viernes, 27 de abril de 2018


LOS PLANES PERSONALES DE LOS SANTOS

“Las medidas que tomó Santo Toribio de Mogrovejo contra los abusos que se cometían, le atrajeron muchas persecuciones y atroces calumnias. Sin embargo, prefirió callar y solía decir: "Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor".
“Toribio de Mogrovejo se destacó por su fuerza de trabajo. Desde muy de madrugada ya estaba levantado y repetía frecuentemente: "Nuestro gran tesoro es el momento presente. Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la vida eterna. El Señor Dios nos tomará estricta cuenta del modo como hemos empleado nuestro tiempo". Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. Un día al regalarle sus camisas a un necesitado le recomendó: "Váyase rápido, no sea que llegue mi hermana y no permita que Ud. se lleve la ropa que tengo para cambiarme" (Vida de Santo Toribio, Vid. Wikipedia)

“Las visitas pastorales de santo Toribio lo forzaron a pasar sólo ocho de sus veinticuatro años como arzobispo en la ciudad de Lima, lo que le granjeó algunas críticas de parte de las autoridades virreinales”, (Vida de Santo Toribio, vid. Wikipedia).

“Procura atenerte a un plan de vida, con constancia: unos minutos de oración mental; la asistencia a la Santa Misa y la Comunión frecuente; acudir regularmente al Santo Sacramento del perdón; la visita a Jesús en el Sagrario, el rezo y la contemplación del Santo Rosario… No han de convertirse en normas rígidas, como compartimentos estancos; señalan un itinerario flexible…Tu plan de vida ha de ser como un guante de goma que se adapta con perfección a la mano que lo usa. (San Josemaría Escrivá, vid. Amigos de Dios).


COMENTARIO

Los planes de los santos no suelen ser los que podrían considerarse como “oficiales”; el santo destaca por algo personal, algo que le hace distinto de los demás, incluso de otro santo, es una suerte de “originalidad” que no es rareza porque está llena de virtudes al servicio de Dios y del prójimo.

El santo no tiene una “portátil” de seguidores que le apoyan buscando dádivas y prebendas personales. Cualquiera que tome el nombre de un santo para conseguir beneficios podría caer en la línea de Simón el mago que buscaba poderes sobrenaturales para hacer negocio.

Al santo le siguen devotos, gente piadosa que se esfuerza por mejorar cada día y encuentran en el santo una magnífica motivación para ese propósito. La mejora del santo y sus seguidores es a través de la Iglesia y los sacramentos. Se corresponde bien a los medios que Dios alcanza cuando se reza con fe y se cumple con la misión que Dios encarga.

Los santos son distintos, no se parecen en nada, de allí que el Papa Francisco diga: “no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros” (Exhortación apostólica, Gaudete et esxultate, n. 11).

En la historia tenemos santos muy diversos, cada uno con sus iniciativas, el esfuerzo personal y la gracia de Dios supera los obstáculos que aparecen en el camino, muchas veces son incomprensiones, incluso de personas cercanas y con autoridad, que les cuesta entender lo que los santos buscan con sus diversos modos de proceder.

A San Josemaría lo llamaron hereje, a Santo Toribio lo quisieron sacar del Arzobispo de Lima por estar más tiempo en las periferias que en su sede episcopal, a Santa Teresa de Jesús la acusaban de reclutar a mujeres, a San Juan Bosco de defender a los delincuentes y organizar barullos en su propia comunidad.

Todos quisieron seguir en camino de Cristo y aguantar como Él las injusticias e impertinencias de los “buenos” que creían que hacían el bien guardando silencio frente a las obras y quitándoles autoridad con comentarios desafortunados. Con el tiempo la vida muchos santos fue reconocida y venerada por los fieles. (P. Manuel Tamayo).







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