EL QUE NO SABE NADAR QUE NO SE TIRE A SALVAR
El voluntarista es vanidoso y peligroso.
“La temeridad,
del latín “temeritatis” es el sustantivo abstracto
que nace del adjetivo temerario, que proviene del adverbio latino “temere” con
el significado de lo que resulta oscuro o cegado, de allí que la temeridad
hace referencia a
un accionar irreflexivo, que conduce a exponerse a peligros que pudieron
evitarse. La temeridad no es una virtud sino un defecto, pues si bien implica
valentía, ésta es totalmente inútil, ya que en vez de lograr el objetivo puede
ponerlo en riesgo o aumentarlo” (Diccionario).
“La Insensatez es la carencia de buen
juicio o madurez en el decir o en el hacer.
Insensatez carencia de buen juicio, prudencia o madurez en el decir o en el hacer” (Diccionario).
“Desatino es falta de tino o acierto, Acción o palabras disparatadas, imprudentes” (Diccionario).
“La Vanidad
es el orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios
méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos” (Diccionario).
COMENTARIO
Estamos en una
época donde abundan los voluntaristas y cuando la situación es de emergencia
esas personas resultan peligrosas y pueden hacer mucho daño. El voluntarista
puede funcionar con muy buenas intenciones, con afán de ayudar a los demás,
pone el corazón y se olvida de usar la cabeza.
En situaciones de
emergencia, no todos pueden ayudar de la misma manera, aunque quisieran. Para
determinadas ayudas se requiere de un especialista o de personas que pueden ser
capacitadas. Para las grandes mayorías la ayuda es quedarse en casa y no salir.
Personas preparadas
Cuando se trata de
la salud es bueno saber que existen personas especializadas y entrenadas para
llevar los casos difíciles, que cualquiera no puede llevarlos.
El cariño es
importante pero algunas veces, como en
estos momentos, consiste en alejarse y no en acercarse. Si cualquiera de
nosotros se infectara del coronavirus le diría a su ser querido; “aléjate de mi…” y procurará apartarse para no contagiarlo.
Pretender una
cercanía en base al corazón sería gravemente irresponsable y de ninguna manera
un heroísmo. Si no sabemos nadar y un
ser querido se está ahogando meterse para salvarlo crearía un problema más
grande: se ahogarían los dos.
El “cáncer del voluntarismo”
En un país donde
todavía hay mucha ignorancia el voluntarismo consigue que muchas personas realicen
acciones en contra del sentido común, poniendo en riesgo sus propias vidas y la de
otras personas. Hay cariños que matan.
Está claro que el
enfermo tiene derecho a ser atendido, pero también el médico que lo atiende
tiene derecho a cuidar su vida y la de su familia y debe tener las garantías de
seguridad para trabajar con una entrega generosa y ejemplar. Existen unas
pautas y unos procedimientos que conocen los especialistas, que han sido capacitados, para actuar en
consecuencia.
Quienes se
encuentran en una situación difícil tienen derecho a una asistencia y se debe
prever con tiempo, (así se organizan
algunos países), para que las personas preparadas y especializadas realicen
esas funciones.
Si alguien está
enfermo se llama a un médico, si hay un
incendio se llama a los bomberos. Los especialistas son los que saben. Si entra
un espontáneo puede empeorarlo todo por mucha buena voluntad que tenga. Si no
sabe nadar que no se meta a salvar.
La infraestructura y los medios con que deberían contar los
especialistas
Hay países que
están preparados y otros no lo están.
Nos puede caer muy
bien alguna iniciativa que se hace en otro país, pero tenemos que fijarnos
primero si en nuestro país se puede hacer. Los países que tienen recursos y una
buena disciplina en las personas son totalmente distintos a los países informales
donde no existe, al menos en las grandes
mayorías, un orden social y una disciplina personal.
Hoy es fundamental
la preparación del personal médico, de salud y la policía para lograr los
objetivos con una pandemia que es sumamente contagiosa. Arriesgarse, sin poner
los medios que se deben poner, agrava el problema.
El personal de
salud y la policía no deberían contagiarse si se ponen todos los medios
convenientes.
Lanzarse por ayudar
a alguien corriendo el riesgo del contagio no es solo una acción temeraria que
pone en peligro la propia vida, sino que además se puede poner en peligro la
vida de muchas otras personas. Hay honrosas excepciones que son realmente
heroicas.
En una ciudad donde
las mayorías viven en cerros, no hay higiene, las calles son un terral, los
mercados sin ninguna medida de seguridad, se hace muy difícil, y a veces
imposible, dictar medidas de distancia o separación para que la gente no se
contagie.
También es bueno
tener en cuenta que cada persona, tiene, al
menos en potencia, la capacidad para saber lo que debe hacer para
sobrevivir en esas circunstancias difíciles. Las autoridades deben tener
confianza y facilitarles los medios para que puedan actuar según su
responsabilidad.
Está claro que en
los países informales la ignorancia es también temeridad, por eso se requieren
advertencias: carteles, propagandas,
videos, que enseñen a comportarse en estos tiempos urgentes.
A las autoridades
se les pide un uso correcto de los medios que tienen a su alcance para que las
poblaciones puedan salir adelante.
En nuestro país, y
quizá en muchos otros, el 50% de la expansión de la pandemia se debe, a la
corrupción generalizada que trae la informalidad y la ignorancia.
Urge ganarle la guerra a la informalidad para poder combatir con
eficacia cualquier pandemia
Indigna ver que se
ha hecho muy poco o no nada, para
superar la precariedad, teniendo los medios y el tiempo para hacerlo. La
persistencia de la informalidad durante años refleja también la corrupción de
las autoridades. Los dineros no han ido a la solución de los problemas porque
muchas veces han ido al bolsillo de los gestores de turno y otras veces las
autoridades no se han atrevido a gastarlo, por temor a una fiscalización que
los acuse por haber cometido alguna irregularidad.
Estos problemas
reflejan el pobre nivel humano de los que toman decisiones para el manejo de
los recursos. No deja de verse en nuestra población una dosis alta de indolencia y dejadez.
Estas
consideraciones no son políticas, son humanas y reclaman con urgencia una
reacción rápida y eficiente.
La educación no
debe quedarse en una instrucción o capacitación, se requiere de un modo
prioritario formar las conciencias para desanimalizar
al ser humano y conseguir que cada día sean más personas. (P. Manuel Tamayo).