lunes, 27 de agosto de 2018


LA IMPRONTA DE LOS MILLENNIALS

Lo que les está tocando a los más jóvenes

Los Millennials son jóvenes que han nacido a partir de 1980, son una generación digital, hiper conectada y con altos valores sociales y éticos. Todo esto y más les hace diferentes a generaciones pasadas, (Wikipedia).

Los Mainstream o corriente/tendencia mayoritaria (la traducción varía según el contexto, pudiéndose usar mayoritarioprincipal o dominante, entre otros) es un término que se utiliza para designar los pensamientos, gustos o preferencias predominantes en un momento determinado en una sociedad, (Wikipedia).

Los Hípster es una subcultura de jóvenes bohemios de clase media-alta que se establecen por lo general en las civilizaciones o también en las comunidades que experimentan procesos de gentrificación (proceso de cambio de costumbres y de nivel social de un barrio). Se asocian a tendencias musicales alternativas, a una moda alejada de las corrientes predominantes, basados más en lo independiente, a posiciones políticas liberales, al consumo de alimentos orgánicos, productos artesanales y ropa de segunda mano. Se caracterizan por una sensibilidad variada, alejada de las corrientes culturales predominantes (mainstream) y afín a estilos de vida alternativos, (Wikipedia).



COMENTARIO

La generación de los millennials, la forman los jóvenes que se han exigido en su preparación académica, motivados por sistemas educativos liberales que exaltan el liderazgo y motivan el afán de ser emprendedores, para destacar en la vida.

En los sistemas educativos de los colegios y de las universidades, se han multiplicado las ofertas para que los alumnos encuentren oportunidades de hacer muchas cosas distintas. Las nuevas generaciones tienen más medios y más oportunidades que las generaciones anteriores.  Los chicos de hoy tienen oportunidades de viajar por el mundo a una edad temprana, estudiar en las mejores universidades y trabajar en empresas multinacionales y extranjeras.

A pesar de todas estas ventajas hay estudios que dicen que las generaciones de antaño, que salieron a estudiar en el extranjero cuando se producían las guerras mundiales, son mejores y estuvieron más capacitados para enfrentar los desafíos de la vida que los actuales millennials, que han salido mucho más endebles y no aguantan tanto.

En los chicos de hoy, (incluyendo los que han cumplido 40 años), salvo honrosas excepciones, se aprecia una falta de madurez. Han inflado mucho la autoestima y el deseo de pasarla bien como algo prioritario. Ha crecido considerablemente el individualismo y el deseo de actuar por cuenta propia. El joven de hoy quiere conseguirlo todo de golpe, sin tener que trabajar mucho. Es un idealista y soñador que cree que todo lo puede conseguir fácil y que le va a ir bien.

Los millennials se cansan rápido en los trabajos, quieren pasar a nuevas experiencias, han perdido la capacidad para comprometerse en algo serio, son muy frágiles, no aguantan y se aburren rápidamente. Ven con horror el sacrificio y tratan de evitarlo. Sin embargo quieren influir en la sociedad con un liderazgo que les sea reconocido.

Los millennials no suelen ser muy religiosos porque no están dispuestos a seguir las exigencias de comportamiento que pide la religión. Quisieran pertenecer a un grupo que los acoja y comprenda para sentirse bien en un consenso de sentimientos colectivos bastante superficial en los temas que tocan y con un terco voluntarismo en los aspectos afectivos, hasta que se rompe la burbuja.

El sistema de comunicación preferido es el de las redes. A través de las nuevas tecnologías comparten información proyectándose de una manera bastante vanidosa y sin escrúpulos, con miles de mensajes y fotografías que terminan perdiéndose en el tiempo. Les encanta que les digan “me gusta” y les molesta que algún “amigo” se salga de sus redes.

El mundo tecnológico los acelera tremendamente, suelen estar impacientes. Se comunican con muchos pero no saben formar relaciones profundas. Cuando tienen una duda, (y tienen muchas), prefieren acudir a los aparatos que a las personas. Incluso cuando están conversando con una persona muestran sus dudas y sacan el aparato para comprobar si lo que le dice esa persona cierto. Ni cuenta se dan de la falta de consideración y respeto que está teniendo con esa persona, y que esa actitud, de desconfianza, termina alejándolo de los demás.

Los millennials cuidan mucho su imagen, suelen ser bastantes vanidosos y quieren ganarse la aprobación de las personas de su contorno. Siempre dicen que todo está bien, que no tienen problemas. El ingenuo que se lo cree piensa que puede contar con él, que tiene delante una persona dispuesta y se equivoca.

Una periodista contemporánea decía que los millennials “no viven para trabajar sino que trabajan para vivir” Les parece terrible que las generaciones anteriores se hayan sacrificado trabajando para salir adelante. Muchos jóvenes de hoy han perdido la motivación para seguir carreras que exijan mucho esfuerzo y sacrificio.

La tragedia de esta generación es que han pasado gran parte de su existencia disfrutando de los mayores niveles de bienestar. La culpa de esta ceguera y de la consiguiente temeridad está en una educación de sobrevaloración y sobreprotección que los ha engreído demasiado y la ausencia de motivaciones para amar y servir a los demás olvidándose de ellos mismos. Esto último no lo pueden entender (P. Manuel Tamayo).



martes, 21 de agosto de 2018


LOS CONTUBERNIOS PARA EL JUEGO SUCIO

“La trampa es la infracción de una regla de juego o de una ley, con el fin de obtener un beneficio personal” (Diccionario).

“La estafa es el engaño en una compra, trato, espectáculo u otra actividad del que se prometen unos resultados que no se cumplen o unas cualidades que no son reales” (Diccionario).

 “El fraude es un engaño cometido de forma consciente, buscando el beneficio propio y perjudicando al mismo tiempo a los demás” (Diccionario).

Manipular es distorsionar la realidad al servicio de intereses particulares”. (Diccionario).

 Contubernio es una alianza o asociación de personas con intereses censurables, ilegales o ilícitos” (Diccionario)


COMENTARIO

En nuestra sociedad contemporánea se están dando los elementos para que las asociaciones que se organicen sean auténticos contubernios disfrazados de legalidad.

La fuerza del positivismo y del poder mediático dan el espaldarazo para delinquir con “toda las de la ley” comprando fácil a los que tienen el poder o recibiendo de ellos sustanciosos sobornos para que solo se destape lo que se considere conveniente para los intereses de ambos.

El negocio y el poder son los dueños de la mermelada, que entre ellos se la untan y aparentemente no pasa nada. Los arreglos y los acuerdos ocultos construyen programas que son llevados por hipócritas disfrazados de honradez y legalidad, que viven unos pocos años (o menos tiempo), dentro de un falso y efímero triunfalismo.

En los ambientes actuales se pone en “tela de juicio” las virtudes humanas, porque éstas las han caricaturizado los corruptos que se presentan como “santones” con disfraces de corrección, aptos para bailes y festejos huachafos, como el que hacen algunos candidatos políticos para ganarse el voto de los imberbes. 

En esta decadente sociedad en la que vivimos, son cada vez más los que quieren arreglar las cosas con trampas y juego sucio. Lo hacen como si fueran así los procedimientos que siempre se emplearon, “lo que pasa es que antes no existían micrófonos y cámaras”, afirman algunos, sin embargo nadie puede negar que la corrupción se ha extendido considerablemente en todos los sectores de la sociedad como un huayco de inmundicia que si te acercas no solo te salpica sino que te arrastra embadurnándote con toda su porquería.


La vulgaridad del lenguaje de complicidad

Hasta el lenguaje que utilizan tiene un tono de complicidad y de seducción; está aderezado con ajos y picante, para poder sentirse triunfadores, aunque sea por un instante, en un endeble pedestal de fantasía.

Los apoyos de una falsa fraternidad son la complicidad de dos egoístas que buscan perdidamente su beneficio a cualquier precio y cuando las “papas queman” salen disparados negando todo vínculo amical entre ellos: “no lo conozco” “solo lo ví de paso” “nunca le pedí nada…”  Efectivamente, nunca fueron amigos y menos hermanos. Solo fueron cómplices para sus beneficios personales.


Los falsos pedestales de un poder corrupto

Hoy asistimos al desmoronamiento de muchos pedestales de personas que subieron, por las manipulaciones de los contubernios, con un conflictivo tráfico de favores, para caer luego en un infernal tráfico de acusaciones, con un dramático final de frustración y tristeza.

Los moralistas y los reglamentos no sirven para arreglar una situación de esta naturaleza. No son los letreros ni las teorías de los gurús quienes nos saquen de este empantanamiento.

Parece de Perogrullo pero la solución está en la educación, pero con una advertencia clara: ¡no puede educar cualquiera!

Igual que en el fútbol, es necesario hacer una selección con los mejores, para educar hay que tener calidad de vida.

La selección para la educación hay que hacerla sin trampas, sin manipulaciones, sin fraudes, sin contubernios, sin compadrazgos, sin nepotismos, sin complicidad, sin negociados, sin hacer acepción de personas, sin argollas, sin elites, sin cúpulas, sin egoísmos, sin creerse superiores a los demás, sin arrogancias. Con muchas renuncias al beneficio propio y al yo.

Con un sano y auténtico amor a los demás, que se puede conseguir y que vale la pena lograrlo poniendo a Dios, siempre en primer lugar. (P. Manuel Tamayo)


miércoles, 15 de agosto de 2018

LA CRECIDA DE LOS  MITÓMANOS

“Un mitómano, es decir, una persona que miente casi compulsivamente, también conocido como mentiroso patológico…el verdadero fin es deformar la realidad para contar una historia personal más llamativa. Al principio esas narraciones logran su efecto, cautivando a quien le escucha, obteniendo atención, respeto y hasta admiración, que es lo que en definitiva mantiene esta conducta, además del miedo a ser descubierto. A pesar de que el mitómano hace todo lo posible por no ser desenmascarado, cuando esto sucede y se comprueba la naturaleza falsa de sus historias, el mitómano obtiene el efecto contrario al deseado, es decir, sus conocidos y amistades tienden a rechazarlo y a aislarle al sentirse engañados. Los familiares que ya conocen su tendencia a mentir dejan de tenerle en cuenta a la hora de tomar decisiones y no le prestan demasiada atención sobre aquello que relata.” (Juan Moisés de la Serna).

“La mentira y el engaño forman parte, se quiera o no, de las relaciones humanas en todos los ámbitos, tanto privados como públicos, y en toda sus vertientes: en las relaciones familiares, en la amistad y en el afecto, pero también en la política, en el ámbito forense, en el económico o en la comunicación pública. Saber por qué se miente o por qué nos intentan engañar es también conocernos a nosotros mismos. Es saber por qué a veces queremos o intentamos que los demás no sepan la verdad y por qué los demás intentan hacer lo mismo con nosotros, cómo y por qué nos comportamos de una manera u otra en determinadas circunstancias y ante determinadas personas, cuáles son nuestras emociones y nuestros miedos, qué queremos conseguir y qué queremos evitar y qué queremos que hagan o dejen de hacer los demás.” (José María Martínez Selva).

“La mentira cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de dar impresión favorable ante los otros, dando seguridad y protección, y evitando la vergüenza pública y valoración negativa de los demás” (diccionario).

“No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte” (San Josemaría Escrivá, Camino n. 34).



COMENTARIO

En una sociedad relativista, cuando está escondida la verdad, la mentira campea por todos partes y la imaginación, que está suelta y descontrolada, fabrica “verdades” que no tienen ningún fundamento.

Hoy, mucha gente, sin darse cuenta, pontifica, dando por verdad una opinión que ellos mismos han generado con la fuerza del voluntarismo. Lo peor de todo es que lo que afirman, sin ningún fundamento, se lo creen y quieren imponerlo al resto como si fuera una verdad contundente. Es la dictadura del relativismo.

El voluntarista la da más fuerza a su falsa certeza que a la persona que está diciendo la verdad. Quiere darse seguridad a sí mismo y conseguir que todos apoyen su aseveración. Lo hace de un modo brusco, con un énfasis exagerado y radical. Contundente y amenazante. En primera instancia convence, pero luego, cuando se le toma la medida, ya nadie le cree. Su brusquedad lo traiciona. Cuando no consigue sus objetivos se arrebata y puede generar escenas de violencia. Es lo que se ve en los manifestantes que protestan en las calles para que la población apoye una mentira, algo que va, incluso, contra ellos mismos.

Estas conductas, que se han multiplicado, las vemos en todos los ámbitos: políticos, autoridades, educadores, periodistas. También se da en la gente joven colegios, universidades, instituciones deportivas y en los mismos hogares. La mitomanía ha crecido de una manera brutal.

El mentiroso se defiende con vehemencia tratando de justificar su mentira con razonadas absurdas y nada creíbles. Al no estar con la verdad y sentirse atacado pierde la coherencia y se enreda.

Hemos oído últimamente frases inconsistentes, (mecanismos de defensa), que han conducido a la hilaridad de las grandes mayorías:

ü  No se cayó, se desplomó
ü  No es plagio, es copia
ü  No estamos decreciendo, estamos creciendo menos  
ü  No es leche, es producto lácteo
ü  No es ideología de género, es enfoque de género
ü  No lo presioné, lo agilicé.


El país y el mundo necesitan volver a la verdad y comprometerse con ella. Ya no se deberían permitir las majaderías del relativismo.

Es necesario luchar para que no siga creciendo la mitomanía que está destrozando la vida de las personas y el orden del buen vivir en los ámbitos sociales. (P. Manuel Tamayo)

lunes, 6 de agosto de 2018

LA MALA DISCRECIÓN

“Discreción es la reserva o cautela para guardar un secreto o para no contar lo que se sabe y no hay necesidad de que conozcan los demás” (Diccionario).

 “El secreto es algo oculto, escondido y separado del conocimiento de los demás. El secreto, por lo tanto, es ignorado por la mayoría de las personas, excepto por aquellas que comparten el secreto. Pueden existir acuerdos de confidencialidad, juramentos y otros mecanismos que intentan garantizar que el secreto en cuestión no será violado. Las empresas también guardan secretos. Por lo general se trata de la información que les otorga una ventaja competitiva frente a la competencia. La fórmula secreta de una bebida o el algoritmo de un software son ejemplos de secretos corporativos.  (Julián Pérez Porto y María Merino).


COMENTARIO

La discreción puede ser buena o mala depende de los que se trate y de la intención del que quiere ocultar algo, a todos o a determinadas personas. Toda persona tiene derecho a la vida privada y por lo tanto a no dar a conocer a extraños los detalles de su vida íntima. El invadir la privacidad es un atentado contra el honor, la libertad y la dignidad de la persona.

Existen normas para no dar a conocer a personas ajenas asuntos que no son de su incumbencia (los sacerdotes con el sigilo sacramental después de oír una confesión, los médicos no pueden dar a conocer a cualquiera la historia clínica de un paciente, los que trabajan en una empresa se comprometen a no divulgar los asuntos que corresponden solo a los que trabajan allí, un militar tampoco puede dar a conocer los planes o estrategias de la milicia, etc.).

En la época que nos ha tocado vivir asistimos a un bombardeo inescrupuloso sobre la vida privada de las personas poniendo al descubierto asuntos que perjudican el honor y la buena fama de las personas. 

La morbosidad y la curiosidad han crecido considerablemente por influjo de la prensa amarilla que quiere ganar rating a costa de heridas y maltratos a las personas. Hoy tampoco se tiene en cuenta lo que Jesucristo advirtió: “El que se vea libre de pecado que arroje la primera piedra”


Los daños del relativismo

Es necesario tener en cuenta que, por influjo del relativismo, la gran mayoría vive asustada por falta de seguridad. Muchos, como mecanismo de defensa, viven encerrados con miedo a transmitir algún dato que los comprometa, se organizan para vivir dentro de una burbuja cerrando los ojos a la realidad, buscan una suerte de “paraíso”, un remanso de paz donde nadie los moleste.

El miedo de hacer las cosas abiertamente ha crecido de un modo considerable y está perjudicando sobre todo a los más jóvenes.

Los mismos padres y educadores pensando que es urgente cerrar filas, para que el mal no entre en sus casas, organizan sistemas de control exagerados que limitan la sana libertad de las personas y motivan que los chicos oculten muchas cosas porque no se sienten libres y piensan que se desconfía de ellos. 

El adolescente de hoy cree que la libertad es el derecho a tener una vida propia sin que nadie intervenga y, sin darse cuenta, toman la educación vigente como “un saludo a la bandera”. Algunos se rebelan abiertamente a los consejos o normas que reciben (les parece absurdo) y otros manifiestan una aceptación (hipocresía) mientras van cultivando una doble vida, de un modo oculto. Ellos piensan que así son las cosas. No tienen experiencia.

El problema principal, que es consecuencia del relativismo, es cuando se pierde la noción del bien y del mal. 

Si en la sociedad, o al menos en los hogares, los criterios estuvieran regulados por la verdad y la transparencia, todo iría mucho mejor. Ahora da la impresión de que todo es una farsa, se vive del cuento y se cierran los ojos a la realidad. Las sorpresas están a la orden del día.

La vida privada es buena cuando hay sinceridad y verdad, cuando no se trata de un contubernio donde se conspira, o de un lugar de terror donde se tortura. La privacidad no es para la complicidad de la corrupción, tampoco para ocultar los procedimientos de una traición. Nadie tiene derecho a ocultar sus planes maléficos para destruir algo. 

En cambio sí tiene derecho a impedir que se metan en su vida privada la persona que tiene coherencia de vida, y ésta responde al bien y a la verdad. 

La libertad es para el bien del amor ordenado de la persona. Lo demás es mentira y cuento. En esto, como en otros temas, habría que concluir diciendo: “el que pueda entender, que entienda” (P. Manuel Tamayo)