domingo, 21 de enero de 2018

ENTRE ORACIONES Y PROFUNDAS EMOCIONES

“¡recen por mi!” (Papa Francisco)


COMENTARIO

Es muy difícil escribir y describir lo que se vive y se siente cuando se tiene al Vicario de Cristo cercano y dedicado al propio país de donde eres y donde estás.

Es breve el tiempo se pasa volando pero es eterno el segundo, que queda grabado cuando ves escenas donde él se vuelca con la gente y la gente se vuelca con él, con mil manifestaciones de auténtico cariño que salen del fondo de corazones en sintonía.

No hay teatro ni artificialidad, no es el cascabeleo de las pasiones colectivas, no es un fanatismo irracional, no son gritos destemplados, es un movimiento sincero que contagia alegría, fortaleza y una paz inmensa que llena de esperanza.

Por la cabeza pasan mil pensamientos de razones profundas, oídas ahora y recordadas de antaño, que van acompañadas de una emoción inolvidable que pone vidriosos los ojos sin que se pueda hacer nada para evitarlo. Si hubiera que hablar habría que hacer ejercicios para desatar un perturbable nudo de garganta que lo impide.

Todo eso ocurre cuando se tiene una atenta contemplación de todo lo que ocurre ahora con el Santo Padre en el Perú y que milagrosamente los canales de televisión y la prensa, esta vez, exultan con asombro, reconocimiento y emoción.

¡Qué bueno es el Papa! y ¡qué grande nuestro pueblo católico!, ¡que sintonía más grandiosa!, la que se aprecia claramente en las imágenes que dan la vuelta al mundo.

Es una nueva evangelización en continuo movimiento, donde cada segundo visto persuade a miles y tal vez a millones, para tener la certeza de un Amor de privilegio que trasciende desde muchos corazones conectados hacia los hacia los corazones de los que están más alejados. Todos tienen cabida en esa fraternidad universal que trae la Iglesia de Jesús con su Vicario en el mundo.
Sale fácil la oración junto a la emoción al percibir este maravilloso consenso multicolor de carreras, lágrimas, voces exultantes y multitudes entusiasmadas; ahora es cuando se tienen muchas ganas de ser mejor para cambiar el mundo.

Son mensajes de una unidad increíble que se da en un espacio muy corto de tiempo y que se ve posible extenderla en el futuro, porque la esperanza ha crecido y puede crecer mucho más.  Para lograrlo es necesario dejar muchas cosas que estorban y que hacen olvidar que es lo que debe permanecer para querer como se debe.

Hoy no se puede estar en otra cosa, todo el tiempo debe ser para Vivir siguiendo al Papa que es seguir a Cristo, un seguimiento de madurez y compromiso, el darse cuenta de lo que es esencial y no perderse tontamente en las selvas y pantanos de un mundo desordenado y zafio, o en distracciones infantiles de los que están en la “luna”.

Nos queda, como muestra de gratitud al Santo Padre, enfilar en la dirección que marca el camino de la Verdad y la Vida y no poner obstáculos al plan que Dios tiene con cada uno de nosotros.


A la Providencia le tendremos que decir: ¡muchas gracias! por estos tres días intensos junto al Santo Padre que han sido de auténtico cielo, un regalo inesperado que nos ha hecho un bien enorme a todos los peruanos. (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 17 de enero de 2018

SERVILISMO TÁCITO
La sociedad se organiza en grupos de individuos que comparten una característica común que los vincula social o económicamente, sea por su función productiva o "social", poder adquisitivo o "económico" o por la posición que han adquirido dentro de la sociedad a la que pertenecen. Suelen generarse vínculos por intereses u objetivos que se consideran comunes y que refuerzan la solidaridad entre ellos. Se da siempre, en todos los estratos de la sociedad, una división jerárquica basada principalmente en las diferencias de ingresos, riquezas y acceso a los recursos materiales. (Wikipedia)
Las condiciones económicas que conllevan la adscripción a una u otra clase generalmente están determinadas por el nacimiento y herencia familiar. Así en la mayoría de las sociedades los hijos de las clases desfavorecidas a lo largo de su vida seguirán formando parte de las clases desfavorecidas, y los hijos de las clases más acomodadas tienen mayor probabilidad de ser parte durante el resto de su vida de la clase acomodada. (Wikipedia).

COMENTARIO
La costumbre de pertenencia a un estrato social es muy fuerte y bastante irreflexiva. Son situaciones de hecho aceptadas tácitamente como si fueran naturales. El haber nacido en un determinado sector marca fuertemente la conducta y las actitudes de las personas y algunas podrían permanecer toda la vida en la misma situación solamente por el hecho de haberse acomodado a ella.
En la película francesa “Recursos humanos” se ve cómo de una familia pueblerina de escasos recursos económicos sale un hijo a estudiar a París y cuando vuelve se posesiona en el sector de las personas pudientes y entra en amistad con los jefes de la fábrica donde trabaja su padre, que es obrero. Los padres están orgullosos porque su hijo pertenece ahora a una clase social más elevada. Pero resulta que al papá obrero le cometen una injusticia y lo expulsan del trabajo. El hijo rompe la amistad que había conseguido con los empresarios jefes de su padre para defender a su papá. Lo increíble es que al papá no le gusta nada esa pelea, prefería que su hijo se quede en ese nivel social y que no rompa esas amistades, a tener que enfrentarse él contra sus jefes para que lo repongan con la ayuda de su hijo. En una discusión con su hijo insiste en quedarse fuera del trabajo, desfavorecido, en el mismo nivel de toda su vida y sin protestar.
Es interesante observar las mentalidades distintas que pueden tener los miembros de una misma familia que está arraigada en un ambiente social determinado, y que muchas veces no es necesariamente el mejor desde el punto de vista económico. Llama la atención la pasividad del padre que quería quedarse en su nivel social, allí estaba contento como obrero y con sus amigos obreros. El hijo, que por ayudar a su padre rompe con los empresarios y se une con personas de un nivel social más bajo, empieza a sentir después, que no está su sitio y desea volver otra vez a París, aunque tenga que dejar a la familia en un estrato distinto, que era el de toda la vida, y que él considera inferior.
La mentalidad que tiene el hijo no afecta al papá que se siente sumiso a sus jefes, no quiere hacer ningún problema y así está cómodo; su esposa piensa igual y lo apoya. En cambio el hijo piensa que su familia debería salir de esa situación de pobreza con todas las limitaciones que trae y aspirar a algo mejor. Él está dispuesto a ayudarlos pero los padres no quieren.
Lo que ocurre en esta película es un reflejo de lo que ocurre con buena parte de la población. A muchos les gusta vivir en un cómodo servilismo sin mayores responsabilidades porque así han vivido toda la vida y no saben vivir de otra manera. Cuando algunas veces el hijo sube a un estrato superior, desde el punto de vista social y económico, y desea arrastra a los padres a ese nivel, no siempre tiene éxito. Muchas veces los padres prefieren quedarse donde están y que los dejen tranquilos.
Lo que no debería ocurrir es que esas situaciones se de un trato de humillación o minusvaloración de un nivel social con respecto al otro. El respeto debe ser mutuo y las oportunidades deben darse por igual y de un modo justo. No por pertenecer a un nivel social más alto hay que mirar por encima y con desinterés al que está en un nivel menos favorecido.
Lamentablemente, y de un modo tácito, se dan situaciones en las que las personas menos favorecidas no pueden estar en los ambientes, o en las conversaciones de las personas de un nivel superior. Esto puede ocurrir por la diferencia cultural que hay entre unos y otros, pero no debe dar pie a que existan sentimientos discriminatorios que originen molestias por la presencia de personas que se consideran de un ambiente servil o menos favorecido.

No deben existir, de ninguna manera, personas de segunda o tercera categoría. Estas situaciones que se dan de modo habitual no son cristianas. Cada persona debe facilitar con su conducta que todos se sientan muy bien atendidos y acogidos en cualquier sitio donde se encuentren.(P. Manuel Tamayo).

miércoles, 10 de enero de 2018

EL NARCISISMO y la automanipulación de la conciencia

“Narcisismo es una conducta o manía típica del narciso. Este adjetivo, que proviene del personaje mitológico Narciso, hace referencia al hombre que se precia de hermoso, que está enamorado de sí mismo o que cuida demasiado su compostura. El narcisismo, por lo tanto, es la complacencia excesiva en la consideración de las facultades propias” (Definición, Wordpress).

“Están tan llenos de su ego, de adularse, de ensalzarse y de convertirse en poseedores de la más absoluta verdad que suelen carecer de todo tipo de reflexión tanto sobre su vida en particular como de la general” (Wordpress).

“El mejor negocio del mundo es comprar a los hombres por lo que valen y venderlos por lo que se creen que valen” (San Josemaría Escrivá).

“Una persona puede ser considerada hábil, diplomática, o astuta y verse en ella la mentira como una cualidad positiva. De algunas profesiones, como ocurre con los políticos, no se espera que digan siempre la verdad o que cumplan sus promesas. Tampoco extraña en personas que socialmente encubren mentiras para no crear situaciones perjudiciales. No nos debe extrañar que se les perdonen las mentiras o eso parece cuando hablamos de la misma” (Rafael Benitez Moreno).

“El mentiroso alberga siempre miedo , fundado o no, a que la verdad se sepa. Además tiene miedo a ser menos que los demásmiedo a no conseguir un objetivo profesionalmiedo a perder la confianza de los suyosmiedo a que no les quieran o aprecien, miedo a que no les respeten y miedo a perder o a no ganar algo”, (Rafael Benitez Moreno).


COMENTARIO

El amor propio y la mentira son muy amigos entre sí. Exaltar y engreír en exceso a un niño o a un adolescente es contribuir a que pueda ser mentiroso y que termine manipulando a los demás con la mentira. La vanidad y el orgullo exaltan las pasiones humanas para la autocomplacencia y para la terca defensa de los propios caprichos y antojos, y más tarde, para exigir con sus ideas, que las presentará con una seguridad radical, como las mejores a tener en cuenta.

Nuestra sociedad, alejada de los valores, busca denodadamente el poder y no el deber. Se educa para ser líder y tener el poder de mandar. La libertad se entiende como tener todo lo que se puede en lo material, intelectual y sentimental. Esta direccionalidad equivocada produce choques y conflictos constantes, todo se pone en el nivel de la competividad y las cosas se sacan a base de voluntarismos (la voluntad de poder por el engreimiento del espíritu y la corrupción de la vanidad). Es el puro narcisismo de la egolatría que se ha sembrado en la interioridad de muchas personas.

El narcisista es cruel, pisa fuerte con sus ideas, minimiza a los que no piensan como él, manipula creando “verdades” para persuadir a la gente y tenerlas bajo su dominio, como el niño engreído que quiere todo para sí y si no lo obtiene se llena de rabia. El narcisista no piensa en los demás para ayudarlos y servirlos, piensa más bien cómo utilizarlos, o busca con quien se puede juntar para ganar puntos de aprobación y hacer argollas.

El amor propio desordenado destroza las nociones de bien y mal que trae toda conciencia humana. El vanidoso fuerza constantemente su conciencia para querer pensar como desea vivir y no como debe vivir. Ordenará todas las cosas con los parámetros de su perversidad para que sus ideas y argumentos parezcan nobles y conforme a las leyes establecidas. Tejiendo verdades fuera de contexto, fabrica mentiras y no tiene escrúpulos para cambiar, con toda desfachatez y a su antojo, los principios objetivos de la moral.

Los fariseos y doctores de la ley que aparecen en tiempos de Cristo eran teóricos de lo que se debería hacer, sus discursos sonaban coherentes y acertados, pero la vida que tenían iba por otros derroteros, eran hipócritas, querían arreglar la vida de los demás sin ordenar la propia.

El sanguinario Herodes, que aparece en los tiempos del nacimiento de Cristo, era la autoridad y la ejerció para organizar la matanza de los niños, porque quería matar a Jesús, manipula y hace todas las triquiñuelas que puede, para que su actuación parezca acertada y aprobada por el sentir común de la población. Así influye con su “política”, para que años después, condenen a muerte a Jesús.


La verdad nunca se impone a base de voluntarismos, tampoco será consecuencia de los odios que causan peleas y revanchas. La verdad que nos da libertad es la humildad, que es a su vez el reconocimiento de nuestra poquedad y de la triste capacidad que tenemos de ser un desastre. La persona humilde no anda moviendo papeles para presentar una hoja inmaculada como curriculum vitae, para demostrar a los demás que él es honrado y correcto. Sabe de lo que es capaz y busca consejo y ayuda, por otro lado tiene una gran comprensión con el prójimo y sabe perdonar sin guardar ningún resentimiento. (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 3 de enero de 2018

PROTESTAN LOS MISMOS, con distintos disfraces.

“Al efectuar un análisis de los principales movimientos sociales en el Perú de hoy, con base en sus plataformas reivindicativas, marcos de identidad y estructuras organizativas, podemos distinguir dos grandes grupos. Primero los movimientos cuya problemática se enfoca en cuestiones más bien sectoriales y económicas desde un lenguaje de izquierda y estructura sindical (universitarios, docentes, campesinos, médicos, etc.). Por otra parte, las diversas poblaciones que se organizan contra la expansión de la industria extractíva, en especial minera y petrolera, apelan para ello a revaloraciones étnicas y defensa de los recursos con base en una organización más bien territorial (Cajamarca, Espinar, Islay, etc.)”. (Anahí Durand)

“Lo que sí parece ser recurrente en los últimos 20 años es que los grupos de derecha logran posicionarse bien en los gobiernos, mientras que los de izquierda se expresan con más fuerza desde la calle. Por ello, el discurso de lo que gruesamente estamos identificando aquí como derecha se reviste de defensa de la institucionalidad del gobierno y la economía de mercado, mientras que la izquierda se expresa como cuestionamiento del orden establecido”, (Carmen Illizarbe).

“Existen fuerzas políticas, con ideologías de violencia y de liberalismo absoluto que buscan ser más poderosas sembrando dudas y confusiones en la gente con ataques exagerados y sesgados, que tienen como fin desestabilizar los sistemas creando caos en la sociedad. Para ellos todo vale, lanzan las piedras con los ojos cerrados, exageran y no les importa dañar la honra y la vida de las personas. Para ellos no existe el perdón y la reconciliación, quieren hacerse paso eliminando a personas que consideran deficientes. Reclaman derechos y buscan denodádamente que todos piensen como ellos”


COMENTARIO

Con excepción de las grandes movilizaciones que convocan a multitudes como la procesión del Señor de los Milagros, que es una de las más grandes del mundo, la marcha por la vida que supera en número a todas las demás, aunque el poder mediático busca ocultarlo, o las aglomeraciones que se realizan en torno a la visita del Papa a un país determinado, que congrega a números nunca jamás vistos, (se trata de millones de personas),  las otras marchas, que son fundamentalmente de protesta, son mucho menos numerosas, y muchas de ellas, lo que pretenden es desestabilizar y desacreditar a personas y sistemas para obtener beneficios propios.

Son organizaciones totalmente politizadas donde todo vale; suelen estar dirigidas por las mismas personas que se suman a distintas causas de protesta motivando la indignación de muchos ingenuos que no se dan cuenta de quienes están detrás de esas manifestaciones y qué es lo que están buscando en realidad. 

Los artífices de esas protestas callejeras, que se han puesto de moda, son las mismas personas escondidas con distintos disfraces, los dirigentes de siempre, pertenecientes a partidos radicales, que buscan promover y organizar esas bullas insultantes, en las que caen muchos ingenuos y lamentablemente, jóvenes sin experiencia de la vida. Además a los que salen a las calles con sus carteles y tambores les ofrecen prebendas y les prometen paraísos ilusorios.

Estas organizaciones utilizan distintas estrategias, algunas veces se presentan como víctimas de algún atropello, otras veces reclaman justicia por algún “derecho” dañado o perdido. Siempre se enfilan contra alguien en concreto y echan leña en su contra exagerando los argumentos para que su protesta sea viable y aceptada por la mayoría.

Utilizan en sus intervenciones frases insultantes que repiten con vehemencia para autoconvencerse de que están en lo cierto y así persuadir a los que escuchan para que los sigan. Condenan severamente los abusos cometidos por una persona, que en otros casos, incluso con circunstancias similares, no condenan ni dicen nada.  Repiten tanto las mismas frases insultantes y lapidarias que queda en el ambiente el convencimiento de que es verdad.

Con una perorata brutal buscan apartar y castigar a la persona censurada, sin darle ninguna oportunidad de reconciliación, exigen que la “justicia” que ellos pregonan se cumpla ya, de todas maneras y sin demoras.  Los motivos, que en estos casos, son totalmente políticos, les suena a los ingenuos y a los “chiquillos” como una causa justa, noble y lógica que se debe reclamar y exigir que se cumpla.

La falta de cultura en nuestra sociedad está pasando factura. Lamentablemente muchos se dejan llevar por estas corrientes turbias, fabricadas con datos manipulados que han sido tejidos con mentiras y medias verdades que parece, por el voluntarismo con que se expresan y el consenso que consiguen, una gran verdad que clama al cielo, que debería tener vigencia y aceptación.

En tiempos de Cristo muchos repetían: ¡Crucifícale! Pensando que estaban haciendo bien al reclamar ese castigo para que se haga justicia contra un corrupto impostor. Los fariseos manipuladores echaban leña para que no se diera de ninguna manera la impunidad. Mucha gente del pueblo no se daba cuenta que la protesta había sido orquestada por sembradores impuros del odio que defendían a capa y espada sus cochinos “derechos” como si fueran causas nobles. Hoy, en muchos ambientes sucede exactamente lo mismo. Los problemas no se arreglan con el odio sino con el amor.

No echemos leña aprobando las divisiones, separaciones y rupturas, construyamos lo que tanto quería San Juan Pablo II, la nueva civilización del amor, a base del perdón, la reconciliación y la comprensión. No hemos venido a “tirar piedras” a nadie por muy malo que nos parezca. (P. Manuel Tamayo)