miércoles, 17 de enero de 2018

SERVILISMO TÁCITO
La sociedad se organiza en grupos de individuos que comparten una característica común que los vincula social o económicamente, sea por su función productiva o "social", poder adquisitivo o "económico" o por la posición que han adquirido dentro de la sociedad a la que pertenecen. Suelen generarse vínculos por intereses u objetivos que se consideran comunes y que refuerzan la solidaridad entre ellos. Se da siempre, en todos los estratos de la sociedad, una división jerárquica basada principalmente en las diferencias de ingresos, riquezas y acceso a los recursos materiales. (Wikipedia)
Las condiciones económicas que conllevan la adscripción a una u otra clase generalmente están determinadas por el nacimiento y herencia familiar. Así en la mayoría de las sociedades los hijos de las clases desfavorecidas a lo largo de su vida seguirán formando parte de las clases desfavorecidas, y los hijos de las clases más acomodadas tienen mayor probabilidad de ser parte durante el resto de su vida de la clase acomodada. (Wikipedia).

COMENTARIO
La costumbre de pertenencia a un estrato social es muy fuerte y bastante irreflexiva. Son situaciones de hecho aceptadas tácitamente como si fueran naturales. El haber nacido en un determinado sector marca fuertemente la conducta y las actitudes de las personas y algunas podrían permanecer toda la vida en la misma situación solamente por el hecho de haberse acomodado a ella.
En la película francesa “Recursos humanos” se ve cómo de una familia pueblerina de escasos recursos económicos sale un hijo a estudiar a París y cuando vuelve se posesiona en el sector de las personas pudientes y entra en amistad con los jefes de la fábrica donde trabaja su padre, que es obrero. Los padres están orgullosos porque su hijo pertenece ahora a una clase social más elevada. Pero resulta que al papá obrero le cometen una injusticia y lo expulsan del trabajo. El hijo rompe la amistad que había conseguido con los empresarios jefes de su padre para defender a su papá. Lo increíble es que al papá no le gusta nada esa pelea, prefería que su hijo se quede en ese nivel social y que no rompa esas amistades, a tener que enfrentarse él contra sus jefes para que lo repongan con la ayuda de su hijo. En una discusión con su hijo insiste en quedarse fuera del trabajo, desfavorecido, en el mismo nivel de toda su vida y sin protestar.
Es interesante observar las mentalidades distintas que pueden tener los miembros de una misma familia que está arraigada en un ambiente social determinado, y que muchas veces no es necesariamente el mejor desde el punto de vista económico. Llama la atención la pasividad del padre que quería quedarse en su nivel social, allí estaba contento como obrero y con sus amigos obreros. El hijo, que por ayudar a su padre rompe con los empresarios y se une con personas de un nivel social más bajo, empieza a sentir después, que no está su sitio y desea volver otra vez a París, aunque tenga que dejar a la familia en un estrato distinto, que era el de toda la vida, y que él considera inferior.
La mentalidad que tiene el hijo no afecta al papá que se siente sumiso a sus jefes, no quiere hacer ningún problema y así está cómodo; su esposa piensa igual y lo apoya. En cambio el hijo piensa que su familia debería salir de esa situación de pobreza con todas las limitaciones que trae y aspirar a algo mejor. Él está dispuesto a ayudarlos pero los padres no quieren.
Lo que ocurre en esta película es un reflejo de lo que ocurre con buena parte de la población. A muchos les gusta vivir en un cómodo servilismo sin mayores responsabilidades porque así han vivido toda la vida y no saben vivir de otra manera. Cuando algunas veces el hijo sube a un estrato superior, desde el punto de vista social y económico, y desea arrastra a los padres a ese nivel, no siempre tiene éxito. Muchas veces los padres prefieren quedarse donde están y que los dejen tranquilos.
Lo que no debería ocurrir es que esas situaciones se de un trato de humillación o minusvaloración de un nivel social con respecto al otro. El respeto debe ser mutuo y las oportunidades deben darse por igual y de un modo justo. No por pertenecer a un nivel social más alto hay que mirar por encima y con desinterés al que está en un nivel menos favorecido.
Lamentablemente, y de un modo tácito, se dan situaciones en las que las personas menos favorecidas no pueden estar en los ambientes, o en las conversaciones de las personas de un nivel superior. Esto puede ocurrir por la diferencia cultural que hay entre unos y otros, pero no debe dar pie a que existan sentimientos discriminatorios que originen molestias por la presencia de personas que se consideran de un ambiente servil o menos favorecido.

No deben existir, de ninguna manera, personas de segunda o tercera categoría. Estas situaciones que se dan de modo habitual no son cristianas. Cada persona debe facilitar con su conducta que todos se sientan muy bien atendidos y acogidos en cualquier sitio donde se encuentren.(P. Manuel Tamayo).

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