jueves, 31 de octubre de 2019


EL DIABLO ESTÁ GANANDO LA PARTIDA

¡ pero más tarde perderá!

 “El diablo existe, sí, es verdad, y es nuestro mayor enemigo. Es el que trata de hacernos resbalar en la vida. Es el que pone malos deseos en nuestros corazones, malos pensamientos y nos lleva a hacer cosas malas, las muchas cosas malas que hay en la vida, para terminar en guerras” (Papa Francisco, Parroquia de Viterbo).
"El mundo está bajo el poder del diablo. Y junto con Satanás, muchos de sus profetas. Personas que la Biblia llama los falsos profetas. Falsos porque llevan a la mentira y no a la verdad"…"Estas personas existen tanto fuera como dentro de la Iglesia. Son fácilmente reconocibles: dicen que hablan en nombre de la Iglesia pero hablan en nombre del mundo. Exigen de la Iglesia que asuma los roles del mundo, y hablando así confunden a los fieles y llevan a la Iglesia a aguas que no son las suyas. Son las aguas del Maligno”, (Gabriele Amorth).
“…Diríamos que, por alguna rendija misteriosa – no, no es misteriosa; por alguna rendija, el humo de Satanás entró en el templo de Dios. (Paulo VI)
"Después del Papa, Satanás ataca a los cardenales, obispos y a todos los sacerdotes y religiosos. Es normal que sea así. Ninguno se debería escandalizar. Los sacerdotes, religiosos y religiosas, están llamados a una dura lucha espiritualEl demonio "usa" a los sacerdotes para culpar a toda la Iglesia. El demonio la tiene contra la Iglesia, quiere la muerte de la Iglesia porque ella es la madre de los santos. Combate a la Iglesia a través de los hombres de Iglesia, pero con la Iglesia no tiene nada que hacer” (Gabriele Amorth).
“La ideología de género es “demoniaca” y un “impulso mortal” que ataca a las familias… La ruptura de las relaciones fundamentales en la vida de la persona –a través de la separación, el divorcio o las imposiciones distorsionadas de la familia como la convivencia y las uniones del mismo sexo– es una herida profunda que cierra el corazón al amor que se dona hasta la muerte y que lleva al cinismo y a la desesperanza” (Cardenal Robert Sarah).

COMENTARIO
Nunca, y menos hoy, se puede cerrar los ojos a la realidad. Hay que llamar a las cosas por su nombre, más cuando el príncipe de la mentira (el diablo) se esconde o aparece como bueno y dadivoso.
Si hacemos un recorrido por todo el mundo podríamos afirmar que, en estos momentos, al menos con la mayoría, el diablo está ganando la partida. Los valores que son esenciales para la vida se están trastocando y muchos los han perdido.
Se están imponiendo, en nombre de la libertad, una sarta de antivalores, que el hombre rebelde los recoge como una novedad del sentir de la época, sin poder explicar la razón de su conveniencia. Se elige porque está de moda, porque es bacán, un bacilón…o porque es la bandera de protesta contra los valores que se consideran impuestos por la anterior generación. No es más  que la sinrazón de la estupidez, y así el demonio se frota las manos y gana la partida sin mayor esfuerzo.
Las grandes mentiras que utiliza el enemigo son creencias generales que parecen verdad y hay trampas, por ejemplo decir sin más: “haz lo que te gusta”, “eres totalmente libre, nadie te puede obligar”,  “el pueblo lo quiere”  “el pueblo decide” “debe haber libertad absoluta de prensa” “demuestra que no eres un ladrón” 
Está claro que en la vida muchas veces debemos hacer lo que no nos gusta y tendremos que obedecer en distintas circunstancias por ejemplo al médico, o las reglas de tránsito. Un pueblo que decide algo se puede equivocar, como cuando decidieron la ejecución de Jesucristo. Lo correcto es pensar bien y tratar bien a las personas y no maltratarlas acusándolas y acosándolas para que se defiendan, dejando de lado el principio de presunción de inocencia.
Las revoluciones
No está bien cuando se señalan los males del mundo y se incita a la violencia para cambiarlo todo con la promesa de un paraíso. Si observamos bien la historia podemos darnos cuenta de lo desastrosa que ha sido la lucha de clases impulsada por el marxismo.
Se parte de medias verdades y se las relaciona, o se las utiliza fuera de contexto, haciéndole creer a la gente que lo que se está afirmando está fundamentado y vale la pena defenderlo y apoyarlo cuanto antes. Se repiten una y otra vez los mismos argumentos con frases cortas o slogans hasta que cala en las grandes mayorías que las aceptan como si se tratara de grandes verdades que no se pueden negar.
Al diablo le interesa desestabilizarlo todo para que imperen los antivalores y poder multiplicar sembradores impuros del odio, que busquen el triunfo del mal sobre el bien para coger algo y beneficiarse, sin mayores méritos, “en río revuelto, ganancia de pescadores”. Actúan sabiendo que ser humano puede ser corruptible.

La penosa corrupción de algunos miembros del clero
A lo largo de la historia podemos ver cómo el demonio quiere introducirse en la Iglesia para destruirla. Entró primero en Judas, que era un apóstol, para conseguir la muerte de Jesús y luego, a lo largo de los siglos, en muchos otros que, como Judas, no supieron ser fieles a los compromisos que habían adquirido con Dios.
La Iglesia pide que se rece por los sacerdotes para que no se dejen ganar por alguna tentación que les quite la visión sobrenatural. 
El maligno busca convertir a los sacerdotes líderes sociales y hasta en agitadores que organicen, en nombre de Dios, protestas públicas que llevan a la violencia y al odio. Es penoso ver a sacerdotes que han perdido su identidad como hombres de Dios y se encuentran metidos, y muchas veces enredados, en conflictos humanos o en pecados torpes que originan escándalos que claman al Cielo.
Gracias a Dios la mayor parte de sacerdotes es fiel a su vocación y son verdaderos apóstoles para transmitir la palabra de Dios y administrar los sacramentos instituidos por nuestro Señor Jesucristo para ayudar a los hombres a vivir vida cristiana. De allí la extensión y crecimiento de la Iglesia a lo largo de los siglos. “La mies es mucha los obreros son pocos”  siempre serán pocos los obreros porque la mies es mucha.
Dios, a través de la Iglesia,  pide rezar para que “no falten obreros para la mies”, sabiendo que el diablo siempre está al asecho y nunca se toma vacaciones.

La ayuda de Dios
La misma Iglesia nos enseña, lo que la Sagrada Escritura nos advierte: que estemos prevenidos para no dejarnos llevar por el poder de las tinieblas. Dios le encarga a la Iglesia predicar su palabra con las advertencias que nos impulsan a cuidarnos y a poner los medios para no salirnos del camino.
Hay un Cielo, (vida eterna de felicidad), al que tenemos que llegar, pero el príncipe de la mentira pondrá todos los medios para que no lleguemos.
Cristo ha venido para rescatarnos y salvarnos. Le ayuda en el rescate de la humanidad la Virgen María, que es corredentora, Ella aplastará la cabeza del dragón y ganará la batalla al final. (vid. Apocalipsis).
Si estamos con Dios y aceptamos los medios que Él nos alcanza a través de la Iglesia: los sacramentos, las bendiciones, el agua bendita, el escapulario, el diablo no podrá hacernos daño y ganaremos la batalla contra el mal.  (P. Manuel Tamayo)   



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