sábado, 28 de abril de 2018


UNA MUERTE MÁS PARA AMAR LA VIDA
Alfie Evans  
“Quizá con una mezcla de escepticismo, perplejidad y tristeza hemos seguido los esfuerzos de Alfie Evans para sobrevivir, la lucha de sus padres para garantizarle el derecho a recibir una adecuada atención médica, y los de destacados miembros de la sociedad –entre ellos el Papa Francisco-, por respetar el derecho de los padres a decidir sobre el futuro de su hijo. Tristemente hemos constatado que, sobre el derecho a la vida, el derecho a ser atendido médicamente y el derecho de los padres a decidir sobre sus hijos pesan los prejuicios ideológicos, primero de un juez y más tarde de todo un estamento de jueces. En efecto, no se trata sólo de que a juicio de los médicos del Hospital para Niños Alder Hey, o de que incluso el Magistrado Anthony Hayden, y con él la Corte Suprema Británica, consideran que la vida de Alfie no merece la pena y que, paradójicamente, “tenga derecho a morir”; sino que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos respalda dicha postura. De hecho, sin que lo digan expresamente, pero sentando antecedentes indudablemente, están defendiendo que el supuesto derecho a “dejar de seguir viviendo” prima sobre el derecho a la vida de un bebé indefenso y el de sus padres de defender esa vida. En Europa, hoy por hoy, prima “el derecho a la muerte” (inexistente en realidad) sobre el derecho a la vida. Sencillamente, es de locos, el mundo al revés a carta cabal. El hospital, los médicos, el juez, el tribunal imponen su ideología, según la cual la vida Alfie no merece ser vivida, ni vale la pena luchar por ella, pues tiene una enfermedad incurable. Siguiendo esa lógica, quizá deberíamos eliminar a todos los enfermos que padezcan este tipo de enfermedades, y decirle a todos aquellos que luchan por su vida a pesar de tener un pronóstico adverso, que no merece la pena su esfuerzo. Eso es lo que implícitamente sostiene la sentencia que pesa sobre la vida de Alfie y sus doloridos padres. No sólo es que Alfie luche por su vida, sus padres también dan la batalla por sus derechos, pero pesa más la ceguera ideológica de un grupo de médicos y juristas.
¿Qué les costó dejarlo subir al avión para ir a Italia a ser atendido? … La única explicación posible es porque aceptar esa petición (racional, comprensible y coherente) supone reconocer que la vida de Alfie (un enfermo con una enfermedad aparentemente incurable) tiene un valor en sí misma, lo cual no están dispuestos a reconocer. Para los médicos y los jueces, Alfie (a pesar de su esfuerzo y el de sus padres) solo tiene “derecho a morir”, solo merece morir, es más, debe morir. Hemos llegado al absurdo de que el supuesto “derecho a morir” prima sobre el derecho a la vida e iría contra los derechos humanos prolongar la vida de Alfie. Por si quedara alguna duda, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha sancionado dicha sandez….Al obligarlo a morir se está reconociendo por la vía práctica que la cultura de la muerte prima sobre la cultura de la vida, que los derechos humanos ceden el paso a principios ideológicos, entre ellos, considerar que la vida no es un valor absoluto, sino que debe ser evaluada por un selecto grupo de “expertos” con la capacidad de decidir si tiene valor o no, según una escala por ellos fijada y conocida. A los demás, lógicamente, sólo nos queda bajar la cabeza y aceptar dócilmente su “sabio” proceder…Aunque sólo haya durado un día más de “lo planeado” o “lo previsto”, Alfie ha puesto en berlina el verdadero rostro de la medicina y el derecho europeos que, en lugar de defender a la persona, prefieren justificar determinados prejuicios ideológicos. La lucha de Alfie no solo es por su vida, sino que pone en evidencia la lucha por la vida y con ella por la dignidad humana, contra la cultura de la muerte. Parece ser que la segunda prevalece en Europa, pero gracias a Alfie, por lo menos ha sido ventaneada y expuesta a público escarnio. (Padre Mario Arrollo).
“¿Estamos realmente mejor que nunca, cuando miles de seres humanos son aniquilados en el vientre de sus madres? ¿O cuando recomendamos a un anciano, por una funesta, retorcida y supuesta piedad, que pida la muerte porque su vida ya no tiene ninguna utilidad? ¿O cuando forzamos a la naturaleza hasta el extremo para decidir la identidad o el género que creo que me corresponden? ¿O cuando condenamos la corrupción de los políticos pero después nos permitimos pequeños robos y hurtos en nuestro día a día? Me van a perdonar que hoy esté un poco más pesimista que en otros artículos, pero es que sucesos como el de Alfie Evans, donde su vida parece valer menos que la de un perro, hacen que me pregunte hasta qué punto hemos perdido el norte. Y me pregunto qué hace falta que ocurra para que recuperemos la sensatez, el sentido de la vida y el deseo de hacer el bien y evitar el mal, eso tan básico que nos enseñaron de pequeños y que parece que hayamos olvidado”. (Alex Navajas)
“En una entrevista al sitio web italiano In Terris, el Presidente Emérito de la Pontificia Academia para la Vida y experto en bioética, Cardenal Elio Sgreccia, señaló que el caso de Alfie Evans constituye “un ataque a la institución familiar” y advirtió que “todo nace del estatismo. Eso nos hace estremecer cuando suscita el recuerdo de lo que han hecho en la historia los regímenes totalitarios. La dignidad de la persona se mantiene en cada fase de la vida, ya sea cuando está sana o cuando se encuentra a punto de morir. Sin embargo, es el beneficio económico lo que prevalece. Se deja morir a una persona porque la asistencia tiene un costo: se deja morir para ahorrar”. En ese sentido, denunció que el caso del pequeño Alfie es el resultado de “una dictadura económica sobre la vida humana: se trata de una perversión y debe ser considerada así”.

COMENTARIO

Si en este comentario pongo la palabra Jesucristo, es probable que algunos lectores no sigan leyendo porque están cargados de prejuicios y piensan que está escribiendo un fanático retrógrado que no quiere reconocer los avances de la ciencia moderna en los aspectos médicos sobre la vida del ser humano.

Bien podemos decir, y repetirlo infinitas veces, que a Jesucristo lo mataron los hombres con todas sus leyes, jueces y tribunales. De acuerdo a la “ley” Él debía morir. Pilato fue cobarde porque prefería contentar a las autoridades y a los legalismos que defender la verdad.

El positivismo de hoy envenena las cabezas de intelectuales jurídicos y otras personas que visten saco y corbata o un mandil médico. Son escrupulosos en el cumplimiento de una “ley” infame, que va contra el ser humano (como la ley que favorece el aborto) y muchas otras leyes que utilizan en poder mediático para que multitudes crean que Jesucristo debe morir.

Aquel grito brutal ¡Crucifícale!  lo repiten a coro los que no han descubierto a Jesús que ama la vida y da la vida por todos. La historia tiene muchos mártires y santos que dieron su vida por la Vida. Es la hora de defender la vida y no dejar que esos cobardes asesinos se impongan con sus deplorables sentencias por “lealtad” a una ideología nefasta. (P. Manuel Tamayo).


viernes, 27 de abril de 2018


LOS PLANES PERSONALES DE LOS SANTOS

“Las medidas que tomó Santo Toribio de Mogrovejo contra los abusos que se cometían, le atrajeron muchas persecuciones y atroces calumnias. Sin embargo, prefirió callar y solía decir: "Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor".
“Toribio de Mogrovejo se destacó por su fuerza de trabajo. Desde muy de madrugada ya estaba levantado y repetía frecuentemente: "Nuestro gran tesoro es el momento presente. Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la vida eterna. El Señor Dios nos tomará estricta cuenta del modo como hemos empleado nuestro tiempo". Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. Un día al regalarle sus camisas a un necesitado le recomendó: "Váyase rápido, no sea que llegue mi hermana y no permita que Ud. se lleve la ropa que tengo para cambiarme" (Vida de Santo Toribio, Vid. Wikipedia)

“Las visitas pastorales de santo Toribio lo forzaron a pasar sólo ocho de sus veinticuatro años como arzobispo en la ciudad de Lima, lo que le granjeó algunas críticas de parte de las autoridades virreinales”, (Vida de Santo Toribio, vid. Wikipedia).

“Procura atenerte a un plan de vida, con constancia: unos minutos de oración mental; la asistencia a la Santa Misa y la Comunión frecuente; acudir regularmente al Santo Sacramento del perdón; la visita a Jesús en el Sagrario, el rezo y la contemplación del Santo Rosario… No han de convertirse en normas rígidas, como compartimentos estancos; señalan un itinerario flexible…Tu plan de vida ha de ser como un guante de goma que se adapta con perfección a la mano que lo usa. (San Josemaría Escrivá, vid. Amigos de Dios).


COMENTARIO

Los planes de los santos no suelen ser los que podrían considerarse como “oficiales”; el santo destaca por algo personal, algo que le hace distinto de los demás, incluso de otro santo, es una suerte de “originalidad” que no es rareza porque está llena de virtudes al servicio de Dios y del prójimo.

El santo no tiene una “portátil” de seguidores que le apoyan buscando dádivas y prebendas personales. Cualquiera que tome el nombre de un santo para conseguir beneficios podría caer en la línea de Simón el mago que buscaba poderes sobrenaturales para hacer negocio.

Al santo le siguen devotos, gente piadosa que se esfuerza por mejorar cada día y encuentran en el santo una magnífica motivación para ese propósito. La mejora del santo y sus seguidores es a través de la Iglesia y los sacramentos. Se corresponde bien a los medios que Dios alcanza cuando se reza con fe y se cumple con la misión que Dios encarga.

Los santos son distintos, no se parecen en nada, de allí que el Papa Francisco diga: “no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros” (Exhortación apostólica, Gaudete et esxultate, n. 11).

En la historia tenemos santos muy diversos, cada uno con sus iniciativas, el esfuerzo personal y la gracia de Dios supera los obstáculos que aparecen en el camino, muchas veces son incomprensiones, incluso de personas cercanas y con autoridad, que les cuesta entender lo que los santos buscan con sus diversos modos de proceder.

A San Josemaría lo llamaron hereje, a Santo Toribio lo quisieron sacar del Arzobispo de Lima por estar más tiempo en las periferias que en su sede episcopal, a Santa Teresa de Jesús la acusaban de reclutar a mujeres, a San Juan Bosco de defender a los delincuentes y organizar barullos en su propia comunidad.

Todos quisieron seguir en camino de Cristo y aguantar como Él las injusticias e impertinencias de los “buenos” que creían que hacían el bien guardando silencio frente a las obras y quitándoles autoridad con comentarios desafortunados. Con el tiempo la vida muchos santos fue reconocida y venerada por los fieles. (P. Manuel Tamayo).







miércoles, 25 de abril de 2018


LOS PLANES PERSONALES DE LOS SANTOS
“Las medidas que tomó Santo Toribio de Mogrovejo contra los abusos que se cometían, le atrajeron muchas persecuciones y atroces calumnias. Sin embargo, prefirió callar y solía decir: "Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor".
“Toribio de Mogrovejo se destacó por su fuerza de trabajo. Desde muy de madrugada ya estaba levantado y repetía frecuentemente: "Nuestro gran tesoro es el momento presente. Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la vida eterna. El Señor Dios nos tomará estricta cuenta del modo como hemos empleado nuestro tiempo". Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. Un día al regalarle sus camisas a un necesitado le recomendó: "Váyase rápido, no sea que llegue mi hermana y no permita que Ud. se lleve la ropa que tengo para cambiarme" (Vida de Santo Toribio, Vid. Wikipedia)
“Las visitas pastorales de santo Toribio lo forzaron a pasar sólo ocho de sus veinticuatro años como arzobispo en la ciudad de Lima, lo que le granjeó algunas críticas de parte de las autoridades virreinales”, (Vida de Santo Toribio, vid. Wikipedia).

“Procura atenerte a un plan de vida, con constancia: unos minutos de oración mental; la asistencia a la Santa Misa —diaria, si te es posible— y la Comunión frecuente; acudir regularmente al Santo Sacramento del Perdón —aunque tu conciencia no te acuse de falta mortal—; la visita a Jesús en el Sagrario; el rezo y la contemplación de los misterios del Santo Rosario, y tantas prácticas estupendas que tú conoces o puedes aprender.
No han de convertirse en normas rígidas, como compartimentos estancos; señalan un itinerario flexible, acomodado a tu condición de hombre que vive en medio de la calle, con un trabajo profesional intenso, y con unos deberes y relaciones sociales que no has de descuidar, porque en esos quehaceres continúa tu encuentro con Dios. Tu plan de vida ha de ser como ese guante de goma que se adapta con perfección a la mano que lo usa. Tampoco me olvides que lo importante no consiste en hacer muchas cosas; limítate con generosidad a aquellas que puedas cumplir cada jornada, con ganas o sin ganas. Esas prácticas te llevarán, casi sin darte cuenta, a la oración contemplativa. Brotarán de tu alma más actos de amor, jaculatorias, acciones de gracias, actos de desagravio, comuniones espirituales. Y esto, mientras atiendes tus obligaciones: al descolgar el teléfono, al subir a un medio de transporte, al cerrar o abrir una puerta, al pasar ante una iglesia, al comenzar una nueva tarea, al realizarla y al concluirla; todo lo referirás a tu Padre Dios”
(San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios).

COMENTARIO
Los planes de los santos no suelen ser los que podrían considerarse como “oficiales”, el santo destaca por algo personal, algo que le hace distinto de los demás, incluso de otro santo, es una suerte de “originalidad” que no es rareza porque está llena de virtudes al servicio de Dios y del prójimo.
El santo no tiene una “portátil” de seguidores que le apoyan porque van a recibir prebendas y beneficios particulares. Cualquiera que tome el nombre de un santo para conseguir beneficios personales está en la línea de Simón el mago que buscaba poderes sobrenaturales para hacer negocios.
Al santo le siguen devotos, gente piadosa que se esfuerza por mejorar cada día más y encuentran en el santo una magnífica motivación para ese propósito. La mejora del santo y sus seguidores es a través de la Iglesia y los sacramentos. Se corresponde a los medios que Dios da cuando se reza con fe y se cumple con la misión que Dios encarga.
Los mismos medios producen santos distintos, no se parecen en nada unos a otros, de allí que el Papa Francisco diga: “no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros.” (Exhortación apostólica, Gaudete et esxultate, n. 11).
Así tenemos en la historia santos muy diversos y cada uno con sus iniciativas y la gracia de Dios para superar los obstáculos y las incomprensiones de personas, incluso cercanas y con autoridad, que no entienden lo que los santos pretenden con sus diversos modos de proceder.
A San Josemaría lo llamaron loco y hereje, a Santo Toribio lo quisieron sacar del Arzobispado de Lima porque estaba siempre de misión, a Santa Teresa de Jesús la acusaban de maltratos, a San Juan Bosco de defender a los delincuentes. Todos, igual que Jesús, tuvieron que aguantar las injusticias y las impertinencias de los “buenos” que creían que hacían el bien quitando autoridad y censurando a quienes después fueron reconocidos como santos, y algunos fueron canonizados. (P. Manuel Tamayo).
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miércoles, 18 de abril de 2018


¿EDUCACIÓN O CONTRAEDUCACIÓN?
Crisis en Europa
Entrevista a Heller-Sahlgren, (ganó en 2014 el Premio Charles Douglas Home Memorial por su trabajo sobre Finlandia).

“En 2001 se hicieron públicos los resultados del primer examen PISA. Entre decenas de países, destacaba por encima del resto uno en el que nadie había reparado aún: Finlandia, que se encontraba en los primeros puestos en matemáticas, lectura o ciencia. Desde entonces, y durante más de una década, expertos educativos, profesores, periodistas y sociólogos se lanzaron a glosar las excelencias de su sistema educativo. Eliminación de exámenes y deberes, educación centrada en el alumno, exigente formación de profesores, autonomía de los centros… El número de lecciones que el resto de países debían aprender de los escandinavos era innumerable. Finlandia, en definitiva, era un milagro. El modelo a imitar.
A partir de 2009, no obstante, la situación comenzó a cambiar, y la línea ascendente comenzó a caer en picado. En matemáticas, por ejemplo, pasaron de 544 puntos en 2003 a 519. ¿Qué estaba ocurriendo? Algunas respuestas pueden encontrarse en 'Real Finnish Lessons', un pequeño libro escrito por el sueco Gabriel Heller Sahlgren, director de investigación del Centre for Education Economics londinense en el que intenta desmontar dato a dato las leyendas sobre la educación finlandesa. Un proceso de deconstrucción que podría resumirse en una idea: el éxito escandinavo no fue consecuencia de sus reformas educativas, sino a pesar de ellas. En todo caso, pueden explicarse a partir de sus particularidades históricas.
Heller Sahlgren sugiere que fue el tradicionalismo del sistema educativo finlandés, centrado en el profesor y con una gran centralización organizativa, lo que le disparó a lo más alto de los 'rankings' educativos. “El análisis de sus resultados a lo largo del tiempo muestran que su ascenso empezó mucho antes que sus políticas estrella entrasen en vigor”, recordaba. En otras palabras, no solo esos conocidos ingredientes del éxito no habían tenido nada que ver con su ascenso en PISA, sino que el experto en economía de la educación recordaba que eran la causa del posterior desplome en los 'rankings'. Analizamos estos mitos de mano del analista sueco”.

¡A qué factores se debió el aparente éxito educativo de Finlandia al empezar al siglo XXI?
Heller Sahlgren destaca en su libro dos factores. El primero es que Finlandia tradicionalmente ha dado gran importancia al rol de los profesores, no solo en el colegio, sino también en la sociedad. Es una nación muy joven, y por lo tanto, necesitaba inocular esos nuevos valores a través de una educación que llegase a todos los niños y al resto de la población. Antes de la Segunda Guerra Mundial ya se puede ver que había una gran proporción de profesores bien formados, lo que muestra el estatus del que gozaban durante los años 20 y 30, así que no es nada nuevo. Sin embargo, no iban a la universidad, sino a seminarios. Mantener que se trata simplemente de una cuestión de formación de los docentes es simplista.
Finlandia fue plantando las semillas de su éxito a lo largo de la historia. Hay que recordar que era un país muy pobre: en los años 50, aún se encontraba en un 60% del PIB de Suecia y Dinamarca. Entonces algo ocurrió, y se desarrolló económicamente de una forma similar a la del este de Asia, con un crecimiento tan rápido entre los 50 y finales de los 80 que hizo que el cambio de valores no fuese al mismo ritmo. Suecia, Noruega y Dinamarca se convirtieron en países postindustriales, más progresistas en sus actitudes, que se centraban en la felicidad de los niños, su autoexpresión y demás. Pero si comparas la educación sueca y la finlandesa, verás que no se parecen, porque Finlandia siguió siendo muy tradicional hasta finales de los años 90 y principios de siglo.
Un país pobre que experimentó un rápido crecimiento económico. (Cordon Press)
Esas costumbres que cimentaron la importancia de la educación, un rápido crecimiento económico que facilitó que los padres estuviesen mejor formados (lo que influye positivamente en los niños) y la retención de este método tradicional de educación, que no está muy de moda, son los tres ingredientes que produjeron sus buenos resultados a principios del siglo XXI”.

Por lo tanto, ¿es un error intentar imitar el modelo educativo finlandés moderno?
“Es importante recordar que sus puntuaciones en las pruebas comenzaron a mejorar mucho antes de que el sistema actual fuese implementado. Si miras los datos, ha sido con este cuando las notas han empezado a caer. Su descenso entre 2006 y 2015 es el mayor entre todos los países nórdicos. Pero también puedes fijarte en los años 90, cuando Finlandia participaba en el TIMSS, que se centra en Ciencias y Matemáticas. Entre 1990 y 2011, los alumnos de séptimo grado (13 años) bajaron 38 puntos, que equivalen a más de un año entero de escolarización. Cuando vimos las puntuaciones del año 2000 y dijimos “Finlandia lo está haciendo muy bien”, en realidad las notas ya estaban cayendo.
Copiar a Finlandia tendría un efecto negativo. Es un peligro imitar otros sistemas educativos en general, aún más cuando las investigaciones sugieren que fue el sistema antiguo el que produjo buenos resultados y el nuevo, el que tanto le gusta a todo el mundo, es el que está haciendo bajar las notas. Es una lección importante”.

Entonces, ¿qué cambios se han producido para que el rendimiento haya descendido?
“Es difícil decirlo, pero hay distintos factores. El primero es que Finlandia es ya un país rico, por lo que en muchos sentidos se parece más a otras naciones occidentales. Es un poco más vago, considera que los niños no deberían estudiar tanto en el colegio… Lo que hemos visto entre 2002 y 2009 gracias a PISA es que la cantidad de tiempo que los niños dedican a la lectura ha descendido significativamente. Los valores relacionados con la educación están cambiando entre los jóvenes.
Desde principios de los 90 hay un movimiento en Finlandia para que la enseñanza sea como en Suecia, más centrada en los niños. Si miras los nuevos currículos, enfatizan que sean estos los que determinen cómo será la educación. Hay un cambio hacia la educación centrada en el alumno, pero históricamente la cantidad de niños que participan en su diseño ha sido muy baja, y esta se ha doblado entre 2009 y 2016. Hay evidencias de que la educación tradicional desaparece en Finlandia al mismo tiempo que bajan las notas.

Uno de los temas recurrentes al hablar de Finlandia es que hacen muy pocos deberes. Según argumenta, eso no tiene ninguna relación con el éxito educativo del país.
No, lo que ocurre es que la jornada escolar es más corta en Finlandia. Y eso, mágicamente, ha terminado convirtiéndose en que a los niños les va mejor si estudian menos. Si miras las investigaciones no es así. Si haces más deberes, obtendrás mejores resultados. Si vas más horas al colegio, también. Lo sabemos gracias a PISA y TIMSS. Es al revés: los niños finlandeses han sacado buenas notas a pesar de no hacer muchos deberes. No creo que sea en absoluto un factor positivo, pero es de esas cosas que se intentan imitar. Es lo que ha ocurrido en Escocia, que ha intentado copiar el sistema educativo finlandés, por ejemplo, eliminando exámenes estandarizados. Lo que ha ocurrido es que la educación escocesa está hundiéndose. Las investigaciones sugieren que los exámenes mejoran el aprendizaje. Es peligroso llegar a conclusiones basándose solo en lo que hace Finlandia”.

¿Qué rol jugó la equidad en esos buenos resultados?
“Es difícil decirlo. Mucha gente resalta la importancia de la reforma de las escuelas comprehensivas en los años 70, pero los datos muestran que apenas tuvo impacto en los resultados de los niños. Lo que hizo fue incrementar el número de años de escolarización, así que la primera generación de PISA tenía padres que, gracias a ello, habían disfrutado de una mayor formación. Esos fueron los cimientos de la equidad, y quizá que más gente formase parte del sistema educativo tuvo un impacto positivo en los niños. A un nivel más general, es difícil decir nada sobre el rol de equidad como tal, porque hay pocos datos sobre ello. Históricamente, Finlandia lo hizo bien, pero una vez más, no es algo intrínseco al sistema educativo.
El nivel de educación especial aumentó sensiblemente entre los 70 y los 90, y eso pudo haber tenido algún impacto, al centrarse en los niños con peores notas. Pero cuando Finlandia mejoraba era porque tenía clases y estilos de enseñanza muy tradicionales, que estaban muy estandarizados en todo el país. En resumen, resulta poco probable que la igualdad de la que todo el mundo habla fuese el secreto para el éxito finlandés.

Ahora que Finlandia ha bajado su rendimiento, los periodistas y expertos educativos nos centramos en otros países: Estonia, PortugalCanadá… ¿Hasta qué punto es peligroso crear “modelos estrella” cada pocos años?

“Muy peligroso e inútil, porque no se puede aprender nada de ello. Estonia es un caso muy interesante, porque lo está haciendo muy bien. Si te fijas, en muchos sentidos se parece a Finlandia. Tienen una lengua parecida, crecieron muy rápido… Pero en su caso, tienen dos tipos de población: los que hablan ruso y los que hablan estonio. ¿Quién crees que lo hace mejor? Tienen dos tipos de sistemas educativos exactamente iguales, pero los rusos rinden al nivel de Suecia y los estonios, al de Japón. Así que un mismo sistema puede producir resultados muy diferentes, a causa del contexto cultural. ¿Cuál copiarías? ¿El ruso o el estonio? ¡Son iguales! Es muy difícil llegar a conclusiones. Nadie diría que Estonia no lo está haciendo bien, pero es complicado descubrir sus secretos, en cada país ocurren cosas que determinan sus resultados.
Mira Polonia, se supone que era un buen ejemplo, pero se desplomó 20 puntos en el último examen PISA. Vietnam también lo era y cayó. Antes de intentar mejorar nuestro sistema educativo, debemos analizar otros países, pero no simplemente para copiar qué están haciendo, sino para averiguar a través de investigaciones qué podemos aprender. Es peligroso hablar de “milagros” cada tres años”.

Lo que explica de Estonia ocurre también en España, donde alguna regiones puntúan muy por encima de la media de la OCDE, a la altura de Finlandia, y otras están muy por debajo.

“La pregunta, por lo tanto, es por qué debemos copiar a Finlandia ¿Qué están haciendo diferente? Probablemente nada, son otros factores los que están en juego”.

¿No es un problema que se utilicen mediciones como PISA como criterio para juzgar el rendimiento educativo de un país?

“La educación no puede medirse de un único modo, pero PISA tiene una fuerte correlación con otras matrices de rendimiento. No deberías centrarte únicamente en los resultados de las pruebas, pero es importante recordar que la evidencia sugiere que un rendimiento mayor es clave para el crecimiento económico. Los resultados ya no solo miden los conocimientos, sino otras habilidades como la conciencia social, la capacidad para trabajar duro, etc., que también son muy importantes para el futuro de los niños en el mercado laboral. Suecia ha obtenido habitualmente resultados muy inferiores a los de Finlandia en PISA.
No deberíamos ser demasiado negativos con PISA. El gran problema no son los resultados en sí, que están bien, sino las recomendaciones de la OCDE u otras organizaciones que se preguntan qué deben hacer los países para obtener mejores notas, y que a menudo no se basan en nada. Como explico en el libro, muchas de sus conclusiones provienen de la mera observación, hay poca investigación detrás. Quizá ahora sea demasiado fácil ver los 'rankings' y decir “mira qué bien este país, vamos a copiar su sistema educativo”.

¿Qué cree que pasará en el futuro con Finlandia?
“Es difícil decirlo, pero creo que seguirán bajando. Puede que se detengan, pero viendo cómo está su sistema educativo, se van a parecer cada vez más a Suecia. Es un país que ha mejorado en la última edición porque curiosamente ha empezado a hacer todo lo contrario que Finlandia, por ejemplo, recuperando las pruebas estandarizadas. Pero si tuviese que hacer una predicción, diría que no va a ir a mejor”.

¿Cuál es la moraleja de esta historia?
Que no hay lecciones fáciles. No hay ningún ingrediente que garantice el éxito. El peligro, como pongo de manifiesto en el libro, es que es imposible encontrarlo. No hay que llegar a conclusiones apresuradas sobre lo que un país debería hacer a partir de lo que ha visto en Finlandia, en Japón, en Estonia, o en cualquier otro país de moda”.

COMENTARIO

Educar no es solo preocuparse de los aspectos académicos es fundamentalmente formar a toda la persona. Para lograrlo, sin contratiempos, es necesaria la estabilidad de la familia y un colegio que ayude a los padres en la educación de sus hijos.

Los profesores no son unos técnicos que instruyen a los alumnos para conseguir excelentes profesionales en los distintos campos del saber, tampoco Instructores de determinadas ideologías para marcar unos cauces en el educando.

Existe la vocación del educador, cualquiera no puede ser. La vocación es una fuerte motivación o deseo interior de querer que el educando sea una buena persona desde todo punto de vista.

Sabrá acercarse con sus virtudes al alumno para orientarlo de acuerdo a la realidad de la vida, buscando que éste sea idóneo en su proceder y pueda conquistar las virtudes necesarias para que sus relaciones humanas sean armoniosas y coherentes.


En los países donde los valores trascendentes no tienen mucho peso
En Finlandia, que ha sido considerada como modelo de educación, están faltado muchos elementos que consideramos esenciales para la formación de las personas.

Suicidios
Un dato significativo es que la tasa de muerte por suicidio en ese país, supera la media de los miembros de la Unión Europea, con 9,5 muertos más al año por cada mil habitantes. Además, en la vida y los quehaceres diarios se dejan entrever situaciones en las que puede apreciarse un desarreglo de conducta en los niños y adolescentes que es bastante preocupante. Los niños pasan mucho tiempo solos después del colegio; los jóvenes se independizan muy pronto, alrededor de los 20 o 21 años. Además, los lazos familiares entre padres e hijos no son muy fuertes. Aunque la relación entre unos y otros sea buena, los hijos no suelen ver a sus padres con frecuencia cuando son jóvenes ni tampoco cuando se hacen adultos y sus progenitores ya son ancianos.

Alcoholismo
Otro factor importante, que influye en la elevada tasa de suicidios, es el consumo de alcohol, que no es tan alto en Finlandia si lo comparamos con otros países, pero la forma de hacerlo es diferente. No se bebe muchos días pero, cuando se hace, la cantidad que se consume es muchísima. Es el estilo de beber típico de los finlandeses. Esta forma de beber está directamente relacionada con el suicidio impulsivo, por lo que el hecho de quitarse la vida no estaría relacionado con el alcoholismo en sí, sino con esa forma tan característica de consumir alcohol.

Por otra parte, en Finlandia también se permite la eutanasia pasiva y el suicidio asistido, el acceso a medios para quitarse la vida es otro factor a tener en cuenta, porque en Finlandia hay bastantes armas de caza, la gente ha vivido durante muchos años en el campo, tiene armas de fuego.

Ateísmo
Un dato significativo a tener en cuenta es que en este país no existe, en la mayoría, la fe en un Dios que prohíbe el suicidio, por eso los luteranos permiten, que personas que se han quitado la vida, sean enterradas en el cementerio de una iglesia.
Sin los valores trascendentes, que sustentan todo, es muy difícil, por no decir imposible, conseguir una educación que abarque todos los aspectos de la persona. (Fuente: Pilar Díaz Jiménez,”El Confidencial”) (P. Manuel Tamayo).


lunes, 9 de abril de 2018


¡TÚ TIENES LA CULPA! (III)

“La mente trata siempre de desvincularse de lo malo que nos ocurre como una especie de protección hacia los ataques de otros. Pero a veces son más producto de nuestros miedos o de nuestra imaginación. Si acertamos en algo, es gracias a nosotros mismos, pero si fallamos siempre tendemos a culpar a los demás, a la mala suerte o a cualquier otro factor. Todo menos asumir que no hemos hecho las cosas bien o no hemos hecho todo lo que deberíamos. Nos cuesta un mundo decir que nos hemos equivocado o que no hemos estado a la altura. El problema de esta actitud, es que al final nos creemos nuestras propias mentiras y de esa forma es prácticamente imposible superarnos. Cuando aceptamos la realidad al 100%, es cuando tomamos consciencia realmente de lo que somos, de nuestras limitaciones pero también de nuestro poder para impedir que algo parecido vuelva a sucedernos” (Método Gallardo).
“Existe la tendencia a buscar personas o situaciones para delegar nuestros errores e insuficiencias personales, asumiendo en nuestra vida el papel de víctima. Las personas que tienen esta forma de actuar, acostumbran a ocultar sus errores, piensan que la culpa no es suya y por lo tanto no se sienten responsables de sus actos, creen que la culpa es  de otros o del mundo que los rodea y ellos no pueden hacer nada para remediarlo”. (Jobasmar, blog)

“Vivimos en una época donde quieren que los sacerdotes se casen y que los casados se divorcien. Quieren que los heterosexuales tengan relaciones sin compromiso, pero que los gays se casen en la iglesia. Que las mujeres se vistan como hombres y asuman papeles masculinos y que los hombres se conviertan en “frágiles” como mujeres. Un niño con sólo cinco o seis años de vida tiene derecho a decidir si será hombre o mujer por el resto de su vida, pero un menor de dieciocho años no puede responder por sus crímenes. No hay plazas para los pacientes en los hospitales, pero hay incentivos y patrocinio para quien quiere hacer cambio de sexo. Hay un acompañamiento psicológico gratuito para quien desea dejar la heterosexualidad y vivir la homosexualidad, pero no hay ningún apoyo de éste mismo para quien desea salir de la homosexualidad y vivir su heterosexualidad y si intentan hacerlo, es un crimen. Estar a favor de la familia y la religión es dictadura, pero orinar sobre los crucifijos es libertad de expresión. Si no es el fin de los tiempos, debe ser el ensayo…” (P. Gabriel Vila Verde)


COMENTARIO

¿Quién tiene la culpa de tanto desarreglo que hay en el mundo? ¿quién es el culpable de tanto sufrimiento y dolor?

¡Todos somos culpables! Es urgente reconocer la culpabilidad de nuestros errores y pecados. No le echemos la culpa a los demás, eso es lo más fácil y a la vez desacertado. Es mucho más fácil ver “la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio ojo”.

El que acusa podría victimizarse poniéndose en una situación altanera y reclamando su “derecho” con una cerrazón que no admite tregua.  Podría generar un odio hinchando los argumentos con la propia bilis a nivel de escándalo, para luego autoconvencerse de estar en la razón y con un derecho claro para exigir que se castigue al que se está acusando.

El que acusa con odio no admite el perdón, infla los argumentos para indignarse más, buscando que se de un castigo “ejemplar” para el que cometió la falta y luego continuará con su cerrazón de no querer perdonar.

Este tipo de conducta (la del acusador, la del que denuncia, la del que pide castigo) ha crecido considerablemente en los últimos tiempos y se está extendiendo por todo el mundo. En la mayoría de los casos es la antítesis de lo que enseña el cristianismo.
Si hay que aplicar la justicia con la vindicación (castigo) se hace con la finalidad de proteger a las personas, disminuir los hechos delictivos o delincuenciales y conseguir la recuperación del que cometió la falta. Por algo nuestro Señor Jesucristo instituyó el sacramento del perdón. En la historia abundan testimonios de personas que se han convertido y, gracias al perdón, sus vidas han pasado a ser ejemplares.

Cuando se aplica un castigo no debe haber odio, se hace también con amor y con un afán grande de que todo vaya bien para todos. Jesús perdonó a los soldados que lo flagelaron, el Papa San Juan Pablo II perdonó al que lo quiso asesinar, innumerables mártires en la historia han perdonado a sus verdugos.

La sociedad de hoy necesita aprender a perdonar. La persona que no perdona y guarda resentimiento no sabe amar, tiene una incapacidad para lo que es más importante: el amor que debe salir de un corazón contrito.

Para lograr esos objetivos es necesario reconocer la culpa de las propias faltas. Ese reconocimiento nos hace grandes y por allí se empieza. De ese modo tendremos una gran capacidad para comprender a los demás y nuestros juicios peyorativos desaparecerán. La Virgen María no odiaba a los que maltrataron a su Hijo, los amaba también. (P. Manuel Tamayo).