CUANDO LOS SACRAMENTOS NO LLEGAN
El
amor a Dios y la virtud de la Prudencia en los tiempos de emergencia.
“En consonancia con las autoridades sanitarias
de distintas partes del mundo, varias conferencias episcopales han suspendido
la celebración de la eucaristía con presencia de fieles como una medida
preventiva para evitar aglomeraciones de personas y, por ende, focos de
contagio del Coronavirus”. (Vitican
Va).
“En
esta situación de pandemia, en la que nos encontramos viviendo más o menos
aislados, estamos invitados a redescubrir y profundizar el valor de la comunión
que une a todos los miembros de la Iglesia. Unidos a Cristo nunca estamos
solos, sino que formamos un solo Cuerpo, del cual Él es la Cabeza. Es una unión
que se alimenta de la oración, y también de la comunión espiritual en la
Eucaristía, una práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el
Sacramento. Digo esto para todos, especialmente para la gente que vive sola” (Papa Francisco, Angelus, 15-III-2020)
“Si
tú no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre,
y dile la verdad: “Señor he hecho esto, estos y esto otro. Perdóname… Pide perdón de todo corazón y prométele que
luego te confesarás, pero habla pronto con Él y recibirás la gracia de Dios” (Papa
Francisco).
“Devolvednos
la Misa. La iglesia es concreta, no puede
haber una iglesia virtual, No queremos poner a nadie en peligro. Respetaremos las distancias, llevaremos mascarillas y gel
desinfectante para evitar el contagio. No somos locos, no somos insensatos, no
somos malos ciudadanos. No pedimos ningún privilegio, solo lo que la ley
permite” (grupo de católicos españoles le piden a los Obispos que se
abran las Iglesias).
“Las diócesis católicas que han restringido las misas han tomado
una decisión difícil, pero necesaria. La cuestión no es sólo el
deseo de querer arriesgar la propia salud, porque al ser una enfermedad
contagiosa, el riesgo es poner en peligro la salud de todos. Por
consiguiente, creo que el amor al prójimo en estos casos
implica realmente la difícil decisión de renunciar a esos encuentros. No obstante, hay
cosas que se pueden hacer de manera parcial. No hay nada que pueda sustituir el
encuentro como comunidad en una iglesia, pero utilizar este tiempo para aumentar
la devoción y la oración personal es algo muy importante, y muchas
iglesias ahora hacen transmisiones en vivo” (Peter Vander Weele, epidemiólogo de Harvard).
.
COMENTARIO
En un mundo alejado de Dios hay algunas personas que reclaman la
apertura de las Iglesias para poder recibir los sacramentos y poder asistir físicamente
a la Santa Misa. Son peticiones laudables que pueden indicar un deseo grande de
tener a Dios, aunque ya saben que Dios está presente en todos los lugares y con
más gracia disponible en aquellos sitios donde hay más necesidad. Dios nunca
nos deja solos.
No podemos olvidar, y en
estos momentos de confinamiento lo podemos repasar, que miles y tal vez
millones de personas en el mundo, en situaciones normales, no tienen acceso a
los sacramentos ni tampoco a la Misa dominical por vivir en lugares muy
apartados. En nuestro país hay caseríos escondidos entre las cordilleras que
muy de vez en cuando reciben la visita de un sacerdote. Cuando se instaló la
Prelatura de Yauyos en 1957 contaban que el último sacerdote que había pasado
por los pueblos de la sierra de Lima había sido Santo Toribio de Mogrovejo, sin
embargo el pueblo conservaba las costumbres cristianas y no dejaban de rezar
(no tenían sacerdotes ni sacramentos).
Hoy, más gente se acerca a Dios que
en situaciones normales
Algunos podrían pensar que en estos días de confinamiento, al no
poder recibir los sacramentos muchos se estarían alejando de Dios. Lo que se
percibe es exactamente lo contrario. Es admirable y maravilloso ver lo que está
consiguiendo la Providencia con muchísimas personas en todo el mundo. Hay un
acercamiento a Dios increíble. Después se escribirá la historia. No queremos
decir que para estar cerca de Dios no harían falta los sacramentos. Los
sacramentos son indispensables para tener vida cristiana, pero en situaciones
de emergencia, Dios sabe poner medios extraordinarios.
Otras circunstancias que impiden la
cercanía a los sacramentos
En otros lugares del mundo, en los tiempos actuales, existen
gobiernos que prohíben la religión e incluso persiguen a los católicos, y por
supuesto están prohibidas las celebraciones religiosas; otros tampoco pueden
recibir los sacramentos por encontrarse en guerra. Hace años, durante la guerra
civil española, San Josemaría Escrivá estuvo escondido con otras personas y
tuvo muchísimas dificultades para celebrar la Santa Misa, solo pudo hacerlo en
contadas excepciones y clandestinamente,
los demás se quedaron mucho tiempo sin la posibilidad de tener acceso a
los sacramentos (pasaron años).
El alejamiento de los sacramentos (en
los últimos años)
También es bueno recordar que el promedio de asistencia a Misa
dominical en el Perú no llega al 7% de los católicos bautizados. Hoy se bautiza
menos gente, son pocos y cada vez menos los que se confirman, poca gente se
confiesa y cada vez menos se casan por la Iglesia.
Lamentablemente muchos jóvenes que provienen de hogares
católicos se casan civilmente y postergan su matrimonio católico, muchos no
llegan a casarse por la Iglesia y por lo tanto no reciben el sacramento del
matrimonio.
Ahora que se protesta para que los sacerdotes puedan llegar a
todos con los sacramentos en estos tiempos de pandemia es bueno recordar que a
no pocas familias católicas les disgusta que sus hijos entren al seminario para
ser sacerdotes o se entreguen a Dios en alguna institución de la Iglesia;
algunas familias, que se dicen católicas,
ponen serias dificultades para sus hijos sigan un camino de entrega. También
habría que reconocer la generosidad de las familias que con mucho
agradecimiento a Dios ayudan a sus hijos, con la oración y de muchas otras
maneras, para que sean fieles al camino que Dios les pide.
Pedir luces a Dios para tener una
visión más amplia de la realidad
No todos los católicos tienen una visión amplia de la realidad.
La mayoría ven las cosas desde los lugares y ambientes donde habitualmente
viven y desde allí se proyectan pensando que en todos los sitios se puede
proceder de la misma manera.
La amplitud de la visión que puede tener un católico depende más
de su vida interior de trato íntimo con Dios, que de la información que pueda
recibir. Es impresionante este conocimiento en la vida de los santos.
Tenemos que reconocer que en muchos católicos bautizados hay una
suerte de mediocridad espiritual que hace daño. ¿No estará faltando en el mundo
una coherencia de vida entre los cristianos y una visión más objetiva de la
realidad?
Tiempo de reflexión
Además hay que tener en cuenta que la atención espiritual, en
estos tiempos de pandemia, no puede ser igual a la que se pueda tener en los
países del primer mundo, que tienen un sistema de salud de mucha calidad y una
cultura superior.
Cuando se trata de una pandemia se deben conocer las grandes
diferencias que existen entre las poblaciones. En Lima no es igual el distrito
de San Isidro que el Agustino o San Juan de Lurigancho. Las seguridades y
posibilidades no son las mismas. Hay lugares muy poblados que tienen un solo
sacerdote, ¿Cómo podría hacerse responsable sin tener al alcance los medios más
elementales y la población idónea para que no se contagien? Lógicamente pueden
haber excepciones. Todo depende de cómo se organicen teniendo en cuenta las
circunstancias de cada sitio.
El amor a Dios depende de la lucha y
el esfuerzo de cada uno (no de las situaciones en las que se
encuentra)
Los católicos, en este tiempo de pandemia, no son más católicos
porque pueden asistir a los sacramentos. El que pueda asistir que de gracias a
Dios y que comprenda y respete al que no pueda asistir, no lo debe ver como
alguien a quien le falta amor a Dios.
Que estos días de confinamiento y pandemia ayuden a que los
católicos sean más conscientes de las distintas situaciones que se viven en el
mundo en los tiempos actuales. Son miles y millones de católicos que de modo
habitual no tienen facilidad para acudir a los sacramentos. La Iglesia
continúa, a pesar de las dificultades, en su labor apostólica y misionera, para
llegar al último rincón de la tierra.
Hoy es urgente alcanzar una madurez cristiana conociendo la
realidad y viviendo con coherencia para pensar más en los demás que en uno
mismo.
El egoísmo, que puede entrar en todos los campos, es el que no
deja ver las cosas con objetividad y motiva la protesta para reclamar derechos.
Hoy, más que protestar hay que rezar. A los católicos nos toca estar, por voluntad de Dios, muy unidos al
Santo Padre y a toda la Iglesia Universal. (P. Manuel Tamayo)
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