domingo, 29 de julio de 2018


SILENCIOS QUE DESCALIFICAN

“La “ley del hielo” que consiste en ignorarte por completo, ya sea cortando vías de comunicación o simplemente dejándote de hablar por un tiempo indefinido; y tiene como finalidad hacerte ver que tu opinión, o lo que has hecho no vale”.  (Tae Jung)

El silencio utilizado con malas intenciones es una arma muy poderosa que tiene como finalidad controlar, abusar, castigar, y humillar al otro”.  (Tae Jung)

“El silencio dosificado puede ser una forma, como muchas otras, de agresión pasiva. Se define como un manejo calculado de la comunicación en el cual el silencio juega un papel primordial y que tiene por objetivo controlar y debilitar a otra persona o a su posición. No siempre se manipula a través de las palabras, sino que también se hace por medio de los silencios. Esta última táctica es muy nociva por contar con una máscara más camaleónica”. (Edith Sánchez, La mente maravillosa)

“Del mismo modo, hay silencio dosificado cuando se impone una especie de censura sobre ciertos temas, sin explicación. Simplemente cuando tratas de hablar de ello, la otra persona evade el asunto o se niega a dar detalles”.  (Edith Sánchez, La mente maravillosa).



COMENTARIO

El silencio descalificante puede tener distintas motivaciones. La principal es la envidia que suele darse entre personas cercanas cuando uno no quiere reconocer la virtud o el talante del otro por sus logros o iniciativas.

El envidioso se muestra interiormente en desacuerdo, quiere autoconvencerse que lo que ha hecho el otro no tiene el valor que le está dando, y entonces expresa su desacuerdo con el silencio, sin comentar nada a favor o en contra; prefiere herir con la indiferencia y pasar a otros temas. Ante terceros, si le preguntan, podría manifestar su desacuerdo, señalando las razones (totalmente subjetivas) de su indiferencia.

Algunas autoridades utilizan el silencio descalificante cuando no comprenden y no aceptan las iniciativas de los subordinados, aunque éstas no interfieran para nada en el trabajo encomendado. En el fondo le disgusta que hagan cosas distintas porque piensan que el subordinado debe limitarse a cumplir con los trabajos encomendados y nada más. Algunas autoridades, que funcionan habitualmente bajo ciertos parámetros, ven con temor que quieres están bajo su mando se salgan de los límites que ellos mismos han establecido en su propia mente y lo tienen como criterio fijo.

También utilizan estos silencios los que se encuentran compitiendo. No quieren, por nada del mundo, reconocer las virtudes de la competencia y entonces callan.


Silencios edificantes
El silencio bueno o edificante es el que evita señalar, ante terceros, los errores de los demás, para no caer en la murmuración, la difamación o el juicio temerario. Frente a los errores o limitaciones ajenas muchas veces hay que callar para no dañar la fama y el honor de las personas.

En cambio el silencio descalificante es callar o minimizar los logros o iniciativas buenas que una persona tiene porque no son del agrado o porque se consideran inconvenientes para lo que se espera de esa persona.

Si hay algún motivo o inconveniente lo correcto sería manifestarle a esa persona lo que realmente se ve, o lo que se considera inoportuno, respetando siempre la libertad y alegrándose de veras por aquellas iniciativas, que son buenas y que hacen mucho bien.

Las personas se deben sentir siempre aprobadas, no descalificadas, e incluso apoyadas en aquellas iniciativas, que con muy buena intención, hacen bien.

La presencia, la compañía, la admiración, junto a las palabras de aliento y exultación (reales, personales, ¡y no de cumplido!) son propias de las personas virtuosas que saben amar al prójimo y encuentran tiempo para todo, sean autoridades o no. (P. Manuel Tamayo)


martes, 17 de julio de 2018


LOS NIÑOS DE TAILANDIA Y LA DEFENSA DE LA VIDA

*Júbilo mundial por haberlos rescatado de la muerte

“Todos los ojos del mundo han estado puestos en Tailandia para ver a valientes buceadores arriesgar sus vidas para llevar a un equipo de niños futbolistas y a su joven entrenador, atrapados en un red de cuevas, a un lugar seguro. Los corazones de millones de personas han estado junto a los rescatistas, que han demostrado, no solo gran coraje, sino increíbles habilidades. Es difícil de imaginar la dificultad de este rescate, que se llevó a cabo a gran profundidad en zonas imposiblemente estrechas y dentadas, con poderosas corrientes que empujaron a los buzos a realizar una tarea compleja, con visibilidad casi nula. El equipo de rescate estuvo compuesto por buceadores británicos, estadounidenses, australianos y japoneses (entre otros) que se unieron a buceadores tailandeses. Este esfuerzo conjunto demuestra que es posible trabajar juntos, de una manera constructiva, hacia un objetivo común. En la cueva tailandesa no hay colores de piel, diferencias religiosas o cuestiones de identidad sexual. Nadie se está envolviendo en una bandera o cuestionando algo. Es uno de esos raros momentos en los que vemos cuánto podemos lograr contra las adversidades cuando las personas trabajan al unísono, desinteresadamente, para algo importante. Priorizar el bienestar de estos niños, en sí mismo, es admirable. Todos hemos cometido errores y ocasionalmente se necesita un pueblo para compensar esos errores. Impresiona saber que todo el planeta ha estado observando con esperanza todo el proceso y orando con mucha fe por estos niños de Tailandia. Todos saben que cada uno de estos niños, y su entrenador, son muy importante para sus familias y ahora lo son para todos nosotros.  (Jay Parini, CNN)

COMENTARIO

Mientras el mundo entero gozaba del ambiente festivo del mundial de fútbol, un equipo de niños, (también de fútbol) se encontraba atrapado, con su entrenador, en unas cuevas de una región montañosa de Tailandia. En pocas horas la noticia corrió por todo el mundo, los niños llevaban 9 días encerrados y con escasas posibilidades de sobrevivir. 

Las autoridades se movieron con diligencia y consiguieron en una primera instancia alcanzar agua y algún alimento, para mantenerlos con vida, mientras llegaban los mejores socorristas del mundo que unidos a los Tailandeses organizaron el rescate. Tenían muy poco tiempo para hacerlo porque amenazaba un clima de tormentas que terminaría inundando las cuevas y aumentaba la imposibilidad de que puedan ser rescatados. 

Todo parecía estar en contra, pero la gran solidaridad que se formó por esa situación tan dramática, y el amor a la vida de los niños, consiguió que fueran rescatados todos, incluido en entrenador, que salió al final. Todos estaban felices y agradecidos porque se habían salvado unas vidas.

La alegría fue desbordante, en ningún momento se escuchó una queja, nadie echaba la culpa a nadie, no hubo desesperación, hubo paciencia, compañerismo, esperanza, emoción, perdón y mucha solidaridad. Ha sido una lección auténtica de amor al prójimo que une a todos y que nunca olvidarán.

Ojalá que este suceso de amor a la vida de los niños, estimule al mundo para que todos estén dispuestos a salvar la vida de los niños desde el momento de la concepción y no se cometan esos crímenes horrendos con el aborto, ¿acaso no son también seres humanos, con derecho a la vida quienes están todavía en el vientre de sus madres?

Este suceso coincide con el estreno de una película nuestra en la ciudad de Lima que lleva como título “El Rescate” Los rescatistas siempre se convierten en héroes.

La película y los niños de Tailandia pueden ser una motivación más para conseguir rescatistas, gente que aporte esfuerzo y sacrificio por causas nobles y legítimas, que sean capaces de salvar las vidas de los niños que aún están por nacer y salvar a los jóvenes que están en las cuevas de los juegos electrónicos, atrapados en un mundo lúdico de esclavitud, que los está llevando al descalabro. Hoy, hay mucho que rescatar en el mundo, hacen falta más rescatistas voluntarios.   (P. Manuel Tamayo)


miércoles, 11 de julio de 2018


DESCONSIDERACIONES HUMANAS

¿Equívocos o malicia de los que mandan?
Ausencia de ética en algunos ambientes laborales.

“Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo”. (Hechos 4:11)

“La desconsideración es la destrucción de la empatía, del alegrarse o padecer con el otro, es el desmantelamiento de los hilos que sostienen el tejido social, el remate de lo poco que quedaba de amor en este mundo que mató al Amor…. La desconsideración generalizada está en el origen de la crisis global que padecemos, así como en el de todas las catástrofes que nos amenazan. La salida a este callejón pasa por un cambio total de dirección, por una conversión -personal y comunitaria- que permita a las personas dar la vuelta desde sí mismo hacia el otro, volver la mirada hacia el otro, salir de sí mismo y caminar hacia el otro, volver a considerarse “guardián de mi hermano”. (José Rafael Sáez March).

“Un superior que percibe que un subalterno trabaja bien, incluso llegando a ser mejor que él mismo, podría por envidia y por temor a que le haga sombra, poner todos los medios a su alcance para anularlo… Hay bastantes casos en los que se hace la vida imposible a una persona para forzarle a que abandone su puesto o encargo, mucho más si son personas que llevan muchos años en un puesto determinado. Las personas que quedan aisladas son arrinconadas en lugares donde están totalmente anuladas, con ellos no se cuenta para nada  (Esperanza Hernández Serradilla).


COMENTARIO

La acepción de personas y el rechazo del que no cae bien, es algo que se está dando de modo habitual en todos los países del mundo, y muchas veces se da en los que se encuentran ejerciendo algún tipo de mando, (en cúpulas cerradas); siempre, desde luego, con honrosas excepciones.

Quienes tienen algún tipo de poder están en ventaja, y si no son buenos y honrados terminan creando un fortín con las personas que ellos consideran idóneas y leales a sus propósitos, y que no son necesariamente los mejores.

Todo estaría muy bien si el trato a las personas va de acuerdo a la verdad y a la justicia, teniendo en cuenta las capacidades y la voluntad de hacer bien el trabajo.


Falta de ética (germen de la corrupción)

Lamentablemente en muchos ambientes los que mandan no tienen una formación ética y algunos que la tienen, no quieren hacer uso de ella y entonces proceden de acuerdo a sus simpatías o antipatías y deciden sin más, dejar de lado y arrinconar a las personas que, por diversos motivos, no concuerdan con el entorno amical de los jefes. Es así como se originan las grandes argollas que pueden durar años.

No se debe olvidar que es muy fácil que los gérmenes de la corrupción ingresen en los que mandan cuando estos hacen acepción de personas. Cuando esto ocurre el ambiente se torna tenso para los que no son bien vistos, se sienten minusvalorados y dolidos por esa situación de injusticia que padecen, y sin que exista ningún motivo, se ven apartados de las decisiones y de los puestos más importantes, quedando arrinconados por decisión sus propios jefes en lugares donde no puedan ejercer ninguna influencia.


Las ambiciones de poder producen maltratos

Lo peor es cuando los mismos jefes, que suelen estar cegados por ambiciones personales o de grupo, piensan que su proceder es correcto, que tienen derecho, que todo es conforme a ley y a los reglamentos. Es entonces cuando, cegados dentro de una lógica egoísta, buscarán quedarse en el poder todo el tiempo que puedan, creando argollas que parecen irrompibles.

Los que no son del entorno de confianza son colocados en una especie de limbo, un lugar suficientemente lejano para que no estorben sin posibilidades de ascenso o mejora laboral. Se les dice que pueden quedarse allí para siempre, si es que hacen bien su trabajo, pero luego les hacen la vida imposible con maltratos para que renuncien.

Esos mandamases se sienten seguros y les parece normal marginar de ese modo a determinadas personas. No les importa que se queden en la calle o que se perjudiquen sus familias. Ellos solo piensan en los beneficios que pueden tener con las personas que han escogido, que suelen ser, en la mayoría de los casos, gente mediocre que acepta todo lo que se les pide, incluso lo que no es correcto, porque, igual que sus propios jefes, la motivación que les mueve es el propio beneficio personal y nada más.

Esos “dueños” que se consideran selectos y bien instruidos, suelen colocarse en un status elevado y piensan que tienen licencia para seguir viviendo así, formando grupos de poder con injusticias que claman al cielo.

Lamentablemente estas situaciones se han multiplicado en los sitios donde nadie dice o hace nada para cortar esos abusos. Ellos, con un desparpajo brutal, continúan su andadura en el mundo entero a vista y paciencia de las autoridades, que también se hacen cómplices de esos inaceptables maltratos. 
Quienes hacen acepción de personas de un modo habitual están demostrando con su conducta una pobreza humana considerable que les llevará, si no cambian, al descalabro y a la soledad, después de haber hecho mucho daño a quienes deberían recibir un trato digno y un merecido reconocimiento por la calidad de sus trabajos, (P. Manuel Tamayo).