jueves, 30 de abril de 2020


EL QUE NO SABE NADAR QUE NO SE TIRE A SALVAR

El voluntarista es vanidoso y peligroso.


“La temeridad, del latín “temeritatis” es el sustantivo abstracto que nace del adjetivo temerario, que proviene del adverbio latino “temere” con el significado de lo que resulta oscuro o cegado, de allí que la temeridad hace referencia a un accionar irreflexivo, que conduce a exponerse a peligros que pudieron evitarse. La temeridad no es una virtud sino un defecto, pues si bien implica valentía, ésta es totalmente inútil, ya que en vez de lograr el objetivo puede ponerlo en riesgo o aumentarlo” (Diccionario). 

“La Insensatez es la carencia de buen juicio o madurez en el decir o en el hacer.  Insensatez carencia de buen juicio, prudencia o madurez en el decir o en el hacer(Diccionario).

“Desatino es falta de tino o acierto, Acción o palabras disparatadas, imprudentes(Diccionario).

“La Vanidad es el orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos” (Diccionario).


COMENTARIO
Estamos en una época donde abundan los voluntaristas y cuando la situación es de emergencia esas personas resultan peligrosas y pueden hacer mucho daño. El voluntarista puede funcionar con muy buenas intenciones, con afán de ayudar a los demás, pone el corazón y se olvida de usar la cabeza.

En situaciones de emergencia, no todos pueden ayudar de la misma manera, aunque quisieran. Para determinadas ayudas se requiere de un especialista o de personas que pueden ser capacitadas. Para las grandes mayorías la ayuda es quedarse en casa y no salir.


Personas preparadas
Cuando se trata de la salud es bueno saber que existen personas especializadas y entrenadas para llevar los casos difíciles, que cualquiera no puede llevarlos.

El cariño es importante pero algunas veces, como en estos momentos, consiste en alejarse y no en acercarse. Si cualquiera de nosotros se infectara del coronavirus le diría a su ser querido; “aléjate de mi…”  y procurará apartarse para no contagiarlo.

Pretender una cercanía en base al corazón sería gravemente irresponsable y de ninguna manera un heroísmo.  Si no sabemos nadar y un ser querido se está ahogando meterse para salvarlo crearía un problema más grande: se ahogarían los dos.


El “cáncer del voluntarismo”
En un país donde todavía hay mucha ignorancia el voluntarismo consigue que muchas personas realicen acciones en contra del sentido común,  poniendo en riesgo sus propias vidas y la de otras personas. Hay cariños que matan.

Está claro que el enfermo tiene derecho a ser atendido, pero también el médico que lo atiende tiene derecho a cuidar su vida y la de su familia y debe tener las garantías de seguridad para trabajar con una entrega generosa y ejemplar. Existen unas pautas y unos procedimientos que conocen los especialistas, que han sido capacitados, para actuar en consecuencia.

Quienes se encuentran en una situación difícil tienen derecho a una asistencia y se debe prever con tiempo, (así se organizan algunos países), para que las personas preparadas y especializadas realicen esas funciones.

Si alguien está enfermo se llama a  un médico, si hay un incendio se llama a los bomberos. Los especialistas son los que saben. Si entra un espontáneo puede empeorarlo todo por mucha buena voluntad que tenga. Si no sabe nadar que no se meta a salvar.


La infraestructura y los medios con que deberían contar los especialistas
Hay países que están preparados y otros no lo están.

Nos puede caer muy bien alguna iniciativa que se hace en otro país, pero tenemos que fijarnos primero si en nuestro país se puede hacer. Los países que tienen recursos y una buena disciplina en las personas son totalmente distintos a los países informales donde no existe, al menos en las grandes mayorías, un orden social y una disciplina personal.

Hoy es fundamental la preparación del personal médico, de salud y la policía para lograr los objetivos con una pandemia que es sumamente contagiosa. Arriesgarse, sin poner los medios que se deben poner, agrava el problema.

El personal de salud y la policía no deberían contagiarse si se ponen todos los medios convenientes.
Lanzarse por ayudar a alguien corriendo el riesgo del contagio no es solo una acción temeraria que pone en peligro la propia vida, sino que además se puede poner en peligro la vida de muchas otras personas. Hay honrosas excepciones que son realmente heroicas.

En una ciudad donde las mayorías viven en cerros, no hay higiene, las calles son un terral, los mercados sin ninguna medida de seguridad, se hace muy difícil, y a veces imposible, dictar medidas de distancia o separación para que la gente no se contagie.

También es bueno tener en cuenta que cada persona, tiene, al menos en potencia, la capacidad para saber lo que debe hacer para sobrevivir en esas circunstancias difíciles. Las autoridades deben tener confianza y facilitarles los medios para que puedan actuar según su responsabilidad.

Está claro que en los países informales la ignorancia es también temeridad, por eso se requieren advertencias: carteles, propagandas, videos, que enseñen a comportarse en estos tiempos urgentes.
A las autoridades se les pide un uso correcto de los medios que tienen a su alcance para que las poblaciones puedan salir adelante.

En nuestro país, y quizá en muchos otros, el 50% de la expansión de la pandemia se debe, a la corrupción generalizada que trae la informalidad y la ignorancia.


Urge ganarle la guerra a la informalidad para poder combatir con eficacia cualquier pandemia
Indigna ver que se ha hecho muy poco o  no nada, para superar la precariedad, teniendo los medios y el tiempo para hacerlo. La persistencia de la informalidad durante años refleja también la corrupción de las autoridades. Los dineros no han ido a la solución de los problemas porque muchas veces han ido al bolsillo de los gestores de turno y otras veces las autoridades no se han atrevido a gastarlo, por temor a una fiscalización que los acuse por haber cometido alguna irregularidad.

Estos problemas reflejan el pobre nivel humano de los que toman decisiones para el manejo de los recursos. No deja de verse en nuestra población una dosis alta de   indolencia y dejadez.

Estas consideraciones no son políticas, son humanas y reclaman con urgencia una reacción rápida y eficiente.

La educación no debe quedarse en una instrucción o capacitación, se requiere de un modo prioritario formar las conciencias para desanimalizar al ser humano y conseguir que cada día sean más personas. (P. Manuel Tamayo).

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