LOS SOCIALISTAS “CATÓLICOS”
“El socialismo es una doctrina sociopolítica y económica basada en la propiedad y la
administración colectiva de los medios de producción con
el fin de alcanzar una distribución más equitativa de la riqueza…De esa manera
el socialismo se plantea reducir tanto la propiedad privada como la distinción
de las clases sociales. De allí que, el concepto original de socialismo se
opone al de capitalismo, sistema económico basado en el libre mercado y de la
propiedad privada de los medios de producción” (Diccionario).
“La Iglesia católica promulgó en
los años 1890 los postulados
base de la Doctrina Social de
la Iglesia, no
como un enfoque político sino como una doctrina social, orientada no a la
sociedad humana sino a la trascendencia del espíritu en contraposición a las
teorías marxistas centradas en el enfoque materialista de
la acción humana y no la dualidad materia espíritu que es planteada como
materia de fondo en esta doctrina…Los partidos comunistas tienen una actitud
comprensiva hacia los líderes cristianos que simpatizan con el socialismo y se
pronuncian por colaborar con ellos en la lucha por la paz y el progreso social”
(Enciclopedia de filosofía).
“En
1846 Pío IX, en su encíclica Quipluribus, condenó a la
doctrina comunista. Esta misma orientación siguió León XIII, quien en 1891
calificó al socialismo de "un cáncer que pretendía destruir los
fundamentos mismos de la sociedad moderna" (p. 12); Pío XI hizo lo propio
en 1937, al afirmar que el fin del comunismo es destruir la religión y la
civilización (Quadragesimo Anno (1931); por su parte, en la misma línea están Juan XXIII, y Juan Pablo II. Centesimus annus (1991)”, (Silvester Hernández,
Scielo).
COMENTARIO
En un primero momento pudiera parecer que el
catolicismo y el socialismo tienen los mismos ideales porque se trata de la
preocupación por los pobres y de la justicia social, sin embargo son
radicalmente opuestos como lo podemos demostrar en los mismos hechos de la
historia.
El catolicismo es la mayor revolución del
mundo a través del Amor a Dios y al prójimo. El Reino de Dios en la tierra es
el Reino de la Caridad, de la liberación por la Cruz y del perdón.
El socialismo es un control del Estado para
que la sociedad llegue a una justa distribución de la riqueza. El Estado
controla y decide lo que los hombres deben hacer.
El catolicismo enseña que Cristo vino a
liberarnos de la esclavitud del pecado.
El hombre liberado de su propio pecado es capaz de amar y de ser justo y
generoso. Es el mismo hombre convertido,
por acción de Dios, el que libremente ama y contribuye al progreso de la
sociedad.
El socialismo, que no cree en Dios, busca controlar al hombre. Quienes están en el
poder son los que organizan la vida de la sociedad con planteamientos drásticos
procurando una igualdad total, con controles estrictos ejercidos por personas
leales al sistema. La consideración de las personas ya no cuenta (hay un alejamiento de la esencia del
cristianismo). Con el socialismo la persona es para el Estado y no el
Estado para la persona.
Cuando el
socialismo se defiende
El socialismo siempre culpa al capitalismo y
a la economía del mercado como los causantes de los males del mundo. No ven con
buenos ojos que una persona obtenga ganancias y un prestigio mundial gracias a
su propio talento.
Los socialistas disfrazan la miseria de
justicia para los pobres, culpando a los ricos y motivando una lucha contra
ellos (lucha de clases). En los países con gobiernos de izquierda de corte
socialista los que ganan más dinero no son las personas de talento, sino los
que tienen más cercanía al poder político.
El socialismo empobrece más al pueblo y
enriquece, solo materialmente, a una
mediocre oligarquía que está medrando siempre en las instituciones de poder. No
son pocos los que de la noche a la mañana se hacen millonarios.
El diablo no deja
ver la realidad
Lamentablemente muchos católicos, que en un
primer momento apoyaron ideales de justicia y de amor a los pobres, perdieron
su amor a Dios y se contagiaron de un odio visceral y amargo que les llevó a la
violencia y a la pérdida de la fe.
Lo peor es que Satanás, que no pierde tiempo, se metió en los corazones de algunos líderes
espirituales para que usen los Evangelios para los ideales socialistas. El
diablo, vestido de católico, se
convirtió en un “ángel de la luz”. Es por eso que para muchos, hoy en la sociedad, las tinieblas son la
luz de los tiempos.
Si nos fijamos bien en muchos de los que
reclaman justicia hay una gran ambición de poder. Es penoso cuando vemos a
personas que se dicen católicas totalmente ciegas y lejanas de un amor a Dios
auténtico. Juegan con la religión para sus ideales políticos que son más de
desestabilización que de construcción. No es que amen a los pobres, se aman a
sí mismos y buscan a los pobres para que ellos los amen y los mantengan,
mientras continúa el engaño. “Hay algunos
que quieren tanto a los pobres que los multiplican”.
Es el momento de despertar a la gente para
que se den cuenta que solo la verdad nos hace libres, en cambio, la mentira (junto a todo lo que se hace mal) nos
hará esclavos miserables.
Cristianismo y socialismo son incompatibles
con ideales opuestos. Dios nos quiere libres porque nos ama y quiere que
nosotros también amemos. (P. Manuel Tamayo)
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