiz Alonso. Catedrático del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid).
   
Algunos videojuegos estimulan las habilidades psicomotrices, facilitan el sentido de la competencia amistosa entre los chicos.

“Cuando los padres noten una excesiva dedicación del hijo al videojuego, una excesiva respuesta emocional al mismo, unas reacciones agresivas ante las respuestas erróneas y una actitud general sospechosa, diferente a las reacciones habituales a los diferentes estímulos de la vida familiar, escolar o social, o cuando detecten que el video juego está cambiando las rutinas sociales, personales, familiares y escolares de su hijo, deben tener la capacidad de eliminar el videojuego de la vida de su hijo de forma radical” (Tomás Ortiz Alonso. Catedrático del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid).

“El Papa Francisco ha presentado Follow JC Go, un juego para smartphones desarrollado para la Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019 que toma mucha influencia, hasta en su nombre, del popular Pokèmon Go. Follow Jesus Christ Go es una mezcla de tecnología de realidad aumentada y geoposicionamiento en tiempo real, cuyo objetivo consiste en “caminar y buscar por las calles de las ciudades donde se encuentren distintos personajes de la Biblia, advocaciones Marianas, Santos, Beatos, y otras personas para formar un Equipo de Evangelización”. (Fayer Wayer).
  
“El Papa Francisco lamentó que haya fieles, sacerdotes y hasta obispos que usen celulares durante la Eucaristía, mientras hubo cristianos que en dos mil años han perdido hasta la vida por celebrar la Misa” (Audiencia Nov, 2017)
“El uso inadecuado de los videojuegos pueden producir síntomas y reacciones similares a las que se derivan del uso y adicción a las drogas, como una irrefrenable tendencia para continuar el juego. Según estadísticas recientes del 100% de las personas que participan en videojuegos, un 10% están en el riesgo de la adicción.  La ludopatía o juego patológico se ha definido como un impulso irreprimible de jugar y/o apostar. La palabra se origina del latín: ludus, que significa “yo juego” y la palabra griega pathos, que significa afección, enfermedad o pasión por el juego. El juego patológico también se ha definido como una enfermedad crónica y progresiva consistente en la falta de control en los impulsos y un deseo irreprimible de participar en juegos de apuesta. Los datos existentes señalan que existe aproximadamente un 2% de la población adulta y adolescente directamente afectada por la ludopatía. Además el uso excesivo del celular puede alejar a las personas de la realidad y hacer perder momentos de calidad en las relaciones humanas, en el hogar, en el trabajo o en la vida cotidiana”  (El crecimiento de la ludopatía).


COMENTARIO

Los teléfonos celulares y los videos juegos han invadido los mercados de todo el mundo y tienen ahora un influjo grande especialmente en la gente joven. Esta realidad ha variado la vida de muchas familias y se puede decir que la sociedad de hoy es distinta a la de hace 10 años.

La tecnología moderna ha generado grandes cambios en los hábitos y las conductas de las personas. Lamentablemente la educación suele ir detrás de los acontecimientos para corregir lo que se ha desviado. Urge una educación de prevención que ayude a orientar el buen uso de los medios electrónicos, que son muy buenos cuando se usan bien.

No se puede negar que con el influjo de las nuevas tecnologías de comunicación nuestra sociedad dedica mucho más tiempo a las actividades lúdicas de recreo y de diversión. La necesidad de jugar ha crecido considerablemente en los más jóvenes y también en los mayores. Las casas de juego han aumentado y el afán de jugar y de divertirse aparece hoy como parte importante en la vida de las personas.

Es de sentido común afirmar que no todas las actividades deportivas y recreativas son iguales. Con alguna se fomenta la virtud, el desarrollo físico y la mejora de las relaciones humanas. En cambio con otras se pueden coger vicios, adquirir hábitos compulsivos y perder la buena conducta en las relaciones humanas.


La orientación y el orden en el empleo del tiempo

La Pedagogía nos enseña que las actividades lúdicas y recreativas no deben ocupar tanto tiempo en los horarios de las personas. Las clases de educación física y el deporte son buenísimos para la formación de los jóvenes, ayudan a crecer en virtudes y a ser solidarios. Los padres de familia y los profesores deben estar atentos para que, de acuerdo a las capacidades de los chicos, se regule el tiempo que deben emplear para esas actividades de recreación.

Todo educador debe saber, y creo que está demás decirlo, que antes que el juego está el amor al prójimo con distintas manifestaciones de generosidad y servicio (que empiezan siempre por la casa) y después el trabajo que responsabiliza al ser humano para hacerlo útil y solidario en la construcción de la sociedad. Las actividades para la formación ética y moral de las personas deben tener prioridad y ocupar las horas estelares en los horarios de los chicos.

El mismo chico debe aprender a dedicar más tiempo a lo que es más importante para él, para su familia y para su entorno social. Un niño, desde pequeño debe tener una correcta jerarquía de valores que la aprenderá de sus padres y de los buenos maestros.

La dedicación del tiempo no debe depender de los impulsos o pasiones sino de lo que se entiende como deber. Cada persona debe saber lo que debe hacer y este conocimiento no es un sometimiento, es acertar en la correcta jerarquía de valores; son metas que se alcanzan con esfuerzo y sacrificio para ser mejor persona.


El juego tiene su lugar

El juego no debe ocupar nunca un lugar preferencial, el juego en sí no aporta lo que es más importante para la vida. No es que haya que satanizar la actividad lúdica, solo hay que colocarla en su sitio.  Cuando se ve que el juego está ocupando muchas horas y empieza a invadir la vida de familia en los hogares, cuando vemos que invade también en la sociedad, cambiando las costumbres de las personas, es de sentido común poner la voz de alarma para corregir eso.

Hoy, tenemos que admitirlo, porque es evidente, hay un desorden brutal que está causando mucho daño. No es por el Ajedrez, ni por el ping pong, tampoco por leer novelas o por ir al cine a ver una película. El desorden se está dando por el tiempo que los jóvenes  dedican a los videojuegos y al chateo en los celulares. Sería irresponsable o ingenuo cerrar los ojos a esta realidad, que está dando dolores de cabeza a muchas familias.


El crecimiento de la ludopatía

Los casos de ludopatía han aumentado considerablemente, pero además, en los que no llegan al vicio podría haber una distorsión en la jerarquía de valores. Los chicos que dedican demasiado tiempo al celular y a los juegos pueden perderse las grandes oportunidades para ser mejores profesionales y personas de un mejor nivel cultural. Muchos no lo logran porque, al estar demasiado tiempo en los juegos, no acuden, y están muy poco motivados, para asistir a charlas académicas o culturales.

En estos tiempos de relativismo los valores están trastocados, ya no se sabe que es más importante, y se puede llegar a pensar que da lo mismo todo. Este es el error más significativo de la mentalidad relativista que quiere poner a la actividad lúdica en el mismo nivel de las otras actividades profesionales, como si diera lo mismo jugar que estudiar, o trabajar para servir a los demás.

El voluntarismo no es amor

Voluntarista es el fanático que quiere autoconvencerse que lo que afirma es lo correcto y que nadie le podrá cambiar sus idea. Santo Tomás de Aquino decía que “la soberbia es la pasión más mala que consiste en creer que uno tiene la verdad y los demás se equivocan”

La verdad no viene de la pasión. Las pasiones se desvían y hay que controlarlas. La verdad viene de la objetividad del ser para reconocer el valor que tienen las personas y las cosas en sí mismas.

Desde el punto de vista afectivo un deseo compulsivo de jugar puede aislar a una persona y alejarla del entorno familiar y del trato con personas valiosas que podrían influir positivamente en su vida.

Es penoso ver a un chico lejano a su padre, a su familia y a sus maestros porque está metido en un mundo de diversiones que le ocupa demasiado tiempo.  Además con la terquedad de querer seguir en su pasión sin escuchar los argumentos razonables de las personas que lo quieren.

Hoy, ha crecido la brecha generacional, muchos jóvenes no conversan con sus padres, tampoco con los buenos maestros. Esta buena y noble relación entre padres e hijos hay que recomponerla por el bien de las personas y de la sociedad.

Está claro que el “mundillo” de los juegos les distrae de metas más elevadas en los aspectos humanos para estar mejor situados en las relaciones con las personas mayores.

Es triste y desalentador ver a los chicos, y a veces también a los padres, estar sentados en la mesa mirando continuamente el celular. Tampoco saben, porque tal vez nadie les ha enseñado, que mirar el celular en presencia de otras personas es una considerable falta de respeto que además origina un deterioro en las relaciones humanas cuando se da una compulsividad incontrolable.



Un llamado urgente a los educadores

La educación tiene que ir avanzando para “coger el toro por las astas” y lograr que estos desórdenes que se ha generalizado, se corrijan cuanto antes. Un buen educador debe saber cómo enseñar a los jóvenes a usar con virtud los medios electrónicos.

Las dificultades para enfrentar este problema son muchas. No hay criterios claros que ayuden a tomar el camino correcto. Como en todo lo demás, los padres y los maestros son los que tienen “la sartén por el mango”, aunque hoy cualquier persona piensa que tiene derecho a tener teorías sobre cómo se debe educar.

Hoy todo el mundo quiere opinar sobre educación, en las otras disciplinas no ocurre lo mismo, en medicina o ingeniería cualquiera no lanza una opinión, se acude a los especialistas, en cambio en educación muchos creen tener ciencia infusa.

Abundan los dilettanti (aficionados) en educación, que creen que por inspiración, o por su propia experiencia, ya cuentan con un criterio acertado para dar consejos. “Zapatero a tus Zapatos” dice con acierto el refrán que habría que habría que repetirlo mucho en estos tiempos, al que opina en materias educativa sin tener una preparación adecuada.

La educación es una ciencia que la adquieren, por vocación, los papás para educar a sus propios hijos, y los maestros que tienen vocación de educadores, y cuando estudian bien su carrera pedagógica, para ejercerla, con dignidad y acierto, en la educación de sus alumnos.

Los buenos educadores tendrán que trabajar mucho para conseguir enseñar a sus alumnos las virtudes necesarias para el uso correcto los aparatos electrónicos de comunicación, que incluyen los videojuegos. Es necesario reconocer que todavía falta mucho camino por recorrer para llegar a las metas ideales en este campo, (P. Manuel Tamayo).

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