jueves, 26 de mayo de 2016

EL SUBJETIVISMO Y LAS EXPERIENCIAS

“El subjetivismo es uno de los rasgos más característicos de nuestro tiempo. El sentimiento y el deseo personal constituyen la única norma…hoy se estila en oponer la libertad individual a la autoridad…a muchos les puede parecer que la experiencia personal debe ser más importante que las reglas establecidas por la Iglesia…Es una pena que muchos se dejen influir por este individualismo del entorno…  La Pregunta es muy sencilla: ¿debe cambiar el mundo de actitud o debe cambiar la Iglesia su fidelidad a Dios?... Hoy a muchos les parece normal que Dios derrame sobre ellos su misericordia, aunque vivan en el pecado…. Esta confusión exige respuestas rápidas. ¿De qué sirve que miles de personas que siguen la cuenta del twiter del Papá, si los hombres no cambian algo en concreto en sus vidas?... Para emprender un cambio radical de vida, la enseñanza de Jesús y de la Iglesia debe llegar al corazón del hombre” (Cardenal Robert Sarah, “Dios o nada” pp. 370)


COMENTARIO

El fuerte subjetivismo de hoy hace que la gente piense, y sobre todo los jóvenes, que buscar experiencias nuevas es sin más algo virtuoso y que lo que ya es conocido, y además recomendado, se debería dejar para optar por la novedad. Este modo de pensar y de decidir constituye un peligro cuando no se tiene en cuenta la calidad de lo que se está eligiendo. Además se debe advertir que si existe una ley, debe existir también un fundamento que la hace valedera, y cuando nos referimos a las normas morales, su vigencia siempre es actual. Lo importante es que el hombre cuide su camino y al tomar una decisión no busque solo experimentar algo, debe ser cauto y ver bien lo que está escogiendo. A dónde va, con quién sale, que ideología hay, qué trayectoria tienen las personas, cómo es el ambiente, qué se pretende. Hoy no se puede ser ingenuo y dejarse llevar por algo que brilla, que parece exitoso porque se le hace mucha propaganda. (P. Manuel Tamayo)



viernes, 20 de mayo de 2016


EL DAÑO Y EL ENGAÑO DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO

“La ideología de género transmite una burda mentira, ya que niega la realidad del ser humano como hombre y mujer” (Cardenal Robert Sarah, “Dios n  nada” , p. 271).
Según esta ideología, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social sobre el que se decide autónomamente... La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. Niega la propia naturaleza y decide que esta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear… Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: “Hombre y mujer los creó” (Gn 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón y mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto” (op cit. pp 273-274)

COMENTARIO
Estos errores antropológicos surgen en el ambiente generalizado de una sociedad relativista donde se mezclan la verdad, la opinión y la conciencia. La ignorancia religiosa que oscurece el conocimiento de la verdad y su consiguiente aceptación, pide la “patente de corzo” para actuar con “libertad de conciencia”, como si ésta fuera una ley autónoma válida, las consecuencias son evidentes: un enorme desorden social con repercusiones de violencia y destrucción del hombre contra el hombre (Manuel Tamayo).

viernes, 13 de mayo de 2016

PARADOJAS SOBRE LA FAMILIA

“La armonía familiar puede ser el reflejo de la armonía del Cielo”  (Cardenal Robert Sarah, “Dios o nada”, p 351).
“La situación en la que se haya la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo operante en el mundo; signo los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios. En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable, a la educación de los hijos; se tiene además conciencia de la necesidad de desarrollar relaciones entre familias, en orden a una ayuda recíproca espiritual y material, al conocimiento de la misión eclesial propia de la familia, a su responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa. Por otra parte, no faltan signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional”  (San Juan Paulo II, “Familiaris Consortio”)

COMENTARIO

Hoy se habla mucho del hombre y su relación con el mundo y su entorno familiar. Sin embargo, en los últimos tiempos, la familia ha sufrido los ataques más agresivos de la historia orquestados por los mismos hombres que se sienten liberales y con derechos de autonomía absoluta. En aras de una aparente libertad se han roto muchos hogares y el hombre se ha quedado esclavizado por un voluntarismo que busca crear “verdades” con lo que está mal hecho y hasta corrompido. Quiere imponer una “libertad” independiente de los valores morales y por supuesto no lo consigue. Se mete en un laberinto donde a la larga se queda solo y degradado.  (P. Manuel Tamayo)