martes, 19 de noviembre de 2019


COACCIONES QUE LIMITAN LA LIBERTAD Y EL DESARROLLO PERSONAL

“Coacción es una fuerza o violencia física o psíquica que se ejerce sobre una persona para obligarla a decir o hacer algo contra su voluntad, (diccionario)”.

“Con una personalidad coercitiva que limita la libertad se podría impedir el desarrollo de habilidades tan importantes como la solución de problemas, la generación de alternativas, la empatía y la autonomía, entre otros. Con el tiempo, se podría estar creando personas inseguras, con una personalidad dependiente que le imposibilitará dar pasos sin la ayuda de los demás. A la larga, además, su autoestima podría verse mermada con una mala autocrítica, sin que sepa aceptar sus errores ni aprender de ellos. Todo ello, con los años, generaría una insatisfacción generalizada. A la larga, esta insatisfacción puede afectar a todos los ámbitos de la vida, sobre todo al personal, se le hará difícil mantener una vida ordenada y positiva y tal vez la imposibilidad de crear vínculos positivos basados en el respeto hacia la otra persona y hacia sí mismo. Hoy existen adultos no preparados para las situaciones que genera la vida.  (Guía “Quién te quiere a ti”, editada por Save the Children).
“Y para comprender el mensaje celestial acerca de la providencia divina, en relación con lo que llamamos la Revelación sobrenatural, es preciso primero disponer el corazón de manera correcta, no sólo para conocer la voluntad de Dios, sino también para hacerla: «El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta» (Jn. 7:17).

COMENTARIO

La libertad, que es esencial para la calidad de las decisiones que se tomen,  no es nunca la huida, la ausencia de compromisos, ni el desenfreno.

Se tiene libertad cuando se respeta y se quiere la verdad, y ésta es objetiva. Las cosas son lo que son y no lo que queremos que sean. Si las cosas cambian habrá que admitir que han cambiado.

La realidad es imprescindible para poder conocer la verdad y así lograr orientar nuestro querer, que es orientar nuestra vida.

Para conocer la verdad y quererla es necesaria la libertad y ésta se debe respetar siempre. Además con el conocimiento de la verdad la libertad crece.


Desde la infancia
A los niños hay que enseñarles a querer. Ellos mismos aprenden a tomar decisiones, gracias a la formación recibida, en la familia y en el colegio, con los criterios de conducta de una antropología correcta.

Siempre, en todas las épocas de la vida, la verdad nos hace libres y la mentira nos esclaviza.

Coacciones involuntarias y penosas
Lo que se arma y se construye con la mentira, o con la imposición de  la verdad, sin respetar la libertad, termina siempre mal.

Lamentablemente existen todavía muchas personas que, sin proponérselo y sin darse cuenta, coaccionan a los demás con su estilo de vida o con el modo de hacer las cosas.

Entre ellas se encuentran las que organizan sistemas de control buscando en primer lugar el orden y la eficacia de su organización, es fácil que pongan el acento en su trabajo con unos parámetros que limitan la libertad de los demás.

Otros piensan que las cosas deben hacerse de acuerdo a unos esquemas fijos y  se aferran a sus planteamientos para que todo se cumpla como se había previsto. Son los que están más pendientes de la gente haga lo que está establecido; (puede darse en los colegios, en instituciones, o en las empresas). El exceso de un formalismo burocrático impide el acercamiento a las personas.

También puede ocurrir que los que tienen potestad por el cargo que han recibido, estén más pendientes del éxito de su mandato (horarios, asistencias, que todo esté cubierto y preparado),  que del acercamiento a las personas en sus ambientes respectivos; no tienen tiempo ni saben acompañar a la gente en las diversas vicisitudes de la vida (visitar su casa, ir al médico, ir a verlo jugar en un evento deportivo, visitarlo cuando está enfermo, estar con él en el velorio de un pariente, etc).

Cuando se trata de la formación de las personas no deja de ser penoso si se les busca solo para que participen de actividades organizadas. “Marcan tarjeta” de asistencia y luego se hacen comentarios elogiosos: “¡qué bien ha salido la actividad, han venido muchos!” En realidad muchas veces solo “se han reventado cohetes”.

En todo el mundo abundan eventos que solo tienen como fin que venga gente. Esto está bien para un espectáculo artístico, deportivo, o para asistir a algunas conferencias interesantes, pero cuando se trata de formar a las personas para que se comprometan con valores trascendentes es indispensable el trato humano personal, que es lo que más tiempo lleva.


Libertad para amar y formar personas libres
La potestad que se recibe para formar a las personas, en los distintos ámbitos, hogar, colegio, instituciones, etc., tiene como función primordial conocer bien a cada persona con sus circunstancias.
Los que  estuvieron más pendientes de los sistemas (clases, actividades, etc), se dieron con un canto en los dientes, cuando comprobaron que su semilla cayó en un campo pedregoso y no dio fruto.

El primer planteamiento formativo para cualquier persona es  amarla. Ese es el punto de partida para que exista realmente la libertad y se pueda lograr que las personas libremente quieran.

Lamentablemente en muchos colegios, las actividades que tienen que ver con la ética y la formación religiosa de los alumnos, son “un saludo a la bandera”; no se llega a la meta ideal por los modos de proceder de los que ponen el acento en los sistemas y quieren que todos pasen por el “aro” de esos procedimientos. ¡Hay que rezar! (P. Manuel Tamayo).  

miércoles, 13 de noviembre de 2019


CUANDO LA “LIBERTAD” ES MENTIRA

“La libertad es una facultad natural del ser humano, esto significa que es una condición imprescindible para el desarrollo de su personalidad y el logro de su plenitud. Sin libertad el hombre dejaría de ser hombre” (Andrea Méndez).

“Una de las necesidades psicológicas más importante es la necesidad de libertad, sentirnos libres para elegir, para decidir lo que queremos y lo que hacemos, como personas independientes, sin influencias ni ataduras. Esto nos hace fuertes y está en la base de la confianza en uno mismo y del bienestar psicológico” (Consigue).

“Nada es tan importante como asumir nuestra propia libertad y responsabilidad personal para definir nuestras metas, esas que haremos nuestras aún en las peores circunstancias. Cada día y en cada momento tenemos la oportunidad de tomar una decisión, una decisión que determinará: si quedar sujetos a las propias circunstancias, como un juguete en manos del destino, o actuar con auténtica dignidad, escuchando a nuestro verdadero yo” (Viktor Frankl, “El hombre en busca de sentido”).

“Cuando en nuestra vida hay muchas cosas innecesarias, la vida misma se convierte en algo innecesario. Si el espacio no nos da nada o no podemos encontrarnos en él, entonces tarde o temprano cualquier espacio se convertirá en algo fatigoso. Podemos permanecer en un mismo espacio y conseguir satisfacción sólo si nos estamos mejorando constantemente, es decir, si podemos involucrarnos en algún proceso o, como ya hemos mencionado, si el espacio nos está nutriendo. Si el espacio es más fuerte que nosotros, entonces nos comprime y el ser humano, al no poder dominar esta situación, se va, sintiendo temporalmente un alivio que se llama “falsa libertad” (Vid. Persona).

“No se puede imponer por la fuerza la libertad a los demás, porque hay algo contradictorio en este gesto. Es como decir: "Te impongo la dignidad", pero la dignidad no se puede imponer, no es posible imponer lo que supone el gesto mismo de la imposición. El precio de esta imposición es demasiado elevado” (Tzvetan Todorov).


COMENTARIO

Es mentira cuando se dice que hay libertad y en realidad no la hay. Quienes están bajo el efecto del “síndrome de Estocolmo” parece que son libres y no lo son.

Hay personas, en los distintos ambientes del mundo, que tienen una mentalidad impositiva, creen que respetan la libertad de los demás y tienen a la gente encorsetada. Ellos dicen que en sus empresas, o instituciones educativas (colegios, institutos, universidades), los empleados y los alumnos son libres y que por lo tanto asisten voluntariamente a las actividades que ellos organizan; y luego resulta que, cuando se conoce más a fondo la realidad, no era lo que ellos afirmaban.

No son pocas las personas, que sin darse cuenta, tienen una mentalidad “mesiánica” ó “iluminista” y un modo de enfocar las cosas tremendamente impositivo.

Esas personas, sin tener mayor advertencia a la actitud dictatorial que poseen en su conducta, buscan que se hagan las cosas como ellos quieren. Les parece que tiene que ser así, se sienten llamados a imponer algo, diciendo “como debe ser” o “cómo debe hacerse” sin percibir la fuerte inclinación a la imposición que llevan en sus modos de proceder.  Están completamente seguros de estar en lo correcto y no admiten otros planteamientos.

En la historia han existido, y todavía existen, muchos gobernantes que son verdaderos tiranos y piensan que sus ideas y proyectos son los acertados, porque además dicen que los hacen en nombre de la libertad y el respeto a las leyes y a toda la población.


La falsa creencia del que cree que respeta la libertad
Cuando vemos los desfiles militares de los países totalitarios y escuchamos a los soldados exclamar a coro un slogan de unidad y aceptación a la causa que defienden, pensamos que se trata de un adoctrinamiento obligatorio y que ellos están actuando por imposición y no libremente, aunque podría haber alguna excepción.

Este mismo esquema nos sirve para darnos cuenta que en muchas empresas e instituciones educativas puede ocurrir algo parecido, salvando las distancias.

Es fácil que la gente sometida de alguna manera, por temor a represalias, o a ser excluidos, admita que son libres y muestren una conducta de aceptación, para no hacer problema (síndrome de Estocolmo). Luego, en otros ámbitos, lejos de los que lo mandan, comentan que se sienten presionados y obligados. 

Es paradójico y no deja de ser irrisorio comprobar que en las instituciones donde se dan estas imposiciones el Jefe, en sus discursos, suele hacer elogios de las bonanzas de su empresa que sale adelante y tiene éxito gracias a la libertad que hay en ella. Lo mismo hemos escuchado de algunos gobernantes que se creen iluminados.

En la educación de los chicos: no se trata de que hagan cosas, sino de que quieran hacerlas
Cuando los padres de familia o los educadores imponen habitualmente los criterios de conducta a los chicos para que hagan o no hagan las cosas, irán creando poco a poco un ambiente negativo de insatisfacción o de miedo y tarde o temprano llegará el momento de la ruptura motivada por el hartazgo; ya no aguantan más y tomarán otro camino.
 
No se trata de conseguir que la gente haga cosas; lo que se debe conseguir es que la gente quiera hacerlas. Para lograrlo hay que decirles la verdad con una gran delicadeza y comprensión; y sobre todo darles ejemplo.


El ejemplo de vida
El prestigio de una vida sincera y llena de virtudes crea los verdaderos espacios de libertad donde no hay ninguna pizca de imposición.

Es mucho más acertado y valioso ver a un chico amable que saluda, que tener que decirle que salude para que lo haga. Es mejor callar, no decirle nada y en otro momento enseñarle para que él lo quiera hacer.

Es muy bueno que todos se sientan muy libres para hacer lo que les venga en gana y que ellos mismos se den cuenta que si están haciendo algo bueno es porque ellos mismos lo han decidido. Decidirán por el bien cuando se les ha formado en libertad desde muy pequeños.

Es imprescindible que los espacios sean lugares donde los seres humanos se sientan libres y que ellos mismos reconozcan los valores que se les alcanza para que sean virtuosos y acierten en sus decisiones. La educación no es buena cuando es impositiva para que solamente se haga lo que se debe hacer.

Para que no sea impositiva es imprescindible la Caridad, solo una persona que sabe amar y que quiere bien a los demás conseguirá que los demás quieran. Donde se siembra amor se recoge amor. Si no se hace así se pierde el tiempo, (P. Manuel Tamayo).

martes, 5 de noviembre de 2019


LOS  SOCIALISTAS “CATÓLICOS”

“El socialismo es una doctrina sociopolítica y económica basada en la propiedad y la administración colectiva de los medios de producción con el fin de alcanzar una distribución más equitativa de la riqueza…De esa manera el socialismo se plantea reducir tanto la propiedad privada como la distinción de las clases sociales. De allí que, el concepto original de socialismo se opone al de capitalismo, sistema económico basado en el libre mercado y de la propiedad privada de los medios de producción” (Diccionario).

“La Iglesia católica promulgó en los años 1890 los postulados base de la Doctrina Social de la Iglesia, no como un enfoque político sino como una doctrina social, orientada no a la sociedad humana sino a la trascendencia del espíritu en contraposición a las teorías marxistas centradas en el enfoque materialista de la acción humana y no la dualidad materia espíritu que es planteada como materia de fondo en esta doctrina…Los partidos comunistas tienen una actitud comprensiva hacia los líderes cristianos que simpatizan con el socialismo y se pronuncian por colaborar con ellos en la lucha por la paz y el progreso social” (Enciclopedia de filosofía).

“En 1846 Pío IX, en su encíclica Quipluribus, condenó a la doctrina comunista. Esta misma orientación siguió León XIII, quien en 1891 calificó al socialismo de "un cáncer que pretendía destruir los fundamentos mismos de la sociedad moderna" (p. 12); Pío XI hizo lo propio en 1937, al afirmar que el fin del comunismo es destruir la religión y la civilización (Quadragesimo Anno (1931); por su parte, en la misma línea están Juan XXIII, y  Juan Pablo II. Centesimus annus (1991)”,  (Silvester Hernández, Scielo).


COMENTARIO

En un primero momento pudiera parecer que el catolicismo y el socialismo tienen los mismos ideales porque se trata de la preocupación por los pobres y de la justicia social, sin embargo son radicalmente opuestos como lo podemos demostrar en los mismos hechos de la historia.

El catolicismo es la mayor revolución del mundo a través del Amor a Dios y al prójimo. El Reino de Dios en la tierra es el Reino de la Caridad, de la liberación por la Cruz y del perdón.

El socialismo es un control del Estado para que la sociedad llegue a una justa distribución de la riqueza. El Estado controla y decide lo que los hombres deben hacer.

El catolicismo enseña que Cristo vino a liberarnos de la esclavitud del pecado.  El hombre liberado de su propio pecado es capaz de amar y de ser justo y generoso. Es el mismo hombre convertido, por acción de Dios, el que libremente ama y contribuye al progreso de la sociedad.

El socialismo, que no cree en Dios, busca controlar al hombre. Quienes están en el poder son los que organizan la vida de la sociedad con planteamientos drásticos procurando una igualdad total, con controles estrictos ejercidos por personas leales al sistema. La consideración de las personas ya no cuenta (hay un alejamiento de la esencia del cristianismo). Con el socialismo la persona es para el Estado y no el Estado para la persona.


Cuando el socialismo se defiende
El socialismo siempre culpa al capitalismo y a la economía del mercado como los causantes de los males del mundo. No ven con buenos ojos que una persona obtenga ganancias y un prestigio mundial gracias a su propio talento.

Los socialistas disfrazan la miseria de justicia para los pobres, culpando a los ricos y motivando una lucha contra ellos (lucha de clases). En los países con gobiernos de izquierda de corte socialista los que ganan más dinero no son las personas de talento, sino los que tienen más cercanía al poder político.

El socialismo empobrece más al pueblo y enriquece, solo materialmente, a una mediocre oligarquía que está medrando siempre en las instituciones de poder. No son pocos los que de la noche a la mañana se hacen millonarios.


El diablo no deja ver la realidad
Lamentablemente muchos católicos, que en un primer momento apoyaron ideales de justicia y de amor a los pobres, perdieron su amor a Dios y se contagiaron de un odio visceral y amargo que les llevó a la violencia y a la pérdida de la fe. 

Lo peor es que Satanás, que no pierde tiempo, se metió en los corazones de algunos líderes espirituales para que usen los Evangelios para los ideales socialistas. El diablo, vestido de católico, se convirtió en un “ángel de la luz”. Es por eso que para muchos, hoy en la sociedad, las tinieblas son la luz de los tiempos.

Si nos fijamos bien en muchos de los que reclaman justicia hay una gran ambición de poder. Es penoso cuando vemos a personas que se dicen católicas totalmente ciegas y lejanas de un amor a Dios auténtico. Juegan con la religión para sus ideales políticos que son más de desestabilización que de construcción. No es que amen a los pobres, se aman a sí mismos y buscan a los pobres para que ellos los amen y los mantengan, mientras continúa el engaño. “Hay algunos que quieren tanto a los pobres que los multiplican”.

Es el momento de despertar a la gente para que se den cuenta que solo la verdad nos hace libres, en cambio, la mentira (junto a todo lo que se hace mal) nos hará esclavos miserables.
Cristianismo y socialismo son incompatibles con ideales opuestos. Dios nos quiere libres porque nos ama y quiere que nosotros también amemos. (P. Manuel Tamayo)