LA INCOMPRENSIÓN EN LA VIDA DE LOS SANTOS
En el día de Todos los
Santos
“Se escapaban las
almas como se escapan las anguilas en el agua. Además, había la incomprensión más brutal: porque lo que
hoy ya es doctrina corriente en el mundo, entonces no lo era. Y si alguno
afirma lo contrario, desconoce la verdad” (Palabras de San Josemaría en: PETER BERGLAR,
Opus Dei..., Rialp, 2ª ed., Madrid 1987, cita 59, p. 88)
“La
Madre Teresa ha sido objeto de durísimas críticas. La canonización propició
hirientes burlas y un desdén hacia su persona y su fe, pero éstos no son
nuevos. Parece ser que existen dos fuentes principales citadas por la mayoría
de detractores. La primera es un documental que produjo la BBC en 1994,
titulado Ángel del Infierno,
por el “devotamente ateo” Christopher Hitchens, como lo califica Adam Taylor
del Washington Post (1
de septiembre, artículo “Why
Mother Theresa is still no saint to many of her critics”). La segunda fuente es el libro Madre Teresa, El veredicto final (2002),
por el doctor de Calcuta, Aroup Chatterjee. Hitchens y Chatterjee fueron los
dos testigos hostiles, es decir, los abogados del diablo, en el proceso para la
beatificación de la Madre Teresa promovido por la iglesia”. (Wikipedia).
COMENTARIO
Si se escribiera la
historia de los incomprendidos los santos ganarían los primeros puestos. Es una
realidad que se repite en todo el mundo y en todas las épocas y que tuvo a Jesucristo
como el mayor incomprendido de la historia, fue condenado a muerte en un juicio
humano con la presencia “democrática” del populismo y las leyes de la justicia
vigente.
Los apóstoles
tampoco fueron comprendidos en su época, la mayoría murió en el martirio. San
Pablo fue encarcelado y maltratado por las autoridades, los primeros cristianos
perseguidos y a lo largo de la historia las persecuciones se han ido repitiendo,
unas más cruentas que otras.
Lo paradójico del
tema es que las incomprensiones más dolorosas para los mismos santos eran las
que provenían de gente “buena” con un prestigio de corrección y honradez, de
buenas costumbres y cumplidores de la ley. San Josemaría decía que era “la persecución de los buenos” En tiempo
de Jesucristo la persecución más fuerte la organizaron los sacerdotes y
doctores de la ley, personas de criterio que señalaban lo correcto y acertado.
Algunos santos de
la historia fueron incomprendidos por su propia familia como sucedió con Santo
Tomás de Aquino o Santa Rosa de Lima, otros por las autoridades civiles
vigentes como Santo Tomás Moro, Santa Benedicta de la Cruz, San Romero, otros
por las autoridades eclesiásticas o sus propios superiores como Santo Toribio
de Mogrovejo, San Pío de Pietrelchina, San Juan Bosco, otros por sus propios
hermanos o compañeros de religión como Santa Teresita del Niño Jesús, Santa
Teresa de Calcuta, etc.
Sobre el muerto las coronas
A muchos santos se
les ha reconocido después de muertos, sus escritos y sus obras han servido para
las siguientes generaciones.
La gran mayoría no
fueron reconocidos cuando estaban vivos, no se les tenía en cuenta, tal vez no
ocuparon cargos porque no los consideraban idóneos, muchos fueron rechazados,
recibieron burlas, insultos, fueron menospreciados, pero a pesar de todos esos
inconvenientes y contratiempos salieron adelante por su propio esfuerzo.
En la historia de
cada uno se ve que en ningún momento tuvieron complejo de inferioridad ni
entraron en estados depresivos porque su vida interior era fuerte. Ellos vivían
al día luchando para hacer lo que Dios les pedía, aunque ante los ojos de
muchos podría parecer una locura, algo fuera de lo normal.
San Josemaría Escrivá
decía que los santos son incómodos.
Se siente incómodo
el que no llega a entender la vida y las obras de los santos y se queda con una
visión sesgada y pobre. A lo largo de la historia, y en el presente, siempre ha resultado penosa la actitud de los
que, por no entender a los santos, se
ponen a distancia o lo esquivan; algunas veces se trata de la autoridad o
superior que quiere encorsetar a un santo, ponerle parámetros y al no
conseguirlo ya no quiere contar con él, incluso procura desautorizarlo alejando
a las personas que se acercan a él. Esa incomodidad suele encerrar una buena dosis
de envidia, no le gusta que el santo tenga éxito, al menos en los ámbitos que él
considera oficiales.
Y como suele
suceder, al final las cosas caen por su propio peso y el mundo se ve en la
obligación de reconocer las virtudes y los dones de esas personas que supieron
identificarse con Cristo y que fueron tan distintos unos de otros con sus “locuras”
y atrevimientos.
Todos los años la
Iglesia celebra la fiesta de Todos los
santos para que todos los cristianos reconozcamos esas vidas ejemplares que
merecen nuestra veneración y que vale la pena propagar y difundir. (P. Manuel Tamayo)
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