PERIODISMO Y EDUCACIÓN
Los años 70 con
San Josemaría
El espíritu de solidaridad y de servicio que aprendí en la tropa de Boys Scouts de mi colegio influyó lo suficiente, creo yo, para la elección de la carrera profesional que debía seguir en el futuro.
Por muchos años quise ser marino, como mi abuelo, pero luego vi que lo mío eran las humanidades. Me gustaba mucho el cine, la actuación y las comunicaciones. Mis tíos me animaban para que sea diplomático, mi papá era abogado y trabajaba en el Poder Judicial, mi tío y padrino era literato, académico de la lengua. Eran posibles carreras pero no me decidía por ninguna de ellas.
Después de escuchar varios consejos mi primera decisión fue por las Letras; tenía dos años para pensar si seguía derecho, literatura, o periodismo. No existía todavía la carrera de comunicaciones y todo lo relacionado con el cine era una afición, como lo era también la guitarra y el fútbol.
Cuando estaba en el colegio y frecuentaba el Centro del Opus Dei, me contaban que Mons. Escrivá decía que, en estos tiempos, eran muy importantes dos carreras: Periodismo y Educación. Argumentaba, con una intuición muy acertada del futuro, que en esas carreras se meterían personas sin principios cristianos, (por razones ideológicas y políticas), y que podrían desviar, sobre todo a los niños y a los jóvenes, de los caminos correctos. San Josemaría animaba para que muchas personas buenas, y con criterio cristiano, siguieran esas carreras.
Ciencias de la educación, una carrera distinta.
Años después, cuando estudiaba Letras en San Marcos, me preguntaron si quería ir a estudiar ciencias de la educación a Roma.
Yo conocía solo la carrera de educación, que se estudiaba en las normales y en alguna facultad, era para ser maestro de colegio. Algo que no me apetecía.
Pero me explicaron que Ciencias de la educación era otra cosa, que estudiaría filosofía de la educación, biología, psicología evolutiva, sistemas educativos, educación comparada y otros cursos que me capacitarían para ser “profesor de profesores” o una persona que se especialice en educación familiar. Me dijeron también que podría ser muy útil si es que tenemos que trabajar en colegios o también en universidades. Todo esto me resultaba más atractivo.
Los estudios universitarios en Europa
Los pocos cursos que pude seguir en San Marcos, en un año y medio de estudios, me los llegaron a convalidar y pude ingresar al Instituto de ciencias de la educación de la Universidad de Navarra, con sede en Roma. Al llegar a Europa me di cuenta de la diferencia grande que había con los estudios que se hacían en el Perú.
En San Marcos, si iban todos los alumnos matriculados al aula, no entraban. Solo cuando había una clase importante, venía un grupo numeroso de alumnos. En esas ocasiones, si no llegaba con una hora de anticipación, tenía que escuchar la clase de pie, en el pasillo, porque no había sitio en el aula.
Los chicos no acostumbraban a estudiar durante la clase, solo estaban presentes y se notaba que muy pocos prestaban atención. Se entregaba unas copias en mimeógrafo para estudiar el examen. La mayoría estudiaba solo para el examen, que era escrito.
En Europa era diferente, los chicos tomaban apuntes en clase y ellos mismos hacían un resumen de lo dictado y luego conversaban con el profesor, en los ambientes de la universidad y además estudiaban en los libros recomendados.
Creía que en Europa iba a triunfar porque sabía lo que cualquier chico de 20 años podía conocer: las canciones de la época, los cantantes más famosos, además podía cantar muchas canciones que estaban de moda; sabía también de fútbol, el nombre de los mejores jugadores y de los equipos emblemáticos y además conocía las marcas y modelos de automóviles que circulaban en mi país. Yo pensaba que con esos conocimientos estaría al nivel de los chicos europeos.
Grande fue mi sorpresa cuando en una tertulia, con chicos de mi edad, me preguntaron cuál era la renta per capita de mi país. Me quedé mudo, jamás me interesó ese dato, y como no dije nada otro me pidió que le explicara porqué el presidente Velazco, de la junta militar, era de izquierda cuando los militares en el mundo, decía él, suelen ser de derecha. También me quedé mudo y además bastante preocupado por mi ignorancia y al ver el interés que los chicos tenían por esos datos que para mi eran de los “viejos”.
El director me llamó a parte y me dijo que mirara en la televisión algún tema cultural, que lo aprendiera bien y que luego lo contara en la tertulia. Así lo hice y aprendí a interesarme por temas más importantes de cultura general.
Era impresionante ver estudiar a los alumnos en la clase y en la biblioteca y la soltura que tenían para manejarse con los temas tratados en los cursos. Al principio me asusté porque no llegaba a ese nivel de agilidad, pero luego con el tiempo pude nivelarme y quedé muy contento.
Iniciativas educativas fomentadas por gente del Opus Dei
Paralelamente a mis estudios de ciencia de la educación veía que aparecían en el mundo muchas iniciativas educativas para chicos y grandes. Algunos colegios llevados por gente del Opus Dei tenían una sección nocturna, gratis, para personas de escasos recursos, aparecieron también las EFAS (Escuelas familiares Agrarias), con el sistema de la alternancia para gente del campo. Siguiendo un modelo francés “L´école de parents” se crearon centros de orientación familiar para enseñar a los padres a educar a sus hijos. Junto a estas iniciativas aparecieron publicaciones: libros, revistas y folletos con temas educativos.
En el mundo, las iniciativas de educación se multiplicaron con más colegios y universidades. En el Perú empezó su andadura la Universidad de Piura en 1969, antes ya estaba funcionando en Cañete el Instituto Agropecuario Valle Grande, que después fue Escuela Agraria, los colegios aparecieron en la década de los 80 y fueron creciendo con los años.
San Josemaría no dejaba de advertirnos lo importante que eran estas dos carreras para salvar al mundo de ideologías ateas que podrían hacer mucho daño en los campos educativos con los niños y jóvenes y a través del poder mediático que cada día crece de una manera exponencial e invade todos los hogares.
Cuando miramos, a la vuelta de los años, cómo está la educación en los colegios y quiénes están influyendo ahora en los medios de comunicación, la preocupación de San Josemaría era real y actual. Gracias a Dios varios pudimos seguir esas carreras que él aconsejaba y ahora tratamos de corregir y revertir a quienes abrazaron, sin saberlo, esas ideologías engañosas que prometían y siguen prometiendo el progreso de la humanidad y son una auténtica utopía.
Hay maestros y periodistas infectados de corrientes ateas y liberales, de izquierda y de derecha, que no respetan los derechos humanos y la libertad religiosa de la gente. Hoy, parece increíble, se sigue persiguiendo a la Iglesia y a los cristianos, como en los primeros tiempos. Hoy tenemos el deber imperioso de ir contracorriente para salvar la doctrina que Jesucristo revelo y que la Iglesia custodia (P. Manuel Tamayo).
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