viernes, 8 de mayo de 2020


LA MADRE DE TODAS LAS MADRES
Protección, Caridad y Serenidad en los tiempos de emergencia

“¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha” (San Josemaría, Camino n. 516).

“Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano —no hay dolor como su dolor—, llena de fortaleza. —Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz” (San Josemaría, Camino, n. 508).


COMENTARIO

En los tiempos difíciles la mejor compañía es la de la Virgen María. Ella es como la luna que refleja la luz del sol cuando nos encontramos en la oscuridad más absoluta. El sol es Dios que parece ausente pero está muy presente y cercano a todos. La Virgen nos recuerda esa realidad y nosotros, muchas veces angustiados y con miedo le decimos con fe: “muéstranos a Jesús fruto bendito de tu vientre”

Jesucristo la nombró Madre nuestra cuando estaba sufriendo lo indecible en la Cruz por nuestros pecados. En la misma Cruz, antes de morir, le dijo a San Juan, que representaba a toda la humanidad: “allí tienes a tu madre”  De ese modo, el Señor muestra su misericordia y nos premia con esa grandiosa maternidad, a pesar de nuestras iniquidades que fueron la causa de su dolor y muerte.

Cuentan que cuando San Juan Pablo II tenía 8 años de edad,  murió su mamá;  al instante su papá lo llevó a una imagen de la Virgen y le dijo: “desde hoy, Ella será tu madre” a partir de ese momento nació en el pequeño Karol un gran cariño a la Virgen, después, cuando pasaron los años fue el Papa Mariano que todos conocimos con su famoso lema: “Tutus tuus”


Nadie nos ha regalado más que la Virgen
Los mejores regalos que hemos recibido han sido de la Virgen María. No somos totalmente conscientes de esa realidad,  podríamos descubrirla si hacemos méritos y el Señor nos hace crecer en la fe.

Con una fe más grande y  con la ayuda de algún medio extraordinario, que la Virgen suele conseguir para sus hijos, podríamos entender mejor qué es lo que Dios quiere de nosotros en estos tiempos.

En estos días de confinamiento Ella nos protege y quiere hacernos ver el querer de Dios. Depende de nuestra disponibilidad y de nuestra docilidad a los consejos que nos alcanza.

Nada nos debe atormentar, si estamos a su lado el calor de su regazo nos da seguridad. El escapulario es una muestra de su admirable protección que nos hace fuertes para que podamos ayudar a los demás, con nuestra sonrisa y nuestro cariño, llenando todos los ambientes con la paz de Cristo que la Virgen pone en nuestros corazones.
Aunque estuviéramos en un calabozo encerrados, sin haber cometido ningún delito, la protección de la Madre del Cielo es tan poderosa que, que al llenarnos de paz con su infinita misericordia, inmediatamente perdonamos y queremos a todos y especialmente a quienes nos han privado de la libertad a la que teníamos derecho. Ella nos ayuda a poner la otra mejilla cuando nos han golpeado injustamente en la primera.
Hoy no es tiempo de echar leña para las confrontaciones, es el momento del acompañamiento y la serenidad, es la hora de una mayor comprensión y de una constante oración, como la Virgen nos enseña con su conducta en los momentos más difíciles. Ella no se desespera, no grita, no hace escándalo, solo reza y acompaña.

Así es la auténtica fortaleza cristiana que se nos pide ahora, en estos momentos de emergencia. El que pueda entender que entienda.

La Virgen que es madre de todos siempre está pendiente de sus hijos,  y a las mamás les podemos decir, en su día, que la Virgen María es Madre de todas las madres. (P. Manuel Tamayo).


¡Felicidades a todas las madres, en su día, las que están en la tierra y las que están en el Cielo!
Nuestras oraciones de gratitud para que el Señor tenga en cuenta sus méritos y su amor incondicional para sus hijos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario