martes, 5 de mayo de 2020


CUANDO LOS SACRAMENTOS NO LLEGAN

El amor a Dios y la virtud de la Prudencia en los tiempos de emergencia.

“En consonancia con las autoridades sanitarias de distintas partes del mundo, varias conferencias episcopales han suspendido la celebración de la eucaristía con presencia de fieles como una medida preventiva para evitar aglomeraciones de personas y, por ende, focos de contagio del Coronavirus”. (Vitican Va).

“En esta situación de pandemia, en la que nos encontramos viviendo más o menos aislados, estamos invitados a redescubrir y profundizar el valor de la comunión que une a todos los miembros de la Iglesia. Unidos a Cristo nunca estamos solos, sino que formamos un solo Cuerpo, del cual Él es la Cabeza. Es una unión que se alimenta de la oración, y también de la comunión espiritual en la Eucaristía, una práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el Sacramento. Digo esto para todos, especialmente para la gente que vive sola”  (Papa Francisco, Angelus, 15-III-2020)

“Si tú no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: “Señor he hecho esto, estos y esto otro. Perdóname…  Pide perdón de todo corazón y prométele que luego te confesarás, pero habla pronto con Él y recibirás la gracia de Dios” (Papa Francisco).

“Devolvednos la Misa. La iglesia es concreta, no puede haber una iglesia virtual, No queremos poner a nadie en peligro. Respetaremos las distancias, llevaremos mascarillas y gel desinfectante para evitar el contagio. No somos locos, no somos insensatos, no somos malos ciudadanos. No pedimos ningún privilegio, solo lo que la ley permite” (grupo de católicos españoles le piden a los Obispos que se abran las Iglesias).

“Las diócesis católicas que han restringido las misas han tomado una decisión difícil, pero necesaria. La cuestión no es sólo el deseo de querer arriesgar la propia salud, porque al ser una enfermedad contagiosa, el riesgo es poner en peligro la salud de todos. Por consiguiente, creo que el amor al prójimo en estos casos implica realmente la difícil decisión de renunciar a esos encuentros. No obstante, hay cosas que se pueden hacer de manera parcial. No hay nada que pueda sustituir el encuentro como comunidad en una iglesia, pero utilizar este tiempo para aumentar la devoción y la oración personal es algo muy importante, y muchas iglesias ahora hacen transmisiones en vivo (Peter Vander Weele, epidemiólogo de Harvard).


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COMENTARIO

En un mundo alejado de Dios hay algunas personas que reclaman la apertura de las Iglesias para poder recibir los sacramentos y poder asistir físicamente a la Santa Misa. Son peticiones laudables que pueden indicar un deseo grande de tener a Dios, aunque ya saben que Dios está presente en todos los lugares y con más gracia disponible en aquellos sitios donde hay más necesidad. Dios nunca nos deja solos.

No podemos olvidar, y en estos momentos de confinamiento lo podemos repasar, que miles y tal vez millones de personas en el mundo, en situaciones normales, no tienen acceso a los sacramentos ni tampoco a la Misa dominical por vivir en lugares muy apartados. En nuestro país hay caseríos escondidos entre las cordilleras que muy de vez en cuando reciben la visita de un sacerdote. Cuando se instaló la Prelatura de Yauyos en 1957 contaban que el último sacerdote que había pasado por los pueblos de la sierra de Lima había sido Santo Toribio de Mogrovejo, sin embargo el pueblo conservaba las costumbres cristianas y no dejaban de rezar (no tenían sacerdotes ni sacramentos).


Hoy, más gente se acerca a Dios que en situaciones normales
Algunos podrían pensar que en estos días de confinamiento, al no poder recibir los sacramentos muchos se estarían alejando de Dios. Lo que se percibe es exactamente lo contrario. Es admirable y maravilloso ver lo que está consiguiendo la Providencia con muchísimas personas en todo el mundo. Hay un acercamiento a Dios increíble. Después se escribirá la historia. No queremos decir que para estar cerca de Dios no harían falta los sacramentos. Los sacramentos son indispensables para tener vida cristiana, pero en situaciones de emergencia, Dios sabe poner medios extraordinarios.


Otras circunstancias que impiden la cercanía a los sacramentos
En otros lugares del mundo, en los tiempos actuales, existen gobiernos que prohíben la religión e incluso persiguen a los católicos, y por supuesto están prohibidas las celebraciones religiosas; otros tampoco pueden recibir los sacramentos por encontrarse en guerra. Hace años, durante la guerra civil española, San Josemaría Escrivá estuvo escondido con otras personas y tuvo muchísimas dificultades para celebrar la Santa Misa, solo pudo hacerlo en contadas excepciones y clandestinamente,  los demás se quedaron mucho tiempo sin la posibilidad de tener acceso a los sacramentos (pasaron años).


El alejamiento de los sacramentos (en los últimos años)
También es bueno recordar que el promedio de asistencia a Misa dominical en el Perú no llega al 7% de los católicos bautizados. Hoy se bautiza menos gente, son pocos y cada vez menos los que se confirman, poca gente se confiesa y cada vez menos se casan por la Iglesia.

Lamentablemente muchos jóvenes que provienen de hogares católicos se casan civilmente y postergan su matrimonio católico, muchos no llegan a casarse por la Iglesia y por lo tanto no reciben el sacramento del matrimonio.

Ahora que se protesta para que los sacerdotes puedan llegar a todos con los sacramentos en estos tiempos de pandemia es bueno recordar que a no pocas familias católicas les disgusta que sus hijos entren al seminario para ser sacerdotes o se entreguen a Dios en alguna institución de la Iglesia; algunas familias, que se dicen católicas, ponen serias dificultades para sus hijos sigan un camino de entrega. También habría que reconocer la generosidad de las familias que con mucho agradecimiento a Dios ayudan a sus hijos, con la oración y de muchas otras maneras, para que sean fieles al camino que Dios les pide.



Pedir luces a Dios para tener una visión más amplia de la realidad
No todos los católicos tienen una visión amplia de la realidad. La mayoría ven las cosas desde los lugares y ambientes donde habitualmente viven y desde allí se proyectan pensando que en todos los sitios se puede proceder de la misma manera.

La amplitud de la visión que puede tener un católico depende más de su vida interior de trato íntimo con Dios, que de la información que pueda recibir. Es impresionante este conocimiento en la vida de los santos.

Tenemos que reconocer que en muchos católicos bautizados hay una suerte de mediocridad espiritual que hace daño. ¿No estará faltando en el mundo una coherencia de vida entre los cristianos y una visión más objetiva de la realidad?


Tiempo de reflexión
Además hay que tener en cuenta que la atención espiritual, en estos tiempos de pandemia, no puede ser igual a la que se pueda tener en los países del primer mundo, que tienen un sistema de salud de mucha calidad y una cultura superior.

Cuando se trata de una pandemia se deben conocer las grandes diferencias que existen entre las poblaciones. En Lima no es igual el distrito de San Isidro que el Agustino o San Juan de Lurigancho. Las seguridades y posibilidades no son las mismas. Hay lugares muy poblados que tienen un solo sacerdote, ¿Cómo podría hacerse responsable sin tener al alcance los medios más elementales y la población idónea para que no se contagien? Lógicamente pueden haber excepciones. Todo depende de cómo se organicen teniendo en cuenta las circunstancias de cada sitio.


El amor a Dios depende de la lucha y el esfuerzo de cada uno (no de las situaciones en las que se encuentra)
Los católicos, en este tiempo de pandemia, no son más católicos porque pueden asistir a los sacramentos. El que pueda asistir que de gracias a Dios y que comprenda y respete al que no pueda asistir, no lo debe ver como alguien a quien le falta amor a Dios.

Que estos días de confinamiento y pandemia ayuden a que los católicos sean más conscientes de las distintas situaciones que se viven en el mundo en los tiempos actuales. Son miles y millones de católicos que de modo habitual no tienen facilidad para acudir a los sacramentos. La Iglesia continúa, a pesar de las dificultades, en su labor apostólica y misionera, para llegar al último rincón de la tierra.

Hoy es urgente alcanzar una madurez cristiana conociendo la realidad y viviendo con coherencia para pensar más en los demás que en uno mismo.
El egoísmo, que puede entrar en todos los campos, es el que no deja ver las cosas con objetividad y motiva la protesta para reclamar derechos. Hoy, más que protestar hay que rezar. A los católicos nos toca estar, por voluntad de Dios, muy unidos al Santo Padre y a toda la Iglesia Universal. (P. Manuel Tamayo)


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