martes, 30 de octubre de 2018


LA INCOMPRENSIÓN EN LA VIDA DE LOS SANTOS
En el día de Todos los Santos


“Se escapaban las almas como se escapan las anguilas en el agua. Además, había la incomprensión más brutal: porque lo que hoy ya es doctrina corriente en el mundo, entonces no lo era. Y si alguno afirma lo contrario, desconoce la verdad” (Palabras de San Josemaría en: PETER BERGLAR, Opus Dei..., Rialp, 2ª ed., Madrid 1987, cita 59, p. 88)

“La Madre Teresa ha sido objeto de durísimas críticas. La canonización propició hirientes burlas y un desdén hacia su persona y su fe, pero éstos no son nuevos. Parece ser que existen dos fuentes principales citadas por la mayoría de detractores. La primera es un documental que produjo la BBC en 1994, titulado Ángel del Infierno, por el “devotamente ateo” Christopher Hitchens, como lo califica Adam Taylor del Washington Post (1 de septiembre, artículo “Why Mother Theresa is still no saint to many of her critics”). La segunda fuente es el libro Madre Teresa, El veredicto final (2002), por el doctor de Calcuta, Aroup Chatterjee. Hitchens y Chatterjee fueron los dos testigos hostiles, es decir, los abogados del diablo, en el proceso para la beatificación de la Madre Teresa promovido por la iglesia”. (Wikipedia).



COMENTARIO

Si se escribiera la historia de los incomprendidos los santos ganarían los primeros puestos. Es una realidad que se repite en todo el mundo y en todas las épocas y que tuvo a Jesucristo como el mayor incomprendido de la historia, fue condenado a muerte en un juicio humano con la presencia “democrática” del populismo y las leyes de la justicia vigente.

Los apóstoles tampoco fueron comprendidos en su época, la mayoría murió en el martirio. San Pablo fue encarcelado y maltratado por las autoridades, los primeros cristianos perseguidos y a lo largo de la historia las persecuciones se han ido repitiendo, unas más cruentas que otras.

Lo paradójico del tema es que las incomprensiones más dolorosas para los mismos santos eran las que provenían de gente “buena” con un prestigio de corrección y honradez, de buenas costumbres y cumplidores de la ley.  San Josemaría decía que era “la persecución de los buenos” En tiempo de Jesucristo la persecución más fuerte la organizaron los sacerdotes y doctores de la ley, personas de criterio que señalaban lo correcto y acertado.

Algunos santos de la historia fueron incomprendidos por su propia familia como sucedió con Santo Tomás de Aquino o Santa Rosa de Lima, otros por las autoridades civiles vigentes como Santo Tomás Moro, Santa Benedicta de la Cruz, San Romero, otros por las autoridades eclesiásticas o sus propios superiores como Santo Toribio de Mogrovejo, San Pío de Pietrelchina, San Juan Bosco, otros por sus propios hermanos o compañeros de religión como Santa Teresita del Niño Jesús, Santa Teresa de Calcuta, etc.


Sobre el muerto las coronas

A muchos santos se les ha reconocido después de muertos, sus escritos y sus obras han servido para las siguientes generaciones.

La gran mayoría no fueron reconocidos cuando estaban vivos, no se les tenía en cuenta, tal vez no ocuparon cargos porque no los consideraban idóneos, muchos fueron rechazados, recibieron burlas, insultos, fueron menospreciados, pero a pesar de todos esos inconvenientes y contratiempos salieron adelante por su propio esfuerzo.

En la historia de cada uno se ve que en ningún momento tuvieron complejo de inferioridad ni entraron en estados depresivos porque su vida interior era fuerte. Ellos vivían al día luchando para hacer lo que Dios les pedía, aunque ante los ojos de muchos podría parecer una locura, algo fuera de lo normal.

San Josemaría Escrivá decía que los santos son incómodos. 

Se siente incómodo el que no llega a entender la vida y las obras de los santos y se queda con una visión sesgada y pobre. A lo largo de la historia, y en el presente, siempre ha resultado penosa la actitud de los que, por no entender a los santos, se ponen a distancia o lo esquivan; algunas veces se trata de la autoridad o superior que quiere encorsetar a un santo, ponerle parámetros y al no conseguirlo ya no quiere contar con él, incluso procura desautorizarlo alejando a las personas que se acercan a él. Esa incomodidad suele encerrar una buena dosis de envidia, no le gusta que el santo tenga éxito, al menos en los ámbitos que él considera oficiales.

Y como suele suceder, al final las cosas caen por su propio peso y el mundo se ve en la obligación de reconocer las virtudes y los dones de esas personas que supieron identificarse con Cristo y que fueron tan distintos unos de otros con sus “locuras” y atrevimientos.

Todos los años la Iglesia celebra la fiesta de Todos los santos para que todos los cristianos reconozcamos esas vidas ejemplares que merecen nuestra veneración y que vale la pena propagar y difundir. (P. Manuel Tamayo)

jueves, 25 de octubre de 2018


LAS REFORMAS DEL RESENTIMIENTO Y LA VENGANZA

“El resentimiento es un sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufrido y que se manifiesta en palabras o actos hostiles” (Diccionario).

La venganza es una reprimenda que se ejerce sobre una persona o un grupo de ellas, por una acción que es percibida como mala o dañina. El sujeto que se siente afectado decide vengarse y concreta una especie de reparación por el daño. La venganza supone una compensación por el agravio recibido” (Diccionario).

“Muchas veces se entiende como venganza (en un distorsionado sentido) como sinónimo de justicia(Diccionario).

“En cuanto a la venganza, el cristiano va más allá de la lógica de devolver el mal recibido…se sitúa en la lógica del amor que lleva a amar a los enemigos…La justicia realmente entendida constituye por así decirlo la finalidad del perdón” (San Juan Pablo II)

“Cuando en un ambiente social no se perdona, el agredido libera su ira y mitiga su dolor mediante la devolución del daño recibido. Y la experiencia dice que estas dinámicas originan una espiral interminable de agresiones y de violencia. Frente a la libertad que supone el hecho de perdonar, como acto humano, en la venganza lo normal es dejarse llevar por las pasiones con poco o nulo uso de la libertad. Es una conducta más cercana al reino animal que al racional. (Javier Schlatter, Heridas del corazón, p. 35).


COMENTARIO

En muchos ámbitos del mundo actual estamos viendo que las reformas que se están dando han tenido su punto de partida en hondos resentimientos humanos de los mismos reformadores.

Los resentimientos pueden tener su origen en la propia historia del reformador que por algún suceso del pasado ha quedado herido y ha esperado el momento de tener poder para vengarse. 

Puede ser que algunas reformas sean aceptables y ayuden a que las cosas cambien, sin embargo los sentimientos de venganza son también semillas de odio contra personas o instituciones.

Si pasa el tiempo y el odio no persiste se vería que los juicios y las decisiones que se tomaron fueron demasiado exageradas y que no era lo que se necesitaba para que las cosas vayan mejor. Otras veces el odio continúa y entonces se genera una confusión general con muchas escaramuzas hasta en que llega la guerra total.

Si hay algo de veneno en el reformador, aunque sea en una pequeña dosis, eso termina dañando a la corta o a la larga, a todas las personas implicadas, incluso al mismo reformador.

Los resentimientos pueden aparecer por asuntos reales (una injusticia por ejemplo) o por una falsa, y egoísta, percepción de la realidad, que origina envidias: “no me tienen en cuenta” “no saben lo que valgo” “no me quieren escuchar” “se han olvidado de mi”, etc.

 Darle vueltas a razonadas egoístas aumenta las iras y los resentimientos que podrían permanecer durante años en la interioridad de los reformadores. Son heridas que no han sido curadas y que causarán pequeñas o grandes injusticias.

La persona herida puede estar esperando la oportunidad de estar “arriba” o de tener poder para vengarse, “conforme a ley”, dibujando una imagen de corrección y honradez. Para poder hacerlo ha tenido que exagerar los males que motivarían la reforma, callando u ocultando todo lo que pudo ser positivo.

Al pueblo también se le puede motivar para que se sienta herido y proteste. Las campañas mediáticas en todo el mundo, disfrazando motivaciones sanas, han utilizado a la “opinión pública”, cuantas veces se han enseñado estadísticas, manipuladas y mentirosas, (algunas veces compradas), para que todo el mundo piense como ellos.

Podría haber en una sociedad entera un sentimiento colectivo de resentimiento motivada por reformadores resentidos que buscan el apoyo del pueblo para curar sus heridas y sentirse los adalides de una reforma que la historia va a reconocer.

Estos resentimientos colectivos motivados por campañas negativas, fomentan también el odio que da lugar a decisiones radicales para que nunca salga bien parado, y nunca se perdone, a quien es cuestionado por las “mayorías” por un error o un delito que cometió.

Las campañas negativas de odio están a la orden del día, son las que generan divisiones y peleas donde predomina el insulto y la desaprobación. Cuando se les ve parece el conflicto de unas bandas de delincuentes. ¿serán tan malos los que quieren ser los mejores para que todo mejore? ¿o se trata de un conjunto de malos que quieren aprovecharse de la sensibilidad del pueblo para sus beneficios egoístas? Las encuestas o los medios de comunicación ¿están manejados por gente buena y honesta?

El pandemonio organizado por los contubernios contemporáneos que se han multiplicado, animaliza las relaciones humanas, solo falta que a cada uno le den una pistola y empiecen nuevamente los duelos. Parece que va a llegar la hora de promulgar la ley del revolver y llegue el Sheriff bueno que lo arregla todo matando a los malos, como dice un viejo refrán: “muerto el perro se acabó la rabia”

Desde luego que a esa situación no debemos llegar, el camino nunca será la violencia. Habría que extender en el Perú y en el mundo la filosofía del perdón. Es lo que vino a traer Jesucristo con la ley del amor. Qué esperamos. Volvamos otra vez a la vida cristiana, que es lo que está faltando. Nos hemos olvidado de Dios y queremos resolver los problemas. San Juan Pablo II cuando vino al Perú nos dijo claramente: “un humanismo sin Dios va contra el hombre” y eso es lo que estamos viendo. (P. Manuel Tamayo)

jueves, 18 de octubre de 2018


FALSA RELIGIOSIDAD

“El fariseísmo es una actitud y cualidad de la persona que es hipócrita y finge una moral, unos sentimientos o unas creencias religiosas que no tiene”, (diccionario).

“El clericalismo es la doctrina que instrumenta una religión para obtener un fin político”, (diccionario).

“El eclecticismo es una postura que procura conciliar las doctrinas que parecen mejores o más verosímiles, aunque procedan de diversos sistemas” (diccionario).

“Los gnósticos aseguran que la materia es inherentemente mala y el espíritu es bueno. Como resultado de esta presuposición, los gnósticos creen que nada hecho en el cuerpo, aun los más grandes pecados, tienen importancia alguna, porque la vida real existe solamente en la realidad del espíritu. Los gnósticos afirman poseer un elevado conocimiento, una “verdad más elevada” dada a conocer solamente a unos pocos. El gnosticismo viene de la palabra griega gnosis que significa “conocer,” porque los gnósticos sostienen poseer un conocimiento más elevado, adquirido no en la Biblia, sino en algún plano místico superior de la existencia. Los gnósticos se ven a sí mismos como una clase privilegiada, elevada sobre todas las demás por su alto y más profundo conocimiento de Dios” (diccionario). 

“Los iluministas consideraban que, a través de la oración y de la entrega a Dios, alcanzaban un estado de perfección que les permitía permanecer libres de pecado. Se sentían alumbrados por Dios” (diccionario).

“El pelagianismo dice que no se necesitaba una gracia especial para recibir la salvación eterna; sencillamente porque Dios nos ha dotado a todos con suficientes facultades para que nosotros mismos y por nuestro esfuerzo lográramos ganar el cielo... El semipelagianismo dice que sí que necesitamos la primera gracia, pero que después hacerla fructificar ya era cosa nuestra, algo que teníamos que conseguir con nuestros actos, con nuestros esfuerzos, con nuestros méritos”. (Juan Luis Vásquez Díaz – Mayordomo).

“El Deísmo es una doctrina que admite la existencia de Dios como creador del mundo, pero no acepta la revelación, la providencia divina y los cultos que se deben ofrecer a Dios” (Diccionario)
“El sincretismo es un intento de conciliar doctrinas distintas. Comúnmente se entiende que estas uniones no guardan una coherencia sustancial” (diccionario).

“El Agnosticismo es una doctrina filosófica que considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de absoluto y, especialmente, la naturaleza y existencia de Dios y, en general, de todo lo que no puede ser experimentado o demostrado por la ciencia” (diccionario).


COMENTARIO

El alejamiento de la verdad, que es una consecuencia del relativismo, debilita y confunde a los creyentes llenándolos de inseguridad con el peligro de un distanciamiento de la Iglesia.

Es lo que está ocurriendo y lo estamos viendo en muchos países del mundo. Cuando no se tiene la doctrina clara aparecen nuevamente los errores del pasado en la mentalidad y en la conducta de las personas. Muchos no lo advierten y piensan que las posturas que toman son un progreso en su modo de concebir la religión y la vida.

Se sienten dueños de un sentimiento personal con respecto a lo divino, que los ha convertido, sin que se den cuenta, en voluntaristas tercos y duros, con modos y maneras originales para vivir la religión. Todo por haber mezclado ideologías con creencias fijas particulares.


Los signos del mal tiempo

No todos han sido afectados del mismo modo, sin embargo existen, dentro de una enorme variedad, algunos rasgos comunes que vale la pena señalar.

El fariseísmo aparece y crece por la egolatría. Hay un afán grande de cuidar la imagen y presentar las cosas bien maquilladas para que parezcan más de lo que son, además como con el relativismo no se sabe lo que es bueno y lo que es malo, los compromisos se rompen con facilidad y aparecen formas de vivir sin mayores exigencias de fidelidad. Muchos hogares parecen el arca de Noé con el diluvio dentro.

Con bastante frecuencia se presentan en los distintos ambientes sociales personas que hablan y pontifican como si lo supieran todo. Gente que presume de su propia fuerza (pelagianismo) y no acuden a los sacramentos, piensan que no hace falta, que ellos están bien así. Otros, que padecen de la misma presunción, se creen iluminados, piensan que Dios les ha dado unas facultades especiales y se sienten superiores a los demás, creen que saben más que el resto y se colocan en un nivel superior (gnosticismo), considerándose buenos y virtuosos por voluntad divina (iluministas). Se cuentan muchos cuentos y se vive del cuento.

Hoy es fácil caer en el agnosticismo que es la duda de lo trascendente y el falso respeto de la falta de fe, con una postura “educada” propia también del relativismo (meliflua), una pérdida de la voluntad para afirmar con certeza lo que es verdad.

Hay quienes cogen de las verdades de fe algunas ideas, como si te tratara de un self service donde se puede elegir lo que a uno le gusta. Algunos intelectuales, que rastrean en la historia o en la filosofía, se vuelven eclécticos como si las verdades pudieran pasar por el tamiz de la democracia para que todas parezcan iguales.  Estas posturas generan la Indulgencia, todos son buenos, no hay que censurar a nadie y exigencias de tolerancia, disfrazadas de respeto para la buena imagen pero que son realmente permisividad, indiferencia, “a mí qué me importa”, una desatención que es más bien falta de responsabilidad por no “coger al toro por las astas”.

Hoy encontramos sociedades envejecidas, anémicas, sin ideales nobles, algunas son como los programas de televisión desabridos, zafios, burlones, desafiantes, con gente que sobrevive para comer, divertirse y muy poco más.

En los ambientes donde está presente la religión ha crecido el sincretismo con originalidades que llaman la atención (nuevas sectas, credulidad, supersticiones, cultos extravagantes, chamanes, espiritismo, maleficios, etc.). Son falsedades que empobrecen y debilitan a las personas.


Volver a la verdad

Para ir a la verdad, que nos hará libres, es necesario combatir el relativismo con el esfuerzo y la conciencia bien formada de cada persona. Para eso Cristo ha fundado la Iglesia. Es de Dios y allí está la solución. (P. Manuel Tamayo)



ENSEÑAR A QUERER (III)

Tus actos siempre hablan más alto y más claro que tus palabras.”  (Stephen Covey)

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. (Albert Einstein)

“La gente tiende a ser receptiva cuando encuentra a alguien que es consecuente. Es decir, cuando se percibe que alguien mantiene la coherencia entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Todos necesitamos hechos, más que palabras. Acciones, más que simple retórica” (Mente maravillosa).

“De igual modo, cuando una persona dice mentiras pero reclama honestidad de las demás, posiblemente está en la dirección equivocada. Porque no conviene pedir aquello, que nunca serás capaz de dar” (mente maravillosa).

Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? —¿No? —Entonces no quieres” (San Josemaría, Camino n. 316).


COMENTARIO

Debe quedar muy claro que el mandar hacer no forma a la persona. Es necesario que quiera y el formador debe darse cuenta si quiere o no.

Es errado pensar que la persona está formándose bien porque viene y asiste a un medio de formación, porque ha recibido un número de clases o porque escucha unas pláticas. El dato más importante para saber si realmente se está formando procede del interés que pone porque de verdad quiere, se nota si tiene deseos o al menos “deseos de tener deseos” (San Josemaría Escrivá).

La formación en toda persona es un proceso lento. Debe descubrir el bien para que sus actos sean ordenados. En estos tiempos de relativismo aparecen mil motivaciones de muy escaso valor que son engañosas y dificultan ver el bien. Se debe tener mucha paciencia y comprensión. Exigir unas metas puede ser contraproducente.


El poder de la amistad

Lo único que mantiene al educando en un campo donde se le pueda transmitir el bien de un modo eficaz y rápido es haber conseguido con él una auténtica amistad personal.

Si realmente es amigo no se va, le interesa lo que le dice su amigo y se dejará cuidar para que los vientos no lo tumben y las bagatelas no lo cautiven.

Buscar espacios para que acudan y puedan conocer la verdad no resulta eficaz en estos tiempos. El que es amigo puede iniciar, en cualquier lugar, un proceso de formación que irá avanzando poco a poco al ritmo de las circunstancias, sin establecer horarios o sistemas de compromiso.

Basta la amistad para llamarse a cualquier hora y seguir conversando en los tiempos que se generan por propio acuerdo y no por reglas establecidas.

De la propia vida interior, cuando se tiene, surge un impulso, que es “como un río que se sale de madre” (Don Álvaro del Portillo), donde se abren horizontes insospechados con iniciativas novedosas que valen la pena y metas a largo plazo que son atrayentes para ellos.

Es una relación de amistad dinámica y entusiasmante que está llena de visión sobrenatural, para muchos es una auténtica locura que ha calado hondo en las ambiciones de los que tratamos.


Solo se trata de ser mejores  (para querer de verdad)

Como lo afirmábamos en el primer párrafo no se trata de hacer cosas sino de ser mejores, que significa ser cada vez más buenos, tener buen corazón. El que ama, goza en la realización del bien, aunque el camino que tenga que recorrer sea arduo y difícil.

La facilidad para hacer las cosas es consecuencia de la libertad y del amor. Es acertar, dar en el blanco y gozar con lo que es bueno y verdadero.

El que sabe querer no tiene miedo de querer y no esconde lo que es bueno. No tiene pudor para decir que él es bueno y no le da vergüenza aceptar y querer todo lo bueno que ve en los demás, dejando de lado las leporías absurdas, que solo son faltas de amor y por tanto de caridad. “El ridículo no existe para el que lo hace mejor” (San Josemaría Escrivá).

En los hombres puede aparecer el “prurito” de querer aparecer como malo, como si eso enalteciera la hombría. Algunos piensan que el bueno es visto como infantil, tonto, nerd, lorna. Querer divertirse con los “malos” para no ser visto tan bueno es una tonta majadería.


Que gana el bien

Si se está con el bien lo malo repugna, y como es desagradable, ya no constituye un peligro, se rechaza de plano.

Cuanto más se ama más realista se es. El realismo no es pesimismo, es el conocimiento real que impide dejarse llevar por los engaños de los mentirosos o por los errores de los “ciegos” que por diversos motivos, no alcanzan a ver las cosas como son.

Vivimos en un mundo donde abundan los “ciegos” que están presentes en todos los estamentos de la sociedad, además suelen ser personas ingenuas que dicen que todo está bien porque “hay que ser optimistas”, luego sufren las consecuencias de esas “posturas” artificiales que señalan una “realidad” que no es real y no conocen, porque no quieren abrir los ojos, lo que está pasando en el fondo.  Hoy muchos que, sin darse cuenta, ponen el barniz encima de la porquería. Esto pasa en muchos ambientes de “formación” humana.



La urgencia y necesidad de las auténticas virtudes

El que ama disfruta con las virtudes. El sobrio disfruta más de la comida que el “comelón” que no puede vivir la templanza y que termina sufriendo las consecuencias de los desarreglos que hace.

El que ama sabe querer a las personas sin apegos desordenados y sin hacer acepción de personas, entra fácilmente en un círculo virtuoso, que es el señorío de los propios actos: una gran capacidad de entrega y gran amor a la libertad. 

El que sabe amar no atosiga a los que forma, los quiere de verdad y sabe los nombres y apellidos, las fechas de cumpleaños y aniversarios de todos; tiene a sus amigos como favoritos en el teléfono y logra con ellos una comunicación constante por cualquier medio. Es así como puede enseñarles a querer. (P. Manuel Tamayo)