miércoles, 15 de agosto de 2018

LA CRECIDA DE LOS  MITÓMANOS

“Un mitómano, es decir, una persona que miente casi compulsivamente, también conocido como mentiroso patológico…el verdadero fin es deformar la realidad para contar una historia personal más llamativa. Al principio esas narraciones logran su efecto, cautivando a quien le escucha, obteniendo atención, respeto y hasta admiración, que es lo que en definitiva mantiene esta conducta, además del miedo a ser descubierto. A pesar de que el mitómano hace todo lo posible por no ser desenmascarado, cuando esto sucede y se comprueba la naturaleza falsa de sus historias, el mitómano obtiene el efecto contrario al deseado, es decir, sus conocidos y amistades tienden a rechazarlo y a aislarle al sentirse engañados. Los familiares que ya conocen su tendencia a mentir dejan de tenerle en cuenta a la hora de tomar decisiones y no le prestan demasiada atención sobre aquello que relata.” (Juan Moisés de la Serna).

“La mentira y el engaño forman parte, se quiera o no, de las relaciones humanas en todos los ámbitos, tanto privados como públicos, y en toda sus vertientes: en las relaciones familiares, en la amistad y en el afecto, pero también en la política, en el ámbito forense, en el económico o en la comunicación pública. Saber por qué se miente o por qué nos intentan engañar es también conocernos a nosotros mismos. Es saber por qué a veces queremos o intentamos que los demás no sepan la verdad y por qué los demás intentan hacer lo mismo con nosotros, cómo y por qué nos comportamos de una manera u otra en determinadas circunstancias y ante determinadas personas, cuáles son nuestras emociones y nuestros miedos, qué queremos conseguir y qué queremos evitar y qué queremos que hagan o dejen de hacer los demás.” (José María Martínez Selva).

“La mentira cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de dar impresión favorable ante los otros, dando seguridad y protección, y evitando la vergüenza pública y valoración negativa de los demás” (diccionario).

“No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte” (San Josemaría Escrivá, Camino n. 34).



COMENTARIO

En una sociedad relativista, cuando está escondida la verdad, la mentira campea por todos partes y la imaginación, que está suelta y descontrolada, fabrica “verdades” que no tienen ningún fundamento.

Hoy, mucha gente, sin darse cuenta, pontifica, dando por verdad una opinión que ellos mismos han generado con la fuerza del voluntarismo. Lo peor de todo es que lo que afirman, sin ningún fundamento, se lo creen y quieren imponerlo al resto como si fuera una verdad contundente. Es la dictadura del relativismo.

El voluntarista la da más fuerza a su falsa certeza que a la persona que está diciendo la verdad. Quiere darse seguridad a sí mismo y conseguir que todos apoyen su aseveración. Lo hace de un modo brusco, con un énfasis exagerado y radical. Contundente y amenazante. En primera instancia convence, pero luego, cuando se le toma la medida, ya nadie le cree. Su brusquedad lo traiciona. Cuando no consigue sus objetivos se arrebata y puede generar escenas de violencia. Es lo que se ve en los manifestantes que protestan en las calles para que la población apoye una mentira, algo que va, incluso, contra ellos mismos.

Estas conductas, que se han multiplicado, las vemos en todos los ámbitos: políticos, autoridades, educadores, periodistas. También se da en la gente joven colegios, universidades, instituciones deportivas y en los mismos hogares. La mitomanía ha crecido de una manera brutal.

El mentiroso se defiende con vehemencia tratando de justificar su mentira con razonadas absurdas y nada creíbles. Al no estar con la verdad y sentirse atacado pierde la coherencia y se enreda.

Hemos oído últimamente frases inconsistentes, (mecanismos de defensa), que han conducido a la hilaridad de las grandes mayorías:

ü  No se cayó, se desplomó
ü  No es plagio, es copia
ü  No estamos decreciendo, estamos creciendo menos  
ü  No es leche, es producto lácteo
ü  No es ideología de género, es enfoque de género
ü  No lo presioné, lo agilicé.


El país y el mundo necesitan volver a la verdad y comprometerse con ella. Ya no se deberían permitir las majaderías del relativismo.

Es necesario luchar para que no siga creciendo la mitomanía que está destrozando la vida de las personas y el orden del buen vivir en los ámbitos sociales. (P. Manuel Tamayo)

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