COACCIONES QUE LIMITAN LA LIBERTAD Y EL DESARROLLO PERSONAL
“Coacción
es una fuerza o violencia física o psíquica que se ejerce sobre una persona
para obligarla a decir o hacer algo contra su voluntad, (diccionario)”.
“Con una personalidad coercitiva que
limita la libertad se podría impedir el desarrollo de habilidades tan importantes como la solución
de problemas, la generación de alternativas, la empatía y la
autonomía, entre otros. Con el tiempo, se podría estar creando personas inseguras,
con una personalidad dependiente que le imposibilitará dar pasos sin la ayuda
de los demás. A la larga, además, su autoestima podría verse mermada con una mala autocrítica, sin que sepa
aceptar sus errores ni aprender de ellos. Todo ello, con los años, generaría
una insatisfacción generalizada. A la larga, esta insatisfacción puede
afectar a todos los ámbitos de la vida, sobre todo al personal, se le hará difícil mantener
una vida ordenada y positiva y tal vez la imposibilidad de crear vínculos positivos basados en
el respeto hacia la otra persona y hacia sí mismo. Hoy existen adultos no preparados para las situaciones
que genera la vida. (Guía “Quién
te quiere a ti”, editada por Save the Children).
“Y para comprender el mensaje
celestial acerca de la providencia divina, en relación con lo que llamamos la
Revelación sobrenatural, es preciso primero disponer el corazón de manera
correcta, no sólo para conocer la voluntad de Dios, sino también para
hacerla: «El que quiera hacer la
voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi
propia cuenta» (Jn.
7:17).
COMENTARIO
La libertad, que es esencial para la calidad de las
decisiones que se tomen, no es nunca
la huida, la ausencia de compromisos, ni el desenfreno.
Se tiene libertad
cuando se respeta y se quiere la verdad, y ésta es objetiva. Las cosas son lo
que son y no lo que queremos que sean. Si las cosas cambian habrá que admitir
que han cambiado.
La realidad es
imprescindible para poder conocer la verdad y así lograr orientar nuestro querer,
que es orientar nuestra vida.
Para conocer la
verdad y quererla es necesaria la libertad y ésta se debe respetar siempre.
Además con el conocimiento de la verdad la libertad crece.
Desde la infancia
A los niños hay que
enseñarles a querer. Ellos mismos aprenden a tomar decisiones, gracias a la formación recibida, en la
familia y en el colegio, con los criterios de conducta de una antropología
correcta.
Siempre, en todas
las épocas de la vida, la verdad nos hace libres y la mentira nos esclaviza.
Coacciones involuntarias y penosas
Lo que se arma y se
construye con la mentira, o con la imposición de la verdad, sin
respetar la libertad, termina siempre mal.
Lamentablemente
existen todavía muchas personas que, sin
proponérselo y sin darse cuenta, coaccionan a los demás con su estilo de
vida o con el modo de hacer las cosas.
Entre ellas se
encuentran las que organizan sistemas de control buscando en primer lugar el
orden y la eficacia de su organización, es fácil que pongan el acento en su
trabajo con unos parámetros que limitan la libertad de los demás.
Otros piensan que
las cosas deben hacerse de acuerdo a unos esquemas fijos y se aferran a sus planteamientos para que todo
se cumpla como se había previsto. Son los que están más pendientes de la gente
haga lo que está establecido; (puede
darse en los colegios, en instituciones, o en las empresas). El exceso de
un formalismo burocrático impide el acercamiento a las personas.
También puede
ocurrir que los que tienen potestad por el cargo que han recibido, estén más
pendientes del éxito de su mandato (horarios, asistencias, que
todo esté cubierto y preparado), que del acercamiento a las personas en sus
ambientes respectivos; no tienen tiempo ni saben acompañar a la gente en las
diversas vicisitudes de la vida (visitar su casa, ir al
médico, ir a verlo jugar en un evento deportivo, visitarlo cuando está enfermo,
estar con él en el velorio de un pariente, etc).
Cuando se trata de
la formación de las personas no deja de ser penoso si se les busca solo para
que participen de actividades organizadas. “Marcan tarjeta” de asistencia y luego
se hacen comentarios elogiosos: “¡qué bien ha salido la
actividad, han venido muchos!” En realidad muchas
veces solo “se han reventado cohetes”.
En todo el mundo
abundan eventos que solo tienen como fin que venga gente. Esto está bien para
un espectáculo artístico, deportivo, o para asistir a algunas conferencias
interesantes, pero cuando se trata de formar a las personas para que se
comprometan con valores trascendentes es indispensable el trato humano personal,
que es lo que más tiempo lleva.
Libertad para amar y formar personas libres
La potestad que se
recibe para formar a las personas, en los distintos ámbitos, hogar, colegio, instituciones, etc.,
tiene como función primordial conocer bien a cada persona con sus
circunstancias.
Los que estuvieron más pendientes de los sistemas (clases, actividades, etc), se dieron con un canto en los dientes, cuando
comprobaron que su semilla cayó en un campo pedregoso y no dio fruto.
El primer
planteamiento formativo para cualquier persona es amarla. Ese es el punto de partida para que
exista realmente la libertad y se pueda lograr que las personas libremente
quieran.
Lamentablemente en
muchos colegios, las actividades que tienen que ver con la ética y la formación
religiosa de los alumnos, son “un saludo
a la bandera”; no se llega a la meta ideal por los modos de proceder de los
que ponen el acento en los sistemas y quieren que todos pasen por el “aro” de
esos procedimientos. ¡Hay que rezar! (P. Manuel Tamayo).