domingo, 24 de febrero de 2019


LA GRATITUD EN EL COLEGIO

“Los padres deben plantearse a qué colegio llevan a sus hijos, asegurarse de que comparten las mismas ideas, y luego ir trabajando en paralelo, acompañando a sus hijos en el aprendizaje pero con cierto respeto al proceso que siguen en la escuela para educar en la misma dirección y no dar al niño mensajes diferentes" (Domenech).

“Amo mi colegio porque es mi segundo hogar” (Liceo Casablanca).

Los padres deberán participar en la escuela, en las actividades, mantener un contacto positivo con los profesionales del centro, hablar bien de ellos delante del niño, hacer un seguimiento de sus actividades y de las notas, hablar mensualmente con los profesores, etc…Tanto los padres, como los maestros y el centro educativo deben estar en una comunicación constante y fluida para el bien de los niños y para su desarrollo académico adecuado” (José Roldan). 

“Como maestros y padres, tenemos que poner el Amor en el centro de nuestras vidas y también en el ámbito educativo, es decir, en las aulas. Por tanto, es requisito indispensable que un maestro ame lo que hace y que sea ese amor, cariño y ternura lo que envuelva a todo lo demás” (Francisco López Aguilera).
 “No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta que son amados”(San Juan Bosco).
“Los padres y los profesores deben llegar a ser amigos de sus propios hijos y de sus propios alumnos, abatiendo toda barrera y eliminando toda forma de distanciamiento”, (San Josemaría Escrivá). 


COMENTARIO
Forman un buen colegio las personas que se expresan con gratitud en sus propias relaciones humanas cuando educan y cuando son educadas: los padres que agradecen a los profesores y al ambiente del colegio donde estudian sus hijos, los hijos que agradecen a sus padres y al colegio; ellos desde muy niños, consideran, con santo orgullo, que el colegio es suyo, “¡es mi colegio!” lo dicen felices.
También los profesores están agradecidos porque los padres les confían a sus hijos y el colegio les facilita los medios para que puedan cumplir con su papel de educadores.


Ambiente alegre
El buen humor y la alegría, que forma parte de la gratitud, reflejan el ambiente de un buen colegio donde todos están unidos con un objetivo común: la grata tarea de educar.

Toda educación exige disciplina y ésta es acordada entre los padres y maestros para poder formar,sin contratiempos ni demoras,y con orden,a los educandos.

Esta sinergia de padres profesores y alumnos se teje con la gratitud. Sentirse agradecidos es sinónimo de sentirse elegidos. ¡Qué buenos padres!, ¡Qué buenos profesores!, ¡qué buenos alumnos!, ¡Qué buen colegio!


El afecto y la estima entre todos
¿Esto es posible?, ¡por supuesto!. Es una obra de las personas agradecidas que saben reconocer lo bueno que tienen los demás. Implica muchas renuncias, saber ceder, una gran capacidad de comprensión, perdonar y entender que los seres humanos,si queremos educar bien, tenemos que estar unidos. 

La unidad no se debe quedar en los discursos, tampoco en “arreglos” o diplomacias, mucho menos en conductas falsas donde reina habitualmente la hipocresía.

Es imprescindible el afecto y la estima entre las personas que tienen la tarea de educar. El alumno debe percibir la unidad en su casa y en el colegio, también entre su casa y el colegio. Allí está la garantía para una educación exitosa.


Cuando las personas no funcionan bien
La ausencia de todo esto, (que es quizá lo que más se ve),no le quita ni un ápice de valor al planteamiento correcto. En educación no se puede bajar la valla y admitir la mediocridad, si esto ocurre se podría aplicar perfectamente el refrán que dice: “mal de muchos, consuelo de tontos”

Las situaciones difíciles que claman al cielo no deben eliminar las metas altas a las que se debe llegar con el buen funcionamiento de las familias, el colegio y los alumnos.

Al contrario, el funcionamiento correcto de los que están unidos ayuda, de una manera eficiente, a los que se encuentran en una situación difícil y complicada.

Los problemas y las situaciones duras no deberían generar envidias y resentimientos. Tampoco se puede cerrar los ojos a la realidad, hay que saber afrontar cada situación y colaborar todos con la solución adecuada, sin perjudicar a los demás.

La inclusión de un niño o de una familia con problemas no funciona de un modo automático. Existen siempre razones de conveniencia para encontrar la solución que parezca más oportuna para todos. No se pueden establecer reglas fijas. A cada niño hay que situarlo bien, en el lugar que le corresponde. La educación debe tener soluciones para todos los casos. Cada niño se educa y se forma de un modo distinto. Esto lo deben saber bien sus padres y educadores. (P. Manuel Tamayo)

lunes, 18 de febrero de 2019


LA AMISTAD CON LOS HIJOS

“Entre padres e hijos puede haber una verdadera amistad – una amistad que, siendo real, no es evidentemente igual a la que tienen con los compañeros en la escuela…  Dedicar a los hijos tiempo de calidad, lleno de un real interés por sus cosas: proyectos, sueños, éxitos y fracasos¡Pocas cosas unen tanto a los padres y a los hijos como jugar juntos! En este clima de juego se genera un ambiente de amistad en el que surge espontáneamente una profunda confianza. Y los hijos captan por osmosis una verdad fundamental de su vida: “Papá y mamá son los que más me quieren.(Aleteia)

“No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable” (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa).


COMENTARIO

El papá amigo debe ser bueno y no el “amigote” del hijo. No se trata de una amistad de complicidad, sino de auténtico cariño paternal.

El cariño paternal es la conjugación del ejercicio de la libertad con la oportunidad de dar el consejo oportuno para que el hijo sea lo que debe ser. El padre que quiere al hijo respeta los modos de ser del hijo y orienta las decisiones que va tomando a lo largo de su vida, todo lo hará con mucho cariño. Un buen padre no es meloso, destaca más bien por la inteligencia que el hijo lo admira.


La amistad de la mamá
La mamá amiga, en algunas familias, suele ser la intermediaria o la intercesora, usada por los hijos para conseguir los permisos o autorizaciones del papá, sin embargo la auténtica amistad de la mamá es un derroche de fortaleza, ella es la que lleva el peso, tiene paciencia y se da por entero, con un amor incondicional a sus hijos.

La entrega de la buena madre no es una suerte de facilismo para el hijo. El hijo no debe encontrar en la mamá una servidora para sus propios caprichos. El hijo encuentra en la buena mamá, la comprensión, el consuelo y la exigencia, todo eso a través de un derroche de amor sincero y sencillo que no busca paga y da sin escatimar.


El amor entre el papá y la mamá es la mejor entrega para los hijos
El amor de los padres a los hijos no consiste darles todo y que no les falte nada, esto sería más bien un error, que a la larga trae serias dificultades para la formación de las virtudes.

Darse a los hijos implica amarse los papás entre ellos, con la indispensable ayuda del amor a Dios. No hay nada que ordene tanto la vida de una persona como el amor a Dios. La relación humana más importante para la familia, (la de los esposos), la enriquecen con el amor que cada uno le tiene a Dios.

Cuando los hijos ven que sus padres rezan de verdad, con una profunda piedad, y sin decir nada, los chicos aprenden y quisieran ser como sus padres. Disfrutan y sienten seguridad cuando perciben que sus padres aman a Dios y se quieren mucho entre ellos.


El tiempo dedicado a los hijos
Toda amistad se cultiva. En la relación padre hijo le toca a los padres poner los medios para que se de esa amistad. Los hijos deben tener prioridad, son antes que los negocios y que el trabajo.

Al hijo le encanta que sus padres le hagan caso y que se interesen por sus juegos y aventuras. Los padres deben jugar con los hijos y no pensar que ellos ya no tienen que estar en esos ambientes infantiles. La amistad nace de esa relación constante de los padres en el mundo de los niños.


Confianza en los hijos
Más tarde cuando el chico llega a la pubertad debe encontrar que sus padres confían plenamente en él.

Lamentablemente hoy muchos padres no se fían de sus hijos y están continuamente advirtiéndoles de los peligros y reclamándoles una buena conducta.

Los padres que se quejan continuamente de los hijos, siembran en ellos, sin querer, una insatisfacción que los alejará, porque no quieren oír los “sermones”, están cansados y aburridos.

En esas situaciones de tira y afloja, se generan distancias que son difíciles de recuperar, luego se acostumbran a estar a distancia, o a no conversar con sus padres y solo lo hacen para dar cuenta de algunas cosas necesarias para subsistir: dinero, calificaciones, posibles trabajos, etc.

Estar cercanos y ser amigos de los hijos no es estar sobre los hijos imponiendo criterios o recordando reglas. Es más bien tener una gran capacidad de comprensión para no hacer escándalo por las barrabasadas que puedan cometer ellos en momentos inesperados.

Frente a una dificultad los padres no deben reaccionar de un modo primario, con ira y nerviosismo, deben tener paciencia y esperar para aconsejar en el momento oportuno, sin dejar que prenda una discusión inútil, que podría dejar en ellos heridas difíciles de curar.

La amistad con los hijos está al alcance de todos los padres (P. Manuel Tamayo)

martes, 12 de febrero de 2019


ES DE BIEN NACIDOS SER AGRADECIDOS
Pedagogía de la gratitud 

“La gratitud es una virtud que muestra nuestro agradecimiento sincero a la persona buena que nos aprecia y es benevolente con nosotros. Esta virtud viene acompañada de otros sentimientos como, fidelidad, amistad, lealtad, correspondiendo con amor al amor recibido” (Wikipedia).
“Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús”. (Tesalonicenses 5:16-18).
“No todo el mundo puede experimentar gratitud. Es una virtud reservada para los espíritus más elevados y para las inteligencias mejor desarrolladas. A diferencia de otros sentimientos, el de la gratitud no aparece como un impulso simplemente. La gratitud exige que haya un sistema de valores éticos, en donde estén resueltos los conceptos de dar y recibir, además de una renuncia a la visión egocéntrica de la vida” (La mente es maravillosa).

“Las personas que no son capaces de experimentar gratitud tienen un elevado narcisismo, muchos de ellos se atribuyen por completo los beneficios que obtienen y omiten por completo lo que los demás aportaron para poder lograrlos.  La ingratitud es propia de personas que han sido criadas con exceso de gratificaciones. No se les enseña a valorar lo que otros les dan. Sus padres le inculcan la idea de que lo merece todo, por ser quien es. Quien ha pasado por dificultades y las ha resuelto, sabe el inmenso valor que tiene la ayuda de otros. Nada como sentirse impedido para algo, o atrapado, o vencido, para entender que la mano que otro tiende es un verdadero regalo del cielo (La mente maravillosa).

“Las personas que sienten gratitud a menudo y que valoran las cosas son más felices, están menos estresadas y menos deprimidas. La gratitud viene a ser como darle la vuelta a la tendencia a quejarse y a pensar en lo que no tenemos. Cuando estamos agradecidos, también no sentimos felices, tranquilos, alegres, amables y cariñosos. Cuando sentimos gratitud por la amabilidad que ha tenido una persona con nosotros, es más probable que seamos amables con los demás. La gratitud nos ayuda a construir relaciones mejores. Cuando sentimos y expresamos una gratitud y un reconocimiento sinceros a la gente que no rodea, esto crea vínculos afectivos, construye la confianza y ayuda a que nos sintamos más cerca de los demás. Cuando nos habituamos a sentirnos agradecidos, aumenta nuestra conciencia sobre las cosas buenas cuando ocurren” (Teens Health).


COMENTARIO

El primer agradecimiento, que sale sinceramente del fondo del corazón de una persona buena, es para Dios por su admirable providencia y por el amor tan grande que nos tiene a cada uno.

Cuando los niños ven a sus padres agradecer continuamente a Dios, ellos aprenden y valoran la realidad de esas expresiones sinceras y emotivas. El que agradece de verdad está emocionado, no se cree merecedor de todo lo que recibe, le parece increíble y quisiera corresponder con amor al amor recibido.


El ejemplo de una acción de gracias constante
La gratitud se educa bien cuando en una casa la familia entera se muestra agradecida por todo lo que han recibido de sus antepasados y de tantas personas buenas que vivieron amando, de verdad, a los suyos, también cuando se puede apreciar el cuidado y el cariño de vidas ejemplares que se pueden emular.

El agradecimiento a los antepasados por las obras que dejaron y por el aprecio manifestado hacia los suyos, es una gran lección para que los niños aprendan a ser agradecidos.

Es así como se aprende a venerar a los santos.  Conocer esas vidas ejemplares que conmueven porque dejaron una rica herencia de amor a Dios y a los demás, es una magnífica motivación para el agradecimiento.

Hace unos años existían historietas de vidas ilustres y vidas ejemplares para que los niños las conozcan bien y tengan un modelo de conducta adecuado para ellos.

Es realmente devoto de un santo el que admira la vida ejemplar del santo y quisiera ser como él. También motiva el agradecimiento las acciones heroicas o las buenas obras que se hicieron por amor a la patria o al mundo.


Las familias unidas que se quieren mucho motivan la acción de gracias
El amor entre los miembros de una familia, y la fidelidad de cada uno, es un magnífico tesoro de valor incalculable que conmueve al ser humano y lo llena de agradecimiento.

Cuando se trata de la propia familia se tiene la alegría y el santo “orgullo” de pertenecer a ella y se desea que los que vienen después continúen la tradición de unidad y cariño, que es propia del ambiente de una casa donde todos se quieren. Cada miembro se da cuenta de lo importante que es cuidar su familia, para que en el hogar exista siempre el ambiente acogedor que todo ser humano necesita tener para ser feliz.

La unión y el cariño familiar de otras familias, también motivan el agradecimiento de cualquier persona noble y honesta.
Muchos se ponen contentos por haber tenido la oportunidad de conocer un ambiente familiar donde reina la unidad, la paz y la comprensión entre los miembros de una familia. Es algo que conmueve entrañablemente y se agradece en el fondo del alma.

El cuadro de una familia unida donde todos se quieren, es el más bello dentro de una sociedad, como lo fue el de la Sagrada Familia de Jesús María y José en Belén y en Nazareth. (P. Manuel Tamayo)  


martes, 5 de febrero de 2019


CUANDO EL HIJO NO CORRESPONDE AL AMOR
La ingratitud juvenil


“A veces los hijos son muy desagradecidos con sus padres, incluso en su etapa de adultos cuando debieran tener mayor capacidad de apreciar lo que sus padres supusieron para ellos. Bien es cierto que hay padres que no han sido ejemplares, pero incluso los mejores padres, los que más han sacrificado por sus hijos, los que más han luchado por darles oportunidades que ellos mismos no tuvieron… también pueden tener hijos muy ingratos” (El Porvenir. Mx.)
“Resulta muy duro descubrir que tus hijos te dejaron de lado, pasa todo su tiempo con sus nuevas amistades y ni un fin de semana al mes pueda dedicarte. La ingratitud supone mucho dolor para cualquier persona, y, sobre todo si viene de un hijo” (El Porvenir. Mx). 

“Los hijos han de respetar y honrar a sus padres, procurar darles alegrías, rezar por ellos y corresponder lealmente a su sacrificio: para un buen cristiano estos deberes son un dulcísimo precepto” (San Josemaría Escrivá).

“Si te has alejado de tus padres, haz un esfuerzo y vuelve a ellos. Tal vez sean viejos… Ellos te han dado la vida. Y luego, el hábito de decir cosas malas. Por favor: ¡Nunca insultes a los padres! ¡Nunca! Haced esta decisión interna: ‘Desde hoy, jamás insultaré al padre o a la madre de nadie’. Te han dado la vida, nunca insultes a tus padres” (Papa Francisco).


COMENTARIO

La ingratitud de un hijo duele mucho, sobre todo cuando se ha puesto cariño y esfuerzo tratando de darle lo mejor.

La ingratitud de un alumno, de un amigo o de cualquiera que recibió buenos consejos y ayudas para salir adelante en la vida, duele también en el alma, y no se llega a entender a qué se debe.


Posibles causas de la ingratitud
La principal es el amor propio del chico que solo le interesa su propio beneficio y su satisfacción. Y cuando esa persona (papá, mamá, familiar, o amigo) le alcanza lo que quiere, se queda con aquello y se olvida completamente de agradecer, y no sabe reconocer el sacrificio y el esfuerzo que han puesto las personas que lo quieren. 

La ingratitud, creciente en los tiempos actuales, puede tener su origen en los desórdenes que existen en las mismas familias y que afectan al ambiente sano y edificante que deben tener los hogares (exceso de materialismo, afán de tener, ausentismo de los padres, hogares disfuncionales, rivalidades entre hermanos, celos).

También procede del desorden social de la calle y de los ambientes de reuniones juveniles que influyen negativamente en los chicos (afanes egoístas, utilitarismo, chismosería, grupos violentos, exceso de frivolidad, chabacanería, pérdidas de tiempo). 
  
Cuando en un hogar, por las razones que sean, falta el padre o la madre, es fácil que los hijos sufran algún trastorno en su conducta, también ocurre cuando los padres están peleados y en la casa existe un ambiente de agresividad habitual.


Cuando los padres no están presentes
La ausencia de los padres puede ser total o parcial. En algunos hogares los padres no tienen tiempo para estar con los hijos porque el trabajo no lo permite. En otros casos los padres, aunque estén en la casa, están aislados, en su propio ambiente, y el hijo tiene una relación distante, que muchas veces se limita a dar cuenta del cumplimiento de unas obligaciones.

Cuando los padres están peleados suele crecer en ellos un “amor” posesivo para con los hijos. En esas situaciones se extralimitan en los afectos y engreimientos, cada uno jalando para su lado, con conductas exageradas y hasta dramáticas (se victimizan delante de los hijos para que ellos los apoyen). Esta conducta desordenada crea en los chicos unas heridas, mezcla de engreimiento y resentimiento. Terminan pensando que ellos merecen más de lo que se les da, sin valorar todo lo que se hace por ellos.

Las ingratitudes son consecuencia resentimientos acumulados y una actitud de egoísmo ciego. Ellos se consideran buenos y piensan que los demás tienen la culpa, porque se portaron mal en alguna ocasión. Los defectos de sus padres o maestros los agigantan sin reconocer el cariño auténtico que les tienen. Se olvidan y terminan no reconociendo todo lo bueno que hicieron con ellos y con mucho espíritu de sacrificio.

La ingratitud es una herida del amor propio que debe ser curada, cuanto antes, para que esa persona pueda amar correctamente con la virtud de la Caridad. (P. Manuel Tamayo)
Continuará en el siguiente artículo