CON SAN JOSEMARÍA EN ROMA
1970 – 1972
Por designios de la
Providencia me tocó estar en Roma desde Octubre de 1969 hasta julio de 1972.
Antes habían ido Jesús Alfaro y Guillermo Oviedo. Con Jesús no coincidí porque
él estaba en Pamplona y después volvió a Lima, sin ordenarse, en cambio con
Guillermo Oviedo si coincidí un año, y también regresó a Lima sin ordenarse.
Las ordenaciones de Jesús y Guillermo se dieron el 74 y 75, ambos regresaron de
Lima para sus respectivas ordenaciones.
Viví junto a San Josemaría en Roma en unos años que podrían considerarse emblemáticos. Me atrevo a considerar que hubo como un cambio notable en San Josemaría a partir de los años 70.
Lo que yo vi en él fue una gran preocupación el año 69 y en los inicios de la nueva década y un entusiasmo desbordante a raíz de su viaje a México, (la primera vez que viajaba al continente americano), en mayo de1970.
El 69 andaba con anteojos oscuros y nos decía que se le habían puesto malos los ojos de tanto llorar por la situación de la Iglesia en esos años. Nosotros no éramos tan conscientes porque en Roma todos se esforzaban por hacernos la vida agradable. De pronto un día San Josemaría nos dio la noticia: “voy a visitar en México a la Virgen de Guadalupe para pedirle por la Iglesia” y nos pidió que le acompañáramos con la oración.
Los días que estuvo en México rezó mucho en el Santuario de Guadalupe y con varios mexicanos le cantaron a la Virgen canciones de amor humano, que se convirtieron también en oración de esperanza.
Regresó de México con un entusiasmo increíble y empezó a escribir cartas para pedirnos oraciones por la Iglesia y el Papa. Tenía una gran certeza en la oración de todos y en la intercesión de la Virgen, para que “pasara el tiempo de la prueba”, así llamaba a los momentos difíciles que pasaba la Iglesia, y nos aseguraba, utilizando una metáfora, que después del invierno llegaría una radiante primavera.
Los que cursábamos estudios universitarios en Roma
Yo había llegado a Roma el año anterior, en octubre, allí continué mis estudios universitarios en la carrera de ciencias de la educación.
Estudiaron conmigo Vicente Ancona (brasileño, se ordenó sacerdote, fue consiliario en su país), vive en Brasil; Germán Arbelaez (colombiano, se ordenó sacerdote, falleció), vivíamos en la misma habitación, Juan Manuel Vicens (español, se ordenó sacerdote, falleció), le gustaba tocar valses peruanos en la guitarra, cantamos juntos muchas veces, Emilio Dáneo (español, falleció), un hombre serio de gran corazón y muy servicial. José Manuel Colina (español, se ordeno sacerdote), creo que era el menor de todos, muy alegre y jovial. Fernando Yarza (español, se ordenó sacerdote, le encantaba cantar canciones francesas), antes de ordenarnos estuvo conmigo en el Club Glera de Logroño. Paco Vendrell (español, se ordenó sacerdote y vive en España, Paco Bernal (español, fallecido).
En la promoción siguiente estaban: Tomás Alvira (español, Se ordenó sacerdote), Javier Medina (español, se ordenó sacerdote, escribió la biografía de Mons. Álvaro del Portillo, falleció), José María Maiz (español) y Ángel Rodríguez Nuño (español, se ordenó sacerdote, es un gran teólogo con muchas publicaciones). Quizás hubieron más, que ahora no recuerdo.
Los que hacían cabeza en el Colegio Romano en los años 70
El rector del Colegio Romano, ahora Seminario Internacional del Opus Dei, era el P. Iñaki Celaya, (español, que jugaba muy bien el fútbol y tocaba piano), de sub director estaba Jesús Ferrer (español, que luego se ordenó sacerdote, ya ha fallecido, fue director de mi tesis doctoral de teología); el secretario del Colegio Romano, en esos años, era Paulino Busca (que luego se ordenó sacerdote, ahora está en Ecuador, también entraba a las canchas, era un aguerrido jugador de fútbol), el Director Espiritual era el P. Sabino Gabiola, jugaba bastante bien el fútbol y se sabía el nombre de los jugadores más importantes del mundo. Ese año fue el mundial México 70, el P. Sabino me llamó a su mesa en el comedor y, delante de todos, mencionó, con nombre y apellido, a los jugadores de la selección peruana. A mí me pareció increíble, y desde ese día lo puse bien alto. Me ayudó para adaptarme bien a Italia y a la organización del Colegio Romano. Le tengo, hasta ahora, un agradecimiento muy grande.
El ambiente dentro del Colegio Romano
Éramos como 120 muchachos con edades que fluctuaban entre los 20 y 30 años, repartidos en 4 grupos según las edades. El cuarto era el de los mayores.
Por la mañana teníamos la meditación y la Santa Misa, cada grupo en un oratorio distinto, con excepción de los días de fiesta, que era en el oratorio de Santa María de la Paz, (que ahora es la Iglesia Prelaticia), solía ser con órgano (que tocaba Fernand Cruz, Filipino) y el canto del coro.
Después del desayuno, clases, y por las tardes, los encargos. Cada uno tenía una tarea que realizar: carpintería, electricidad, tienda (ir a comprar), limpieza (distintas zonas de la casa que era muy grande). También había ensayos del coro o la preparación de números musicales para los días de fiesta o los cumpleaños. Un día salíamos a jugar fútbol o basket, en la cancha de los Caballeros de Colón, que estaba cerca de Villa Tevere; otros preferían el tenis o la piscina.
Los fines de semana nos animaban a salir para conocer Roma. Cuando terminaba el año académico íbamos a Tor D´Aveia, una casa de retiros que quedaba en L´Aquila, en el mismo centro de Italia. Eran los días de descanso: mucho deporte, paseos al monte en las distintas zonas del Abruzzo, algunos se animaban a intentar subir al Gran Sasso o al pícolo Sasso que así se llamaban los picos más altos (2,900 mts) en los Pirineos de esa región. También podíamos ir a conocer los pueblos del contorno San Felice d´Ocre, San Pánfilo, etc.
Ese año 70, vimos por televisión los partidos del mundial de fútbol, pude ver los que jugó el Perú, con la alegría y la pasión de los chicos que vibraban entusiasmados con las jugadas y los goles. Esa circunstancia me unió a los demás y pude hacer amigos en poco tiempo.
En Tor D´Aveia, pude ver por televisión, todavía en blanco y negro, el mejor partido de fútbol que he visto en mi vida, cuando jugaron Italia y Alemania la semifinal que ganó Italia 4-3. Fue considerado el partido del siglo. Por Italia jugaban Luigi Riva, y Gianni Rivera y en Alemania Franz Beckenbauer jugó todo el partido con un brazo enyezado. ¡Un partidazo!
El 69 en Roma tenía 21 años, era de los menores y me pusieron en el grupo 1 (el de los más jóvenes). El director del grupo era un portugués: Jorge Margarido (que luego se ordenó y se fue a Portugal), el sacerdote del grupo que estaba a cargo de nosotros era el P. José Luis Pastor (valenciano, médico de cabecera de San Josemaría), un sacerdote mayor, buenísimo y de un carácter muy agradable. San Josemaría decía que era como una mamá, cuando lo atendía, porque estaba pendiente de todos los detalles. Así lo notábamos nosotros, sabía querernos y cuidaba de cada uno, de la salud física y espiritual de todos.
En el aspecto académico teníamos excelentes profesores, tanto en Ciencias de la educación como en Sagrada Teología.
Mencionaré algunos nombres que recuerdo. Han pasado más de 50 años:
· Juan Manuel Verdaguer (catalán, médico, profesor de Biología, falleció), un hombre alto y fornido, experto en sofronizar. También atendía a San Josemaría. Tuvimos una tertulia muy divertida cuando Juan Manuel Verdaguer le explicaba a San Josemaría lo que era sofronizar, decía que en el dentista, si nos auto convencemos de que no nos va a doler, lo podemos conseguir y ya no sería necesaria la anestesia. San Josemaría se reía y no le creía, Juan Manuel insistía con más argumentos y así se desarrollaba la tertulia, muy divertida y simpática, nosotros nos reíamos a más no poder, cuando San Josemaría le refutaba, con mucha gracia, los argumentos de Juan Manuel.
· El P. Antonio Miralles, nos daba clases de dogmática, (algunas eran en latín), con una cabeza super ordenada, era también experto en las competencias de ciclismo que había en Europa, tenía siempre el dato preciso del tour de Francia o de la Vuelta de España.
· Fernando Ocáriz (el actual Prelado, era laico en esos años), también nos daba clases de dogmática, era brillante en sus explicaciones. Además, para admiración de todos, daba las clases caminando y sin ningún papel; buen deportista, jugaba con nosotros al fútbol y más tarde se dedicó a tenis. Se ordenó sacerdote el año 72.
· El P. Miguel Ángel Tabet (venezolano, fallecido), nos daba clases de hebreo, le encantaba tocar guitarra y cantar canciones venezolanas o de centroamericanas.
· El P. José Luis Gutierrez (español, ya fallecido) era un gran latinista y experto en tauromaquia, muy divertido, un día tuvimos una larga conversación sobre los toreros que visitaron Acho y ganaron el escapulario de oro, sabía todo.
· El P. José Luis Illanes (español, gran teólogo y profesor nuestro), todavía vive, está actualmente en España.
La primera década de los
años 70 en Roma ha quedado grabada en nuestras vidas. Creo que para la gran
mayoría fueron los mejores años vividos.
El tener contacto con santos de la categoría de San Josemaría, Don Álvaro del Portillo y muchos otros que tenían un nivel humano de primera, y que ponían todo su esfuerzo en nuestra formación, haciéndonos la vida muy agradable, ha sido un privilegio inmerecido, que no cesaremos de agradecer. (P. Manuel Tamayo).
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