sábado, 24 de febrero de 2024

 DE ROMA A PAMPLONA

En la década de los años 70 con San Josemaría

 

En junio de 1972 tuvimos una tertulia con San Josemaría en el soggiorno  de la Casa del Vícolo, en Villa Tévere. Para mí, y para todos los que nos íbamos de Roma, era una tertulia con “sabor” a despedida.

Uno de nosotros, quizá el más atrevido, le preguntó: “Padre, ¿que nos dice a los que nos vamos del Colegio Romano?”  San Josemaría rápidamente le contestó: “antes de irte pásate por el oratorio de Pentecostés y ve la inscripción que dice arriba del Sagrario: <consumatti in unum>, cuando estés en tu país recuerda que todos estamos unidos”

Ese año se había ido volando como los anteriores, entre los estudios, los encargos, las tertulias, los deportes y los veranos en Tor D´ aveia. Años inolvidables donde todos pudimos reforzar nuestros lazos de unidad con una causa común: ser santos en medio del mundo para llevar a mucha gente al Cielo. Estando en Roma, al lado de San Josemaría, y muchos otros santos, nos parecía estar en la antesala del Cielo.

 

Lo que vivimos en Roma

No hay palabras para expresar lo que vivimos y aprendimos en esos años romanos. Yo lo he contado en distintos sitios, y lo que pude decir, no llega a ser todo lo grandioso que fue. Es difícil transmitir unas vivencias donde lo sobrenatural parece lo más natural del mundo y si te descuidas el tiempo, que es efímero, se pasa y se acaba.

 

Si lo has aprovechado bien te llevas la certeza de haber vivido oteando el Cielo y te vas enriquecido en tu interioridad, con las semillas que Dios ha sembrado, para que tus méritos produzcan el fruto que se va a extender por todo el mundo.  No es poca cosa, ¡qué responsabilidad! y ¡cuánta cuenta nos pedirá Dios!!!

 

El viaje a España

Nuestro tren salía temprano de Stazione Términi. Ya estaban listas las maletas y en un pulmino, donde entramos como pudimos, salimos de Bruno Buozzi, muy emocionados de dejar esa casa histórica; nos fuimos cargados de los recuerdos inolvidables, que incluso después, se fueron acumulando a lo largo de los años, gracias a las constantes reflexiones, que eran inevitables, por haber vivido en un lugar privilegiado y en unos tiempos históricos. 

Las veces que he vuelto a Villa Tevere, el corazón se enciende rápidamente y la cabeza empieza a recordar, con una lucidez increíble, cada detalle de lo vivido y aprendido en esa casa, donde todos los que viven, se toman en serio querer ser santos en medio del mundo.

Cada vez que voy a Roma me parece que tengo los 20 años que tuve cuando llegué por primera vez. Es que Roma es la misma, no ha cambiado nada, las mismas calles, las mismas casas, los mismos ambientes… yo sí he cambiado. No es lo mismo tener 20 años que 75, aunque al llegar a Roma me sobran los 55 que hacen la diferencia.

 

Volviendo a 1972

Entramos al tren con las prisas que suelen haber en los viajes; pendientes de nuestras maletas y de todo lo que nos habían pedido que llevemos. En nuestras conversaciones se notaba el nerviosismo de la nueva aventura que empezaba para todos.  

Nuestro destino era la Universidad de Navarra, en Pamplona. Este tren nos llevó hasta Barcelona. Pasamos por Monterols, (el centro de estudios para numerarios), donde después del almuerzo, tuvimos una grata tertulia con los residentes, al final nos despedimos y recibimos la bendición de viaje por parte del capellán del Centro. Esta vez el viaje lo hicimos en bus hasta Pamplona.

 

 En el Colegio Mayor Aralar

Al llegar a Pamplona tenía todavía la nostalgia de Roma y una sensación de libertad, al sentirme preparado para triunfar; como si en Roma nos hubieran entrenado para, realizar ahora, la competencia esperada. Desde que llegué me sentía volar, con una ilusión muy grande por las labores apostólicas que allí me esperaban.

En el Colegio Mayor Aralar, donde me alojé tres años, nos dieron nuestras habitaciones, esta vez eran individuales, pero con un baño colectivo que estaba al final del pasillo. La casa, bastante grande, con dos pabellones, cada una con su oratorio, era bastante acogedora y tenía también mucha historia. San Josemaría había estado en muchas ocasiones.

En Aralar estaba de rector el P. Juan Vera, un médico andaluz simpatiquísimo y muy bueno, siempre pendiente de todos, con una sonrisa y un sentido de amabilidad que impresionaba. Se había ordenado sacerdote en 1971, en la misma promoción que el Prelado del Opus Dei, P. Fernando Ocariz. El P. Juan Vera falleció de cáncer el 2022 a los 76 años de edad.

Como éramos muchos jóvenes en el Colegio Mayor, nos dividieron en grupos. El director de mi grupo era Juan Belda, un personaje divertido, un poco mayor que nosotros, que estaba estudiando Teología en la Universidad de Navarra; después se ordenó sacerdote, doctor en filosofía y Teología, y ahora profesor de historia de la Teología.

Los chicos que habíamos dejado el Colegio Romano, y que tendríamos entre 22 y 24 años, vivíamos con chicos numerarios que estaban haciendo en Pamplona su centro de estudios y que tendrían de 18 a 20 años. El ambiente, cien por ciento juvenil, era gratísimo.

Ese mismo día de llegada, me llevaron a conocer el campus de la Universidad de Navarra y el Colegio Mayor Belagua. Todo estaba lleno de gente joven. Chicos adolescentes que estudiaban en la universidad y nosotros que nos matriculamos para hacer la licenciatura en Teología. Al día siguiente nos llevaron a conocer la Facultad que estaba a un costado de la Catedral en el centro mismo de Pamplona.

Ese año tuve como profesores a los Padres Pedro Rodríguez, José María Casiaro, Lucas Mateo Seco, Idelfonso Adeva, Fernando Sánchez Arjona, José María Martinez Doral, Amador García Bañón, Jesús Sancho, Evencio Cófreces, que fue mi director de la tesis de Licenciatura en Teología Moral. No recuerdo a todos.

Íbamos a clases por las mañanas caminando desde Aralar hasta la Catedral, cruzando todo Pamplona, no estaba tan cerca y en invierno teníamos que abrigarnos bastante porque las temperaturas eran muy bajas, tanto que un día la piscina de Aralar amaneció congelada, hasta se podía caminar por encima del hielo.

Por las tardes teníamos las labores apostólicas que dependían del Colegio Mayor Aralar y eran centro o clubes en distintas ciudades: Vitoria, Logroño, San Sebastián, etc. Enseguida conocí a Enrique Anglada y Jhonny Yarza, que me explicaron como iban las actividades apostólicas en Pamplona y en dónde podía ayudar. Después de resolver los asuntos académicos para empezar la licenciatura en Teología ya pude viajar con un grupo de Aralar a la ciudad de Logroño para apoyar al club juvenil Glera. (P. Manuel Tamayo)

 

 

sábado, 17 de febrero de 2024

 PERIODISMO Y EDUCACIÓN

 Los años 70 con San Josemaría

El espíritu de solidaridad y de servicio que aprendí en la tropa de Boys Scouts de mi colegio influyó lo suficiente, creo yo, para la elección de la carrera profesional que debía seguir en el futuro.

Por muchos años quise ser marino, como mi abuelo, pero luego vi que lo mío eran las humanidades. Me gustaba mucho el cine, la actuación y las comunicaciones. Mis tíos me animaban para que sea diplomático, mi papá era abogado y trabajaba en el Poder Judicial, mi tío y padrino era literato, académico de la lengua. Eran posibles carreras pero no me decidía por ninguna de ellas.

Después de escuchar varios consejos mi primera decisión fue por las Letras; tenía dos años para pensar si seguía derecho, literatura, o periodismo. No existía todavía la carrera de comunicaciones y todo lo relacionado con el cine era una afición, como lo era también la guitarra y el fútbol.

Cuando estaba en el colegio y frecuentaba el Centro del Opus Dei, me contaban que Mons. Escrivá decía que, en estos tiempos, eran muy importantes dos carreras: Periodismo y Educación. Argumentaba, con una intuición muy acertada del futuro, que en esas carreras se meterían personas sin principios cristianos, (por razones ideológicas y políticas), y que podrían desviar, sobre todo a los niños y a los jóvenes, de los caminos correctos. San Josemaría animaba para que muchas personas buenas, y con criterio cristiano, siguieran esas carreras.

Ciencias de la educación, una carrera distinta.

Años después, cuando estudiaba Letras en San Marcos, me preguntaron si quería ir a estudiar ciencias de la educación a Roma.

Yo conocía solo la carrera de educación, que se estudiaba en las normales y en alguna facultad, era para ser maestro de colegio. Algo que no me apetecía.

Pero me explicaron que Ciencias de la educación era otra cosa, que estudiaría filosofía de la educación, biología, psicología evolutiva, sistemas educativos, educación comparada y otros cursos que me capacitarían para ser “profesor de profesores” o una persona que se especialice en educación familiar. Me dijeron también que podría ser muy útil si es que tenemos que trabajar en colegios o también en universidades. Todo esto me resultaba más atractivo.

 

Los estudios universitarios en Europa

Los pocos cursos que pude seguir en San Marcos, en un año y medio de estudios, me los llegaron a convalidar y pude ingresar al Instituto de ciencias de la educación de la Universidad de Navarra, con sede en Roma. Al llegar a Europa me di cuenta de la diferencia grande que había con los estudios que se hacían en el Perú.

En San Marcos, si iban todos los alumnos matriculados al aula, no entraban. Solo cuando había una clase importante, venía un grupo numeroso de alumnos. En esas ocasiones, si no llegaba con una hora de anticipación, tenía que escuchar la clase de pie, en el pasillo, porque no había sitio en el aula.

Los chicos no acostumbraban a estudiar durante la clase, solo estaban presentes y se notaba que muy pocos prestaban atención. Se entregaba unas copias en mimeógrafo para estudiar el examen. La mayoría estudiaba solo para el examen, que era escrito.

En Europa era diferente, los chicos tomaban apuntes en clase y ellos mismos hacían un resumen de lo dictado y luego conversaban con el profesor, en los ambientes de la universidad y además estudiaban en los libros recomendados.

Creía que en Europa iba a triunfar porque sabía lo que cualquier chico de 20 años podía conocer: las canciones de la época, los cantantes más famosos, además podía cantar muchas canciones que estaban de moda; sabía también de fútbol, el nombre de los mejores jugadores y de los equipos emblemáticos y además conocía las marcas y modelos de automóviles que circulaban en mi país. Yo pensaba que con esos conocimientos estaría al nivel de los chicos europeos.

Grande fue mi sorpresa cuando en una tertulia, con chicos de mi edad, me preguntaron cuál era la renta per capita de mi país. Me quedé mudo, jamás me interesó ese dato, y como no dije nada otro me pidió que le explicara porqué el presidente Velazco, de la junta militar, era de izquierda cuando los militares en el mundo, decía él, suelen ser de derecha. También me quedé mudo y además bastante preocupado por mi ignorancia y al ver el interés que los chicos tenían por esos datos que para mi eran de los “viejos”.

El director me llamó a parte y me dijo que mirara en la televisión algún tema cultural, que lo aprendiera bien y que luego lo contara en la tertulia. Así lo hice y aprendí a interesarme por temas más importantes de cultura general.

Era impresionante ver estudiar a los alumnos en la clase y en la biblioteca y la soltura que tenían para manejarse con los temas tratados en los cursos. Al principio me asusté porque no llegaba a ese nivel de agilidad, pero luego con el tiempo pude nivelarme y quedé muy contento.

 

Iniciativas educativas fomentadas por gente del Opus Dei

Paralelamente a mis estudios de ciencia de la educación veía que aparecían en el mundo muchas iniciativas educativas para chicos y grandes. Algunos colegios llevados por gente del Opus Dei tenían una sección nocturna, gratis, para personas de escasos recursos, aparecieron también las EFAS (Escuelas familiares Agrarias), con el sistema de la alternancia para gente del campo. Siguiendo un modelo francés “L´école de parents” se crearon centros de orientación familiar para enseñar a los padres a educar a sus hijos. Junto a estas iniciativas aparecieron publicaciones: libros, revistas y folletos con temas educativos.

En el mundo, las iniciativas de educación se multiplicaron con más colegios y universidades. En el Perú empezó su andadura la Universidad de Piura en 1969, antes ya estaba funcionando en Cañete el Instituto Agropecuario Valle Grande, que después fue Escuela Agraria, los colegios aparecieron en la década de los 80 y fueron creciendo con los años.

San Josemaría no dejaba de advertirnos lo importante que eran estas dos carreras para salvar al mundo de ideologías ateas que podrían hacer mucho daño en los campos educativos con los niños y jóvenes y a través del poder mediático que cada día crece de una manera exponencial e invade todos los hogares.

Cuando miramos, a la vuelta de los años, cómo está la educación en los colegios y quiénes están influyendo ahora en los medios de comunicación, la preocupación de San Josemaría era real y actual. Gracias a Dios varios pudimos seguir esas carreras que él aconsejaba y ahora tratamos de corregir y revertir a quienes abrazaron, sin saberlo, esas ideologías engañosas que prometían y siguen prometiendo el progreso de la humanidad y son una auténtica utopía.

Hay maestros y periodistas infectados de corrientes ateas y liberales, de izquierda y de derecha, que no respetan los derechos humanos y la libertad religiosa de la gente. Hoy, parece increíble, se sigue persiguiendo a la Iglesia y a los cristianos, como en los primeros tiempos. Hoy tenemos el deber imperioso de ir contracorriente para salvar la doctrina que Jesucristo revelo y que la Iglesia custodia (P. Manuel Tamayo).

sábado, 10 de febrero de 2024

 CON SAN JOSEMARÍA EN ROMA

                   1970 – 1972

Por designios de la Providencia me tocó estar en Roma desde Octubre de 1969 hasta julio de 1972. Antes habían ido Jesús Alfaro y Guillermo Oviedo. Con Jesús no coincidí porque él estaba en Pamplona y después volvió a Lima, sin ordenarse, en cambio con Guillermo Oviedo si coincidí un año, y también regresó a Lima sin ordenarse. Las ordenaciones de Jesús y Guillermo se dieron el 74 y 75, ambos regresaron de Lima para sus respectivas ordenaciones.

 

 Una década importante para la historia   

Viví junto a San Josemaría en Roma en unos años que podrían considerarse emblemáticos. Me atrevo a considerar que hubo como un cambio notable en San Josemaría a partir de los años 70.

Lo que yo vi en él fue una gran preocupación el año 69 y en los inicios de la nueva década y un entusiasmo desbordante a raíz de su viaje a México, (la primera vez que viajaba al continente americano), en mayo de1970.

El 69 andaba con anteojos oscuros y nos decía que se le habían puesto malos los ojos de tanto llorar por la situación de la Iglesia en esos años. Nosotros no éramos tan conscientes porque en Roma todos se esforzaban por hacernos la vida agradable. De pronto un día San Josemaría nos dio la noticia: “voy a visitar en México a la Virgen de Guadalupe para pedirle por la Iglesia” y nos pidió que le acompañáramos con la oración.

Los días que estuvo en México rezó mucho en el Santuario de Guadalupe y con varios mexicanos le cantaron a la Virgen canciones de amor humano, que se convirtieron también en oración de esperanza.

Regresó de México con un entusiasmo increíble y empezó a escribir cartas para pedirnos oraciones por la Iglesia y el Papa.  Tenía una gran certeza en la oración de todos y en la intercesión de la Virgen, para que “pasara el tiempo de la prueba”, así llamaba a los momentos difíciles que pasaba la Iglesia, y nos aseguraba, utilizando una metáfora, que después del invierno llegaría una radiante primavera.

 

Los que cursábamos estudios universitarios en Roma

Yo había llegado a Roma el año anterior, en octubre, allí continué mis estudios universitarios en la carrera de ciencias de la educación.

Estudiaron conmigo Vicente Ancona (brasileño, se ordenó sacerdote, fue consiliario en su país), vive en Brasil; Germán Arbelaez (colombiano, se ordenó sacerdote, falleció), vivíamos en la misma habitación, Juan Manuel Vicens (español, se ordenó sacerdote, falleció), le gustaba tocar valses peruanos en la guitarra, cantamos juntos muchas veces, Emilio Dáneo (español, falleció), un hombre serio de gran corazón y muy servicial. José Manuel Colina (español, se ordeno sacerdote), creo que era el menor de todos, muy alegre y jovial. Fernando Yarza (español, se ordenó sacerdote, le encantaba cantar canciones francesas), antes de ordenarnos estuvo conmigo en el Club Glera de Logroño. Paco Vendrell (español, se ordenó sacerdote y vive en España, Paco Bernal (español, fallecido).

En la promoción siguiente estaban: Tomás Alvira (español, Se ordenó sacerdote), Javier Medina (español, se ordenó sacerdote, escribió la biografía de Mons. Álvaro del Portillo, falleció), José María Maiz (español) y Ángel Rodríguez Nuño (español, se ordenó sacerdote, es un gran teólogo con muchas publicaciones). Quizás hubieron más, que ahora no recuerdo.

 

Los que hacían cabeza en el Colegio Romano en los años 70

El rector del Colegio Romano, ahora Seminario Internacional del Opus Dei, era el P. Iñaki Celaya, (español, que jugaba muy bien el fútbol y tocaba piano), de sub director estaba Jesús Ferrer (español, que luego se ordenó sacerdote, ya ha fallecido, fue director de mi tesis doctoral de teología); el secretario del Colegio Romano, en esos años, era Paulino Busca (que luego se ordenó sacerdote, ahora está en Ecuador, también entraba a las canchas, era un aguerrido jugador de fútbol), el Director Espiritual era el P. Sabino Gabiola, jugaba bastante bien el fútbol y se sabía el nombre de los jugadores más importantes del mundo. Ese año fue el mundial México 70, el P. Sabino me llamó a su mesa en el comedor y, delante de todos, mencionó, con nombre y apellido, a los jugadores de la selección peruana. A mí me pareció increíble, y desde ese día lo puse bien alto. Me ayudó para adaptarme bien a Italia y a la organización del Colegio Romano.  Le tengo, hasta ahora, un agradecimiento muy grande.

 

El ambiente dentro del Colegio Romano

Éramos como 120 muchachos con edades que fluctuaban entre los 20 y 30 años, repartidos en 4 grupos según las edades. El cuarto era el de los mayores.

Por la mañana teníamos la meditación y la Santa Misa, cada grupo en un oratorio distinto, con excepción de los días de fiesta, que era en el oratorio de Santa María de la Paz, (que ahora es la Iglesia Prelaticia), solía ser con órgano (que tocaba Fernand Cruz, Filipino) y el canto del coro.

Después del desayuno, clases, y por las tardes, los encargos. Cada uno tenía una tarea que realizar: carpintería, electricidad, tienda (ir a comprar), limpieza (distintas zonas de la casa que era muy grande).  También había ensayos del coro o la preparación de números musicales para los días de fiesta o los cumpleaños. Un día salíamos a jugar fútbol o basket, en la cancha de los Caballeros de Colón, que estaba cerca de Villa Tevere; otros preferían el tenis o la piscina.

Los fines de semana nos animaban a salir para conocer Roma. Cuando terminaba el año académico íbamos a Tor D´Aveia, una casa de retiros que quedaba en L´Aquila, en el mismo centro de Italia. Eran los días de descanso: mucho deporte, paseos al monte en las distintas zonas del Abruzzo, algunos se animaban a intentar subir al Gran Sasso o al pícolo Sasso que así se llamaban los picos más altos (2,900 mts) en los Pirineos de esa región. También podíamos ir a conocer los pueblos del contorno San Felice d´Ocre, San Pánfilo, etc.

Ese año 70, vimos por televisión los partidos del mundial de fútbol, pude ver los que jugó el Perú, con la alegría y la pasión de los chicos que vibraban entusiasmados con las jugadas y los goles.  Esa circunstancia me unió a los demás y pude hacer amigos en poco tiempo.

En Tor D´Aveia, pude ver por televisión, todavía en blanco y negro, el mejor partido de fútbol que he visto en mi vida, cuando jugaron Italia y Alemania la semifinal que ganó Italia 4-3. Fue considerado el partido del siglo. Por Italia jugaban Luigi Riva, y Gianni Rivera y en Alemania Franz Beckenbauer jugó todo el partido con un brazo enyezado. ¡Un partidazo!

El 69 en Roma tenía 21 años, era de los menores y me pusieron en el grupo 1 (el de los más jóvenes). El director del grupo era un portugués: Jorge Margarido (que luego se ordenó y se fue a Portugal), el sacerdote del grupo que estaba a cargo de nosotros era el P. José Luis Pastor (valenciano, médico de cabecera de San Josemaría), un sacerdote mayor, buenísimo y de un carácter muy agradable. San Josemaría decía que era como una mamá, cuando lo atendía, porque estaba pendiente de todos los detalles. Así lo notábamos nosotros, sabía querernos y cuidaba de cada uno, de la salud física y espiritual de todos.

En el aspecto académico teníamos excelentes profesores, tanto en Ciencias de la educación como en Sagrada Teología.

Mencionaré algunos nombres que recuerdo. Han pasado más de 50 años:

·    Juan Manuel Verdaguer (catalán, médico, profesor de Biología, falleció), un hombre alto y fornido, experto en sofronizar. También atendía a San Josemaría. Tuvimos una tertulia muy divertida cuando Juan Manuel Verdaguer le explicaba a San Josemaría lo que era sofronizar, decía que en el dentista, si nos auto convencemos de que no nos va a doler, lo podemos conseguir y ya no sería necesaria la anestesia. San Josemaría se reía y no le creía, Juan Manuel insistía con más argumentos y así se desarrollaba la tertulia, muy divertida y simpática, nosotros nos reíamos a más no poder, cuando San Josemaría le refutaba, con mucha gracia, los argumentos de Juan Manuel.

·         El P. Antonio Miralles, nos daba clases de dogmática, (algunas eran en latín), con una cabeza super ordenada, era también experto en las competencias de ciclismo que había en Europa, tenía siempre el dato preciso del tour de Francia o de la Vuelta de España.

·         Fernando Ocáriz (el actual Prelado, era laico en esos años), también nos daba clases de dogmática, era brillante en sus explicaciones. Además, para admiración de todos, daba las clases caminando y sin ningún papel; buen deportista, jugaba con nosotros al fútbol y más tarde se dedicó a tenis. Se ordenó sacerdote el año 72.

·      El P. Miguel Ángel Tabet (venezolano, fallecido), nos daba clases de hebreo, le encantaba tocar guitarra y cantar canciones venezolanas o de centroamericanas.

·         El P. José Luis Gutierrez (español, ya fallecido) era un gran latinista y experto en tauromaquia, muy divertido, un día tuvimos una larga conversación sobre los toreros que visitaron Acho y ganaron el escapulario de oro, sabía todo.

·         El P. José Luis Illanes (español, gran teólogo y profesor nuestro), todavía vive, está actualmente en España.

La primera década de los años 70 en Roma ha quedado grabada en nuestras vidas. Creo que para la gran mayoría fueron los mejores años vividos.

El tener contacto con santos de la categoría de San Josemaría, Don Álvaro del Portillo y muchos otros que tenían un nivel humano de primera, y que ponían todo su esfuerzo en nuestra formación, haciéndonos la vida muy agradable, ha sido un privilegio inmerecido, que no cesaremos de agradecer. (P. Manuel Tamayo).

 

 

sábado, 3 de febrero de 2024

 EL MILAGRO DE YAUYOS 

En 1956, mientras mis amigos y yo jugábamos en el patio del colegio de los SSCC Recoleta que estaba en el centro de Lima entre las avenidas Wilson y Uruguay, el Papa Pio XII le pidió a San Josemaría para que el Opus Dei atendiera un territorio de misión.

San Josemaría después de explicarle al Romano Pontífice que el espíritu del Opus Dei era laical y dirigido a la santificación personal de todas las personas a través de su trabajo ordinario, aceptó la propuesta que el Papa le pedía y le dijo que el Opus Dei se quedaría con el territorio que nadie escogiera.

 Así empezó el milagro de Yauyos con una historia que recogerá muchos otros milagros que tuvieron una repercusión asombrosa, en muchos lugares del Perú y del mundo.

 

El nivel humano de los pioneros

Los comienzos de ese proyecto tuvieron un nivel humano y sobrenatural impresionante. San Josemaría se volcó totalmente, para que sus hijos, (los miembros del Opus Dei que se involucraron en el proyecto), lo hicieran con el propósito de ser santos, en una realidad totalmente distinta a lo que ellos habían soñado desde que se incorporaron al Opus Dei. Se puede decir que el Señor les cambió totalmente la vida, como ha ocurrido con la vida de muchos santos en la historia de la Iglesia. 

Esta historia de Yauyos, tejida con el heroísmo y la entrega de los primeros, ha pasado desapercibida en Lima y en las distintas provincias del Perú. No se hizo propaganda, se trabajó cara a Dios y con una esperanza en los medios que Dios, a través de la Madre del Amor Hermoso, les alcanzaba, para ser fieles y conseguir llegar a las metas altas propuestas por la Providencia para cada uno.

 

Un camino difícil, pero lleno de bendiciones

El lema del escudo del primer obispo prelado, Mons. Ignacio María Orbegoso, era “per aspera ad astra”, “por un camino áspero hasta las estrellas” y así ha sido la andadura de esta prelatura desde sus inicios hasta la fecha. 

Un camino difícil y complicado que se abrió, para que muchos lo recorrieran con la certeza de alcanzar las metas exigentes de una correcta vida cristiana.

San Josemaría no solo los alentó, sino que estuvo pendiente, casi a diario, de los que estaban en Yauyos, les encomendaba y les escribía con bastante frecuencia.

Son numerosas las cartas de San Josemaría a Mons. Orbegoso, y las respuestas del obispo prelado de Yauyos al Padre. Las cartas se conservan intactas y son un testimonio histórico de mucho valor.

 

La prelatura de Ayaviri

En esos años mis compañeros de colegio y yo, niños todavía, escuchábamos lo que nos contaban los sacerdotes de los Sagrados Corazones en el colegio de La Recoleta.

Nos llevaban al paraninfo del colegio de Belén, (que estaba al frente de nuestro colegio), y nos pasaban unas diapositivas a color de lo que estaban haciendo en la Prelatura que les habían encomendado en Ayaviri, Puno. Veíamos en esas fotos la heroicidad de los padres misioneros y la gran labor que hacían con los pobres de esos lugares.

Paralelamente nos hablaban de los “Corazones Valientes”, una institución de los misioneros seglares de los Sagrados Corazones, que motivaba a los que querían tener una experiencia misionera, para ayudar a un desarrollo armónico y progresivo en las regiones más apartadas del país. El colegio había organizado unos viajes con los chicos de media para que conocieran in situ la labor que estaban haciendo en Ayaviri.

 

Nuestra ayuda a las misiones

A nosotros, que estábamos todavía en primaria, nos hablaban de las misiones entregándonos estampas y una alcancía a cada uno, para conseguir limosnas para los niños pobres, sobre todo del África. A mi y a otros compañeros nos hicieron padrinos de unos niños africanos. Todavía tengo un diploma con el nombre de mi ahijado y una imagen de la Virgen.

Cuando entramos a media nos llevaban a labores sociales cercanas a Lima, en Reinoso (Callao), Chocas (cerca de Comas), y Puente piedra, donde los padres de los Sagrados Corazones tenían sus labores de ayuda social.

 

La historia de la Prelatura de Yauyos

En tercero de media y conocí el Opus Dei. En el Centro de la Obra nos contaban la historia de Yauyos, que nosotros escuchábamos como si fueran unas aventuras impresionantes lideradas por el Prelado, Mons. Orbegoso, a quien conocimos en la playa, cuando jugaba con nosotros partidos de fulbito, y cuando nos invitaba a jugar ping-pong en el obispado. Lo mirábamos con respeto y admiración como el líder de una gesta heroica increíble.

 

Testigo de un impactante milagro

Han pasado más de 60 años y pudo decir que he sido testigo de un gran milagro que tendrá, en el futuro de la Iglesia del Perú y universal, una repercusión mucho más grande que la actual. 

En todos estos años un puñado de sacerdotes, sembraron, en un territorio casi abandonado, la doctrina cristiana consiguiendo miles de bautizos, confirmaciones, matrimonios y vocaciones sacerdotales. 

San Josemaría y muchísima gente en todo mundo, del Opus Dei y cercanos a la Obra, rezaron con mucha fe por la Prelatura de Yauyos. Los frutos se multiplicaron y la prelatura se convirtió en el punto de ignición para que en otras circunscripciones eclesiásticas continuara una siembra de amor a Dios que, hasta ahora sigue creciendo; en unos años más, si se trabaja bien en esos campos, veremos una cosecha mucho más abundante. Hay que tener en cuenta que el Santo de lo ordinario rezó por todo esto.

 

Todavía no se ha recogido toda la cosecha 

Lo que se siembra no se pierde. En el fondo de muchas almas está la semilla que han colocado los que han rezado y han intervenido en la vida de muchas almas. Las circunstancias del mundo y de la época pueden traer huaicos que cubran esas semillas y pueda parecer que todo está perdido. Craso error. 

En los lugares donde hay un liderazgo de amor auténtico, que no es autoritarismo, sino de entrega y servicio total desinteresado, allí se deja  la semilla que hará crecer un fruto sabroso y envidiable en un futuro no muy lejano. 

En el fondo de las almas que estuvieron en esos territorios anida la semilla que dejaron sacerdotes fieles y entregados al plan de Dios. Se viene una nueva etapa de más siembra y abundante cosecha: muchas conversiones y una multiplicación de vocaciones.

Tal como, años atrás, lo anunció San Josemaría, cuando estuvo en nuestro país: “en el Perú y desde el Perú” Sus palabras no han perdido vigencia. Los sacerdotes que estuvieron presentes, muchos de ellos en el Cielo, fueron testigos de esta siembra de amor que se sigue prolongando con la protección de la Madre del Amor Hermoso, en un valle de gente sencilla, que San Josemaría calificó de bendito.

 

Unas pinceladas de la historia

El año 1957 con Mons. Ignacio María Orbegozo, vinieron de España para empezar en Yauyos los padres: Enrique Pélach (fue luego Obispo de Abancay), Frutos Berzal, Alfonso Fernández, José Pedro Gressa, Jesús María Sada, y en los años siguientes se sumaron 40 sacerdotes más.

“El 26 de Mayo de 1968 asumió Mons. Luis Sánchez Moreno Lira el gobierno de la Prelatura de Yauyos. Se iniciaba, junto con Chiclayo y Abancay, una “revolución” de orden espiritual, por la consecuencia que va a traer el trabajo de estos obispos en sus jurisdicciones…por la numerosa promoción de jóvenes al sacerdocio” (Héctor Francia, Breve reseña histórica de la Prelatura de Yauyos). 

El año 1974, cuando San Josemaría visita el Perú, estaban de seminaristas en la Prelatura de Yauyos Josemaría Ortega (luego fue obispo de Juli), Angel Ortega (hermano de Josemaría, ahora canónigo en la Catedral de Lima), Víctor Huapaya (canonista, párroco en Mala), y Luis Ubillús (Chiclayano ya fallecido). Fueron los primeros sacerdotes peruanos de la Prelatura de Yauyos ordenados el año 1978.

El año 2007, cuando la Prelatura cumplió 50 años (bodas de oro), ya se habían ordenado más de 200 sacerdotes. 

El clero de esta prelatura es joven. En ellos está el futuro de la Iglesia, junto a muchos otros, en distintas diócesis y prelaturas, que han tenido y siguen teniendo relación con Yauyos, porque han sido formados en el espíritu que San Josemaría y los primeros sacerdotes transmitieron en sus labores pastorales: el espíritu del evangelio y un amor muy grande a la Iglesia y al Papa.

San Josemaría les decía a los sacerdotes que debían ser santos y vínculos de unidad. Nos pedía a todos los sacerdotes para que seamos santos, doctos, alegres y deportistas. (P. Manuel Tamayo)